OCA amanecer

Ramón Acín: Madrecita del Alma

Ramón AcínEscrito por: Ramón Acín. Escritor y Catedrático de Literatura.

A pesar de que todavía no ha pasado mucho tiempo, ya tengo problemas con su silueta.

Para mí, su silueta tiene la forma de la cama, en las sábanas blancas con un reconcentrado olor a medicinas. La habitación en penumbra. Adivino también una delgada esfinge del color de la cera, rancia. En semipenumbra. Entre el aire pesado. Tumbada con indolencia. O, tal vez, postrada de dolor. Y, a su lado, me veo joven, enclenque, jurando promesas salpicadas de hipidos mientras me sorbo la nariz. Poco más.

El primer aviso acaeció de manera imprevista –dolor y dolor-. De pronto, sin venir a cuento: enronqueció el meloso sonido de su voz, dejé de recordar la suavidad de unas manos queridas y, sobre todo, la olorosa sedosidad de unos pechos que inundaban de calor mis mejillas.

Después, casi sin darme cuenta,  los contornos comenzaron a deshilacharse y a perder volumen -nerviosismo, incertidumbre-.

Desde entonces, es cada vez más evanescente. Más poquita cosa. Más nada. Y, por supuesto, menos mía y, también, menos real. “Menos”, esa es mi palabra para  mamá –sufrimiento, llanto-.

Si no fuera porque mis ojos sí la vieron, dudaría de que alguna vez aquellos dedos de falanges quebradizas acariciaron -en realidad, me alisaba- mi hirsuto cabello, rebelde y agradecido, a su tacto.  Hoy, cuando el recuerdo lucha por permanecer a duras penas, sólo mis cabellos parecen erizarse, todo lo demás semeja estar igual de enterrado. Y, únicamente, para aliviar el empalamiento del dolor -esa estaca que nace en un lugar indefinido de mi cuerpo y trepa alocadamente por él, de abajo arriba-, me refugio en un viejo álbum que ni siquiera da para reconocerme.

Sucede así, aunque  me sede. El tiempo actúa devorando a su hijo. Tan feroz como en el cuadro de Goya. Me crujen las carnes ante el cruel mordisco. Y se escapa mi sangre. O me deshago en aire. Porque sé -de esto sí soy muy consciente- que no reconocerse uno mismo es como no ser nadie. Y mi madrecita es aire. Aire que se aleja. Con rapidez. Hacia lo desconocido.

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