OCA GLACIACION

“Hace tiempo que te quiero”. Retrato de una herida.

Escrito por: Gaizka Urresti. Director y productor de cine y televisión.

Cuando Javier Mesa me pidió colaborar de alguna forma con este número especial de “LA OCA” acababa yo de ver la película francesa “Hace tiempo que te quiero” adaptación de una novela propia dirigida por Philippe Claudel y protagonizada por la británica Kristin Scott Thomas. Me pareció que hablar de esta película podía ser la forma más adecuada. Primero porque retrata con sensibilidad los esfuerzos de una mujer por integrarse en una sociedad, en una familia, en el amor, en la vida en general tras haber estado 15 años en prisión por haber cometido un crimen horrible. Y lo segundo, y más importante, porque se trata de una de las películas que más me ha emocionado en este año escaso de buenas propuestas.

Kristin Scott ThomasMe imagino que aquellos que se encuentran en prisión las “historias de carcel” no les tienen porque interesar necesariamente. Aunque el cine tiene esa capacidad de ser un espejo en el que nos vemos reflejados, su capacidad de conocer mundos ignotos parece mucho más atractiva. En este caso en “Hace tiempo que te quiero” a mí me ofrecen las dos posibilidades.

Juliette es una ex-reclusa que ha pagado su pena con la justicia pero no ha redimido la culpa con su familia ni con ella misma. La acoge en su salida de prisión su hermana pequeña con la que hace años no se ve y su familia a la que no conoce.

A medida que avanza la historia, vamos sabiendo que ha pasado los últimos 15 años en prisión, sin recibir ninguna visita, ni carta de su familia. De golpe, nos enteramos que ingresó en prisión por un crimen atroz: asesinar a su hijo de seis años. Nadie le pregunta por ello y ella se encierra en su mundo lleno de silencios.

El director nos va acercando a su personaje y su tragedia paulatinamente con pocas palabras; con silencios, gestos y miradas, sin más dramatismos que los imprescindibles. Desde el comienzo, en el rostro de la maravillosa Scott Thomas, percibimos que está herida por la vida.  Su círculo de contactos se reduce a un grupo muy reducido: su hermana, su marido, su padre, las hijas orientales adoptadas de ellos, un profesor compañero de su hermana y el policía que le supervisa la libertad. Todos en mayor o menor medida tienen heridas del pasado que les impiden ser felices. Y es en lo “común” de la historia donde  surge la universalidad de las emociones. En la película encontramos ese espejo que nos muestra las emociones de unos personajes tan alejados de nosotros pero con los mismos sentimientos, incertidumbres y miedos que podemos sentir cada uno. Por ello la escena final de enfrentamiento entre las dos hermanas donde explota todo lo callado durante años es tan liberadora para los personajes y para el espectador.

Una película apasionante, muy entretenida, sobria y elegante en la puesta en escena en la que su director demuestra que ha sabido trasladar su lenguaje literario al fílmico a pesar de ser la primera vez que se pone detrás de la cámara y con una interpretación de la Scott Thomas simplemente magistral.

Por todo ello es una película muy recomendable: para los que están en prisión y/o para los que estén encerrados en sus emociones.

Imprimir artículo Imprimir artículo Etiquetado como: , ,

Comparte este artículo

Deja un comentario

Por favor ten presente que: los comentarios son revisados previamente a su publicación, y esta tarea puede llevar algo de retraso. No hay necesidad de que envíes tu comentario de nuevo.