Oca Navidad

El juego de La Oca

Escrito por: Antonio Serrano

Sencillo en apariencia, cualquiera puede jugar, ni siquiera es preciso mostrar atisbo alguno de agudeza mental. Cuestión de suerte con el dado, nada más. Cuestión de llegar el primero a la casilla central después de pasar por numerosas vicisitudes. Avanza uno confiado y zas, cae en el pozo, en el laberinto, en la posada, en la cárcel o en la calavera. En el último tramo es preciso ser certero al tirar el dado porque hay que obtener la puntuación justa, si no, a retroceder, a intentarlo de nuevo. Un juego que parece emular la propia vida, porque, aunque no necesariamente, pasamos por muchas de esos trances según vamos sumando años y va apareciendo el reuma, el colesterol y el dolor de huesos.

Lo peor no es la cárcel, que carece de importancia en este juego, porque uno se libera pronto después de dos jugadas sin poder participar. Algo así como un leve castigo por haberse atizado un par de inofensivas caladas de ducados en el bar. Lo peor, la calavera, porque si caes ahí te la juegas, te juegas el “ser o no ser”, porque esa es también la cuestión, va uno de patitas a la “rue”, o lo que viene a ser lo mismo, hay que empezar de nuevo el juego después del cachondeo correspondiente de los inmisericordes adversarios de mesa.

El juego no nació por las buenas, sin ton ni son, porque ya en las culturas celtas, e incluso anteriores, lo de la oca y el ganso tenían un significado simbólico, sobre todo la pata de la oca, que decían que al caminar dejaba una huella impresa sobre la tierra semejante al tridente de Poseidón, el dios griego del mar y de las tormentas. Se dice que los mismos griegos durante el asedio a Troya, y para no aburrirse, inventaron el juego, pero también se cuenta que los primeros peregrinos del Camino de Santiago se encontraron con el Camino de las Estrellas o el Camino de las Ocas, al cual se llegaba a través de un laberinto repleto de dificultades que había que sortear, con la ayuda a veces de algunas órdenes religiosas y militares, como la de la conocida Orden de los Caballeros Templarios. 

Se seguirá presentando
como una oca algo pirada

Y ahora lo que faltaba, se relanza con nuevos bríos La Oca Loca. No se llama La Oca a secas, como correspondería al plumífero sin más, nada de eso, se seguirá presentando como una oca algo pirada. Si ya de por sí a estos animales escandalosos y asustadizos se les utilizaban en la antigüedad como guardianes de las casas para alertar a los propietarios de la presencia de intrusos, ahora se coge de nuevo al animal y se le da forma de revista digital novedosa. Para volverse locos, oiga. Y es que, lo dicho, avanza uno confiado y zas, lo caen por acá para participar, a gusto, sí, claro, pero a traición, pero eso sí, con las palabras de alivio del no te preocupes. Y se hacen llamar amigos. Pero, bueno, si se tercia y somos capaces hasta seremos cumplidores también. Al fin y al cabo las Ocas eran también consideradas en la antigüedad como el paradigma de la Sabiduría Sagrada. Casi nada, amigos.

Imprimir artículo Imprimir artículo

Comparte este artículo

2 Comentarios

  1. Hola, quiero el juego de la oca loca.

  2. Me alegro de que alguien tan querido por estas latitudes continúe colaborando con nosotros, y que su visita al centro, hace ya mucho tiempo, haya valido para conocernos mejor. un abrazo.

Deja un comentario

Por favor ten presente que: los comentarios son revisados previamente a su publicación, y esta tarea puede llevar algo de retraso. No hay necesidad de que envíes tu comentario de nuevo.