OCA amanecer

Las voces de esperanza que muestran cómo superar una tragedia

Escrito por: Rosa Castro

Los niños que logran salir de la vida en la calle y reinsertarse en la sociedad ofrecen un testimonio para investigar cómo el ser humano puede superar el dolor extremo.

La crisis económica actual está agudizando e incrementando la situación que viven los niños que trabajan o, en el peor de los casos, viven en la calle en países en vías de desarrollo o, incluso, del primer mundo. La pobreza fuerza a trabajar en el mundo a 218 millones de menores. Todos ellos dejan atrás una infancia de protección y cuidado, están sometidos a peligros, a la venta en la calle, a actividades lícitas o bien delictivas. Pueden perderse en las drogas, prostitución y acabar viviendo en la calle. Esta realidad la conozco, porque he viajado como periodista varias veces a América Latina y en Bolivia pude adentrarme a esta problemática e investigar el drama y la indefensión de un niño que vive en la calle, que recojo en el libro “Los niños de la calle en Bolivia”.

Este fenómeno global no entiende de fronteras, afecta a 100 millones de menores en el mundo, la mayoría de ellos fue antes niño trabajador, soportando duras jornadas a cambio de unas pocas monedas. Pero la verdadera razón de dejar su hogar, según cuentan los expertos y responsables de instituciones y hogares de niños, fue la violencia y maltratos recibidos por la propia familia. Este clima de violencia es lo que arroja a estos menores a un destino que en muchos acaba en prostitución, prisión, esclavitud o muerte. En el caso de España, también podemos ver esta estampa, aunque sean en contados casos. Desde 1997 se han registrado los primeros niños que viven en la calle, en Barcelona y Madrid. Son inmigrantes, principalmente magrabíes o rumanos.

Hasta aquí el panorama parece desalentador. Pero este artículo pretende enfocarse en los niños que he conocido que se han reinsertado, que han cambiado su destino, gracias a la resiliencia. Con esta palabra define la psicología la capacidad del ser humano para afrontar experiencias traumáticas y extraer un beneficio de las mismas. La Psicología Tradicional  ha ignorado estos casos, ha concentrado su atención en el estudio de los efectos devastadores del trauma, porque los estudios oficiales no recogen los niños “resilientes”, que logran reinsertarse, puesto que desaparecen de las estadísticas oficiales, al no estar dentro de los listados de las instituciones: que son los datos que manejan educadores e investigadores.

“He vivido todo lo
que uno puede vivir”

Uno de estos casos de éxito es el de Freddy, que a sus 16 años, ya ha vivido “todo lo que uno puede vivir”. Asegura este adolescente, que optó por vivir en las calles de la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra para escapar de los golpes que le propinaban en su casa. Ahora, tras ver “peleas y todo el dolor que sufren los niños que allí están”, está cursando estudios y está interno en el Hogar Don Bosco.

“Mi misión es trabajar para ayudar a esos chicos, para que no se sientan despreciados. Hay veces que algunos políticos que dicen defender nuestros derechos nos repudian en la calle. Necesitamos apoyo, que personas mayores nos guíen. La discriminación que sufrimos no nos ayuda para nada. Lo que necesitamos es amor”, asegura al preguntarle cuál es su sueño.

Los expertos señalan que esos traumas vividos nunca se olvidarán, pero se pueden superar cuando el niño siente apoyo por familiares, profesionales o personas que les faciliten a través del amor volver a integrarse en el tejido humano, posibilitándoles construir una historia propia y sabiendo que se puede salir de los dramas vividos.  “Necesitamos alguien para apoyarnos, para vencer algunas situaciones en la vida. Hemos sufrido mucho los niños en la calle. Lo que se necesitamos es amor, nada más”, asegura Freddy.

El neurólogo y psiquiatra austriaco, Viktor Emil Frankl, experimentó en su propia vida qué era resiliencia, cómo afrontar la tragedia y lograr encontrar un sentido a la vida, cuando todo parece perdido. Sobrevivió desde 1942 hasta 1946 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. Fruto de esa experiencia, escribió el libro El hombre en busca de sentido”, donde explica cómo en los campos de concentración había unos pocos “hombres que iban de barracón en barracón  consolando a los demás, dándoles el ultimo trozo de pan que les quedaba”.  Estas personas ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo “la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino”.

“La calle es un
experimento de sufrimiento”

El concepto de resiliencia se ha profundizado gracias a las investigaciones del etólogo Boris Cyrulnik, quien amplió esta definición, a raíz de observar a los sobrevivientes de los campos de concentración, los niños de los orfelinatos rumanos y los niños en situación de calle bolivianos.

Este científico sabía bien dónde investigaba porque tal como asegura Sandro, un joven que vivió durante unos años en las calles bolivianas, “la calle es un lugar de sufrimiento. Es un experimento de sufrimiento. Nadie puede imaginar qué es estar abandonado, como un perro que nadie mira. Eso duele, uno llora por qué es la vida así. A veces la familia tiene culpa. Uno va a la calle y hay amigos que llevan a la destrucción”, recuerda con dolor este joven, que ahora está en un Hogar de la Fundación Plataforma Unidos.

Actualmente el científico de referencia en resiliencia es Cyrulnik, que también ha vivido en carne propia el dolor y adversidad de una vida marcada por la tragedia. Por su origen judío fue deportado a un campo de concentración nazi junto a sus padres, que acabaron muriendo allí. A partir de allí, al ser liberado tras la guerra  y quedando huérfano con sólo 6 años, deambuló por centros de acogida hasta acabar en una granja de la Beneficencia, donde tiene la suerte de contar con unos vecinos que le educan en el amor a la vida y a la literatura. Fue así cómo pudo educarse y crecer superando el trauma del pasado.

Foros por la defensa de los menores

Los niños que como Fredy tienen la mirada en el futuro, gracias su capacidad de resistencia, de no quedarse en el dolor u odio, tienen que ser escuchados. Sus testimonios son claves para que las investigaciones sociales o psicológicas avancen y se apliquen programas de reinserción social más eficientes.

Este pasado mes de agosto, en Bolivia, más de 25 menores, con un pasado de vida en la calle, alzaron su voz en el Primer Foro Suramericano “Por la defensa de los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de calle, organizado por la Fundación Plataforma Unidos y el Proyecto Alianza Maya Paya Kimsa-GVC, con el apoyo de la ONG belga VOLENS y la UNIÓN EUROPEA.

Este foro, que tuvo lugar el 27 y 28 de agosto, congregó a más de 125 profesionales pertenecientes a ONG’s e instituciones latinoamericanas, así como responsables políticos departamentales de Bolivia, que intervinieron contando su experiencia y concluyendo con propuestas para cambiar esta realidad, que en el caso de Bolivia asciende a más de 1.600 menores en situación de calle y 1,7 millones de menores trabajadores.

“Vivir en la calle vulnera todo tipo de derechos. No podemos tolerarlo, es nuestro deber no permitir que haya menores en la calle”, apuntó Ximena Rojas, directora de Plataforma Unidos.

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1 comentario

  1. Estupendo artículo Rosa.

    Tu libro “Niños de la Calle en Bolivia” muy recomendable para aquellos que quieran profundizar y encontrar respuestas y un análisis riguroso y profundo, válido no solo para Bolivia sino para tomar conciencia de las realidades que no están tan alejadas como parece.

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