Oca Navidad

No lo sé pero…

Ni puñetero caso

Escrito por: Miguel Bayón

Nada. Ni puñetero caso. Ni agua. Mejor mirar para otro lado y silbar, como el que oye llover. Eso es al menos lo que nos recomienda un grupo de prestigiosos científicos, avalados por la no menos prestigiosa Royal Society británica, en el caso de que logremos establecer contacto con alguna inteligencia extraterrestre. Lo acaban de hacer público en una suerte de decálogo o manual de instrucciones para prevenir a la humanidad ante la posible inminente noticia de algún contacto alienígena. Lo mejor, dicen, es no contestar, en el caso de que alguien del exterior diga algo y sepamos interpretarlo.

Sostienen estos ilustres (exobiólogos  y paleontólogos en su mayoría) que,  si la evolución darwinista es igual en todo el Universo, es muy posible que los ET sean similares a nosotros. Y eso, evidentemente, es peligroso. Si la inteligencia de fuera tiene la misma base bioquímica, evolutiva y ambiental que la (escasa) inteligencia de este planeta, es más que probable que nos las tuviéramos que ver con una panda de impresentables que, a bordo de sus naves tuneadas y multicolores, no tendrían reparos en conquistarnos a sangre y fuego, en someternos en nombre de algún dios o alguna bandera intergalácticos, a mayor gloria de su cuenta de resultados.

Para hacer el paralelismo basta con echar un vistazo a la historia propia, a la de este planeta, que es la casa común y el único ejemplo disponible. El contacto de dos culturas humanas se resume, a lo largo de los siglos, en sucesivas masacres. ¿Por qué no iba a suceder lo mismo con los extraterrestres, si ellos dispusieran de una tecnología más destructiva aún que la nuestra? Por eso recomiendan no hacer ni puñetero caso y no contestar a los mensajes, si alguna vez los recibimos y sabemos interpretarlos. Aunque aparentasen ir de colegas y de hermanos cósmicos. Y no digamos  si, en algún momento de su evolución, han descubierto el fútbol y el mercado de valores. Nos pueden inflar.

Es más que probable que nos las tuviéramos
que ver con una panda de impresentables

El grado de pánico que el contacto ET provocaría depende de muchas variables. Si una sonda espacial terrestre detecta  vida en estado primitivo en algún planeta cercano o lejano, sería un notición que demostraría que no estamos solos en el cosmos y que la vida es una constante que emerge allí donde se dan las condiciones apropiadas. Pero no daría ningún temor, más allá de los inevitables debates religiosos e ideológicos con aquí mi primo, el listo, el que todo lo sabe.

Imaginemos, en el otro extremo, que somos detectados por una civilización ET y que se dedican a enviarnos mensajes en radiofrecuencia o a través de interferencias en Internet, Lo primero que querríamos saber es de donde procede la señal. Si procede de lejísimos porque ha tardado en llegar cientos o miles de años a la velocidad de la luz, podemos dormir tranquilos, porque no van a venir. En ese caso les podemos contestar e, incluso, preguntarles por la liga de Ganímedes y el tour de Aldebarán. También tardarán cientos o miles de años en recibir la respuesta. Y otro tanto en invadirnos.

Claro que si el mensaje proviene de aquí cerca (mucho más improbable) y dice, por ejemplo, que para fútbol, cerveza y rubias los de su planeta, mejor no contestar. Son iguales que nosotros. Ni puñetero caso.

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