OCA GLACIACION

Portero de noche: cine y más…

De hombres y hombres

Escrito por: José Antonio Aguilar

Asistí con puntualidad y expectación a la proyección de una de las últimas películas del cine francés, se exhibía en una de las peores salas del cine Palafox de Zaragoza, dada su escasa visión de la simetría. Aún así y a pesar de todo, enseguida me enganchó y empezó a emocionarme, a pesar de no buscar la raíz del conflicto y más cuando pude comprobar el tópico de que se puede hacer feliz a un niño, con un par de zapatos nuevos.

Lejos de ideologías, practicas religiosas y morales trasnochadas, tras un gran acierto en la escritura del guión y la elección de los personajes, que bien merecen una buena atención, cada una de las escenas que poco a poco describen un amplio abanico de cotidianos momentos en algún lugar del atlas africano, en algún monasterio, hospital, huerto o lugar de encuentro, travelling infinito de buenas y bondadosas misiones.

Cuando el fundamentalismo choca con la realidad, que siempre lo hace, y lo divino deja sitio y lugar a lo humano, las personas se convierten en eso, en hombres y hombres y los dioses con sus dioses pasan a formar parte de los silencios y los silencios dejan paso a lo espiritual y al miedo.

Cuando el fundamentalismo choca
con la realidad, que siempre lo hace

Quizás que desde “Apocalypse now” o “The killing fields”, el sonido estremecedor de un helicóptero no me hacía sentir tanto pánico a lo desconocido, ni el colorista marco de una vidriera me dejaba adivinar el plano siguiente. Maravillosa aunque dura escena en esa mezcla de sonidos de helicópteros y gregorianas notas musicales.

Alguien me comentó que en esta película sobran los silencios, yo creo que esta película es silencio. Sobran de ella los datos, las fechas, los nombres, las personas, los enclaves, los juicios, me quedo con los diálogos, las decisiones, los rostros, con los hombres, la justicia  y por supuesto con los silencios y otra vez con los hombres, nada de dioses.

De nuevo un final me vuelve a emocionar, un fundido a negro sobre la nieve, insólito y esos primeros planos dignos de Rembrandt, solo pueden estar dedicados a los hombres.

…«Somos como pájaros sobre una rama, no sabemos si nos iremos», dice uno de los hermanos al comentar la situación con la gente del lugar. «Los pájaros somos nosotros, y ustedes la rama», le responde con fuerza una voz de mujer.

En los momentos que estamos viviendo, cuando la libertad y las libertades se exigen en las plazas de las grandes capitales y ciudades del mundo árabe, podríamos reflexionar y llegar a la conclusión que no es un problema de religión, ni de musulmanes y cristianos, sino de justicia, de opresores y oprimidos.

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