OCA amanecer

La Oca

Si alguien me pidiera que dijera lo primero que me viene a la mente si escucho la palabra “oca”, reconozco que diría: “…y tiro porque me toca”. Mira que podía haber dicho “paté”, “ave” o, incluso, “una planta”… pero no; sin duda, mi primera respuesta tendría que ver con el juego de mesa.

Es curioso cómo a pesar de ser uno  de los juegos más populares que existen, pocos son los que tienen en su casa un tablero, única y exclusivamente para el juego de la Oca; la mayoría tienen/tenemos el del Parchís, y por detrás, sin haberlo pedido, está el de la Oca. Podríamos decir que la Oca es “la cara B” del Parchís.

En los últimos años, con la imparable invasión de las videoconsolas a nuestros hogares, el parchís ya no es imprescindible. Durante décadas sí lo fue. Tanto, que toda familia de españolitos de bien que se preciara debía tener en su casa “un maravilloso kit completo del jugador profesional de Parchís” compuesto por: tablero, cubiletes, dados y fichas. Al menos, era así al principio.

El paso del tiempo dejaba su inconfundible huella en todas y cada una de las partes de este conjunto: el tablero terminaba con las esquinas magulladas por más de un golpe, los cubiletes acaban marcados por mordiscos recibidos entre turno y turno, los dados transformaban su color blanco inicial a un ligero tono amarillento y aquellos cuartetos de fichas iguales dejaban de serlo para convivir con otras parecidas, pero de diferente tamaño y/o tonalidad.

Y aunque te digan que está loca, hazme caso, querido lector …
esta Oca está más cuerda que muchos de los que tienes alrededor

Lo único en lo que todo jugador de Parchís coincidía era en que se debía jugar tirando el dado; a partir de ese instante, cada cual tenía sus propias normas. Esta falta de unanimidad podía provocar –y aún lo hace- situaciones en las que la defensa de cada variante del reglamento, desembocaba irremediablemente en verdaderas batallas entre los jugadores, algunas de ellas con irreparables consecuencias. Discusiones en las que, como nos recuerda el genial Luis Piedrahita, siempre alguien argumentaba su verdad con la frase: “en mi casa se juega así”. Y ante esa afirmación, poco, o nada, se podía decir.

Durante cada partida de Parchís, la oca esperaba paciente, cara a la mesa, a que al terminar, los jugadores quisieran “echar una carrera” por su lado del tablero. Una carrera de 63 casillas, durante la cual, los participantes irán repitiendo las frases propias del juego: “de oca a oca y tiro porque me toca”, “de dados a dados y tiro porque son cuadrados”  o “de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente”.

Hasta hoy, yo he sido siempre más de Parchís. Desde hoy, voy a ser de la Oca. Pero de una Oca muy especial…  “Y aunque te digan que está loca, hazme caso, querido lector … esta Oca está más cuerda que muchos de los que tienes alrededor.”

Gracias por dejarme jugar con vosotros.

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