OCA GLACIACION

Desmadres y despadres (III): “No gritar”

Escrito por: Fco. Javier Aguirre

En todas las ciudades y en todos los pueblos con reparto domiciliario de propaganda han recibido los españoles un claro mensaje: ¡Yo no soy tonto! Se trata de la publicidad de una cadena comercial de electrodomésticos, cosas electrónicas y cacharros de fuego que ha puesto en guardia a la población y a las dotaciones de bomberos que desconfían de que alguien tan avispado como el muchacho que pronuncia ese grito asegure de forma tan rotunda su condición avispada.

El gritante en cuestión mueve el dedo como una amenaza, lo cual explica la precaución que los bomberos tienen ante un sujeto que puede cometer cualquier tontería con los aparatos inflamables que tiene a su alcance y provocar incendios infinitos en todas las ciudades y en todos los pueblos españoles con reparto domiciliario de propaganda.

Si el anunciante hubiera dicho: ¡Yo soy un tío muy listo!, con entusiasmo pero sin gritar, nadie se hubiera alarmado porque un jovencito con espíritu positivo siempre es más de fiar, sobre todo si no grita, que un muchacho con la mirada desviada, la boca fiera y el dedo en ristre que afirma su falta de tontería. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, afirma el proverbio sabio. Lo cual significa que el gritante o gritador –hay que tener cuidado con los neologismos– muy bien pudiera ser un tío tonto de verdad que negara su condición para evadir sospechas.

Por ello los bomberos
se han mosqueado

Por ello los bomberos se han mosqueado. Pudiera ocurrírsele al sujeto encender cualquiera de los aparatos con chispa que hay en su cadena de establecimientos, o incluso adaptar uno a cada dedo de sus manos y otro a cada dedo de sus pies y organizar la marimorena con incendios simultáneos en varios puntos del país, dado que el anuncio en cuestión cunde en todas las ciudades españolas y en todos los pueblos con reparto domiciliario de propaganda, lo que se llama buzoneo. Y el peligro aumenta porque también en los carteles, muppies y pancartas publicitarias aparece el mismo chico negando su tontería y despertando las dudas públicas del ciudadano medio y del bombero precavido.

Cuando los responsables de la empresa caigan en la cuenta del efecto contradictorio de su campaña, y de la merma en ventas que ello comporta, todos estaremos más tranquilos y alegres, porque es muy sano encontrar por la vida gente lista y positiva, además de no correr el riesgo, si das un traspiés ante el muppy o leyendo el anuncio buzonero en el portal de tu casa, de que te entre un dedo ajeno por el ojo.

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