OCA amanecer

Autoayuda (III): Gozar más de la vida

Escrito por: Jessica 

Si te gusta la música tropical latinoamericana, seguramente habrás notado que con frecuencia a media canción se oye el grito de “¡A GOZAR!”. Este sabio consejo de Celia Cruz no sólo tiene eco en las pistas de baile sino que ahora también se escucha en los laboratorios de psicología de algunas de las mejores universidades del mundo.

…PROTAGONIZAR UNA FIESTA SORPRESA…

…EMPRENDER UN VIAJE MUY ESPERADO…

….VER LA CARITA DE NUESTRO HIJO RECIÉN NACIDO…

SON MOMENTOS MUY ESPECIALES QUE NOS HACEN SENTIR QUE LA VIDA VALE LA PENA. PERO NUESTRO DÍA A DÍA TAMBIÉN ESTÁ LLENO DE PEQUEÑOS GRANDES PLACERES; EL PROBLEMA ES QUE MUCHAS VECES, PASAN INADVERTIDOS. APRENDER A SABOREARLOS NOS HARÁ VER QUE, COMO DICE LA CANCIÓN, HOY TAMBIÉN PUEDE SER UN GRAN DÍA.

Christopher PetersonHasta hace poco, los psicólogos habían estudiado mucho el dolor, pero muy poco el gozo. La psicología positiva propone investigar “lo que hace que la vida valga la pena” en palabras Christopher Peterson (uno de los fundadores de esta rama de la psicología), y entre las experiencias que hacen que la vida valga la pena está el poder gozar de ésta.

En francés, el término “joie de vivre” se refiere precisamente a esa capacidad para disfrutar la vida. Hoy en día, hay estudios que han encontrado que la capacidad de gozo es uno de los componentes más importantes de la felicidad.

Si te pidiera que hicieras un álbum con fotografías de algunos de los momentos más gozosos de tu vida, ¿cuáles elegirías?

– Tal vez el día en que nació tu hijo, el de tu boda o cuando aprobaste el último examen y te graduaste. Aquella fiesta sorpresa que te organizaron tus amigos cuando cumpliste 18 años o el homenaje que te dedicaron tus compañeros de trabajo el día de tus compañeros de trabajo el día de tu jubilación.

– O puede que también escojas los pequeños placeres cotidianos, como el café humeante de cada mañana en el bar de la esquina, el paseo con los niños hasta la escuela o las reuniones para charlar con los amigos…

 Cada uno de nosotros tiene sus propios gozos, pero, al mismo tiempo, estos tienen elementos comunes.

¿Qué caracteriza las experiencias placenteras?

Barbara Fredrickson, una de las investigadoras más importantes en el campo de las emociones positivas, ha detectado que las personas sentimos placer cuando nos encontramos en un ambiente conocido y seguro, cuando las cosas van bien, y cuando la situación requiere poco esfuerzo por nuestra parte en ese preciso momento.

Barbara Fredrickson describe de la siguiente manera la sensación de gozo: El gozo se siente brillante y ligero. Los colores parecen más vivos. Das un salto con cada paso. Tu cara se ilumina con una sonrisa y brillo interno. Te dan ganas de absorberlo todo, de jugar, de tirarte de cabeza e involucrarte con el mundo”.

¿Se puede aprender a gozar más de la vida?

Si, es la respuesta avalada por investigaciones de Fredrickson y sus colaboradores. Ellos han encontrado que un aspecto importante del gozo tiene que ver con la autoestima, con creer que nos merecemos disfrutar de las cosas de las cosas buenas. Otra faceta importante del placer y una manera de gozar más es aprender a saborear, a poner atención y tomarnos tiempo para apreciar cada aspecto placentero de las cosas: el olor, la textura y el sabor de un guiso; el aroma y olor de una flor; la melodía y la armonía de una canción, el timbre de voz del cantante…

DisfrutarHay un refrán en inglés que dicen que “hay que parar para oler la rosa”. Justamente, no dejarnos dominar por la prisa y detenernos para percibir de manera más conciente lo que tenemos a nuestro alrededor es el camino para saborear más. El saborear nos permite disfrutar experiencias más intensamente y durante más tiempo.

Para saborear más, a veces tenemos que cambiar nuestra circunstancias. Por ejemplo, podemos disfrutar más de la compañía de la familia si decidimos apagar la televisor y no contestar al teléfono durante la cena, o podemos maximizar el disfrute de la conversación con un amigo mientras damos una vuelta por un parque. Cuando nos vamos de vacaciones, el cambio de contexto es total y esa puede una de las razones por las que solemos disfrutar tanto cuando viajamos.

Entonces, ¿cómo podemos disfrutar de nuestra vida diaria como si estuviéramos de vacaciones? Una de las claves puede estar en la atención que ponemos a las cosas. Tendemos a no hacer mucho caso a lo “conocido”, a darlo por hecho, mientras que lo novedoso nos provoca curiosidad y apertura a las experiencias. Si podemos ver lo normal con curiosidad y atención, seguramente lo disfrutaremos más. El terapeuta australiano Michael White usaba una frase muy bonita, tomada del sociólogo francés Pierre Bordieu, para explicárnoslo: “Hacer exótico lo doméstico”. Así que una de las maneras más sencillas para disfrutar más de la vida es compartir nuestras experiencias con otras personas. Esto tiene la ventaja de que, cuando contamos a los demás un momento placentero de nuestra vida, lo volvemos a vivir un poco y, así, prolongamos sus efectos positivos, además de que nos acerca las personas con las que lo compartimos y se fortalece nuestra relación.

Cuestionario para conocer como gozamos de nuestra vida

Este cuestionario que presento a continuación ha sido creado por Barbara Fredrickson. Recuerda que solemos encontrar gozo en contexto seguro, cuando las cosas van bien y cuando no necesitamos esforzarnos mucho:

¿Cuándo fue la última vez que sentí gozo?

• ¿Dónde estaba?

• ¿Qué estaba haciendo?

• ¿Con quién estaba?

• ¿Qué otra cosa me provoca ese sentimiento?

• ¿Puedo pensar en más cosas todavía que me hagan sentir gozo?

• ¿Qué puedo hacer actualmente para cultivar el gozo en mi vida?

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2 Comentarios

  1. Cuánta razón tienes….

    Hace poco murió mi madre, demasiado joven… y de pronto, cuando ya era demasiado tarde, me dí cuenta de la felicidad de la rutina diaria: cuando iba corriendo al cole de mi hija para salir corriendo a dejarla en casa de la yaya, donde merendaban y jugaban juntas. Yo apenas paraba unos minutos, y corriendo al trabajo. El tiempo no lo podía cambiar, pero sí debería haber tenido otra actitud: menos estres, menos nervios, menos mal genio… Era una rutina preciosa, y ahora que ya no la tengo, la echo de menos y me doy cuenta de lo que disfrutaba, y sobre, todo, de lo que hubiera podido llegar a disfrutar, de esos momentos.

    Esto me ha enseñado a disfrutar de otros momentos “tontos” y “rutinarios”… que es lo que de verdad se echa de menos después.

  2. Lo que mas me gusta es andar contra el viento con los brazos abiertos dejandome inundar por la sensacion de frescor y abriendo incluso los orificios nasales para que entre mas. Me siento una cometa a punto de emprender el vuelo.

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