OCA amanecer

El furgón blindado (2ª parte)

Escrito por: El Dani

De vuelta de a casa, pude ver cómo la policía había montado controles a la entrada y salida del pueblo. Habíamos dado la nota con la prueba del nuevo conductor. Al día siguiente nos reunimos los cinco en la explanada de los “rogelios”, trajimos una furgoneta con puerta lateral, una Ford Transit blanca, para estrenar la estrategia del furgón.

Plaza de los TaxisEl plan era sencillo, a las 11:32 el furgón pararía en la plaza de los taxis, esperaríamos a que salieran los guardias jurado del Banco Santander que hay en dicha plaza, nos acercaríamos al furgón y, acto seguido, se abriría la puerta. Por supuesto, nos la abriría nuestro nuevo amigo el guardia jurado. Todo parecía sencillo.

Llegó el día, nos reunimos como siempre en la tienda del Punki, eran las 10:00 de la mañana y ya estábamos hasta la coronilla de whisky y coca. Fui a la Rambla del Carmen a por el Kadett G.S.I., las caretas de mono y las armas. Ya eran las 11:00 en punto y decidimos echar un vistazo a la plaza de los taxis. Un pequeño problema, en el semáforo había un policía municipal cuidando del trafico. Sin embargo, no era inconveniente, estábamos dispuestos a dar el golpe esa mañana. Volví al coche y les dije lo que pasaba con el municipal. Ninguno dijo nada.

Las 11:30. Llegó un camión del butano, aparcó y se puso a bajar bombonas. A todo eso que llegó el furgón, aparcó detrás del butanero, y se bajaron los dos guardias jurados. Uno de ellos llevaba una especie de carpeta en la mano, se volvieron y se dispusieron a ir al banco, nos pusimos las caretas y nos acercamos al furgón.

Cuando me di la vuelta
vi al Tete con la pistola levantada

Se abrió la puerta, me acerqué a la manivela, tiré de ella y abrí la puerta; a mi derecha estaba Raúl con la recortada, encañonó al cómplice y, cuando me dispuse a coger la primera saca, se oyeron tres tiros, ”Pan, Pan , Pan” y después un cuarto “Pan”. Cuando me di la vuelta vi al Tete con la pistola levantada y los dos guardias jurado en el suelo.

sacas de dineroLe chillé al Raúl: “¡Coge las putas sacas!” Cogió dos sacas, yo sólo pude coger otras dos, el resto allí se quedó. Salimos corriendo hasta el coche, el furgón blindado arrancó y tiró marcha atrás, “Pan”. Topó contra un coche. José esperaba con el coche en marcha, “¡Sal pitando tío!¡Rápido!”, y nos fuimos corriendo por la calle del viento hasta la avenida de la estación. Subimos hasta la calle de la iglesia y bajamos hasta la tienda del Punki donde nos escondimos con todo el dinero. El José se fue a dejar el coche y yo me fui a pillar algo de coca de la gitana. Vi pasar por lo menos 3 patrullas de los nacionales, todo el pueblo parecía un avispero de policía, en todas las salidas del pueblo había controles de policía. Todo era un caos.

Decidimos repartir y que cada uno tirara para su lado, que se escondiera en su casa. Yo me fui a mi piso, tenía en mi poder 60 millones de pesetas, mis 30 y los 30 del guardia jurado. Llegué a mi piso y lo primero que hice fue tirar el dinero en la cama, me acosté en ella y grité:”¡Soy rico!”. Al mediodía en los telediarios no se hablaba de otra cosa, “Atraco a un furgón blindado en el pueblo de xxx, Murcia, un vigilante herido de gravedad”.  En ese momento, comencé a ser consciente del lío en que me había metido.

A los dos días me llamó el guardia jurado. Quería que quedáramos para que le diera su parte, y así lo hice. Le indiqué dónde estaba mi piso y le di su dinero. Me recriminó lo de su compañero, pero yo le dije que fue necesario para poder llevar el atraco adelante, le amenacé que no dijera nada de nosotros, que sino lo lamentaría, y se fue algo acojonado. Nunca más le volví a ver.

Le amenacé que no dijera nada
de nosotros, que sino lo lamentaría

El palo, pese a todo, hubiera podido salir bien de no ser porque  el Raúl tenía un amigo con el cual se solía poner hasta el culo de coca, ‘el Pincho’, y Raúl se lo contó todo. A los dos días detuvieron al Pincho porque éste estaba en busca y captura por pequeños robos y porque una noche cogió el coche que habíamos robado para ir a Murcia a pillar. Y lo que éste no sabía, es que el coche estaba vigilado por la policía secreta, esperando a que volviéramos a actuar.

Por la noche me llamó el Raúl muy asustado, me dijo que la policía había estado en su casa preguntando por él, y que su madre había dicho que no estaba. La policía le dijo a su madre que se presentara en comisaría, que sería mejor para él, que lo sabían todo, que el Pincho lo había contado todo. Un temblor recorrió todo mi cuerpo, sólo tenía en mi mente huir y no volver.

policíaPasaron 6 días, los cuales se me hicieron eternos, y de nuevo me llamó el Raúl. Me contó que pusiera la tele en el canal Antena 3. Me quedé de piedra, habían pillado al Tete en Barcelona con un BMW y 7 millones en efectivo, y al José en Tarragona al querer comprar una casa y dos millones en efectivo. Se me heló la sangre al saber que el siguiente seríamos, o el Raúl o yo. Le dije por teléfono que se fuera de España, que yo me iría esa misma noche.

El dinero me quemaba, así que, en mi desesperación cometí un error. Me fui a ver a mi tío Rogelio y le di 25 millones para que los blanqueara en su taller, que yo me tenía que ir de España. Ni lo sé ni me importa ya donde para ese dinero. Mi tío tenía deudas, y ahora ya está muerto.

Me fui al aeropuerto de Alicante y cogí un vuelo que salía para México. Cambié 5.000.000 de Pesetas, que pasé sin problemas, en Dólares y Pesos mexicanos y me hospedé en un hotel, llamado ‘El Charro’, habitación número 17. Allí pasé los 7 días siguientes sin salir de la habitación, pero tuve un error, le pedí línea a la recepcionista para hacer una llamada internacional, y llamé a casa de mis padres, estuve llamando lo menos una hora; mi pobre madre entre sollozos me dijo que la policía me buscaba por el atraco y por la muerte del segurata. Se me heló de nuevo la sangre y, con lágrimas en los ojos, me despedí de ella para siempre.

A los tres días me cogió en el hotel la Interpol de México. Resulta que tenían pinchado el teléfono de mis padres y habían localizado la llamada; lo demás fue fácil, y así fui cazado.

Se me heló de nuevo la sangre y, con lágrimas
en los ojos, me despedí de ella para siempre

Estuve dos semanas en una prisión mexicana y luego me trajeron a España. Fui ingresado en la prisión de Sangonera la Verde. Allí, en el modulo 1, me encontré con mis tres compañeros y estuvimos hablando de lo ocurrido, y de lo que íbamos a decir en el juicio. El Tete estaba acojonado pues fue el que disparó al guardia jurado.

Llegó el día del juicio y todos se derrumbaron contándolo todo. Sin embargo, resultó que estábamos vendidos por completo pues había un testigo protegido, que supimos que era el Pincho. La policía no es tonta y supo atar todos los cabos. Entrando en la sala del juicio, vi pasar toda mi vida por delante de mis ojos y vi cómo un juez me pedía 20 años y 10 meses por atraco a mano armada y cómplice de asesinato. Mi abogado puso la atenuante de drogadicción y me condenaron a 15 años y 11 meses. Me derrumbé como un castillo de naipes, pues me pasaría toda mi juventud en prisión.

Actualmente cumplo condena en la prisión de Daroca y ya llevo 12 años, me quedan otros 4, pero cuando salga sé que no volveré a delinquir. Después de tanto tiempo, poco queda en mí de aquel Dani. De no acabar en prisión, seguramente ahora estaría muerto. Lamento mucho de aquella vida. De mis compañeros no sé nada ni quiero, pues no fueron hombres a la hora del juicio y me echaron toda la culpa a mí. Hoy día, gracias a Dios, no consumo droga, he formado una familia desde dentro de la prisión y tengo el mayor tesoro del mundo, mi hija Silvia, que es todo lo que puedo desear.

 

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1 comentario

  1. El relato es muy interesante, pues en las películas no suelen darse esos detallados errores tontos que al final llevan inexorablemente a la captura. A quién se le ocurre coger otra vez el coche robado… o llamar por teléfono desde el hotel…
    Siempre son atractivas la películas de atracos cuando no hay muertos… ni siquiera heridos y al final se van con el botín.
    Enhorabuena por el relato.

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