Mis impresiones en Argentina (1ª parte)

Me dicen que los artículos sobre viajes son especialmente apreciados por los lectores de “La Oca Loca” y por eso he decidido comentar en estas líneas algunas impresiones de mis cuatro visitas a Argentina en los últimos cuatro años siempre motivadas por las labores propias de los profesores universitarios: participar en cursos, ofrecer conferencias, preparar acuerdos interuniversitarios que posibiliten el intercambio de alumnos y profesores.

Argentina 1Cuando esto escribo, en plenas navidades, tengo varios alumnos en Mar de Plata y en Luján y también tengo a una alumna de esta última Universidad haciendo con nosotros su trabajo final de carrera. Cuando vuelva, si aprueba y espero que apruebe, Romina será por fin trabajadora social y se habrá llevado para Argentina un poquito de nosotros. Lo mismo que los numerosos alumnos nuestros que en los últimos años han aprendido mucho con la colaboración de los colegas argentinos. Dicen que viajar enseña mucho y cuando se viaja precisamente para aprender, estoy convencido de que el aprendizaje se multiplica.

Pues bien, mis primeras impresiones cuando llegué a Buenos Aires fueron que estaba en casa. No me acababa de sentir en un país extranjero. Ni el idioma ni la comida, ni la cultura en general, nada me resultaba extraño. Es cierto que provoqué la risa de un policía municipal en la misma Plaza de Mayo, cuando le pregunté dónde podía coger el metro. Al principio me contestó, haciéndose el sorprendido, que si de verdad pensaba coger el metro. Mi respuesta fue que esa era mi intención si él era tan amable de indicarme dónde estaba la estación más próxima. Y ya entre risas me dio un consejo: “mejor pregúnteme dónde se toma el subte”. Pues vale. ¿Dónde se toma el subte?

Y en cuanto a la comida, todavía recuerdo la cara del camarero cuando nos tomaba nota para comer y su cara de sorpresa porque siendo dos, pedíamos cuatro platos. A mí me debió de considerar muy capaz de comer lo que le pedía, pero no pensó lo mismo de mi mujer, a no ser que lleváramos mucho hambre atrasado, lo que no era el caso. Aprendí que con un plato es suficiente porque lo que pides va generosamente acompañado de manera que se pasa directamente al postre y al café, si lo deseas.

Mejor pregúnteme
dónde se toma el subte

Buenos Aires nos encantó. Es cierto que no hemos conocido mucho más allá del Centro de la ciudad, lo que llaman el Microcentro y los barrios más importantes de alrededor. Salvo lo que se puede ver yendo y volviendo al aeropuerto, o a San Miguel y Luján, o por la autovía camino de Mar de Plata, no tenemos del Gran Buenos Aires más que la impresionante visión desde el avión cuando cruza la ciudad para aterrizar en Ezeiza o las otras vistas aéreas cuando despegas o aterrizas en el Aeroparque para ir a Córdoba o a Igauzú o viniendo de Chile, tras cruzar la cordillera y las extensas llanuras de la pampa.

Argentina 2Pero después de haber visto tantas películas y fotografías es inevitable emocionarse cuando el taxi sale de la autovía para tomar, que no coger, la avenida Nueve de Julio con el Obelisco en medio. Es inevitable también el comentario del taxista aclarándote que es la avenida más ancha del mundo. Tiene 120 metros de ancho y 2.600 metros de largo. Me decían los chilenos, no sé si como fruto de esas rivalidades propias de vecinos, que en Argentina son propensos a establecer este tipo de records y presumir de tener lo más grande en diferentes campos. Pero me lo comentaban con cierta sorna y no quisieron ponerme otros ejemplos.

Sin duda entrar en la Plaza de Mayo viniendo desde la plaza del Congreso, con la Casa Rosada al fondo produce una emoción especial. Supongo que a cualquier turista y más si vio la película Evita y conoce un poco la historia del país. Pero para nosotros que vivimos en un barrio cuya plaza se llama Madres de Plaza de Mayo, la plaza va unida de manera indisoluble a esas mujeres, madres y abuelas, que con tanto valor –a algunas les costó su propia vida- siguen reclamando para que aparezcan sus desaparecidos y por el castigo a los culpables de tanta tropelía asesina. Hay que decir que lo están consiguiendo y que este mismo año 2011 terminaron veinte juicios y que 67 personas fueron condenadas por primera vez.

No fuimos nosotros,
fueron los oficiales

Hace sólo unos días el ex jefe de la policía santiagueña durante la dictadura militar, Werfil Herrera, quedó privado de su libertad después de negarse a declarar ante el juez federal Guillermo Molinari, que investiga varias causas que involucran a ex-integrantes de las fuerzas de seguridad en casos vinculados a violaciones de derechos humanos. Qué duda cabe de que la presión ejercida durante tantos años por aquellas mujeres, que no cesan en su empeño de identificar a los niños robados y en pedir justicia, tiene mucho que ver con que desde el poder político, y desde la policía y la judicatura se sigan depurando responsabilidades por aquellos hechos tan oprobiosos de la dictadura militar.

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Visitamos la Escuela de Mecánica de la Armada, lugar de tortura y muerte y también el Campo de Marte donde estaba la clínica en la que daban a luz las detenidas para robarles a sus hijos y donde al parecer permanecía ingresado cumpliendo condena el indigno General Videla. A la entrada había una pintada que borraron poco después que decía: “No fuimos nosotros, fueron los oficiales”. La habían pintado los soldados.

Argentina sigue dando una lección al mundo en este terreno y los españoles tendríamos que aprender de ellos, cuando pasadas tantas décadas del final de la Guerra Civil todavía tenemos restos de los perdedores en fosas comunes al borde de las carreteras. Y desde la intolerancia se dice a sus descendientes que sólo pretenden darles una sepultura digna que su intento es abrir heridas y crear polémicas estériles. Mientras tanto se siguen haciendo beatos y no sé si santos, a los curas fusilados en la misma contienda. Dos varas de medir.

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1 comentario

  1. Miguel: la verdad es que ya sos “uno de nosotros”. Como argentina, porteña (es decir, nacida en Buenos Aires) y docente de la universidad , me emocionó encontrarme en la foto con el mural que hicieron los estudiantes al cumplirse los 30 años del golpe genocida cívico-militar.

    Muy interesante tu artículo, la iniciativa de “La oca loca” y felicitaciones por el premio!

    Un saludos para todos desde el verano austral.

    Bibiana

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