OCA amanecer

Sombras de familia

Le mencioné el nombre y sus ojos brillaron. Pensé que de entusiasmo. El aire de las leyendas siempre fulgura más o menos así en la retina. Son muchos años de estudio. Por eso, le pedí que indagase.

sombrasHabla con tu abuelo, le ordené. Entonces, al oírme, me pareció que una centella de miedo atravesaba su rostro. Sin embargo, no hice caso. Era una corazonada y nunca tuve fe en los presentimientos. Además, yo sabía que él era de esos que temen a que los demás le vean desnudo. Y sabía, también, que él siempre preferió cubrirse con el ropaje de la indiferencia cuando le fallaba el de la ocultación.

Pasaron los días. Cuando la semana pasada insistí en la entrega de un adelanto, escondió su mirada en los pantanos de la huida. No pronunció palabra alguna. Tan sólo se encogió de hombros. No insití. Pero ya no volvió más.

 Él era de esos que temen
a que los demás le vean desnudo

Hoy he sabido que se ha marchado de la ciudad y que no piensa regresar. Ella afirma que, sin duda, es porque se siente culpable. Es lo más probable, afirma con rotundidad de psicóloga, al ver mis ojos de sorpresa. Y concluye, supongo que él es de los que creen llevar a cuestas la sangre de las víctimas de sus ancestros. Pero, si sólo tiene doce años, le reprocho yo. Ay hijo, a veces, suceden esas cosas, responde.

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