OCA GLACIACION

Testimonio

Escrito por: Juan José

Mi nombre es Juan José, nací el día 05 de febrero del año 1985, en Morón de la Frontera (Sevilla). Según salgo del hospital voy con mis padres a una casa de alquiler, allí estuvimos viviendo durante mi primer año más o menos, también junto con mi hermana Yolanda. Seguidamente nos trasladamos a Alicante, a un pueblo llamado Calpe. Mis padres encontraron trabajo allí, de cocineros en un restaurante, mientras mi hermana y yo nos quedábamos en un piso de alquiler llamado Atlántico. En Alicante estuvimos unos años y después nos trasladamos a Palma de Mallorca, ya tenía alrededor de cinco años y mi hermana ocho años.

PalmaEn Palma de Mallorca al principio las cosas no fueron nada fáciles porque no conocíamos a nadie y no teníamos dinero para alquilar una casa. Esta situación nos obligó a vivir los cuatro en un coche hasta que mis padres consiguieron encontrar trabajo al cabo de unas semanas, en un restaurante llamado “El loro verde”. Fue ahí cuando mi padre le comentó a su jefe la situación en la que nos encontrábamos, por suerte el jefe nos dejó un apartamento de los que tenía en la parte alta del restaurante. Gracias a su jefe, al cabo de cinco meses, debido a que necesitaban un ayudante de cocina, mi madre también comenzó a trabajar en el mismo restaurante donde trabajaba mi padre. Esto obligó a que mi tía hermana se trasladara a Palma de Mallorca para cuidar de nosotros dos, ella era soltera y tenía 19 años.

Así estuvimos varios años hasta que el dueño del restaurante decidió cerrar y poner una sala de máquinas de juegos, lógicamente mis padres se volvieron a quedar sin empleo, con la diferencia que, en esta ocasión, tenían algo de dinero ahorrado y pudimos alquilar un piso en otro pueblo. El próximo trabajo de mi padre fue en la construcción y nosotros, tanto mi hermana como yo, empezamos en el colegio, llamado Boramar. Para mí, al principio, en el colegio fue duro porque no me enteraba de nada al hablar en catalán, pero con el tiempo fui aprendiendo catalán y haciendo amigos.

Siempre de fiesta,
consumiendo cocaína, alcohol y pastillas

A la edad de 11 años comencé a salir con amigos y empecé a faltar en el colegio, mi madre me llevaba al colegio por las mañanas pero como se tenía que ir a trabajar yo escondía mi mochila en una arqueta de telefónica y me iba con mis amigos a la playa o al camping, porque como era invierno estaba vacío. Llegó el día que la maestra llamó a mi madre y le comentó mis faltas a clase, mi madre sorprendida le comentó que ella me dejaba todas las mañanas en el colegio, al igual que a mi hermana. La maestra le comentó que efectivamente mi hermana asistía a clase pero yo no. Al llegar ese día a casa mis padres estaban esperándome y me leyeron la cartilla, me quedé sorprendido y sin saber qué decir. Lo que sí me dijeron es que si no cambiaba me metían en un colegio interno, incluso mi madre llegó a cambiar el turno de trabajo para dejarme dentro del colegio todas las mañanas. Esto no cambió las cosas porque aprovechaba la hora del patio para saltar la verja e irme con mis amigos.

Con 12 años empecé a salir los sábados por la noche con los colegas, mi padre me daba 2000 pesetas y como los padres de mis amigos no les daban dinero empezamos a abrir cabinas telefónicas y máquinas en los salones recreativos. Después de esto y como nos veíamos con dinero empezamos a consumir éxtasis en pastilla. A los trece años empecé a trabajar en la construcción con mi padre y al poco tiempo mi padre puso una empresa, consiguió comprar varios terrenos y nos hicimos un chalet aunque vivíamos en un piso cerca de la playa. A los 14 años mis padres me compraron una moto y ahora no estaba casi en el pueblo donde vivíamos, estaba siempre de fiesta, consumiendo cocaína, alcohol y pastillas, encima por las mañanas con la resaca me sentía súper mal y mis padres echándome la bronca constantemente porque no iba a trabajar los fines de semana y en el instituto los maestros estaban hartos de mi comportamiento, incluso llegó el día que tuvieron que llamar a la policía al tirar todas las mesas y sillas encima de los coches de los maestros. Esto hizo que me echaran del instituto y el juzgado de menores me citara por este motivo, llegándome a obligar a realizar un curso de carpintería metálica o chapa y pintura. Elegí, en principio, el de carpintería metálica pero a los cuatro meses me cambié al de chapa y pintura, y como me quedaba lejos de mi casa, con sólo quince años, convencí a mi padre para que me comprara un coche. Me compró un “Fiat Uno”. Después, al finalizar el curso de chapa y pintura, ya tenía 16 años, empecé a realizar las clases prácticas en la casa Renault. Después de finalizarlas conseguí que me dejaran trabajando, aunque no tardé mucho en dejar el trabajo ya que me pagaban sólo 85.000 pesetas y trabajando con mi padre me llevaba 200.000 pesetas y sólo tenía que llevar las herramientas de una obra a otra. Me preocupaba bastante el tener dinero para salir de fiesta, seguir consumiendo cocaína, comprarme ropa, en definitiva, llevaba una vida extravagante.

Empezaron a llegarme
los primeros problemas con la justicia

Empezaron a llegarme los primeros problemas con la justicia, primero, multas de tráfico porque nunca llevaba el casco cuando conducía la moto y encima me daba la fuga cuando me paraban, después las citaciones del juzgado por las peleas y algunos robos, nada serio. Por este motivo me pusieron en libertad vigilada y trabajos en beneficio de la comunidad. La libertad vigilada dos veces a la semana, me pegaba tres o cuatro horas con un asistente social y me llevaba a centros de menores y al Centro de Atención al Drogodependiente (CAD). La intención de estas visitas no era más que que viera en primera persona como podría terminar si seguía llevando este tipo de vida, en realidad de nada sirvió porque seguía haciendo lo mismo, consumiendo cocaína y alcohol. En muchas ocasiones sentía envidia de la vida que llevaba mi hermana en comparación con la mía, ella era todo lo contrario a mí, responsable, buena estudiante, en definitiva, la vida normal de una adolescente.

En el año 2001 nació mi hermano Adán y se vio obligada a dejar de trabajar para atenderlo. Ese mismo año las discusiones con mis padres eran constantes y esta situación se hizo insostenible, llegando incluso a sacar el billete de avión para Sevilla e ir a casa de mi tía sin avisar a mis padres. Finalmente y tras hablar entre ellos, decidieron vender todo lo que habían conseguido durante todos estos años en Palma de Mallorca, casa, empresa de construcción con la nave, todos los vehículos, herramientas, un camión, etc., y volver a Sevilla. Mis padres volvieron a montar una empresa de construcción en Sevilla, la verdad que iba muy bien.

Estando en Sevilla, y debido a que ya no me movía con el mismo círculo de amistades, las cosas marchaban bien, pero todo se torció cuando comencé a moverme por los barrios conflictivos de Sevilla, encima todo era más barato que en Palma de Mallorca, la cocaína, las discotecas y las copas, mi situación era cada vez peor y consumía mucho más que antes. Al poco tiempo de estar en Sevilla conocí a una chica con la que estuve seis años, al principio todo bien, como todas las relaciones, pero después y debido a mis viajes a Palma de Mallorca, para llevar cocaína dos veces al mes, mi relación no marchaba tan bien.

Ahora lucho día a día
por superar todo esto

Después de un año realizando viajes a Palma de Mallorca y Valencia mi padre sufrió tres infartos que lo tuvieron hospitalizado en Sevilla durante casi un año. Esto hizo que, con sólo 18 años, tuviera que hacerme cargo de la empresa al tener varias obras sin finalizar y, sobre todo, al contar con treinta empleados que debían mantener a sus familias. Cuando mi padre salió del hospital y, a pesar de tener varios presupuestos hechos estando a la espera de que le aprobaran los préstamos, decidió dejar la empresa debido al estrés que le causaba. Yo me seguí haciendo cargo de las obras que estaban sin finalizar e ir despidiendo a los empleados poco a poco.

Después empecé a trabajar de chapista en la Seat de Alcalá de Guadaira hasta que llegó el año 2007 que entré en prisión. Ahora lucho día a día por superar todo esto y hacer las cosas lo mejor posible. Mi intención no es otra que salir lo antes posible e ir cambiando y corrigiendo todos aquellos errores que me han hecho resbalar en esta vida. Le debo mucho a mi familia, con el paso del tiempo les estoy demostrando mi cambio y, hoy en día, he vuelto a recuperar su confianza, sin ellos nada de esto hubiese sido posible. Me siento muy orgulloso de toda mi familia, mi hermana Yolanda ha terminado su carrera de Administrativa en grado superior recientemente, se casó con mi cuñado Juan, del que quiero decir que es muy feo aunque una bella persona, y fruto de esta relación nació mi sobrino Álvaro, que tiene un añito y al que apenas conozco, lo suelo ver en los familiares y le cuesta mucho relacionarse debido al poco tiempo que pasa conmigo, aún es muy chico, con el tiempo sabrá que puede tener todo mi cariño. Con respecto a mi hermano Adán, no para de preguntarme cuando voy a salir de aquí, me da mucho coraje el no verlo crecer pero, en definitiva, me lo he buscado yo solito. Todo esto me da muchas más fuerzas para cambiar y mejorar como persona.

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1 comentario

  1. Impresionante relato. La lógica inexorable de los acontecimientos lleva a su consecuencia. Ojalá que la vida conceda otra oportunidad al narrador.

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