OCA amanecer

La justicia

Escrito por: Juan Carlos Martínez

Se puede hablar con plena libertad -para bien o para mal- de la justicia, con alegría de lo que consideramos justo, y con rencor de lo que sentimos injusto. Pero en uno u otro caso se habla sin una profunda conciencia de la justicia y de lo que ésta puede llegar a generar. Incluso siendo entendidos en la materia, no son pocos los que ni siquiera saben por dónde se andan, ya que su guía nace del perdón o del rencor y no de una interpretación literal, ordenada y sobre todo humana.

JusticiaMuchas veces escuchamos –decimos- que nuestra justicia es “interesada y parcial” y que la igualdad que proclama se reduce simplemente al simbolismo, a la teoría, pues ni siquiera esa igualdad se contiene en los iconos que se nos presentan.

Ahí tenemos la figura humana con las balanzas. Qué igualdad hay entre las balanzas ¡ninguna! De hecho se encuentran a distinto nivel en el plano, inclinadas hacia la derecha o la izquierda, según la perspectiva desde la que se mire. Sí, las balanzas son iguales, por qué entonces nos da la impresión de que una pesa más que la otra, el plano lo corrobora. Será que el peso que las inclina es lo etéreo: Lo que se espera, lo que se quiere, lo que se sueña de la justicia.

Queda, por tanto, la justicia –su equilibrio- a merced de la carga que se imponga en sus balanzas, pero no ha de ser precisamente de billetes de banco, lingotes de oro, ni de favores ni enchufismos. Sino, en todo caso, de argumentos y decisiones que tomando como principio y base lo que es justo, componga el peso específico de lo etéreo, para que la justicia fije su balanza en un mismo nivel del plano. Lo que no ocurre realmente.

No es de extrañar que la justicia
se nos presente con los ojos vendados

No es de extrañar que la justicia se nos presente con los ojos vendados. Es posible que en el principio la idea fuera que la justicia no mirase a quién se presenta bajo su dominio, con el fin de ser igual para todos, pero siglos después sabemos o intuimos que se oscureció su vista para que no sintiera la vergüenza y se le surgiera el sonrojo.

Son tantos los defectos que somos capaces de intuir en torno a la justicia que a este paso tendremos que cambiar su nombre y en lugar de simbolizarla con la balanza, deberemos hacerlo con tinajas para que a los poderosos les cueste más manipularla o con aros sin fondo para que los pobres no tengan que añadir peso alguno para que se reafirme su humanidad e igualdad por encima de todo poder.

Es evidente que si en esta era queremos reafirmar el significado etéreo y práctico de la justicia, el ser humano ha de iniciar su propio cambio interno.

Dice cualquier diccionario: “ Justicia: Virtud que inclina a obrar bien“.

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