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Una historia como otra cualquiera

Posted By Iñaki Pérez On 09/11/2012 @ 09:30 In Apuntes,Artes y letras | No Comments

Qué bonito y maravilloso sería poder empezar esta historia diciendo: “Erase una vez una princesa de cabellos largos y rubios que vivía junto a su amado príncipe azul en su inmenso castillo…“, pero en mi caso sería algo irónico decirlo, porque (ni tengo cabellos largos, ni soy rubia y sobre todo porque  mi vida no es un cuento de hadas precisamente, más bien la cruda y a veces, por qué no decirlo, la triste realidad. Aunque creo que no me voy a poner melodramática y tendré que presentarme a todos vosotros, y perdonad que os tutee, pero, soy joven y paso de esos rollos burgueses de cómo comportarse ante cuatro remilgados; Yo soy así, y a quién no le guste, pues que se aguante.

En la facultadEn fin iré al grano me llamo Dolores pero para vosotros Loli, tengo 20 años estudio segundo de derecho y soy una chica extrovertida, que le gusta salir con sus amigos, ir al cine, dar paseos, como a una adolescente normal y corriente; la única diferencia está que en el momento que nací me diagnosticaron una distrofia muscular, que como ya sabréis la mayoría, es una degeneración progresiva de los músculos, lo que significa que no puedo moverme si no es con una silla de ruedas, y por cada día que pasa mis músculos pierden fuerza y movilidad. Así que ya veis, de esta manera viviré todo lo que me queda de vida y digo todo, porque los médicos hacen quinielas para saber cuanto me queda de vida, y aunque se vea así de gris mi futuro, yo me lo tomo como algo, entre comillas normal, que no me queda otro remedio más que vivir con ello y no hay mejor modo que con una sonrisa en la cara y no amargada y prisionera en casa como si de una delincuente se tratase.

Aunque no todo son penurias en mi vida, puedo decir que tengo la familia más maravillosa de este universo, más que padres son unos soles, me tratan como cualquier padre trata a su hija, aunque también he de decir que me miman demasiado como si se tratase de una pieza de cristal que en cualquier momento se pudiese romper. Por otro lado está mi hermano Luis, que es un poco trasto, tiene 4 años menos que yo y es el terremoto de la casa, creo que si no fuera por él la casa se me vendría encima, porque no aguanto el silencio metida entre estas cuatro paredes.

 No hay mejor modo
que con una sonrisa en la cara

Mi entorno de amistades es bastante variopinto, y digo esto porque  están las típicas que quedan conmigo para tomar algo por el simple hecho de: “pobre chica, tan joven y mira como está”, y no quiero ser mala, pero seguro que se van a casa pensando que han hecho la obra de caridad del día; la verdad es que ese pensamiento me entristece  mucho, porque yo me siento una chica normal y corriente con los mismos sentimientos e inquietudes que puedan tener cada una de ellas. También es cierto que tengo otros amigos de verdad, que se ríen y enfadan conmigo, que me ven como a una amiga más. Este es el caso de Nines, es mi mejor amiga desde la infancia, creo que hemos compartido todo, bueno todo, todo… no creo, porque la verdad es que Nines es una chica muy atractiva y con los chicos triunfa como la Coca-cola, no como yo que no me como una rosca. Quizás esta sea la mayor, por no decir la única, diferencia que noto respecto al resto de gente de mi edad y ¡qué carajo! Tengo mis necesidades como cualquier ser humano, aunque he de ser realista ¿quién se va ver atraída por una minusválida como yo? Como amiga estoy muy bien, e incluso aporto una forma de ver la vida algo peculiar y enriquecedora. Pero como novia o rollete de fin de semana, eso ya son palabras mayores. La idea ya no mola tanto ¿verdad? y menos a nuestra edad, que prima lo que prima: Un buen físico, y la diversión.

FacultadA veces sueño con que esta lotería de la vida, que a veces es tan cruel no me tocaba a mí, y que todo ha sido una pesadilla, pero… ¡mierda!, el despertador suena de nuevo y me doy cuenta que otra vez me tengo que despertar, mi madre me ayuda a vestir, luego desayunar y marchando a la facultad que si no llego tarde como la mayoría de veces. Este es el cuento de nunca acabar siempre lo mismo, vaya vida rutinaria, menos mal que hay alguien que hace que esta rutina diaria sea una bendición. Esta bendición tiene por nombre Roberto, si lo viérais!, es el hombre más sensible de la tierra, cada vez que me sonríe, mi corazón se acelera a mil por hora, los ojos se me iluminan como dos focos y mis manos se ponen frías como el hielo, ¿será amor?, si te digo la verdad no tengo ni idea, lo único que se me ocurre es que pasaría horas y horas hablando con él, porque el muchacho no es tan solo una cara bonita, además tiene el coco bien amueblado, y lo mejor de todo no tiene ningún prejuicio al cogerme de la mano o susurrarme cosas bonitas al oído; Ahora me preguntareis y por qué no le dices lo que sientes, pues porque en esta vida siempre hay un pero y en este caso lo hay y bien grande, mejor que uno grande hay dos peros de distinto tamaño: él está casado y tiene un niño pequeño. Si os pensábais que era un compañero de clase estábais muy equivocados/as, es mi profesor de Derecho penal. Es un deleite estar cerca de él, pasamos muchos ratos juntos, sobre todo en el bar de la “uni”, discutiendo sobre temas de derecho y hablando sobre la vida misma, y aunque en esos temas tenemos muchos puntos en común y nos sentimos muy a gusto juntos, pues las horas pasan y pasan y he observado que nunca mira la hora e incluso alguna vez ha llegado tarde a sus clases por estar hablando conmigo, y siempre me echa a mí la culpa: ¡Loli!, eres una bruja que me tiene hechizado! Algún día me despedirán por llegar tarde! , y se va corriendo. Pues eso, que me presta más atenciones de las normales y me mira y sonríe cuando habla pero de todos modos, no acabo de estar segura de que él sienta lo mismo que yo, no deja de no estar casado y con un hijo, aunque no los mencione nunca.

Cada vez que me sonríe,
mi corazón se acelera a mil por hora

Desde luego que injusta es la vida, Roberto, supuestamente felizmente casado y yo como una ingenua colegiala enamorada hasta la médula, aunque esto no se lo puedo contar a nadie, sino, ¿qué pensarían de mí? menos mal que tengo a mi amiga Nines, que ella me comprende, aunque no me soluciona nada, porque como decía anteriormente soy una chica joven y con necesidades sexuales como cualquier otra joven ¿Por qué una discapacitada motórica no puede tener relaciones sexuales? Esa es la pregunta que me suelo hacer yo día a día, y a la que no consigo dar respuesta. Siempre achaco toda la culpa a la sociedad, pero en realidad la gran culpable soy yo misma; mis inseguridades, miedos y sentimientos negativos, hacen imposible que yo pueda vivir y experimentar mis fantasías sexuales hasta el punto que mis propias limitaciones físicas queden de una vez por todas reducidas al más insignificante de mis pensamientos negativos.

Cada día llevaba peor esta situación, y no solamente por ser todavía virgen, porque si no os lo había dicho antes todavía no he tenido relaciones sexuales con un hombre, y ya no sólo lo que es sexo, también estaba lo de Roberto, mi profesor, amigo… ¡qué difícil es todo esto!, Y lo peor de todo es que no le puedo demostrar lo que siento cada vez que le veo, le toco y se acerca a mí dándome un beso en la mejilla.

AmigasSiempre he creído que solamente hay una vida, y que hay que saborearla mientras dure, sin dejar caer una gota; por esta razón tan simple tenía  que guardar todos mis sentimientos reprimidos debajo del colchón y ofrecer al mundo quien era Loli y de qué era capaz de hacer; así que, llamé a mi amiga del alma y de una tirada le solté todo lo que llevaba dentro y de esta sensación tan rara que recorría mi cuerpo impidiendo dormirme muchas de tantas noches que pensaba en Roberto. Nines al oír aquello que le estaba contando, se le iba abriendo cada vez más la boca hasta el punto que no pudo aguantarse y soltó una risotada espectacular. Yo cohibida y sin saber como reaccionar empezaron a caerme lágrimas sobre mi cara de una forma incontrolable, ¡qué impotencia sentía en aquellos momentos!, creo que no se puede describir con palabras aquella sensación; no me lo podía creer mi mejor amiga burlándose de mí de esa manera tan mezquina. Ella al instante reaccionó y  se puso a llorar a la vez que yo, pidiéndome una y otra vez perdón de forma compulsiva. Vaya par, parecíamos dos cacatúas viendo el culebrón de las cuatro de la tarde.

Cuando la cosa se tranquilizó estuvimos  largas horas charlando de todo lo que había pasado y si en alguno de los casos pudiese haber solución a mi problemilla; ella asintió con la cabeza y dijo: “tranquila mujer en esta vida por muy difícil que sea, todo tiene arreglo”, yo como siempre tan ingenua la creí y como no, decidí escucharla y llevar a cabo su magnifico plan…

Maldita hora aquella en que sus palabras empezaban a salir de su boca y yo las iba asimilando cuidadosamente y sin perder ningún detalle. Todo el mundo se preguntará en que consistió la gran misión, pues ahí va; al día siguiente Nines y yo salimos de compras por la gran capital en busca de algún trapíto. Más bien lencería y ropa a interior sexi, que pudiese provocar los más ardientes deseos a mi profesor de Derecho Penal, Roberto.

Al final casi sin aliento y recorriendo todas las tiendas de ropa interior conseguimos dar con el conjunto ideal y así de una vez por todas poder realizar mi sueño que tantas veces había pasado por mi cabeza el de montármelo con mi profe. Ya sólo faltaban los últimos detalles de la misión que era el lugar de encuentro y por supuesto él por qué de la reunión. Así que le dije que estuviese a última hora en su despacho de la facultad porque tenía que comentarle una duda que no me quedó muy clara, él sin ningún problema me dijo que sí, además me repitió varias veces que si tuviese algún tipo de duda o problema que fuese a su casa con toda confianza; como se notaba que no se olía nada de nada de lo que iba a pasar, ni siquiera yo me podía creer lo que estaba a punto de hacer, así que me armé de valor y con la ayuda de mi amiga Nines entramos a su despacho a las ocho y media para que me ayudase a desvestirme y preparar todo para el gran acontecimiento; una vez realizada la misión “X”, era así como lo llamábamos al plan, Nines me esperaría en la puerta principal de la facultad para irnos a tomar un café, comentar la jugada y a dormir dulces sueños.

Ni siquiera yo me podía creer
lo que estaba a punto de hacer

Yo estaba más nerviosa que nunca, incluso más que cualquier examen final de la carrera, porque aquí me jugaba mucho, sobre todo mi orgullo si todo esto salía mal. Así que en mi reloj dieron las nueve, y cinco minutos más o menos después  se abrió la puerta del despacho muy lentamente, y cual fue mi gran sorpresa, pues nada menos que la grandiosa entrada de la mujer y el hijo de Roberto en su despacho; yo me quedé petrificada, sin aliento; pero su mujer no se quedó menos que yo, su cara pasó de un blanco pálido a un rojo granate y el hijo que tendría una edad de cinco o seis años, no paraba de preguntarle a su madre ¿qué hace esa chica desnuda en una silla de ruedas en el despacho de papá?; aunque esa pregunta también me la hice yo más tarde.

Cuando reaccioné, salí de la habitación gracias a mi silla al pasillo, con destino al ascensor en busca de mi amiga Nines, que me estaba esperando en la puerta. Justo en el momento que yo cogía el ascensor vi como Roberto subía las escaleras en dirección  al despacho. En ese mismo instante pensé aquello de tierra trágame, porque nunca había experimentado tanta humillación en un mismo día.

VergüenzaCuando Nines me vio tan ligerita de ropa por la puerta de la facultad se quedó sin habla, y yo antes de explicarle nada le dije que rápidamente me subiera a la furgoneta que le había dejado mi padre, esas que llevan ascensor para sillas y que enchufase la calefacción de inmediato,  porque en un momento a otro iba a morir de congelación. Si no lo he dicho antes estabamos en el mes de diciembre y no hacía precisamente mucho calor. Una vez arriba en la furgoneta me eché a llorar como una Magdalena explicándole al detalle de todo lo ocurrido; ella no abrió la boca en todo el camino hacia casa, solo me miraba mientras con el otro ojo miraba hacia la carretera.

Menos mal que Nines me prestó algo de ropa para llegar a mi casa si no, no sé como iba  a entrar a casa y mucho menos mirar a mis padres a la cara. Una vez dentro fui directamente al salón salude a toda la familia y sin pensarlo dos veces le dije a mi padre que me ayudase a acostar porque desde luego si llego a saber lo que me iba a pasar no me hubiese levantado de la cama.

Al día siguiente no fui capaz de ir a la facultad, tuve que fingir que me dolía el estómago porque la experiencia del día anterior sabía que me iba a costar digerirla sobre todo cuando mi amigo y profesor era el mayor implicado en todo este embrollo.

Pasaron los días y seguía en cama, porque no era capaz  de enfrentarme a todo lo que se me iba a venir encima. Hasta que al cabo de una semana  llamaron a casa y mi madre, que es la que casi siempre se encuentra en casa abrió la puerta. Era él, Roberto, que venía a verme, ya que le extrañaba que no hubiese aparecido en tantos días a clase y que por supuesto no le hubiese hecho una visita. Cuando lo vi  entrar en mi cuarto nos quedamos los dos mirándonos fijamente a los ojos  y seguidamente sonrió como me hace siempre que nos vemos, yo intenté decirle algo pero él me dijo que no tenía que darme ninguna explicación, que entendía lo que le había pasado, pero que intentase comprender que lo que pretendía era imposible, que él estaba casado felizmente y con un hijo; yo le pedí disculpas de todo lo ocurrido, pero que entendiese también mi posición, la de una veinteañera adolescente enamorada de su profesor y que contra sus sentimientos no podía luchar. Roberto me dijo que el verdadero amor lo encontraría en otra persona y que dejase esto como un simple malentendido entre un par de amigos.

Aún me quedaba una espinita clavada
desde hace años y era el tema de mi virginidad

Pasaron cinco años después y Roberto tenía razón, conseguí desenamorarme de él, o eso creí. Ya había terminado la carrera y como buena mujer emprendedora me dispuse a buscar empleo. Si soy sincera, no lo tuve muy fácil porque  en casi todas empresas que dejaba el curriculum o acudiese a tantas entrevistas, todas me decían lo mismo: “ya la llamaremos”; parecía el cuento de nunca acabar. Todas mis amigas habían encontrado trabajo, incluso os acordáis de Nines, también lo encontró aunque la pobre tampoco es que estuviese muy contenta porque trabaja en un bingo y la verdad que está un poquito quemada, pero, la vida no es siempre un jardín de rosas, ¿ no creen?

Un día y aunque os parezca extraño, un martes y trece hoy hablar de una asociación de disminuidos físicos de Madrid, que se  encuentra por el paseo de la Castellana, y decidí entrar y probar suerte, ya que leí un anuncio en el que se requería una administrativa, pidiendo como únicos requisitos el título académico de Bachillerato y que fundamentalmente poseyera una discapacidad motórica. Yo sin dudarlo, y viendo que cumplía los requisitos de sobra decidí probar suerte, y desde luego fue mi día porque entre 189 candidatas fui elegida para ocupar este puesto y entrar de una vez por todas al mundo laboral.

AsociaciónMi vida parecía asentarse, había terminado la carrera, también había encontrado trabajo, pero aun me quedaba una espinita clavada desde hace años y era el tema de mi virginidad y aquel amor imposible que no pudo forjarse. Así que tomé la decisión de apuntarme a esas agencias matrimoniales de internet, para buscar pareja, aunque la idea no fue muy buena porque las dos o tres citas que me buscaron eran de hombres con lesiones medulares, y la verdad que lo que yo buscaba no podía realizarse, porque como no pintásemos a un tercero la cosa la veía un poquitín difícil de realizar, y eso de tres personas en una cama creo que ya es multitud; así que poco a poco fui perdiendo el interés en estas agencias, hasta llegar a desapuntarme de la que creía mi  única vía de encontrar un amor y dar rienda suelta a mi pasión sexual.

Contra más tiempo iba pasando todo comenzaba a volverse más y más monótono, la vida había dejado detener sentido; había conseguido mis metas, pero me faltaba una pareja y mi enfermedad no perdonaba, cada día me iba sintiendo más débil y con menos fuerzas para seguir luchando.

Mi familia no sabía realmente el motivo de mi tristeza, lo que sí se iban dando cuenta es que la degeneración de mis músculos iba cada vez en mayor aumento y eso les angustiaba, porque realmente es muy duro perder una hija joven que tiene toda la vida por delante y con 1000 puertas que se le pueden abrir a cada instante.

Cada día me iba sintiendo
más débil y con menos fuerzas

Los días parecían siglos y los meses milenios; la enfermedad empezó ya a ganarme la batalla de la vida, dejándome  en cama y prácticamente como un vegetal; abandonando definitivamente el trabajo que tanto había luchado y peleado por reivindicar el papel del discapacitado físico  en nuestra sociedad  y la manera de insertarlo en el mundo sociolaboral como persona.

Siempre dicen que después de la tormenta viene la calma, pues eso mismo me ocurrió a mí, más que la calma yo diría que un milagro. Un buen día de primavera llegó a mi casa un hombre que tiempo atrás fue muy importante en mi vida, mejor dicho el hombre más importante después de mi padre;  Roberto, mi magnifico profesor y viejo amigo. Alertado de mi delicado estado de salud, vino hacerme una visita a casa. Hacía un montón de años que no sabía nada de él, incluso pensé que se lo había tragado la tierra, porque no lo conseguía localizar de ninguna de las maneras posibles.

Nada más entrar por la puerta de mi habitación, nos miramos, y sin mencionar palabra me dio un beso fuerte en la mejilla y sonrió, como siempre me hacía; era una sensación que ya casi la tenía olvidada, pero ahí estaba su aliento para reconfortarme y sentirme otra vez viva como en tiempos.

Roberto, me estuvo contando que su vida había cambiado mucho, que se había divorciado y que había estado trabajando en la universidad de Toulouse, con un programa de intercambio de profesores;  cuando me lo contaba me estaba quedando alucinada, porque  siempre había odiado el Francés, pero nunca se sabe lo que te va a deparar la vida y nunca mejor dicho, porque yo creía que llevaba la vida perfecta y que era feliz junto a su mujer e hijo, pero el destino ha hecho que su vida llevase un rumbo opuesto al de su anterior  vida tan envidiada por muchos.

Roberto

Todos los días a la misma  hora venía Roberto a mi casa hacerme una visita, repitiéndome el beso y la sonrisa que tanto me reconfortaba, nos pegábamos hablando horas y horas hasta que anochecía y marchaba para su apartamento.

Un día le pedí, que ya que no pude entregarme a él y casi en mis últimos días de vida,  le supliqué que por favor  me ayudase a terminar el diario que con tanta dedicación iba plasmando cada día que pasaba, porque para Loli, cada día era un regalo de Dios que había que aprovechar. Roberto accedió sin ningún problema porque era la voluntad de una moribunda .Y sin más miramientos, Roberto con voz firme y transparente le llegó a confesar que había sentido por ella lo que nunca había sentido por nadie, y que daba gracias a la vida por habérsela cruzado en su camino tal y como había ocurrido, con un amor y unas sensaciones que robaban todo el protagonismo al sexo que en un tiempo tanto habían deseado.  Y así hasta que ya Loli  perdió la movilidad de los músculos faciales, apagándose por completo su voz y su sonrisa, aunque su mirada permanecía alegre, viva y llena de entusiasmo, solo la enturbiaba la tristeza de Roberto que aunque hacía esfuerzos por mostrarse alegre, despreocupado y empeñado en contar histories divertidas, su voz y su mirada delataban un dolor interno como nunca lo había sentido Loly en ningún momento de su vida.

Una semana después  Dolores Gracia Sánchez murió, pero no triste y sola, al revés, murió rodeada del calor de toda su familia y de aquella sonrisa que le propiciaba su enamorado todos los días cuando la iba a visitar.

Puede ser que ella muriera virgen, no llegándose alcanzar uno de sus mayores deseos que era el de poder de estar con un hombre; pero gracias  a su fuerza y entereza Loli vivió su vida creyendo en algo, que era la posibilidad de crecer y desarrollarse como persona activa en un mundo difícil, para un disminuido físico, y que gracias a la ayuda del amor pudo salir adelante en todas sus adversidades.

Con el paso de los años Roberto conoció a otra mujer y con el tiempo se casó, y tuvo más familia, pero nunca pudo olvidar a su querida y gran amiga Loli, que tanto la quiso.

Hoy día y 35 años después del fallecimiento de Loli, aún se la sigue recordando, porque el recuerdo de Loli va pasando por cada generación en generación de la familia de Roberto, manteniendo su alma viva dentro de sus corazones en memoria de su recuerdo.

 

OJALÁ QUE MUCHAS PERSONAS DISCAPACITADAS MOTÓRICAS TENGAN LA ENTEREZA QUE HAS TENIDO EN TU  CORTA PERO INTENSA VIDA.

GRACIAS LOLI

 

FIN


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