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La UTE de Villabona en el Congreso

DIARIO DE SESIONES DE LAS CORTES GENERALES

Núm. 31 25 de septiembre de 2012

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Se abre la sesión a las once horas de la mañana.

El señor PRESIDENTE: Buenos días, diputados, diputadas, senadores. Tenemos entre nosotros a cuatro miembros de la Unidad Terapéutica Educativa de la prisión de Villabona, en Asturias.

La visita allí fue para nosotros una de las actividades más interesantes que hemos hecho en nombre de esta comisión mixta; esta comparecencia ha sido solicitada de manera unánime por quienes estuvimos en aquella ocasión. Ahora damos un paso más con la presencia de estos profesionales, que explicarán a los demás miembros de la comisión mixta la experiencia, que a nosotros nos pareció extraordinaria, de la Unidad Terapéutica Educativa. Estas unidades terapéuticas educativas se extienden ya a dieciséis centros penitenciarios y, por tanto, son una experiencia de importancia nacional y yo diría que también internacional.

Vamos a escuchar en primer lugar a don Faustino García Zapico, educador. Tiene la palabra.

 

El señor GARCÍA ZAPICO: Antes de nada, quiero agradecer a esta comisión la visita que hizo a nuestro centro y la posibilidad de encontrarnos aquí para contar nuestra experiencia. La prisión -y hablamos de nuestro entorno europeo- representa el fracaso. Solo hace falta fijarse en los datos: la media europea de reincidencia está en el 65%; España está por debajo de la media, entre el 50 y el 60%, e Inglaterra, por ejemplo, está en el 70%. Si nos referimos exclusivamente al colectivo de drogodependientes, el porcentaje de reincidencia se sitúa en el 70 o 75%. Está claro que la prisión no funciona. Podemos construir edificios, invertir cantidades ingentes de recursos, pero la prisión no funciona.

Villabona¿Y por qué? La prisión no funciona porque el espacio carcelario se conforma reproduciendo dentro de las cárceles el ambiente marginal y subcultural de la calle, de tal manera que, el interno que ingresa, lo hace con todo ese sistema de normas, conductas, hábitos, cultura marginal y delicuencial, que constituirá luego, dentro del propio recinto de la prisión, la subcultura carcelaria. Y la subcultura carcelaria producirá unos efectos, el más importante de los cuales es el de prisionización, que en 1940 aportó Clemmer, que significa que el interno que entra en prisión interioriza todos esos valores, cultura y normas que constituyen la subcultura carcelaria, hay un aprendizaje. Por eso no está fuera de lugar hablar de la prisión como deuna escuela de delincuencia, porque la prisión es eso: una escuela de delincuencia en la que las personas que entran refuerzan todo lo marginal y en la que aquel que no viene del mundo marginal se acaba integrando en el ambiente.

En esta realidad, las relaciones entre los dos colectivos que conforman el escenario penitenciario, funcionarios e internos, son relaciones de desconfianza, de enfrentamiento y de indiferencia; los internos constituyen un sistema social dentro de la prisión al margen de la Administración, al margen de la institución. Los tratadistas de lo penitenciario hablan de la prisión como del antitratamiento, y lo constatamos los trabajadores penitenciarios; no se puede hablar de intervención en un espacio absolutamente contaminado. Así y todo, seguimos empleando recursos y más recursos y el interno se encuentra en muchas ocasiones en una situación de esquizofrenia total: por una parte, llega un terapeuta, que desarrolla una sesión, una terapia durante unas horas, pero, cuando se va el terapeuta, él se encuentra con toda esa subcultura carcelaria que le está mandando un mensaje totalmente contradictorio, antagónico, de lo que está trabajando con el terapeuta; de manera que el interno, al final, aprende a simular, a ponerle buena cara al terapeuta y a poner buena cara también al sistema en el que tiene que vivir. Por eso, solo una alternativa a toda esta situación puede abrirnos un futuro en el que las prisiones sean realmente espacios para la reinserción.

La prisión tradicional hace víctimas
tanto a los internos como a los profesionales

La UTE aparece como un modelo alternativo en toda su extensión. Surge como una necesidad, después de un proceso de profundización, de exploración por parte de profesionales e internos, buscando los límites de la institución. Esta situación no se puede permitir, no nos lleva a nada; esta situación de la prisión tradicional hace víctimas tanto a los internos como a los profesionales, que tienen que vivir en un estado de tensión y de violencia permanentes. Y a partir de todo este proceso, vamos descubriendo otro espacio, vemos que es posible construir otro espacio, y lo que hacemos es transformar esa escuela de delincuencia en un espacio educativo en el que se rompe con la subcultura carcelaria y con la ley del silencio que la sostiene, y nos encontramos con una realidad en la que ya sí podemos hablar de procesos de reinserción, porque el espacio está absolutamente saneado.

grupoAhora cabe preguntarse ¿cómo se transforma esa realidad? Pues lógicamente, como cualquier realidad social, solo puede transformarse con la confluencia, con el encuentro de los dos colectivos que conforman ese escenario, que son los internos y los profesionales. En primer lugar, hay que reivindicar a los profesionales, porque, si no lo hacemos, poco podremos construir, hay una parte que no estaría por la labor. En la UTE partimos del reconocimiento de la potencialidad y de la calidad profesional y humana de los profesionales penitenciarios. Resulta extraño tener que reivindicar esto, pero es la realidad en la que vivimos, porque, dentro de este colectivo, el grupo que constituye la inmensa mayoría -el 80 %-, que son los funcionarios de vigilancia, los que personalizan la prisión y que tienen en su inmensa mayoría un nivel académico universitario, se ha encontrado históricamente excluido de cualquier labor tratamental; es como si una empresa quisiera ser productiva sin tener en cuenta a la mayoría de sus productores, es lo que ocurre con la institución penitenciaria.

El funcionario de vigilancia se integra en la realidad UTE en un equipo multidisciplinar con el resto de los técnicos, con voz y voto, desempeñando un papel de educador y rompiendo con su rol de vigilante, porque en esta realidad no hay nada que vigilar. La propia estructura de la UTE crea un espacio en el que el principio de seguridad activa adquiere su máxima expresión. ¿Qué significa seguridad activa? La seguridad activa tiene que ver con la resolución del conflicto, con la resolución del problema; frente a la seguridad pasiva, que es lo que presenta el sistema tradicional, que es la contención del problema, pero no su resolución. El funcionario, en la realidad UTE se siente valorado, se siente útil, sube su nivel de autoestima y baja su nivel de frustración, lógicamente, y pasa a ser un elemento clave, porque es la primera línea de relación con el interno en la institución penitenciaria; una prisión puede existir sin técnicos, pero no puede existir sin el colectivo de vigilancia.

Es el interno el que tiene que hacer el cambio,
y los profesionales vamos a acompañarle

El otro aspecto que va a hacer posible la transformación del espacio es el reconocimiento de los internos como sujetos activos de su proceso de cambio; es el interno el que tiene que hacer el cambio, y los profesionales vamos a acompañarle. En la realidad UTE, el interno, además de asumir su proceso de cambio, va a contribuir de manera destacada a la construcción y al mantenimiento de este espacio educativo. ¿Cómo? Confrontando todas las actitudes y conductas negativas que se van dando dentro de esta realidad; esto supone ni más ni menos que los internos rompan, por primera vez en el mundo, con la ley del silencio de la prisión, con la subcultura carcelaria, y conviertan su espacio en otro absolutamente transparente. A partir de ahí, solo nos queda provocar un encuentro, generar un compromiso entre los dos colectivos que conforman la realidad penitenciaria, y esa realidad, como cualquier otra, se transforma y hace posible un espacio donde pueden convivir jóvenes y adultos, hombres y mujeres, primeros grados con segundos grados, etcétera; porque todos los que participan en este espacio se acaban convirtiendo en agentes educativos.

exterior VillabonaRecuerdo que, en un encuentro en la Escuela Judicial del Consejo General del Poder Judicial, donde acudí a presentar el proyecto ante jueces de toda España, un juez levantó la mano y dijo: Si hay una ley orgánica que dice que tiene que haber una separación, una clasificación interior, ¿cómo pueden tener ustedes a todos los internos mezclados en un mismo espacio? La Ley General Penitenciaria y la división en las prisiones, la separación preventivos-penados, jóvenes-adultos tiene que ver con que el legislador asume que es un espacio absolutamente contaminado; y, como es un espacio contaminado, la ley tiene que preservar la situación de estas personas. Pero cuando estamos hablando de un espacio educativo, en el que se ha superado toda esa contaminación, tiene sentido que reproduzca la situación que vive la gente en la calle: jóvenes con adultos, hombres y mujeres, etcétera.

La pregunta que se puede hacer todo el mundo es: ¿cómo pasa el interno de la desconfianza, de la indiferencia, del enfrentamiento con los profesionales, a la confianza, al entendimiento y al compromiso con los profesionales? Bien, esto tiene que ver con el proceso que se vive dentro de la realidad UTE. La inmensa mayoría de los internos, cuando vienen a la UTE, vienen, como dicen ellos, a pillar, a obtener un beneficio: nosotros vamos a ir ahí, vamos a engañar a los profesionales y vamos a conseguir nuestra libertad. Más o menos, todo el mundo viene asi; la inmensa mayoría viene de estar consumiendo en los otros módulos; no pueden venir de otra manera, lógicamente. Sin embargo, se encuentran con que se integran en unos grupos terapéuticos o de autoayuda en los que empiezan a hablando de su vida, de su historia. En los grupos se les va a plantear la revisión, la reflexión, la confrontación, la comunicación. En ellos se van a mostrar y se van a comprometer, se van a sentir acogidos, escuchados y queridos. Comienza todo un proceso de introspección; van a empezar a reconocerse a si mismos.

Al final, el interno que venía
a pillar se ve pillado

Paralelamente, el espacio va a garantizar una abstinencia total, de modo que cada vez van a estar más lúcidos; el propio interno defiende el espacio para que no entren drogas en él -porque es capaz de confrontar, ya no hay ley del silencio- así que el espacio está saneado. Por supuesto, el interno entra en un proceso de angustia cuando se va viendo más lúcido, pero va a estar acompañado constantemente, tanto por los otros internos como por los propios profesionales. Así empieza a producirse todo un cambio en el aspecto cognitivo y todo un cambio en el aspecto conductual, en la medida que va adquiriendo hábitos, de tal manera que, al final, el interno que venía a pillar se ve pillado. Cuando llega, en la primera fase, lo que hace es cumplir formalmente las normas; solo cumple las normas, pero eso ya supone un beneficio, porque eso supone empezar a normalizar el sistema de vida que traía de la otra parte. Posteriormente, entra en una fase de interiorización de todas esas normas, de toma de conciencia de su realidad, que es precisamente el objetivo general de la UTE. El objetivo general de la UTE supone la preparación sistemática del interno, a través de un proceso educativo integral que permita la concienciación y normalización para continuar su reinserción en los diversos recursos terapéuticos externos.

¿Qué significa esto? La UTE, aunque sea un espacio educativo, está entre cuatro paredes y la reinserción tiene que hacerse en contacto con la sociedad. Lo que aporta la UTE es un espacio saneado para que, mediante la intervención terapéutica educativa, el interno tome conciencia de la historia de su vida para ser derivado después a recursos terapéuticos externos donde podrá cumplir el resto de la condena en un sistema cerrado, en un sistema de centro de día o en un sistema ambulatorio. De esta manera, el interno pasa una parte de su condena acompañado por los profesionales penitenciarios y otra acompañado por las ONG, con las que estamos perfectamente coordinados. Todos los días laborales, antes de empezar la jornada, se reúne el equipo multidisciplinar de las UTE; y durante la semana, las ONG que están trabajando con nosotros y acogiendo las derivaciones, vienen a comentar cómo se va desarrollando la vida de los internos que hemos liberado. De manera que somos eslabones de una misma cadena, todo está engranado, y esto permite lograr, tras el alta terapéutica, unos niveles muy altos de inserción.

 

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