OCA amanecer

Una luz a la esperanza

Escrito por: Juan Jose García T.

Sofia, divorciada hace unos años por egoísta deseo de su marido al no poder engendrar, decidió comenzar el largo y arduo proceso de adoptar a una niña china para así formar su propia familia. Aquel proceso parecía que nunca terminaría, hasta que al fin llegó el día en el que voló al país asiático.

AdopcionesA su llegada le esperaba Chow, su enlace en el país para realizar todos los trámites de adopción de la pequeña Li-Yuan, y ambos se pusieron en dirección a Tien-Tsin, el pueblo donde se encontraba el hospicio en el que la pequeña había pasado sus primeros dieciocho meses de vida.

Al llegar al pueblo, Chow condujo por un camino flanqueado por juncos y ramas de bambú. Parecía que el lugar al que se dirigían fuese un sitio escondido a la vista de la gente, como si de un vergonzoso secreto que se quisiese ocultar se tratase. De entre la lúgubre niebla apareció la sombría figura de un edificio frío, tenebroso y gris.

Los funestos barrotes de las ventanas daban la impresión de ser los propios de una prisión y, la verdad, es que la realidad no se hallaba lejana a aquello. Ambos salieron del coche y entraron al edificio. Allí, una mujer vestida de enfermera les dio la bienvenida y condujo a Sofía hasta una enorme sala repleta de decenas de cunas, todas ellas ocupadas por niñas raquíticas e inmóviles de apenas unos meses que no tenían fuerzas ni para llorar y que hacían de toda aquella cruda realidad una imagen tremendamente dantesca.

La sombría figura de un edificio
frío, tenebroso y gris

Llegaron a la cuna donde yacía Li-Yuan. Sofía la cogió en brazos y salió de aquella sala llena de una tremenda tristeza, sobretodo al pensar que en aquel sórdido lugar había vivido la pequeña hasta entonces, y que allí continuarían el resto de niñas, relegadas a un destino incierto, a un futuro de soledad y sufrimiento y, para muchas de ellas, el suicidio eterno.

Chow, Sofia y Li-Yuan abandonaron aquel hospicio y, mientras se iban, Sofía, emocionada, no pudo evitar dejar fija la mirada sobre el retrovisor, observando cómo se alejaba en la distancia aquel terrible lugar al que ya no volverían ni ella ni su pequeña nunca más.

 * 1º Premio categoría Microrrelato en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2012 para centros penitenciarios

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