OCA GLACIACION

ESTÁN VIVOS (THEY LIVE, 1988) de John Carpenter

La actual situación de crisis que atravesamos a todos los niveles, plagada de depresión, conspiraciones y comportamientos marcianos, me recuerda a una película de ciencia ficción de los ochenta ‒magistral en mi opinión, aunque no demasiado conocida‒ titulada “Están vivos” (They Live, en su versión original).

Reza su leyenda:

Los ves por la calle. Los ves por la televisión. Puede que votes a alguno de ellos este otoño. Piensas que son gente como tú. Estás equivocado. Mortalmente equivocado.

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John Carpenter, considerado uno de los grandes maestros del género fantástico, siempre se ha caracterizado por esconder tras una premisa divertida o terrorífica un profundo espíritu crítico. Buena muestra de ello se da en la cinta que nos ocupa, donde, además, ofrece una dualidad interesante, mostrando su lado más amable y al mismo tiempo más perturbador y suspicaz.

La película ‒cuyo guión surge de la adaptación de un relato corto de Ray Nelson titulado “Ocho en punto de la mañana”‒ narra la aventura de George, un obrero nómada, pacífico y optimista, que, en medio de una grave crisis económica y social, llega a un campamento de trabajadores donde comienza a observar situaciones extrañas a su alrededor. Pronto descubre que los líderes del campamento, que se dedican a organizar y distribuir los recursos disponibles para ofrecer amparo y comida a trabajadores y familias sin hogar, además forman un núcleo de resistencia en contra del sistema que pretende llevar a cabo una revolución. Este grupo se está armando clandestinamente, utilizando una iglesia como centro de operaciones, y trata de despertar de su letargo a la población colándose en las retransmisiones de televisión para desvelar la terrible verdad causante de todo lo que está ocurriendo: Nosotros dormimos, ELLOS VIVEN.

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Tras un impresionante (y largo) planteamiento en el que se presenta una atmósfera caótica y deprimida, casi apocalíptica, se produce el giro que pone en marcha la acción:

Unos días después de la llegada de George, que mantiene su propia investigación sin estar muy seguro de inmiscuirse, los rebeldes son descubiertos y un enorme despliegue policial irrumpe brutalmente destrozando el campamento en busca de los responsables de los mensajes televisivos. Durante la revuelta, George encuentra una gran cantidad de cajas llenas de gafas de sol fabricadas por la propia Resistencia. A la mañana siguiente, tras conseguir a duras penas salir con vida del asedio, se pone una de las gafas, descubriendo con estupefacción que le permiten ver el mundo tal como realmente es; las gafas son la llave que traduce la realidad sin filtros de manipulación.

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George descubre que el mundo está lleno de carteles, revistas, periódicos, rótulos y objetos de todo tipo que esconden mensajes subliminales, todos ellos con un fin común: convertir a los seres humanos en ganado fácil de manejar.

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George reacciona con espanto ante lo que está viviendo, pero cuando verdaderamente se vuelve histérico es al observar que algunas personas son, en realidad, extraterrestres. Estos extraterrestres infiltrados ocupan los cargos más influyentes de la política y la sociedad; son quienes manejan el dinero y mueven los hilos: políticos, altos directivos, hombres de negocios, señoras ricachonas, policías, periodistas…

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A partir de este momento emprende su particular cruzada, entregado en cuerpo y alma para poner fin a la inconsciente esclavitud humana y exterminar a los extraterrestres.

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De todo ello se deduce la idea principal de la película: el poder que ejerce sobre la población la manipulación mediática inherente a cualquier sociedad desarrollada, desde la política a la prensa, televisión o publicidad. Cómo, quienes controlan los medios de masas, pueden establecer a voluntad los principios fundamentales que rigen una sociedad y someter a la gran mayoría de la gente que, inconscientemente, no sólo asume la faena, sino que contribuye activamente a ella.

Con un satírico sentido del humor, se identifica la clase privilegiada de la sociedad, la cúpula del capitalismo, con una horda de extraterrestres sin piedad que sólo pretenden tener a la gente controlada para explotar los recursos del planeta lo máximo que les sea posible. Dichos personajes quedan parodiados, tanto en su apariencia humana como, sobre todo, con su peculiar estética alienígena (con una marcada influencia del cine de ciencia ficción de los cincuenta). El grueso de la humanidad es considerada inferior y fácil de mangonear por los poderosos, quedando equiparada a un rebaño de animales sin conciencia ni voluntad.

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Existe una clara similitud entre la situación mundial actual y la contextualización de la película, por lo que se podría atribuir un cierto carácter visionario al autor. Este hecho es innegable, pero no particularmente meritorio teniendo en cuenta que los países del mundo desarrollado están cortados por el mismo patrón y a lo largo de los años se repiten los mismos errores una y otra vez. El poder fáctico de los medios de comunicación, las injusticias sociales y la indiferencia de la mayoría de la población ante una sociedad corrupta son problemas reales de ayer y hoy que están plasmados en la película.

A lo que sí se debe reconocer su merecida importancia es a la capacidad de Carpenter para hablar de todo esto, utilizando un equilibrio perfecto entre la adrenalina de la acción, la sobriedad de la ciencia ficción y la sátira social, entre la denuncia y la burla, siempre con un halo divertido y esperanzador. Toda la crítica subyacente y el contenido serio del film están envueltos por una fábula de ensueño, presentando el mundo como una excéntrica distopía, tan inquietante como divertida, en la que el bueno de George, un peregrino en medio de un viaje hacia ninguna parte tratando de encontrar su destino, se ve envuelto en una surrealista conspiración alienígena que jamás hubiese imaginado, aunque siempre estuvo ahí.

Es un placer ver lo siniestro vestido de broma. El sentido y propósito del autor llega con la misma intensidad, incluso mayor, y es mucho más hiriente para el objeto de crítica y mucho más alegre para el espectador. Salvando las distancias y el salto de estilo, se podría considerar una obra digna del espíritu de Billy Wilder.

A nivel personal, es mi película favorita de Carpenter, por la que tengo un cariño especial y, objetivamente, una de las mejores del género. En esta vida incierta, siempre preocupados e inseguros, disfruto mucho con ese carismático personaje de aventuras que se mete en líos que no busca, porque el destino le tiene preparada la gran misión de luchar contra el mal para salvar el mundo.

La pregunta es: ¿ESTARÁN REALMENTE VIVOS?

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1 comentario

  1. Da la impresión de que el problema va cada día a más. Sentados en un autobús, en el tranvía, incluso de pie, y caminando por la calle, ya podemos ver a los nuevos adeptos a la tecnología. Miran y remiran el smartphone mientras pasan cerca de un agujero sin darse cuenta de que está ahí.
    Todavía tienen que ponerse a la venta las gafas de google, con lo que podremos estar mirando a una persona, creer que nos devuelve la mirada pero tiene su mente puesta a diez mil kilómetros.
    La tecnología en sí misma es algo extraordinario y que puede hacer avanzar a la raza humana hasta límites insospechados. Viajes, regeneración del cuerpo físico, demostración de que hay otras dimensiones y un sinfín de beneficios.
    Pero la utilización por parte de las personas que somos corrientes dejará mucho que desear.
    Nos estamos metiendo en mundos mentales creados por los poderosos, y olvidaremos qué es respirar profundamente y pensar mientras se pasea.
    Que los que lo manejen sean extraterrestres o terrestres inteligentes, no parece que cambie mucho.

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