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Más allá de la ciencia (Cap. 12): “Perdidos en el espacio, y hallados en la conciencia”

Posted By Quintín Gª Muñoz On 11/12/2013 @ 09:00 In Apuntes,Ciencias | 1 Comment

Apreciados amigos lectores:

Comienzo a escribir el capítulo número doce. Permanezco delante de la pantalla de un, antiguo ya, ordenador de ocho años, utilizo unas gafas cuyos cristales tienen más o menos siete dioptrías, me siento en una silla moderna que se ajusta a la altura necesaria, trabajé durante treinta y cinco años en informática, y para desplazarme utilizo, algunas veces, el coche. Mis padres llevan marcapasos, lo que les ha ayudado a continuar vivos más años de los que su propia naturaleza les hubiese permitido, suelo ver la televisión y escuchar música.

inventosDespués de enunciar algunos de los recursos que los humanos del siglo veintiuno utilizamos, cabría establecer la pregunta: ¿nos habríamos desarrollado como seres humanos sin la aportación esencial de los inventos científicos?

Como casi todo en la vida, la contestación sería un tanto ambigua. Quizás lo más correcto sería responder que gracias a los descubrimientos científicos actuales, los seres humanos tenemos la posibilidad de desarrollar nuestro potencial de una manera más amplia y a la vez más rápida. Dicho de otra forma: la semilla que la raza humana posee en su organismo físico, y la potencia de su ser espiritual tardaría miles de años en generar un núcleo de sabiduría limitado, pero gracias a los inventos científicos, la potencialidad que reside en el interior del ser humano es susceptible de transformarse en realidad en cuarenta o cincuenta años. Por lo tanto, la duración del proceso por el que un hombre accede al mundo espiritual con la seguridad de que no es una ilusión, se ve reducida en cientos, quizás, miles de años.

Los descubrimientos científicos nos conducen
más allá de las creencias religiosas

Sin los inventos actuales, un ser humano estaría supeditado a una vida muy estrechamente limitada. Quizás llegaría a ser un agricultor que permanece siempre cerca de sus campos, o un pastor que día tras día camina por los montes. Si la salud no es un don de nacimiento, muy pronto su existencia se habría convertido en una tragedia: enfermedades oculares, bucales, infecciosas y un largo etcétera que más nos vale no enumerarlo.

Respecto a su salud mental, totalmente determinada por su salud corporal, en el mejor de los casos, sería muy limitada, siempre hablando en términos generales. Sin duda la estrechez mental y enumeración de prejuicios sería extraordinaria, lo que le llevaría a aceptar numerosas creencias.

Curiosamente, los descubrimientos científicos nos conducen más allá de las creencias religiosas localistas hacia un universo en el que no cabe pensar en que el minúsculo átomo que es nuestro planeta sea objeto de la Inteligencia Omniabarcante de 200.000 millones de estrellas que posee aproximadamente nuestra galaxia, la Vía Láctea. Cantidad que multiplicada por dos planetas por estrella harían 400.000 millones de planetas que a su vez habría que multiplicar por 100.000 millones de galaxias, lo que nos llevaría a la enorme suma de 40.000.000.000.000.000.000.000. Si no me he equivocado, estamos ante la cantidad de cuarenta mil trillones de planetas.

 Universo Como se puede apreciar, he sido muy prudente en el cálculo, porque habría que tener en cuenta que hay estrellas que tienen más de dos planetas y planetas que poseen más de una luna tan enormes como otros planetas. Así pues, a esta cantidad ingente de planetas deberíamos añadir otros veinte mil trillones de estrellas y, quizás, otros veinte mil trillones de lunas. Más o menos: 80.000.000.000.000.000.000.000 de objetos susceptibles de contener vida, sea del tipo que sea, y aquí comenzamos a diferenciar entre lo que supone el esoterismo y lo que se atreve a afirmar la ciencia.

Según los últimos descubrimientos astronómicos, se ha incrementado enormemente la posibilidad de encontrar planetas habitables, de condiciones parecidas a la Tierra. Según el esoterismo, cada objeto existente en el universo es susceptible de albergar vida, incluidos los asteroides. Todavía más. Puesto que se considera que solamente una séptima parte de seres vivos están encarnados en el mundo físico, debería ampliarse la capacidad del universo de albergar vida a siete veces más.

Respecto a los seres vivos que habitan los ochenta mil trillones de estrellas, planetas, lunas y planetoides, está claro que no nos podemos hacer una idea. Nuestro planeta, una partícula infinitesimal del cuerpo del universo, contiene tal cantidad de vidas que su cálculo sería casi imposible: humanos, animales, plantas, microorganismos… Dentro del propio cuerpo de los animales racionales como se nos denominaba en algún libro de texto dicen que hay aproximadamente 50 billones de células.

¿Existe alguna analogía entre el cuerpo
del universo y el cuerpo humano?

¿Existe alguna analogía entre el cuerpo del universo y el cuerpo humano? Especificando un poco más: Si nosotros, entidades autoconscientes, somos capaces de habitar un organismo con 50 billones de células, ¿se puede imaginar que una Entidad hiperconsciente habite en el cuerpo del universo con ochenta mil trillones de elementos estelares?

Sin duda que es algo incomprensible para nosotros. Pero sí que se puede deducir algo: raya en lo irrazonable creer que una entidad que ocupa tal cantidad de espacio pueda encarnar en un minúsculo átomo como pueda ser la Tierra. Sería algo similar a decir que toda nuestra autoconsciencia pudiese limitarse a residir en algún diminuto espacio dentro de un quark, siendo un quark una partícula subatómica. Dicho de otra forma: son necesarios varios quarks para construir los protones y neutrones que constituyen los átomos.

Creo que es lógico pensar que es algo irracional imaginar que en nuestro planeta puede habitar el hijo único de una entidad omniabarcante, llamada “ochenta mil trillones de objetos astronómicos”. Sin embargo, deseo hacer una especial mención a un amigo cuya lucidez mental era extraordinaria: “No sabemos qué es el universo, no sabemos qué es “Dios”. Es lógico pensar que existe Algo que está más allá de cualquier conocimiento humano, pero lo que si que sabemos es que los ateos no tienen razón”.

Constructor del universoAsí pues, los seres humanos nos encontramos ante un insondable misterio: ¿Quién o Qué ha construido el universo? Podemos pensar que ha sido la casualidad, pero… si una simple y sencilla bicicleta no ha salido porque sí, podemos afirmar que es razonable creer que el universo no es una casualidad. Y aquí estamos, amigo lector, perdidos en nuestros razonamientos que parten de la realidad que han diseñado para nosotros los científicos.

Mientras tanto, el tiempo corre, o mejor, vuela, o especificando mejor: nosotros pasamos por el tiempo, entendiendo por tiempo la distancia en acontecimientos que hay entre el nacimiento y la muerte del universo. Aquí estamos, extraviados entre los ochenta mil trillones de estrellas, planetas, lunas y planetoides.

¿Hacia dónde iremos? La ciencia no ha descubierto las posibles hiperconsciencias que pueblan el universo. Las religiones afirman que Dios, el Creador del universo es quien cuida la Tierra y que su “único hijo” vino a salvarnos. Los ateos, intentan convencernos de que todo es casualidad, y que el universo no tiene un director, y por lo tanto camina erráticamente.

Los esoteristas insisten en conjeturar que cada estrella, planeta, luna o planetoide, si están vivos, son habitados por superinteligencias cuya hiperconsciencia está compuesta de mónadas espíritus que se reflejan en el universo como luz y vida, lo que algunos llaman ángeles solares, vitalizadores del alma humana.

¿Quién o Qué
ha construido el universo?

La ciencia afirma que la materia es eterna. El esoterismo propone que la materia y el espíritu son eternos y su interacción es el origen de los universos visibles. ¿A quién hacemos caso? Como estamos ante una pregunta fundamental, que cíclicamente aparece y desaparece a lo largo de nuestra vida, es bueno responderla. Lo importante es que la respuesta que demos a tan enorme problema, sea lo más sincera posible.

Personalmente, educado religiosamente, llegado a no creyente, al final, tras muchos años de estudios me convertí en un estudiante de esoterismo. Espero que la palabra no induzca al error de confundir esoterismo con superstición. El esoterista busca las causas que están más allá de los acontecimientos que ocurren a simple vista.

Abandonamos, en teoría, todo lo relacionado con la religión. Dios no existe, es la deducción lógica que brota espontáneamente de nuestra mente cuando vemos que el mal progresa adecuadamente. Hay quien apenas tiene qué comer, pero cuando comenzamos a tener abundante comida, nos hartamos, y no siendo suficiente continuamos hasta las comilonas. Hay quienes no tienen apenas agua para saciar su sed, pero cuando mejoran su situación se pasan al vino y después al whisky, para terminar alcoholizados. Hay quienes se sienten infelices y paulatinamente llegan al mundo de las drogas. Hay quienes no tienen amor, y hacen todo lo posible y lo imposible por conseguirlo, y perserguir la gallina de los huevos de oro y tratar de conseguir placer sexual hasta extremos insospechados. A la menor oportunidad, nuestras tendencias nos llevan hacia la esclavitud. El placer es un extraordinario motor que nos hace evolucionar hacia la sabiduría, pero siempre nos las apañamos para convertirlo en algo erróneo que nos desvía. En resumen, como he expresado con cierto retintín, todos somos expertos en el mal y progresamos adecuadamente.

tarot egipcioLos sabios egipcios encerraron los símbolos más sagrados en los naipes o cartas, porque sabían que si algo es eterno en el ser humano es su inclinación al “mal”. En ello somos mucho más constantes que en la virtud. Así pues, nada más natural que los humanos pasemos de la credulidad infantil en un dios infantil, a la incredulidad que se deriva de nuestra apreciación del mal. Y sin embargo… algo nos impide ser realmente desalmados, salvo a unos pocos.

¿Cómo salir del pozo de la desesperación en que nos encontramos sumergidos? El menor atisbo de luz es suficiente. Cuando un ser humano permanece en lo más oscuro de la cueva de la materia, un pequeño acto de amor, un extraño y minúsculo pensamiento puede ayudarle a remontar el vuelo y recomenzar a confiar en el universo. Ha muerto dios, y ha nacido la esperanza, la creencia en la irrealidad de que el universo es una máquina casual.

Existe un momento en la vida de todo ser humano que puede decidir. Puede tener el suficiente poder para no respetar a nadie. ¿Por qué ha de tener consideración con los demás, si el universo es algo absurdo? Nadie puede obligarle a hacer el bien y menos a prohibirle hacer lo máximo posible en su favor pasando por encima de los cadáveres físicos, sentimentales y mentales de los demás individuos de su especie.

¿Qué es lo que evita que un ser humano llegue a ser una máquina de odio eterna? Nadie le da órdenes, nadie le prohíbe nada. Es un afortunado que a nadie debe dar explicaciones. Sin embargo, se siente mal. Algo no funciona. Y aunque sea capaz de acallar su conciencia, comienza a sentirse solo y aislado. Necesita amar, así como necesita comer, beber y relacionarse sexualmente. Si tal sentimiento no surge del fondo de su corazón, muy probablemente le llevará a un triste final a lo largo de los años, y si por casualidad brota durante un segundo pero se niega a dar cabida a tal sentimiento, estará a punto de continuar el camino que lleva hacia otro lugar.

Todos somos expertos en el mal
y progresamos adecuadamente

Como norma general, todos los seres humanos, aunque sean extremadamente canallas, llegan a amar a alguien: un hijo, un sobrino, un nieto, una amante, un amante… Y cuando llega a tal punto, comienza a comprender que si hubiese alguien con más poder que él y quisiese herirle, sería suficiente con hacer daño a aquellos a quienes ama. Por lo tanto, empieza a entender que la vida no puede ser un continuo camino sin amor, en soledad y con la libertad de hacer el mal.

Nada parece haber en el vasto universo de ochenta mil trillones de estrellas, planetas, lunas y asteroides que le diga: ama. Sin embargo, en el fondo de su ser, algo diminuto como un infinitesimal punto le indica que el camino del amor es el que dará sentido a su vida.

¿Por qué puede ser el amor un camino hacia la libertad? Entre otras cosas porque lo que aparenta estar aislado y solo en el universo, en realidad está unido. Tal unión no es una quimera indemostrable. Es, en realidad, lo más abundante en la vida. El cuerpo humano, a pesar de estar compuesto por elementos aparentemente aislados, el corazón, los pulmones, el hígado, etc. sabemos que es una unidad. Un glóbulo rojo no tiene por qué saber que todo está unido. Para él, cada órgano es un paisaje por el que transita. Cada uno de ellos con unas condiciones distintas, pero en la sabiduría que pueda adquirir a lo largo de su corta vida, quizás pueda deducir que la corriente sanguínea es lo que unifica a unos y otros. Y que tales elementos aislados no serían capaces de subsistir por sí solos si no recibiesen la vida del torrente sanguíneo.

Romeo y JulietaUna vez que llegamos al reino de los seres humanos, aunque aparentemente estamos aislados, bien sabemos que lo que les ocurre a nuestros familiares puede influirnos, hundirnos o elevarnos. Hace un tiempo alguien me dijo que sintió como si arrancasen parte de su cuerpo cuando tuvo que separarse de un ser querido. El mismo dato aparece en algunas películas románticas: el protagonista expresa un desgarro físico a la altura del corazón causado por la separación, obligada por las circunstancias, de su amor.

No creo que haga falta relatar más casos para comprender que la relación entre los seres humanos, aunque no se vea, puede venir determinada por la unión de un algo magnético o lumínico que es la esencia de tal unión. Podríamos afirmar que en este preciso instante hemos abandonado el espacio aparentemente sin sentido y hemos entrado en la conciencia.

Conciencia podría definirse como aquello intangible que hace que los seres vivos actúen, que relaciona a varios individuos y que a partir de cierto punto no está demostrada por la ciencia. Que dos amantes estén unidos por lazos de energía amorosa es algo, todavía no demostrado por la ciencia (creo). Tan gran enigma es un misterio. Y aquí es donde empieza el campo de la religión, de los místicos y de los esoteristas.

¿Por qué puede ser el amor
un camino hacia la libertad?

Que tal relación existe, es un hecho para muchas personas, pero que no se puede demostrar fácilmente, o que si se puede, no se quiere por parte de los implicados. La causa es sencilla: la demostración podría ser utilizada como una ruptura con el entorno físico de los implicados. Si por alguna causa algunos seres humanos son capaces de descubrirlo, realmente no lo saben explicar. Pueden intentarlo con el color de su bagaje cultural.

Necesitan expresarse en términos de energía etérica, energía astral, energía mental, o el mundo subjetivo de Dios. También tendrían a su disposición el lenguaje propio de las comunicaciones, protocolos IP, comunicación inalámbrica, en definitiva, vocablos referentes a la televisión a la radio y a la informática.

Actualmente, se tiene la idea general de que las religiones nos engañan. Muy probablemente, todas ellas tienen una base real, pero poco a poco han sido utilizadas por mentes limitadas y que han afirmado más allá de lo que verdaderamente sabían. Existieron algunos sabios que llegaron a conocer cierto tipo de realidades, pero luego continuaron en sus “escuelas” personas que afirmaban algo de lo que no tenían la menor experiencia.

religionesPaulatinamente, las religiones perdieron su pristina pureza, y llegaron indefectiblemente a estar muy cerca de la superstición. Este argumento podría ser lo que explicase de una forma general la situación actual en la que se encuentra el ser humano civilizado con respecto a las religiones actuales.

Ahora bien, como decíamos unas líneas más arriba, dos seres humanos pueden llegar a saber, y ni ellos mismos tienen por qué conocer la causa última, que sus entidades físicas están relacionadas. Ello es el primer paso para pensar que es una gran verdad que el universo es uno.

Llegar a tal afirmación es, como norma general, algo que nos supera a las personas normales. Se puede tener la idea de que cuando meditamos, pensamos, paseamos respiramos, todo nos parece uno. Es un reflejo de la unidad interior que hemos conseguido. Pero para poder afirmar que el universo es uno, deberíamos, antes, ser capaces de comunicarnos con todos los seres humanos, con todos los animales, con todos los vegetales, con todos los minerales, y con todos los seres que componen los reinos superhumanos, si es que existen.

Una afirmación tan grande debe estar al alcance de unas cuantas personas en el mundo, que quizás se puedan contar con los dedos de una mano. Sin embargo, toda persona que tenga algún tipo de experiencia más allá de los límites normales de nuestros sentidos, podría afirmar que más allá del cuerpo físico, hay algo.

Se tiene la idea general
de que las religiones nos engañan

Y aquí hemos llegado a un punto en el que comienza una nueva aventura. El maravilloso mundo de las conciencias grupales, planetarias, solares, grupos de soles, y un interminable sendero cósmico hasta llegar, si tal cosa existe, a la hiperconsciencia de una galaxia, grupos de galaxias… en definitiva hasta abarcar los ochenta mil trillones de objetos del espacio físico.

Entramos en un mundo en el que la contraparte interna de los seres humanos se relaciona entre sí para llegar a comprender que la conciencia unificada de todos los hombres en la Tierra forman el cerebro de una maravillosa Entidad denominada Logos Planetario.

Para llegar hasta tal punto, nos dicen los que han recorrido parte del camino que es necesario que el ser humano se transmute en luz. El hombre ya es luz, su cerebro es una herramienta que incrementa su luminosidad. El misterioso órgano, que según algunos es el producto de la casualidad inmemorial, es un receptor de luz y vida, así como un intensificador de la misma. En definitiva, el cerebro, así como el corazón y todo el cuerpo físico del ser humano es un generador de luz y amor.

hombre vitruvio de luzQue un ser humano es luz y que la puede desplazar de un punto a otro del planeta en el que vivimos, es cuestión relativamente fácil de comprobar. Se pone de acuerdo con otra persona que sea capaz de emitir y captar la recepción de la misma. Y pasados varios años de práctica, sabrán ambos, a ciencia cierta, que son capaces de interactuar con el cuerpo físico de la otra persona. El riesgo es grande. Ambos son interdependientes uno de otro. El beneficio es mayúsculo. Su conocimiento se transmuta en sabiduría.

Estimado lector, hemos ascendido el primer escalón. Saber a ciencia cierta que un ser humano es capaz de establecer comunicación energética con otro ser humano. Pero no hay que olvidar que es el primer paso, pues luego deberá encontrar su propio grupo. Dicho de otra forma, el conjunto de seres humanos que pueden interconectarse entre sí.

Aunque es un mundo desconocido, cabe esperar que la interconexión entre varios seres humanos no esté determinada por la casualidad, sino que es algún “punto” de energía-consciencia el que intenta unificar lo que aparentemente está disperso.

Para que algo así suceda, se necesitarán unos requisitos: capacidad de percibir la luz, capacidad de soportar la energía sin desestabilizarse, capacidad de cierto sacrificio para abstraerse de ciertas costumbres a favor de las nuevas costumbres grupales. En definitiva, haber pasado la primera y estar a punto de llegar a la segunda iniciación.

Según el esoterismo,
todo el universo es conciencia

Lo que un ente del grupo piensa o hace, tiene implicaciones en los demás entes del grupo. Se infiere que se han tenido que superar algunas características humanas que pueden ser útiles para nuestro caminar físico por la vida, pero que no son recomendables en el mundo de la unificación de las conciencias.

En cualquier faceta de la vida se hace necesaria una preparación, unos requisitos, unas facultades. La comprensión de la conciencia grupal, lo que debe hacerse autoconscientemente, no es una excepción. El trabajo es continuo, la alegría de la unión también lo es. El ser humano que se había perdido en la inmensidad del espacio ahora se encuentra ante un camino infinito que le lleva de un grupo a otro, de un planeta a otro, de una estrella a otra, pues, según el esoterismo, todo el universo es conciencia.

Cada uno de los ochenta mil trillones de objetos susceptibles de estudiarse astronómicamente, son conciencias que poseen sus propios individuos con sus diferentes peculiaridades, y que para entrar en ellos se requerirán tal diversidad de facultades, que ni las personas normales ni los más sabios de los más sabios son capaces de imaginar.

Afectuosamente,
Quintín.


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