OCA GLACIACION

Escuela de ayer, de hoy

Decía el autor de la enciclopedia Álvarez que solo se sabe lo que se recuerda, y para recordar hay que aprender de memoria. Esto es verdad; pero no es toda la verdad: lo cierto es que el desarrollo de la imaginación fue tan importante como los conocimientos. Hubo maestros que nos iniciaron en la lectura y nos emocionamos y las emociones se contagian, entonces y más adelante.

El ParvulitoLa enseñanza es un tema sobre el que todo el mundo se siente con derecho a opinar pero no se concede ese mismo derecho a los maestros y profesores. La administración es una especialista en hacernos perder el tiempo, comprendo perfectamente la necesidad de cambios profundos en una sociedad cuya base es la utilización de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (NTIC), pero siete leyes educativas para esta democracia, de la LGE a la LOMCE….una reforma cada menos de 6 años, ¿y suma y sigue?

Frente al agobio de las instituciones educativas debemos mantener un espíritu crítico y la fe en las posibilidades de las personas, esquivar todas las trampas para proteger aquello que más nos interesa. No dejemos que nos pongan la escuela patas arriba. Pero, aparte de esto, no comparo la escuela de ayer con la de hoy, como no pretendo que se las olvide si queremos mejorarlas. Si se las olvida, vuelven.

La anécdota se ha contado muchas veces. Einstein fue un patito feo, sus maestros se quejaban de su poca memoria y lentas respuestas. Un día salió el cisne y Einstein dijo cosas como que la masa y energía son equivalentes, por tanto, la una se puede convertir en la otra. Y que cuanto más nos acerquemos a la velocidad de la luz más lento pasará el tiempo.

John Gurdon, premio Nobel de Medicina de 2012, guarda una nota de su profesor que decía: “Creo que Gurdon tiene ideas de convertirse en científico. Dados los resultados actuales, es bastante ridículo. Si no puede aprender simples datos científicos no tiene ninguna posibilidad de hacer el trabajo de un especialista”.
¿Dónde está el camino?

Nunca he visto un alumno
que provocara fracaso escolar

Algunos superaron el fracaso por su propia motivación y talento: Charles Darwin considerado por sus profesores como mediocre. Thomas Edison que intento mil veces hacer funcionar la bombilla, Giuseppe Verdi, Honore Balzac, la lista es larga.

Otros, no se conformaron, llegaron al éxito a través del fracaso: Charles Chaplin inicialmente fue un incomprendido en su forma de actuar. J.K. Rowling estaba en paro hasta la publicación de Harry Potter. Steve Jobs fue despedido de Apple, años después volvió a la compañía revolucionando el sector.
Mi experiencia como profesor me ha permitido desconfiar de muchas propuestas pedagógicas que igualan a los alumnos a la baja. Tendrán sus razones, las suyas.

Nunca he visto un alumno que provocara fracaso escolar. Si tenemos claro que el fracaso escolar no lo crea el alumno ni lo contagia, pero lo sufre. Si es así, ¿por qué no evitarlo? Empecemos por comprender sus problemas.

En los últimos años hemos sido incapaces de evitar la pérdida de talento de jóvenes que se les pisaron proyectos antes de ponerse a andar. He escuchado mil excusas, pero ninguna buena razón.

En la escuela, hoy, hay una cantidad de esperanza que dudo sea para todos.

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