004 OCA OTOÑO (Personalizada)

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Sí, me tomo la sopa y el pescado y escribo este artículo. Pero suena el teléfono. Es Nélida Spinoza, una amiga cubana en la literatura que escribe cosas que son de largo aliento porque fue una de tantas que se emocionó con la Revolución, la deseó, la abrazó y salió decepcionada, aunque luego se fue adaptando con más o menos achaques a un universo incierto donde más allá del exilio interior nada fue fácil. Y por eso en lo que escribe y sueña intenta cerrar su propia herida, aunque en la isla, repite cinco veces, nadie se salva. Nélida, a la que debo más de cien vasos de café y otros tantos de ron, porque cuando se despide me recuerda que le debo uno de cada. Me invita a ir hasta allí con una carcajada que me rompe los tímpanos: ¡Muchacho! te traería en volandas para que te empaparas de este son que es la vida. Para mí, es una optimista y una luchadora, tal vez, porque tengo la alegría de contar con ella y celebrarlo todo en el lenguaje de la poesía para escapar de las reglas. Porque cualquier amanecer ya no serviremos para nada, me dice al otro lado del auricular. Cuando se despide y la noche cierra al fin las fauces de una pertinaz lluvia, aún quedará la duda: ¿Acaso alguien puede quedar indemne? No lo sé. Lo que cuenta, es la infancia y también la ilusión de que pronto seremos felices, porque sus relámpagos líricos tienen una fuerza fulminante y todas sus palabras hablan con voces de otras voces fluyendo de tan adentro que rompen en las olas.

bebo valdesMe dice si quedamos a tomar vasos juntos y empujamos el carro hacia esos horizontes llenos de libertad. Digo, que tiene un ángel en su voz de aguardiente y responde unívoca con la risa más amplia, que una hoja de tabaco, que me deja cenar, aunque me cuenta, que le hacían mucha gracia aquellas expresiones de sus antepasados como: Que las paredes oyen, o se debe caminar con pies de plomo. Expresiones, que hoy son el fundamento de la literatura.

Nélida, que además de ser un libro de páginas sueltas es de esas mujeres que se preguntan si hay vidas que valen más que otras, para añadir: abre, mira, piensa, fluye, sueña y únete a la rebelión de los colores, seguro que la vida es más hermosa y apasionante. Yo digo, que para qué preocuparse tanto por la vida si al fin y al cabo ninguno nos quedaremos en ella. Pero me lo rebate y me llama tontito. Porque ella nunca hace de más ni tampoco de menos, transmite la sensación de ser infalible. Su humor es el de alguien que conoce las tripas del dolor. Siempre está en su sitio, siempre está lista, nunca la he sentido equivocada. Mientras yo voy perdiendo energías ella llega y clava cada frase, cada gesto, se adueña de cada palabra. Da la impresión de que amasa con sutileza la sombra, lo oscuro de la materia humana para que fermente en luz. Y ese secreto me sigue fascinando. Dice que oyó tocar a Bebo Valdés con un viejo saxofón en los clubes de la Habana vieja, y cuenta a carcajadas, que apenas pudo, se lo llevó a la cama.

Abandonó su cuerpo de ébano
por el oficio de escribir

Nélida es lectura obligatoria como material de desechos humanos, una charla abierta cada vez que me llama o me manda un correo; una protesta y una sonrisa, un acontecimiento que bien merecen perderse la sopa. La ´última vez me dijo: Quien más, quien menos, sueña con algún beso. Yo sueño con los tuyos y por eso te quiero susurró picarona. Y es que Nélida es un primer amor, un verso y un verano, las grietas y resquicios por los que seguir comunicándose, una terca querencia por dar voz a lo que nadie oye, a los ausentes, a los que se fueron, a los que se quedaron, a los que sueñan con frijoles y lonchas de tocino, a los que se levantan y no saben qué hacer. Porque está preñada de ideas y la isla se le queda pequeña.

Dice que abandonó su cuerpo de ébano por el oficio de escribir y que por ello ha sufrido fracasos y miserias, pero que no la importa, porque escribe a destajo y cada amanecer su obsesión es vivir. Yo pienso que escribe desde que la poesía es esa rareza que le da inteligencia, la sensibilidad y la rebeldía, que es la estremecedora posibilidad, la espina dorsal, la Tata, los tópicos de la isla: música, escasez, exilio, la rabia contenida de esos héroes viejos que mueren alrededor de un piano. Por eso dice, que los personajes que prefiere retratar son los últimos, los olvidados, aquellos a los que la sociedad tiende a dejar atrás. Y que su rabia se convierte en el objeto de la narración. Siempre hemos sido un pueblo abierto,  sonriente, pegado a ese son que nos corre por las venas, y en cambio ahora somos un pueblo desilusionado, que ha perdido la dignidad y no sé qué sucederá cuando a un pueblo le quitan la esperanza. Por esa Cuba que se resiste a perder la belleza y la ironía es por la que transitan sus historias.

Cuando está deprimida acude a exorcizar sus miedos a esos tugurios con lámparas de bronce y hojas de tabaco para matar las penas bailando. Que en una de esas crisis soñó la historia de un niño que no quería ir al colegio porque allí sólo enseñaban a ser pobre. Que aún no la ha puesto título, pero que la llamará “Sin papel de regalo”, como el mail que me enviará mañana o pasado. Lo que es la vida, susurro yo. Y ella: ¡Chico, qué bueno eres! Ya lo tengo. Si una siempre hace lo que le viene en gana, por lo menos habrá una persona feliz en la isla, ¿no?.

Me pregunta, rayana en la hermosura, que en qué ando. Hoy quiero agradecer ese plato caliente a la abuela Dolores cuando allí en la posguerra nos moríamos de hambre. En eso ando. ¡Chao, negro! Será un poema magnífico, porque en la poesía hay que ir al mismo hueso desde la carne viva, que los ritmos modelen y el corazón se salga por la boca, vivir el estallido por el que uno quiere aunque éste no te quiera. Que hay que chocar con algo aunque te hagas pedazos. Que la poesía es así, los gramos justos de intercambio de golpes, gritos, llantos, un eléctrico ardor, como en el tango y esa copa de ron de no haber hecho nada, me dice despidiéndose, el corazón latiendo cual encuentro amoroso, para volver atrás y recordarme, entre los pliegues de la memoria y el final de la escalera, que…Conmigo no, negro. Conmigo no pueden…

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