OCA GLACIACION

Tina, mon amour

Recuerdo perfectamente la primera vez que te cogí en brazos. Eras más pequeña que la palma de mi mano y te me escurrías. Recuerdo perfectamente lo que sentí: AMOR. Un amor que no había conocido hasta entonces. Tan puro, tan noble, tan fuerte. Tan… poderoso e indescriptible. Recuerdo que instantáneamente me sentí unida a ti. Que a partir de entonces todo iba a girar en función de que tú estuvieras bien: Sana y feliz.

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Vi tu foto a los pocos días de nacer, y, sin saberlo, supe que me ibas a cambiar la vida. Eras tan pequeña cuando llegaste a casa… no habías cumplido los dos meses. No sabías caminar con correa, no sabías bajar escaleras, no sabías ni ladrar aún. Pero ya te sabías expresar, ¡vaya si sabías!, con esos ojos tan llenos de vida, tan grandes, tan expresivos.

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Yo tampoco sabía nada, pero juntas fuimos aprendiendo poco a poco (Hasta me saqué el título de auxiliar veterinaria para que estuvieras mejor. ¡Ay! de todo eres capaz tú…). Los dos primeros años de vida estuviste malita, y yo, desarrollé eso que dicen que les pasa a las madres, me despertaba cualquier ruido o movimiento tuyo. Eso me sigue pasando hoy. Pero ahora abro un ojo, sonrío, te abrazo y vuelvo a dormir feliz de saberte sana.

Tina colunga III

Nunca te podré dar suficientemente las gracias, Tina, por enseñarme la generosidad, la lealtad, la alegría. Con mayúsculas todo. A lo grande. A valorar lo importante. A celebrar las pequeñas cosas como si no hubiera mañana. A redescubrir cada día que son únicas.

Y luego llegó Tara, para enseñarnos que el amor siempre se puede multiplicar. Que cuanto más das, más tienes. Te miro y el amor me crece a chorros. Brindo porque nos desbordemos de amor muchos años más.

Te amo, Tina. Mi amor.

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P.D. No me fío de las personas que son capaces de abandonar y/o dañar a los animales. Si alguien es capaz de herir a quien te da amor a cambio de nada, miedo me da pensar a dónde puede llegar.

Y, por supuesto, ADOPTA, NO COMPRES. El amor no se compra. Hay miles esperando llenar una casa de alegría. (Eso sin meterme a explicar los maltratos que sufren para tener crías.)

¡Ah! Otra cosa importante, a todos los que tirais petardos, os deseo la sensibilidad auditiva de un perro.

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