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A forca

Posted By Tiko Lee On 19/05/2020 @ 09:00 In El sueño de | No Comments

A forca: em uma única face de papel sulfite a vida conta um conto.
A força de um exemplo.

Era um filho gastador de dinheiro. O pai, rico, vivia a adverti-lo.

– Você gasta muito,…e se continuar a gastar dinheiro assim, com mulheres, jogos, vícios, bebidas, etc, certamente acabará numa forca. E deu lhe uma corda e mostrou até o lugar onde ele deveria se enforcar.

A casa, uma mansão, e bem no meio da imensa sala – uma enorme viga horizontal – acima dos lustres, as tábuas de mogno as enfeitava – e haviam gretas vazias verticais em toda a extensão dela,…

– Ali, bem ali, naquela enorme viga transversal – é ali que você deverá se enforcar. “Roupa suja” se lava em casa- esse é o único pedido que lhe faço.

Os anos “voaram”, o pai, já velhinho e ainda abastado, faleceu.

Chorou ele lágrimas secas e continuou a “queimar”, a “torrar” o dinheiro em festas, baladas, só não vendera a casa,…ali fazia as suas gandaias.

E o dia da premonição paterna chegou, “durinho da Silva”. Lembrou-se da corda, do pedido do pai – iria se matar.

A escada tocou na enorme viga e uma nuvem de pó-ocre-podre, de restos de cupins, de traças, de madeira,…quase ofuscou-lhe o intuito macabro. A corda envolta no pescoço, a outra ponta bem amarrada na viga e,…

Estatelou-se no chão; um “mar” de moedas de ouro, prata, valiosíssimas, reais notas de reais, de dólares, carcomidas pelo tempo, derramou sobre ele.

O velho, por longos anos, escondera ali uma fortuna, com medo do filho “queimá-la”. E, talvez, soubesse que o gastador cumpriria a promessa. Sabia das traças, dos cupins, dos podres do tempo, do arrependimento, da transformação do filho.

E durante anos a fio, os cupins, as traças, o tempo, roeram as entranhas da enorme viga-cofre em iminente queda- bem no alto da enorme sala. A mesma não suportou o peso-obeso do gastador de fortuna alheia e veio ao chão junto a um mar de dinheiro.

Agora gastaria a fortuna com sabedoria. Deixou de lado os vícios mundanos.

 

E guardou, como mórbida lembrança, a corda, cujo nó, literalmente havia “enforcado” toda a sua arrogância, ganância e desobediência.

despilfarrando dinero

La fortaleza: en un solo lado del papel bond, la vida cuenta una historia.

La fuerza de un ejemplo.

 

Era un hijo que gastaba dinero. El padre rico vivió para advertirle.

– Gastas mucho … y si continúas gastando dinero así, con mujeres, juegos, adicciones, bebidas, etc., seguramente terminarás en una horca. Y le dio una cuerda y le mostró el lugar donde se suponía que debía ahorcarse.

La casa, una mansión, y justo en el medio de la gran sala, una gran viga horizontal, encima de los candelabros, los tablones de caoba los adornaban, y había grietas verticales vacías a lo largo de toda su longitud …

– Ahí, justo allí, en ese enorme travesaño, ahí es donde deberías ahorcarte. “La ropa sucia” se lava en casa, esta es la única solicitud que le hago.

Los años “volaron”, el padre, ya viejo y rico, falleció.

Lloró hasta las lágrimas y continuó “quemando”, “brindando” el dinero en fiestas, baladas, simplemente no vendió la casa, … allí hizo sus gandaias.

Y llegó el día de la premonición del padre, “durinho da Silva”. Recordaba la cuerda, la petición de su padre: se iba a suicidar.

La escalera tocó el enorme rayo y una nube de polvo ocre podrido, restos de termitas, polillas, madera … casi eclipsó su propósito macabro. La cuerda envuelta alrededor del cuello, el otro extremo atado fuertemente a la viga y, …

Se estrelló contra el suelo; un “mar” de oro, plata, monedas muy valiosas, reales reales, billetes de dólar, comido por el tiempo, se derramó sobre él.

El viejo, durante muchos años, había escondido una fortuna allí, temeroso de que su hijo lo “quemara”. Y tal vez sabía que el gastador cumpliría su promesa. Sabía de las polillas, las termitas, la podredumbre del tiempo, el arrepentimiento, la transformación de su hijo.

Y durante años, las termitas, las polillas, el tiempo, royeron las entrañas de la gran viga segura en una caída inminente, justo en la parte superior de la gran sala. No soportó el peso obeso del adivino de otra persona y cayó al suelo junto a un mar de dinero.

Ahora gastaría su fortuna sabiamente. Dejó de lado los vicios mundanos.

 

Y mantuvo, como un recuerdo morboso, la cuerda, cuyo nudo literalmente había “colgado” toda su arrogancia, avaricia y desobediencia.


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