OCA GLACIACION

Misión en México: La falta de movilidad social, el techo de cristal de los pobres

Ayer recibí un wasap. Hoy, la vida misionera es así. Yo ya estoy en un pequeño rancho del Estado de Jalisco en México, pero los jóvenes con los que estuve trabajando durante quince años en Costa de Marfil me siguen confiando sus dificultades. Esta vez se trata de Laure (el nombre es inventado pero la historia es real), que vive en la periferia de Abidjan. El asfalto está a unos tres kilómetros y donde vive su familia no hay agua corriente ni luz. Ella es la mayor de cuatro hermanos. El año pasado terminó la selectividad y ahora ha salido la convocatoria para entrar en el Servicio de Aduanas.

La historia de Laure es dura, muy dura. Sus padres están juntos porque no tienen la posibilidad de separarse.

Hace unos cinco años lo perdieron todo porque su casa se quemó. Es casi un milagro que ella haya llegado hasta selectividad porque pagar cada curso ha sido siempre una odisea para ella y para sus hermanos. La presencia cercana de la Iglesia y su compromiso en la parroquia ha hecho que consiguiendo ayudas aquí y allá no les hayan echado nunca definitivamente de la escuela.

misión

Pero ahora el precio es demasiado caro. Piden mil euros sólo para poder presentarse a la convocatoria. El equivalente a diez salarios mínimos, con eso, uno se puede hacer una idea. Y ese pago no garantiza que uno vaya a conseguir la plaza. Puede que otros paguen más y se la lleven y… vuelta a empezar.

Este es el techo de cristal del que poco se habla en muchos países del Sur. Yo conozco de primera mano Costa de marfil y la República Democrática del Congo, así que tampoco quiero generalizar.

El drama que viven las familias humildes es que no consiguen ni conseguirán salir de su clase social. No podrán dar un salto de calidad en sus vidas. Las condiciones son tan inasumibles que uno puede llegar a selectividad (después de muchos sufrimientos) pero si quiere ser maestrx, comadrona, enfermerx, entrar en la función pública se le exigirá pagar diez, quince, veinte veces el salario mínimo a familias que tener un salario fijo mensual es toda una quimera.

Ningún político habla de esto en las campañas. Se asume que es el sistema; que no puede cambiar. Así, no llegan los mejores para formar el país, para cuidarlo, o para estar al servicio de la ciudadanía sino los que tienen más posibilidades económicas. Así, las familias enriquecidas siguen copando las funciones clave del país y las familias empobrecidas siguen condenadas a contemplar desde abajo ese techo de cristal.

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