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Como flor de lavanda

Posted By Patrocinio Gil On 14/06/2022 @ 09:00 In El sueño de | No Comments

Para ti, princesa, por esa rana amarilla que llevas en los ojos                       

                       

A veces, cuando llueve en  los alisos

y el viento te desnuda en esa orilla

de todos los columpios de la tarde,

hueles a los caprichos que son gesto

en los sueños donde sí se desprende

la luna en su caballo,

a eso de estar segura y tal vez llegue el día

de salir de algún cuento y contar con los dedos

dos o tres arco iris y poner en las gotas

que caen sobre tus labios un lugar sin preámbulos

desde el que se contemplan los azules

y algunos sonajeros de la infancia perdida

con ternura a lo lejos.

 

En el lugar donde se abren los surcos

y la alegría se desea muchas veces

como flor de lavanda meciéndose en el campo,

hueles a algo que flota,

un poco a pan reciente y a la puesta en escena

de todos los recursos y una regla en el ojo,

a la fruta madura y al azar de las hojas

que se enredan en ti como abubillas

y luego hueles más a la mano con nueces

y a ese beso que llevas en los labios

para vender al peso.

 

Si mantienes el pulso y juegas a la comba,

y en ese mirar tuyo vuelve a crecer la hierba,

hueles como al incienso que hipnotiza

las nubes de algodón y los cabases

en todos los recreos,

a esa pasión ganada en la que no te rindes

por más que sea la noche la que a ratos se quiebra

y en el salto al vacío de cruzar por abril

el valle de tus ojos, hueles, niña,

a lo tierno que cunde y a ese libro de versos

abierto por la página catorce

donde una vez pusiste los labios de canela

y a mí me entró del hipo así como cosquillas,

hueles entre los brazos a princesa y a rana,

donde fuere más útil el abrazo de otoño

y el beso en primavera,

hueles un poco a lirio y a ese nido de pájaros

que siempre nos dejaba su trino en la ventana

cuando abril florecía.

 como flor de lavanda

A punto en boca hueles de una frágil sonrisa,

al rojo del acebo y a ese saber quedarte

con lo justo y mitad y en los laureles,

dice el alba que hueles a lo que está tan cerca

que casi no se nota,

porque su olor son todos los olores,

la percepción de un eco en rastrojos granados

con un haz de amapolas.

 

Ayer olías a cuesta y a esa llama que arde

en vuelo que es caída y luego un vaciarse

hasta la desnudez y su remanso,

porque todo se da en tu fresca sonrisa

y ese pelo tan negro como el carbón mojado.

 

Si pierdes la nostalgia que aroma los deseos

en todo lo que resta para encontrar por dónde

huye de la verdad el valor de las cosas

y el tiempo que empezó a ser toda la vida,

hueles a ser la niña que ha deshecho los pasos

de buscarte entre las celosías

y aprieta contra el pecho una moña de trapo

con ojos de alfileres, y hasta es cierto,

que tu olor es el aire,

cuanto hay que a mí me llena sin quererlo

en los andariveles.

 

Cuando las flores están cantando su manera

de soñar en la luz y respirar colores,

hueles a esa fortuna de cuajar el aliento,

las manos enlazadas de puntillas y besos

mientras busco un lugar callado para amarte,

donde huelas a pueblo y a la dicha de estar

soñando todo el día,

por si en él tú vinieras y pleno de arco iris,

no supiera atenderte.

 

En ese lugar otro de la laguna chica,

donde si tú me miras no copulan los sapos

y es la circuncisión de varias mariposas

alzadas en el vuelo de esa ventana abierta

de los sueños perdidos,

hueles a huevo frito y a un trago de buen vino,

al ayer de romero y al hoy que se confunde

en todas las miradas, hueles, digo,

a esas tardes de lluvia adelantadas

que empapan las corduras de improviso

y dejan un susurro de tu boca en la mía

encendiendo pasiones.

 

Ayer tarde escribí sobre la arena de una cárcel de olvidos,

con la brisa que enhebra los delirios,

que hueles a limón y a onza de chocolate,

a jamón con chorreras y que con poco tienes

para irte de mi lado una mañana

y regresar cuando la noche cierne

los abrazos más tiernos

y yo caigo rendido ante esa maravilla

que son ahora tus labios sin carmín y de rosa,

mientras te digo que te quiero cuarenta y nueve veces,

de tu nombre, Teresa…

* 1º Premio categoría Poesía en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2018 para el exterior


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