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	<title>La Oca Loca &#187; Eugenio Mateo</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
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		<title>La montaña ardió en Castanesa</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jan 2013 08:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[No importan las causas sino las consecuencias que acarrean. Para que la alta montaña arda en invierno se tienen que dar un sinfín de conjunciones, todas negativas; la peor, sin duda, es la intencionalidad o no, que causa el inicio del incendio. Para una mente en la que sólo ocupe el sentido común hay ciertas [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No importan las causas sino las consecuencias que acarrean.</p>
<p>Para que la alta montaña arda en invierno se tienen que dar un sinfín de conjunciones, todas negativas; la peor, sin duda, es la intencionalidad o no, que causa el inicio del incendio. Para una mente en la que sólo ocupe el sentido común hay ciertas precauciones, en función del hábitat, que no conviene olvidar.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-3799" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2013/01/Castanesa-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />Personalmente sé lo que es tirar las cenizas de la chimenea por la mañana, cuando el aire corta, pero mi común entendimiento me previene de que tras la ceniza puede haber rescoldos y un buen cubo de agua los inunda para ahogar a la amenaza. Pero nadie conocerá, incluso el presunto responsable del desastre, los verdaderos motivos que acontecieron en el mecánico movimiento de dejar las cenizas en el suelo al aire libre, Quizá el hombre se aseguró. Quizá la fuerza del viento aquellos días, con cerca de 100km/h, fue culpable de hacer revivir a la última brasa, virtualmente apagada. Quizá la sequía, con su áspero agostado, quiso revivir la unión de los Jinetes del Apocalipsis y atizó las llamas que luego se volvieron llamaradas. Quizá la nieve, por no estar en su puesto, fue cómplice necesario. Quizá al culpable involuntario se le pueda decir de todo menos bonito. Demasiados quizás pero ninguno confirmado. No importan las causas. El posible castigo o no, al neo pirómano no repondrá el paisaje hasta demasiadas primaveras.</p>
<p>Las consecuencias de un incendio como el originado en Castanesa, pequeño pueblo de la Ribagorza, son medibles cuantitativamente. Los números definen como nadie las pérdidas económicas; imprescindibles por razones obvias. Pero demasiados efectos que trascienden lo material no se pueden medir jamás. ¿Quien mide el oxígeno que los abetos, robles, fresnos, serbales, o pinos silvestres no volverán a exhalar? ¿Quien puede calcular el efecto final de la erosión? ¿Y los efectos en la fauna, tan numerosa y variada en esas zonas? ¿ Olvidamos la contaminación de las aguas, que aunque escasas, todavía se derraman por los barrancos? ¿Y la agresión visual al paisaje?</p>
<h3><em><span style="color: #993300">La montaña es un mundo<br />
seriamente amenazado</span></em></h3>
<p>No se debe frivolizar con las cosas serias, por eso, considero una consecuencia catastrófica la agresión que el fuego produce en el paisaje y en el que lo contempla. Quizá, explicar eso a un habitante del Sahel tiene una complicada estrategia; pero para aquellos a los que gusta la montaña, dejar vagar la mirada por los perfiles que jalonan un paisaje es una sensación que casi todos deberían experimentar. Y seguro que en ese instante a prácticamente todos se les han escapado los pensamientos dejándoles a sólas con los verdes y los blancos.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-3800" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2013/01/Castanesa-incendio-pral-300x162.jpg" alt="" width="300" height="162" />¡Sí! La montaña es un mundo seriamente amenazado. Podría estar pronto en la lista de especies en peligro de extinción. No me la imagino tras unas vitrinas en pública exposición en algún museo desorientado. Ni objeto de consulta en aburridos libros de ciencias naturales. La montaña debe servir, primero, para dar sustento a sus pobladores, luego como pulmón y aljibe de nuestros aires y nuestras aguas y por último para recordar al hombre que existe la magia todavía.</p>
<p>El incendio se declaró el 8 de marzo en Castanesa y rápidamente, favorecido por el fuerte viento, se propagó por los municipios de Montanuy y Laspaúles. Finalmente la superficie quemada asciende a 1.900 hectáreas. Durante los seis días que se luchó contra el fuego, hasta su control, el peligro cercano obligó al desalojo de 14 núcleos de la extensa zona y sus 77 habitantes fueron concentrados en lugares de acogida. Lo escarpado del terreno complicó las tareas de extinción. En su frente oriental las llamas se asomaron sobre Vilaller discurriendo por los barrancos y bosques de Montanuy desde Castanesa. Giraron para devastar los pastizales de Las paules, zarandeadas por el viento que elegía a capricho sus idas y venidas.</p>
<p>El olor, ese olor a quemado que impregna el aire, se va quedando atrás. Este es uno de los momentos en que aborreces a tus congéneres y temes por la Tierra pero la vida sigue y a veces te permite ser testigo.</p>
<p>Testigo de un episodio,- ¿cuántos ya?- que siempre tienen la consecuencia de la devastación y como causa la imprudencia, la desidia, la estupidez, los malsanos deseos de venganza, la notoriedad, la indecencia o la locura. ¿Qué más da? Nuestros montes se queman y luego nos quejaremos de las incomodidades que todo esto arrastra, aunque se olviden de que existe un Orden que dicta la Naturaleza. El Orden que nos permite ser como somos. Naturales… de momento.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Historia marciana en Navidad</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Dec 2012 08:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[El autobús avanza. Desde las ventanillas se ven guirnaldas y luces de colores; entre frenazo y frenazo los rasgos de los viandantes titilan al compás de los guiños de los escaparates ¡Compra!, ¿Compras? El paquidermo rodado regatea en el tráfico seguro de su poder y en el cristal veo el reflejo de un rostro que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El autobús avanza. Desde las ventanillas se ven guirnaldas y luces de colores; entre frenazo y frenazo los rasgos de los viandantes titilan al compás de los guiños de los escaparates ¡Compra!, ¿Compras? El paquidermo rodado regatea en el tráfico seguro de su poder y en el cristal veo el reflejo de un rostro que parece el mío, no estoy seguro, hace tiempo que dejé de mirarme en los espejos. Otro frenazo consigue que la imagen zozobre en mi zozobra, soy yo por tanto, y mientras me vuelvo a observar rebotan en mis ojos otras caras, tan cercanas como ignoradas, compañeras de trayecto, poco más; a lo sumo peso neto del vehículo. Están ahí, van y vienen, viajeros a paradas asoladas por la guerrilla urbana del caos calculado, suben y bajan, emergen del humo y desaparecen, como los lugares por donde transitábamos hace un minuto, camino del anónimo.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-3763" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/12/Londres-navideno-330x350.jpg" alt="" width="330" height="350" />Una conversación se mezcla con otra, charlar por el móvil parece requerir de buena voz, siempre que se habla por ese dichoso artefacto se grita, es curioso. Un mismo techo, otros mundos; hombro con hombro conversan los hemisferios y el eco de las palabras se desparrama a cuatro voces por la intrincada red de la tecnología. Babel, dice la Biblia, es un castigo de un dios poco divino. Babel es la incógnita, la llave de la diferencia, la evolución.</p>
<p>La voz de robot con las baterías bajas farfulla algo sobre la siguiente parada; a la abertura de puertas la corriente carnal se filtra por las aceras y nuevas pieles se suben al carro de la victoria con el frio de la tarde en sus abrigos. Otra voz robótica manda pasar al final del autobús. El chófer blasfema porque nadie hace caso. Los alientos se pierden el respeto y las miradas no saben dónde esconderse. Ni siquiera me alegro de estar sentado, me agobia el agobio, tengo que llegar cuanto antes a mi capsula espacial.</p>
<p>Para estar en Navidad las caras policromas no parecen celebrarlo, son taciturnas, ausentes pero presentes en un día cualquiera. No ríen más que lo harían otro día cualquiera ni padecen menos que otro día cualquiera, pero hoy es Navidad, lo dicen todos los carteles, incluso por encima de nuestras cabezas miles de bombillas de mil colores anuncian eso mismo: que es Navidad. Babel se empadrona en Babilonia. Todo está en venta, el bacanal luce escaso y los mirones no pagan por mirar las tetas de las vacas flacas. Vamos todos como flanes en un sin dios de acelerador y freno. Estoy llegando a mi destino pero conseguir la brecha necesaria para escapar no me será fácil. Me tuerzo un pie al caer del estribo y el dolor se amansa con el influjo del neón que se apaga y se enciende; menos mal que no se ha roto lo que llevo en la bolsa. Cojeo, casi arrastro el pie para avanzar, llegar a mi capsula es imprescindible.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Vamos todos como flanes<br />
en un sin dios de acelerador y freno</span></em></h3>
<p>Los sensores anuncian que estoy cruzando la exosfera, la ventanilla me refleja cuando veo aquel planeta azul volviéndose más pequeño cada vez. Es hora de abrir el paquete. La estrella brilla, está en perfecto estado. Me la vendieron para colgar en la puerta o ponerla encima del perchero o sobre un árbol de plástico, me dijeron que era polivalente. La reconocí enseguida, es Orix 23, está cerca de casa. Es una estrella de mi constelación, de las más grandes y al parecer muy conocida en ese planeta que acabo de dejar porque contaban que sirvió de guía a unos reyes. Debe ser leyenda porque a tenor de los datos Orix 23 jamás varió de órbita. Ellos no lo saben pero para qué desilusionarlos más aún si acaban de descubrir lo cara que se ha vuelto la Navidad y están tristes y desorientados.</p>
<p>Hay titulares de prensa que en su compendio son una enciclopedia. Como en el Día de Navidad no hay periódicos tuvo que ser al siguiente cuando se publicó la noticia:</p>
<p><em>“Muere atropellado en la acera por una moto cuando descendía de un autobús urbano en Nochebuena. En la mano llevaba un bolsa de papel vacía&#8221;.</em></p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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		<title>PRESENTACION DE *CRISIS* Revista de Crítica Cultural</title>
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		<pubDate>Fri, 25 May 2012 04:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<category><![CDATA[Artes y letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Existe un viejo dicho en el acervo popular que viene a aclarar que lo que bien empieza, bien acaba. Si hemos de tenerlo en cuenta (reconociendo la sabiduría que atesoran los refranes), a nuestra atrevida singladura la empujan vientos favorables; por lo menos aquellos que empujan en el inicio. Anoche, en la sala del Ámbito [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Existe un viejo dicho en el acervo popular que viene a aclarar que lo que bien empieza, bien acaba. Si hemos de tenerlo en cuenta (reconociendo la sabiduría que atesoran los refranes), a nuestra atrevida singladura la empujan vientos favorables; por lo menos aquellos que empujan en el inicio. Anoche, en la sala del <strong><em>Ámbito Cultural del Corte Inglés</em></strong> de Zaragoza, esta fuerza la pudimos sentir todos los integrantes del proyecto de <em><strong>ERIAL Ediciones</strong></em>, miembros del Órgano de Dirección, socios y colaboradores, posiblemente afectados de un cierto estupor pero que no fue obstáculo para que la masiva afluencia de amigos cumpliera de largo con el aforo aportando de paso ése calor humano que cada individuo necesita en cualquier encrucijada.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/05/Foto-evento.jpg"><img class="alignleft  wp-image-3114" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/05/Foto-evento-300x224.jpg" alt="Foto evento" width="312" height="243" /></a>En la mesa, cinco integrantes del Órgano de Dirección; en la sala los otros siete. Los primeros eran los comisionados para ser capaces de trasmitir a la audiencia la imposible definición de una aventura *sin ánimo de lucro* que pretende ahondar en esa consustancial segunda piel de todo ser humano que es la Cultura. Una reflexión sobre la etimología de la palabra crisis; un llamar a las cosas por su nombre; un mensaje en la botella hacia playas desconocidas aunque prometedoras.</p>
<p>Hemos recorrido una larga marcha en el desierto hasta llegar aquí, al mismo corazón del desierto que todavía se nos abre en horizontes infinitos y que tendremos que recorrer. La brújula que anoche nos regalaron los asistentes marca la dirección correcta. Si siempre supimos lo que queríamos, ahora estamos seguros de creer en lo que queremos.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">En unos días, la revista *CRISIS*<br />
navegará en la Red</span></em></h3>
<p><strong><em>Antonio Melendo</em></strong>, Vicepresidente primero; <strong><em>Eugenio Mateo</em></strong>, vocal; <strong><em>Isabel Rosado</em></strong>, Secretaria; <em><strong>Juan Dominguez Lasierra</strong></em>, vocal y <strong><em>Fernando Morlanes</em></strong>, Presidente. Cada uno desarrolló en sus intervenciones la formación del grupo, la evolución y ampliación de los conceptos, la necesidad del aporte de nuevos suscriptores, el análisis del contenido y la línea editorial y programática. Se sacó pecho de la lista insigne de colaboradores que con sus plumas nos dan esplendor. No debemos olvidar que la jactancia es mala consejera pero con toda la humildad también es lícito presumir de algo tan difícil en estos tiempos como es la ayuda sin condiciones, sobre todo viniendo de auténticos pesos pesados de la literatura, la crítica y el pensamiento.</p>
<p>En la proyección del vídeo con los contenidos y formato de la revista digital se pudo ver la mano audaz de nuestro diseñador, <strong><em>Óscar Baigés</em></strong>, que añade su iconoclasta modernidad como contundente refuerzo visual a los escritos. Nada de esto se hubiera conseguido sin el entusiasmo de nuestro presidente y director Fernando Morlanes, al que agradecemos que fuese capaz de insuflarnos su fe ciega en la idea.</p>
<p>En unos días, la revista *CRISIS* navegará en la Red. Tan libre como sus lectores se sientan. Tan atrevida como los ojos que la lean, lo sean. Tan veraz como sus destinatarios la crean. Esperamos encontraros por entre los párrafos de nuestros devaneos con la razón.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Soplos de literatura</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 05:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[Artes y letras]]></category>

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		<description><![CDATA[La jornada vivida en el centro penitenciario de Daroca, el pasado viernes 27 de enero 2012, es de esas que dejan un rastro bajo la piel que es difícil olvidar. Supongo que para un ciudadano común el cruzar las puertas de una cárcel es una experiencia poco gratificante, digo más, traumática, sobre todo si el [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La jornada vivida en el centro penitenciario de Daroca, el pasado viernes 27 de enero 2012, es de esas que dejan un rastro bajo la piel que es difícil olvidar.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/02/DAROCA3.jpg"><img class="alignleft  wp-image-2803" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/02/DAROCA3-300x186.jpg" alt="Picapedreros" width="310" height="198" /></a>Supongo que para un ciudadano común el cruzar las puertas de una cárcel es una experiencia poco gratificante, digo más, traumática, sobre todo si el umbral se traspasa sólo de ida y no de vuelta.</p>
<p>Nosotros, cinco poetas inofensivos, sabíamos que todas las rejas y cancelas que dejábamos atrás se nos volverían a abrir pero es imposible sustraerse a la atmósfera opaca y densa que el tiempo infinitesimal reduce, en la espera, a proyectos sin clasificar para todos aquellos privados de libertad como redención de sus errores o circunstancias.</p>
<p>Acompañados de Javier Mesa, coordinador de la gestión cultural del penal, fuimos recibidos por los internos que esperaban en el módulo de talleres de enseñanza y practicas. -<em>Son ustedes un soplo de aire fresco</em>- fueron las palabras de bienvenida.</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>Son ustedes un<br />
soplo de aire fresco</em></span></h3>
<p>La verdad es que todos ellos tenían grabadas en sus ojos las incipientes sensaciones de ver a embajadores del mundo de fuera, del real por añorado, que portaban un saco de fantasía que quizás contuviesen algún mensaje por descifrar. Nos hicieron sentir cómodos y libres fuimos todos, unos leyendo historias, otros atentos a los desenlaces.</p>
<p><strong><em><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/02/daroca1.jpg"><img class="alignright  wp-image-2804" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/02/daroca1-300x225.jpg" alt="Durante el recital" width="316" height="241" /></a>Adolfo Burriel, Fernando Gracia Guía, Luis trébol, Mariano Ibeas</em></strong> y yo mismo, sacamos de nuestras humildes chisteras los conejos de la imaginación correteando por cuentos donde un par de pendientes sobreviven a la muerte, o aquel de añoranza de los cines de verano; ése otro que habla de una estación o el que cuenta sobre las pequeñas arañas que cuelgan de una nube; las moralejas inesperadas de un breve relato de Cortazar, que Trébol ha elegido porque como él dice, no tiene pluma propia.</p>
<p>La docena de relatos fueron tejiendo gestos de complacencia. Todos nos sentimos complacidos. Volveremos cuando queráis, amigos, a compartir el tiempo que a vosotros os sobra y a nosotros nos falta. Cuestión de matices.</p>
<p>Fuimos agasajados con el <em>Diploma de Picapedreros</em>. Honor que reciben todos aquellos que llegan hasta aquí para abrir agujeros de libertad en los recios muros de la cárcel. Ilustres personajes lo han recibido antes; para nosotros será la orgullosa constatación de un hecho que, al menos en mi caso, ha cambiado la escala de valores. Nuestros soplos de literatura se han mezclado con la esperanza de libertad que mantiene a estos hombres con la mente abierta.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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		<title>Soplos de literatura en Daroca</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 05:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<category><![CDATA[Artes y letras]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Burriel]]></category>
		<category><![CDATA[Eugenio Mateo]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Gracia]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Trébol]]></category>
		<category><![CDATA[Mariano Ibeas]]></category>

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		<description><![CDATA[El Centro Penitenciario de Daroca mantiene una actividad cultural bajo la coordinación de Javier Mesa, a la vez responsable de la revista La Oca Loca, editada en ese mismo centro, de un gran dinamismo y proyección en la política penitenciaria de reinserción del Ministerio de Justicia. Esta gestión no pasa desapercibida en el resto de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Centro Penitenciario de Daroca mantiene una actividad cultural bajo la coordinación de Javier Mesa, a la vez responsable de la <em>revista La Oca Loca</em>, editada en ese mismo centro, de un gran dinamismo y proyección en la política penitenciaria de reinserción del Ministerio de Justicia. Esta gestión no pasa desapercibida en el resto de cárceles del Estado, habiendo sido merecedora de premios y distinciones así como actuar de referente para otros centros.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/01/soplos-de-literatura.jpg"><img class="alignleft  wp-image-2782" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/01/soplos-de-literatura.jpg" alt="soplos de literatura" width="340" height="215" /></a>Como colaborador de <em>La Oca Loca</em>, le propuse a Javier Mesa una jornada para organizar un recital de narrativa destinado los reclusos y aceptó de buen grado. Acudí a otros escritores, algunos de ellos también colaboradores de la revista como <strong><em>Fernando Gracia Guía</em></strong>, presidente de la Asociación de amigos del Libro, crítico cinematográfico y gestor cultural, y <strong><em>Adolfo Burriel</em></strong>, eminente poeta y abogado, diputado en las Cortes de Aragón, poseedor de numerosos premios literarios, entre ellos el Isabel de Portugal del 2007. El también profesor <strong><em>Mariano Ibeas</em></strong>, autor de varios poemarios, con una extensa relación de ensayos, artículos o publicaciones, se sumó al proyecto junto con el rapsoda y actor <strong><em>Luis Trébol</em></strong> que es capaz con su voz de hacer sentir los textos como algo cercano y mensurable. Todos leeremos relatos propios con el propósito de llevar a los reclusos de Daroca que acudan a escucharnos, soplos de literatura que renueven el aire de sus íntimas celdas.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Imaginar que se es libre<br />
a través de la palabra escrita</span></em></h3>
<p>Nada más cercano a la libertad que la capacidad de imaginar que se es libre a través de la palabra escrita. Nada más próximo a la igualdad que poder compartir nuestras carencias.</p>
<p>Oportunamente daremos la reseña de la jornada a la que los cinco amigos acudimos con la ilusión de que nuestros relatos abran ventanas de fantasía en los compactos muros de la realidad cotidiana.</p>
<p><em>diseño cartel: E.Mateo</em></p>]]></content:encoded>
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		<title>Tarde de compras</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2011/12/tarde-de-compras/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 05:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[En el supermercado, lleno de guirnaldas de oropel y espumillón dorado, los villancicos sonaban con el volumen desorientado adrede para conseguir confundir a cada comprador e incitarle a llenar los carros o las cestas, convulsos y conversos. Tronaban en lugar de sonar, queriendo lavar el cerebro a los neo idiotas contagiados de tanto oportunismo que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el supermercado, lleno de guirnaldas de oropel y espumillón dorado, los villancicos sonaban con el volumen desorientado adrede para conseguir confundir a cada comprador e incitarle a llenar los carros o las cestas, convulsos y conversos. Tronaban en lugar de sonar, queriendo lavar el cerebro a los neo idiotas contagiados de tanto oportunismo que se repetía cada comienzo del invierno, como salmodio de mantras con sabor a chicle, prendida cada estrofa en los pespuntes de la memoria.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2686" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/miradasnavidad7-173x300.jpg" alt="Miradas de Navidad  7" width="173" height="300" />Villancicos. Villancicos. Muchos villancicos de los que nadie sabía el origen de su relación con el terrenal mercadeo, pero sobre todo y mucho menos, nunca lo hubiera imaginado la figura en cuyo honor se cantaban.</p>
<p>Un hombre de aspecto taciturno, con el ceño fruncido y ademán de asqueado escepticismo, deambulaba entre las estanterías, pensando bien cada movimiento de posesión. En su cesta apenas un par de latas de cerveza, un &#8220;brick&#8221; de zumo, una bandeja de hamburguesas de “depende” y un bote de olivas rellenas. Ensimismado, calculando para sus adentros el precio de las cosas, no vio llegar a un Papá Noel con el traje varias tallas grande, que llevaba una bandejita con trozos de turrón de prueba. Al ponerse a su lado, el meritorio Noel le dijo en voz alta:</p>
<p><em><span style="color: #993300">&#8211;¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! Pruebe el turrón. Ande, coja un trozo, es gratis.</span></em></p>
<p>El hombre le miró; sin mediar palabra le empujó con rabia, yendo la bandeja y el Noel a proyectarse contra la góndola llena de estuches de huevos, que desparramaron por el suelo las claras viscosas y las yemas llamativas en una pringosa mezcla de tortilla sin cuajar.</p>
<p>Una señora con un gorro aparatoso y abrigo de piel dio un resbalón, patinando sobre aquella asquerosa mezcla. Mientras caía, entre sorprendida y aterrorizada, empujó su carro, lleno hasta los topes, contra una cabecera de botellas de cava, apiladas en inverosímil pirámide, que se desmoronó, liberando decenas de litros de liquido junto con la metralla de los cascos rotos y afilados, alcanzando a unos chavales que tarareaban con bromas el villancico en la onda.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Iban saliendo de uno en uno<br />
cacheados por varios guardias</span></em></h3>
<p>Uno de ellos se revolvió rápido para esquivar un proyectil verdoso con tan mala fortuna que pisó a un anciano que sólo llevaba una barra de pan y algo de frío en el alma. En un gesto inútil el abuelo intentó defender su barra pero blandiéndola como un sable de filo tierno le dio en un ojo a una mujer con un niño pequeño en brazos. Venía ésta acompañada de su marido, un primate de porte alfa, que sin pensárselo dos veces, propinó un guantazo al pobre ancianico que le hizo perder la dentadura al tiempo que se desmayaba sobre la isla de piñas tropicales que hasta entonces permanecían incólumes ante el desvarío general.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/supermercado1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2687" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/supermercado1-300x225.jpg" alt="Supermercado" width="300" height="225" /></a>El personal del establecimiento no supo a quien atender primero pero recordaron, de algún curso de formación, que la música amansa a las fieras y subieron, más aún, el volumen de la misma. Entre gritos y lamentos los peces en el río se hartaron de beber y beber, porque, para unirse a la ceremonia de la confusión, se estropeó el audio repitiendo, como un sonsonete, aquello de <em>“pero mira como beben los peces en el río; pero mira cómo beben por ver a Dios nacido&#8221;.</em></p>
<p>Resultaba chocante aquel caos al compás de la estridencia festiva en nombre de la paz. Pero resultó más chocante que se cerraran las puertas del Súper para evitar que se generalizasen los saqueos, que curiosamente comenzaron muy pronto. Como por arte de magia se arregló sola la megafonía y lo que se pudo escuchar fue la dulce melodía de &#8220;<em>Noche de Paz</em>&#8220;, aunque paz, paz, lo que se dice paz, no se consiguió hasta que se pusieron en marcha los aspersores del techo porque algún desaprensivo pensó que la lluvia apaga los ardores y vuelve corderos a los lobos.</p>
<p>Poco a poco volvió la calma.</p>
<p>Ateridos, empapados, temblaron todos, al mismo tiempo que la canción que en este momento sonaba les recordó que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, mientras iban saliendo de uno en uno cacheados por varios guardias de seguridad y algún empleado, con rumbo a una auténtica cena navideña de pan y gloria en las alturas.</p>
<p><em><strong>©Eugenio Mateo </strong>(Relato perteneciente al Libro &#8220;<strong>Miradas de Navidad 7</strong>&#8221; editado por <strong>La fragua del trovador</strong>)</em></p>]]></content:encoded>
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		<title>Un cuento de otoño</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Oct 2011 03:30:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Google]]></category>
		<category><![CDATA[Tricholoma Pardinum]]></category>
		<category><![CDATA[Tricholoma Portentosum]]></category>

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		<description><![CDATA[Carola Se conocieron en un chat. A los dos les llevaron hasta él, diferentes motivos. Carola era una habitual de la Red desde hacía tiempo. La empujaba un no muy claro propósito de conocer, sin que mediara contacto físico alguno, a tantas personas como le fuera posible, sin importar sexo, raza o religión, aunque esto [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2><em>Carola</em></h2>
<p>Se conocieron en un chat. A los dos les llevaron hasta él, diferentes motivos.</p>
<p>Carola era una habitual de la Red desde hacía tiempo. La empujaba un no muy claro propósito de conocer, sin que mediara contacto físico alguno, a tantas personas como le fuera posible, sin importar sexo, raza o religión, aunque esto no era más que un eufemismo o un pretexto, pues se reconocía a sí misma que casi todos sus interlocutores del ciber espacio eran hombres de cualquier edad o condición, lo que añadía un plus de peligrosidad, sólo potencial, a esas relaciones, casi siempre efímeras y nunca somatizadas o consumadas más allá del teclado, pues un miedo indeterminado le impedía dar el paso previo a una cita o a una simple conversación por teléfono.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Chat.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2455" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Chat-300x255.jpg" alt="En el chat" width="300" height="255" /></a>¿Qué razones podía tener entonces, vistas las cosas, para engancharse a una rueda de vanidades, expuestas sin pudor, en el escaparate que presenta seres sin rostro y personalidades de quita y pon? Para ella era vital sentirse a salvo detrás de su monitor. Tener conciencia de que en el espacio que mediaba entre el otro y ella, habitaba todo un universo donde no era promiscuidad lo que buscaba, sino razones para seguir sola.</p>
<p>En los dobles sentidos de las palabras, en las insinuaciones veladas, estaba su mejor arma para conseguir que su pareja virtual perdiese la compostura y se equivocara, llevando la conversación a términos que daban a entender que ella quería, como queriendo que el otro quisiera que ella quisiese; en la mayoría de los contactos siempre se llegaba a ese lugar común de exhibiciones gratuitas de macho en celo.</p>
<p>Cuando se daba cuenta de que la situación traspasaba sus propios límites, emitía un lacónico “<strong><em>me lo pensaré</em></strong>” y cerraba la conexión con un escueto “<strong><em>chao, amor</em></strong>”. Así cada noche. Una corriente de endorfinas regateaba por su desazón, y la sensación de haber escapado a tiempo la estremecía en el más íntimo desasosiego, que sin embargo, humedecía sus bragas.</p>
<p>Es cosa conocida que en todo juego existe el riesgo de perder y Carola no calculó que cruzar los límites no siempre es gratis. </p>
<h2><em>Iker</em></h2>
<p>Las razones que tiraron de Iker hacia el chat, aquella noche, fueron distintas. Se consideraba un buen aficionado a la Micología. Desde hace años se sentía atraído por el misterioso mundo de las setas. Las horas pasadas en los bosques dieron vida a un microclima donde la introversión y la melancolía nutrieron los micelios del aislamiento.</p>
<p>Manejaba Internet, pero no le interesaba más de lo necesario; entrar en portales micológicos o viajar a través de <em>Google Earth</em>, con el vuelo de un pájaro, era lo que más frecuentaba, aunque alguna noche en vela traspasó la puerta entornada que ofrece sexo a la carta con cuerpos intocables.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Micologia.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2456" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Micologia-295x300.jpg" alt="Micología" width="266" height="270" /></a>También era un contumaz paseante y en sus trayectos recogía todos los detalles que se le asomaban, desde aquella falda descarada, a esa vaharada que se desplomaba de las chimeneas, pasando por este abuelo suicida cruzando en rojo. Se interesaba por todo, pero tan efímeramente, que sólo le duraba un brillo en sus ojos antes de apagarse.</p>
<p>Esa noche se entretuvo manipulando la cámara de fotos y descargó en el ordenador las últimas capturas recogidas en el monte. Quería contrastar con otros colegas detalles sobre tal o cual especie. Estuvo chateando más de dos horas hasta que sintió que el aburrimiento se instalaba sobre la habitación y calaba hondo en su interior, sembrándole de un desasosiego inusual en él, aunque no era la primera vez que le ocurría, lo que trazó sombras en su mente. No se le ocurrió mejor terapia que ponerse a descubrir en el <em>Google MARS</em> y hacia allí iba cuando un anuncio dinámico le invitó, mientras cerraba páginas, a conocer gente, según rezaba su mensaje vistoso y sugerente: “<strong><em>Encuentra tu media naranja</em></strong>”, y como un autómata guió su ratón e hizo click sobre el icono bailarín.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Se consideraba un buen<br />
aficionado a la Micología</span></em></h3>
<p>Se registró, como le pidieron, y ya con su Nick autorizado se tiró de cabeza a la piscina donde las sirenas tentaban a los Ulises, y los toros raptaban a las Europas, ignorante de cuál era su Olimpo; resuelto a dejar de ser mortal por un instante. Aquel primer descubrimiento no fue lo que esperaba, quizá porque en realidad no esperaba nada, o en cualquier caso, sus deseos carecían de eco más allá. Pero de repente la pantalla empezó a hablar, como desenrollando las palabras pendientes de escribirse.</p>
<address><span style="color: #993300"><em>-¡Hola!-</em></span> Le saludaron sin voz.-<em><span style="color: #993300"> ¿Eres nuevo por aquí?</span></em></address>
<address>-<span style="color: #993300"><em>Nuevo y sin estrenar</em></span> &#8211; Tecleó Iker.</address>
<address><em>“Ya tenemos otro gracioso”.</em> Se dijo Carola</address>
<p>Se presentaron. Él, sobreactuado; ella, suspicaz. Durante un momento, ambas pantallas, separadas acaso por un infinito, enmudecieron, como si cediesen la iniciativa y ninguno se atreviera ante tal responsabilidad. Finalmente Carola abrió fuego.</p>
<address>- <em><span style="color: #993300">¿</span><span style="color: #993300">De qué quieres hablar Iker?</span></em></address>
<address>- <em><span style="color: #993300">Realmente no sé cómo funciona esto</span></em>- Parecía que se disculpaba él.</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">¿Funcionar?</span></em> &#8211; La interjección sin voz se rió sin risa- jajaja. -<em><span style="color: #993300">Perdona, chico, ¿pero de donde sales?</span></em></address>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/GoogleMars.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2457" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/GoogleMars-300x230.jpg" alt="Google Mars" width="292" height="253" /></a>El silencio visual que siguió, demostró que él se había ofendido. Así estuvieron, como en una trifulca sin gritos, como en una bronca sin agarrones, como en una pelea sin público. La compasión por sí mismos les agotó, tanto, que cedieron la mordacidad por la expectativa.</p>
<p>Transcurridos unos segundos, la pantalla revivió.</p>
<address>-<em><span style="color: #993300">Vengo de abortar un viaje a Marte</span></em>-</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">¡¡¡ jajaja!!!</span></em> &#8211; Le contestó la onomatopeya de la risa. -<em><span style="color: #993300">O sea que eres marciano</span></em>-</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">¡No! ¡Soy murciano! A veces cojo el transbordador de Google Mars</span></em>.- le agarró gusto a la coña.</address>
<address>-<em><span style="color: #993300">Oye</span></em>-siguió Carola- <em><span style="color: #993300">Resulta que eres un tío muy salado. Un poco raro, pero majo. ¿Qué cosas te gustan?</span></em></address>
<address>-<em><span style="color: #993300">Muchas</span></em>- dijo él, -<em><span style="color: #993300">Pero no me gustaría extenderme</span></em>-</address>
<p>Esa declaración de renuncia, despertó en la mujer un interés por el hombre que nunca antes había sentido.</p>
<address>- <em><span style="color: #993300">¿No querrás cerrar ya, verdad?</span></em></address>
<address>- <em><span style="color: #993300">Perdona, tengo que irme</span></em>.- La disculpa no parecía creíble, sino más bien una huida en toda regla.</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">Bueno, pues… ¿volverás a entrar otro día?</span></em></address>
<address>- <em><span style="color: #993300">A lo mejor</span></em></address>
<address>- <em><span style="color: #993300">Pues, por aquí estaré, Iker</span></em>.- se resignó ella.</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">Chao!</span></em>- se despidió ella.</address>
<address>–<em><span style="color: #993300"> ¡Adiós!</span></em>- le contestó él.</address>
<p>Acabada la fugaz conversación, los motivos para seguir manteniéndola de nuevo empezaron a abrir en ellos ventanas a nuevos descampados.</p>
<h2><em>Carola e Iker</em></h2>
<p>Por aquellas cosas de la casualidad, los dos se volvieron a encontrar y a través de largas sesiones de chat fueron pasando los días. Adquirieron cuotas de confianza; sus almas abrieron los candados de la química. Llegaba el otoño y este hecho cambió el curso de las cosas.</p>
<p>Una tarde Iker le contó que empezaba la estación de las setas y que iba a ir a buscar Boletus a un lugar conocido. A Carola, sin poder reprimirlo, se le escapó un – <em><span style="color: #993300">¿porqué no me llevas?</span></em> &#8211; Sonó tan sincero, que fue su único y definitivo error.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/A-por-setas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2458" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/A-por-setas-300x219.jpg" alt="A por setas" width="300" height="219" /></a>La primera cita transcurrió en un bar en el que habían quedado para conocerse finalmente, como paso previo de la excursión a lo desconocido, que quizá les dejó un regusto de defensa propia, pero ambos decidieron subir el próximo peldaño.</p>
<p>Aquel día lució radiante. En el cielo, solo el color azul resaltaba y a ella, le pareció como en un cuento. La montaña les daba la bienvenida con pancartas de bosques encantados y la pista por donde ascendieron se le antojó una alfombra de hojarasca. El silencio les franqueó el paso al llegar a la penumbra.</p>
<p>La mujer notó primero la inquietud de la soledad aunque rápidamente pasó a sentir una calma que le acarició con dedos invisibles. No dudó en coger la mano de él y se dejó arrastrar hacia la espesura del bosque.</p>
<p>Conforme iban apareciendo las setas, Iker le explicaba cosas sobre ellas y según el caso, remarcaba -<em><span style="color: #993300">no comestible</span></em>- con acento solemne, tomándose muy a pecho su pedagogía , aunque a veces sonreía excitado y le decía que aquella otra era una excelente comestible, cortándola a la vez para enseñársela luego.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Llegaba el otoño y este hecho<br />
cambió el curso de las cosas</span></em></h3>
<p>Las cestas se fueron llenando poco a poco. Iker miró el reloj y decidió que era la hora de volver. En eso estaban, cuando al descender por la ladera húmeda, él se paró de pronto y se agachó señalando un ejemplar que se veía robusto y firme; una preciosidad, aún para ella, que era totalmente neófita.</p>
<p>- <em><span style="color: #993300">¡Mira que ejemplar de Tricholoma Portentosum!</span></em> &#8211; exclamó el mozo &#8211; <em><span style="color: #993300">Nos la comeremos de aperitivo</span></em>.</p>
<p>Se sintió obligado a matizar que era una invitación en toda regla para comer aquellas setas recogidas poco antes y recibió una respuesta inmediata desde los ojos de la joven. Cuando llegaron por fin al coche, el sol ya estaba alto, así que sacaron una bolsa con dos bocadillos y una bota de vino y mientras comían, los dos dejaron sueltos sus pensamientos, que como por azar, se cruzaron en el vuelo.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Vino-y-setas.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2459" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Vino-y-setas-300x183.jpg" alt="Vino y setas" width="304" height="194" /></a>Al día siguiente llegó Carola al piso de Iker. Traía una botella de vino.</p>
<p>Cuando él abrió la puerta, se escapó un aroma a guiso que los envolvió; se dieron dos besos que les supo a poco, pero ambos mantuvieron las distancias. La mesa estaba puesta con la intención del detalle, pero sólo demostró la falta de costumbre en tener detalles. Carola lo notó con perspicacia femenina y le gustó la manera con la que el hombre desplegaba sus plumas ante ella. Se sentaron a la mesa de los prolegómenos para hablar de pasados recientes; al poco rato y deshecho el hielo, el hombre fue a la cocina para volver, casi de inmediato, con un platillo humeante que despedía un olor sugerente y delicioso</p>
<p><em>- <span style="color: #993300">Lo prometido</span>- pregonó Iker – <span style="color: #993300">El vermut</span>.</em></p>
<p>En el platillo, una seta partida en dos, ocupó la atención de ella, que recordó el momento en que la encontraron ayer. No quiso evitar un gesto de júbilo.</p>
<address>- <em><span style="color: #993300">¿Cómo dijiste que se llamaba?</span></em>- le preguntó.</address>
<address>- <em><span style="color: #993300">La llaman negrilla pero ésta es de una familia de ejemplares grandes y carnosos. Tricoloma Portentosum es su nombre científico</span></em>- Respondió a la vez que le ofrecía el plato.</address>
<p>Conforme Carola fue acercando el tenedor a su boca, le llegaron olores a bosque, a musgo; cuando probó la seta se le desataron sabores a tierra mojada, a la vez que misteriosa, a hojas secas y raíces escondidas. Su cara proyectó la sensación, absolutamente nueva para ella, de gusto indescriptible.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Iker comió la otra mitad<br />
y se le encendió un piloto de sorpresa</span></em></h3>
<p>Iker comió la otra mitad y se le encendió un piloto de sorpresa, pues no recordaba un sabor tan sutil de entre todas las variedades de negrillas que había probado antes.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Tricholoma-portentosum.jpg"><img class="size-medium wp-image-2460 alignright" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Tricholoma-portentosum-300x246.jpg" alt="Tricholoma portentosum" width="270" height="221" /></a>La comida, preparada con esmero a partir de las otras especies recogidas en el monte, transcurrió en animada conversación, regada con buen vino, que les desabrochó los corsés de la inhibición. A la hora de los cafés, los dos se miraron y sin hablar, se interrogaron con los ojos sobre cómo se sentían y las señales que encontraron no necesitaron de respuesta. De pronto los vómitos aparecieron y en la mente de Iker las dudas se convirtieron en certezas.</p>
<p>Se habían comido una Tricholoma Pardinum. Lo tuvo claro. Los síntomas inequívocos de la intoxicación les zarandeó por el camino del dolor, renunciando a su propio cuerpo; tal era el abandono en que cayeron.</p>
<p>Iker sacó el teléfono móvil del bolsillo y el esfuerzo le mareó aún más, pero pudo conseguir pedir auxilio. Se arrastró hasta la puerta y la dejó abierta. Por todos los esfínteres se le escapó la vida y aún pudo mirar a Carola tendida en el sofá cubierta de fluidos.</p>
<h2><em>El desenlace</em></h2>
<p>En la unidad de cuidados intensivos donde habían sido evacuados, estaban separados en dos boxes contiguos. Ella podía oírlo, entre brumas, balbuceando por las nauseas y revolverse con los mismos espasmos que sufría ella, como si una mano hurgara en sus entrañas.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Tricoloma-pardinum.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2461" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Tricoloma-pardinum-300x225.jpg" alt="Tricoloma pardinum" width="300" height="225" /></a>Los médicos y las enfermeras revoloteaban entre ambos, conocedores de la gravedad de la situación e intentando cortar la intoxicación mediante varios tratamientos de choque. En realidad, la intoxicación de la Pardinum no era mortal, pero el especialista mencionó que, sorprendentemente, ambos desarrollaron la misma reacción alérgica a alguna proteína de la seta y el proceso podía ser fatal ante la evolución que sufrían los riñones y el corazón de los dos.</p>
<p>Pasaron momentos interminables, tal vez fueran siglos, pero cuando la muerte quiere, nada la detiene y esta vez, les quiso a ellos para acompañarla.</p>
<p>Una enfermera reparó en que los jóvenes estaban separados por un biombo y adivinó su postrer deseo sin escucharlo. Lo retiró y los dos se miraron, diciéndose en un segundo, lo que no se podrían decir nunca más.</p>
<p>El último suspiro de Iker se precipitó en un inaudible- <em><span style="color: #993300">Lo siento, me equivoqué</span></em>-</p>
<p>El último estertor de Carola hubiera querido ser una caricia, pero no pudo pasar de ser un reproche que se le quedó prendido entre los labios:</p>
<p><em><span style="color: #993300">¡Hijo de puta!</span></em></p>]]></content:encoded>
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		<title>Desolación y utopía</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2011/07/desolacion-y-utopia/</link>
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		<pubDate>Thu, 07 Jul 2011 06:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Armani]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[George Orwell]]></category>
		<category><![CDATA[Rolex]]></category>

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		<description><![CDATA[Desolación. No se me ocurre otra palabra para denominar lo que me rodea; desolación en la gente, en los ánimos, en las conductas. ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿por qué? Nunca he sido pesimista, quizá ahora tampoco lo sea o puede que sí, aunque disimule. Un paseo basta para confirmar mi ocurrencia a la vista [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desolación. No se me ocurre otra palabra para denominar lo que me rodea; desolación en la gente, en los ánimos, en las conductas. ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿por qué? Nunca he sido pesimista, quizá ahora tampoco lo sea o puede que sí, aunque disimule.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/desolacion.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1939" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/desolacion-300x300.jpg" alt="desolación" width="270" height="270" /></a>Un paseo basta para confirmar mi ocurrencia a la vista de tantos escaparates sin oferta alguna, cerrados de por vida y lo peor, asfixiados por una crisis que se los llevó por delante. Me vienen a la memoria, recorriendo las calles de la niñez y juventud, las tiendas de mi barrio entonces. En una sola calle como en la que viví, pequeña, de unos cuarenta números, había una panadería, una tienda de ultramarinos, una tienda de vino, dos talleres de coches, una farmacia, dos bares. En cada edificio un local con un negocio o industria. Ahora, el panorama es otro. Desolación. Es consecuencia de los tiempos y si alguien creyó que la vaca tenía leche para siempre, el error le puede costar caro. Pero las causas, de tan claras, son inexplicables para la mayoría de nosotros.</p>
<p>A ver cómo nos creemos el por qué de la dichosa burbuja, cuando nos intentan demostrar que los sesudos eruditos de la economía mundial no fueron capaces de preverla, o… ¿acaso sabían muy bien lo que hacían?</p>
<p>A ver cómo nos convencen de que la crisis no está amañada por los pocos que controlan todo para seguirlo haciendo. -A ver, ¡a qué no! -</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>El dinero nunca desaparece,<br />
sólo cambia de manos</em></span></h3>
<p>Hay dos máximas en las que creo a pies juntillas; una, ley física, reza: -<em>La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma</em>-. La otra, ley práctica, reza: -<em>El dinero nunca desaparece, sólo cambia de manos</em>-.</p>
<p><img class="alignright size-medium wp-image-1940" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1984-george-orwell-300x180.jpg" alt="1984-George Orwell" width="300" height="180" />A ver si con todo esto solamente se busca el fin inexorable que nos convierta en la sociedad del Gran Hermano, como nos avisaba <strong><em>Orwell</em></strong>. El organigrama de la obediencia por el miedo a perderlo todo; la renuncia a poder discrepar por temer ser rechazado y marginado, sin dinero para la subsistencia. Aceptarlo casi todo por un plato de lentejas.</p>
<p>Los derechos humanos al final resultan caros al sistema. Encima los humanos con derechos se insolentan de una manera poco conveniente y hasta reclaman más derechos- ¡qué impertinencia!.</p>
<p>Entonces, (habrán decidido los fácticos) hay que darles miedo e inseguridad hasta que bajen la cabeza y cuando lo hagan les enseñaremos quién manda de verdad. Esta vez no harán falta uniformes ni banderas. Los dictadores llevarán ternos de <strong><em>Armani</em></strong> y al ritmo del <strong><em>Rolex</em></strong> nos marcaran los tiempos del desfile hacia la sumisión. ¿Es éste el futuro que nos espera?</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Me alegra saber que muchos<br />
se quejan ya en voz alta</span></em></h3>
<p>Yo lo quiero dudar y me alegra saber que muchos se quejan ya en voz alta, pero, ¿puede la utopía parar la cadena? Permitirme mi pensamiento jacobino cuando digo que el poder está en el pueblo, aunque el pueblo no acabe de creerlo porque nunca ha tenido el verdadero poder a pesar de que sea la primera Declaración de nuestras Constituciones Democráticas y que todas las revoluciones se han llevado a cabo en su nombre.</p>
<p>Poco a poco, “los poderes ocultos” van convirtiendo los deseos en utopías pero posiblemente desconozcan los versos del escritor uruguayo <strong><em>Eduardo Galeano</em></strong>:</p>
<p style="text-align: center"><em><span style="color: #993300">CAMINÉ DIEZ PASOS HACIA LA UTOPÍA Y ÉSTA SE ALEJÓ DIEZ PASOS.</span></em></p>
<p style="text-align: center"><em><span style="color: #993300">CAMINÉ OTROS VEINTE PASOS MÁS Y ÉSTA SE VOLVIÓ A ALEJAR OTROS VEINTE.</span></em></p>
<p style="text-align: center"><em><span style="color: #993300">ENTONCES ME DÍ CUENTA QUE JAMÀS ALCANZARÍA LA UTOPÍA, PERO TAMBIÉN</span></em></p>
<p style="text-align: center"><em><span style="color: #993300">OBSERVÉ OTRA COSA, QUE LA UTOPÍA SIRVE PARA ESO, PARA CAMINAR.</span></em></p>]]></content:encoded>
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		<title>No olvidaros de comer</title>
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		<pubDate>Thu, 12 May 2011 06:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Paracelso]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Aldrich]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta noche  me siento frugal. Mi cena se resume a un filete de lomo y un panecillo que acaban juntos en maridaje de bocadillo. Como no tengo vino, un vaso de agua me sirve para pasarlos, porque el pan ya no es lo que era, no;  aquellos panecillos de corteza arrugada y crujiente, de miga [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Esta noche  me siento frugal. Mi cena se resume a un filete de lomo y un panecillo que acaban juntos en maridaje de bocadillo. Como no tengo vino, un vaso de agua me sirve para pasarlos, porque el pan ya no es lo que era, no;  aquellos panecillos de corteza arrugada y crujiente, de miga blanda pero tersa, de puntas tostadas e incluso a veces requemadas, lo que les añadía más valor, de sabor a harina y a llama del horno.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/alimentos.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1733" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/alimentos-300x240.jpg" alt="alimentos ¿sanos?" width="270" height="216" /></a>Una brillante manzana es el epílogo de tal pitanza. Una cena sana, me digo convencido. Al menos, me ha quitado el hambre de antes de dormir. El hambre peor, el peligroso, el hacedor de pesadillas y disneas, el que ataca antes que el sueño, a traición, a caballo de una voluta de humo. Ese hambre que me lanza hacia el frigo y acaba ante un armario frente a una lata de judías con chorizo, con la duda metafísica de Ser o no Ser, haciendo cuentas con las consecuencias de dormir en tales circunstancias.</p>
<p>Pero esta noche, he cenado parco. Sano ¡Éa!</p>
<p>Cuando me meta en la cama, luego, se acostará conmigo la mansa renuncia a querer saber y los dos dormiremos tan inocentes como ignorantes, ajenos a lo que nos acecha, ausentes, perdidos en el propio cuerpo que late y excreta, en una gota de sudor, una mínima porción de ponzoña imperceptible.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Nada es veneno, todo es veneno.<br />
La diferencia está en la dosis.</span></em></h3>
<p>Será entonces, en el momento de laxo abandono, cuando comenzará el ataque. Usando el <strong><em>pan</em></strong> como caballo de Troya vendrán, en oleadas, los químicos venenos que anidan en los silos, donde reposa el trigo, para mezclarse  juntos, grano, insecticida y fungicida. En la <strong><em>carne magra de cerdo</em></strong>, los antibióticos  me harán para siempre inmune a sus efectos cuando una infección me obligue a necesitarlos. En la <strong><em>manzana</em></strong>, el regusto en mis papilas que su comer procuró, es una simple cortina de humo para ocultar al maldito pesticida y a sus compinches los nitratos, a la larga, jinetes del apocalipsis. Por el cauce que recorrió el <strong><em>agua</em></strong> antes de ser bebida no aletean peces de colores ni crecen los canónigos. Nos cambiaron su continente de cristal  por otro que sobrevivirá a los glaciares, a las fuentes, a las mareas, a nuestra propia desembocadura.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/soylent-green-poster.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1734" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/soylent-green-poster-237x300.jpg" alt="soylent green" width="237" height="300" /></a>En el sueño sitiado, <strong><em>Paracelso </em></strong>me recuerda que nada es veneno, todo es veneno. La diferencia está en la dosis.</p>
<p>La pesadilla me convierte en ratón de laboratorio y me atrapa en el cepo de las quinientas millones de toneladas de productos químicos que se inyectan en todos mis rincones. Se baten mariposas con aleteos de dioxinas. Mutan las flores con el rocío de lindano. Nadan las ballenas en mares de mercurio.</p>
<p>Estoy en fase R.E.M. Ahora los campos que habitan en mis sueños se ensanchan para que me desparrame por ellos y noto un olor, que, con la indefinición de la premura, me alerta de peligros. Soy capaz de oler los aromas del viento pero son los que desprende la tierra los que me aterran porque su halo es fétido y maligno; afecta e infecta al Ser con su halitosis industrial que todo contamina, como si aún no contento con su hedor, quisiera eliminar cualquier vestigio de vida. Me despierto.</p>
<p>Llevo prisa. Me preparo una tostada con mantequilla.  Bebo un zumo de piña. Ya estoy medio vestido. Me acabo de vestir. La vida me reclama. En la vorágine se me olvida que la <strong><em>mantequilla</em></strong> de la tostada, la que por cierto tenía trazas de insecticidas, era portadora de quince sustancias cancerígenas, entre ellas dioxinas industriales. Olvido también que en el <strong><em>zumo envasado </em></strong>hacían surf tres pesticidas y un fungicida. Cuando llego al trabajo aborto la auto pregunta sobre qué llevará el <strong><em>café</em></strong> de la máquina del pasillo. Me lo bebo sin rechistar, saboreándolo incluso. De paso, pienso en la comida e igual me como unos filetes de panga vietnamita, que me han dicho que tienen muchas vitaminas.</p>
<p>Esta noche, en la tele, ponen <strong><em>“Soylent Green”</em></strong> de <strong><em>Robert Aldrich</em></strong>. Ya casi no me acuerdo de cuándo la vi en el cine. Han pasado siglos… aunque parezca mentira</p>]]></content:encoded>
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