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	<title>La Oca Loca &#187; El sueño de</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
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		<title>Un globo de corazón</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 05:30:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nanclares de Oca (Vitoria)</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[País Vasco]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Miguel Loza Recuerdo que fue un día de agosto, en las fiestas de Vitoria, cuando me sucedió lo que paso a relataros. Yo por entonces tendría siete años. ¡Ah! Por cierto, me llamo Fernando. Aquel día, Jorge, mi hermano mayor, y yo salimos a dar una vuelta por la ciudad con mi padre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Miguel Loza</p>
<p>Recuerdo que fue un día de agosto, en las fiestas de Vitoria, cuando me sucedió lo que paso a relataros. Yo por entonces tendría siete años. ¡Ah! Por cierto, me llamo Fernando.</p>
<p>Aquel día, Jorge, mi hermano mayor, y yo salimos a dar una vuelta por la ciudad con mi padre para disfrutar de su ambiente festivo y para, de paso, tomar un vermut, aunque yo entonces no sabía qué era aquello. Recuerdo que estábamos en la Plaza de la Virgen Blanca cuando una visión fantástica me envolvió. Era un mazo de preciosos globos de variopintos colores que se mecían de un lado al otro en una danza perfecta al ritmo del viento. Y uno especialmente me llamó la atención: era rojo, muy rojo, y tenía forma de corazón.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/01/globo-rojo.jpg"><img class="alignleft  wp-image-2799" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/01/globo-rojo.jpg" alt="Globo rojo" width="324" height="246" /></a>Pensé pedirle a mi padre que me lo comprara, pero no me decidí porque no era un padre muy dado a comprarnos cosas del estilo de los globos, ya que las catalogaba como caprichos y lo peor no era que no los comprara, sino las razones que te daba para no hacerlo: que si es un antojo, que si tenéis de todo, que si otros niños no tienen nada, que si el hambre en el mundo, que si… Que si, que no me lo compres, pensaba yo, que con un no ya es suficiente mala noticia como para luego tener que aguantar los comentarios.</p>
<p>Pero, he aquí mi sorpresa, cuando nos dijo a mi hermano y a mí que si queríamos un globo. Nunca he sabido el porqué de aquel arranque tan generoso, aunque sospecho que fue porque el día anterior había salido con su cuadrilla de blusas de otros tiempos, los Txismes, y se sentía feliz. Inmediatamente le dije que el rojo muy rojo con forma de corazón, porque no era cuestión de esperar ya que estos arranques no solían durar mucho. Mi hermano Jorge cogió otro que tenía una cara de un payaso muy sonriente. Y en cuanto los tuvimos en nuestras manos nos vino la típica recomendación paterna: cogedlo fuerte y no lo dejéis escapar porque si lo soltáis se ira volando y os quedareis sin él porque no pienso compraros otro. En fin, como si no lo supiéramos, que a veces hay que tener mucha paciencia con los padres. Y así nos fuimos de allí tan contentos.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Cogedlo fuerte y no lo dejéis escapar<br />
porque no pienso compraros otro</span></em></h3>
<p>Realmente los globos eran preciosos y era muy bonito verlos balancearse mientras iban a tu lado acompañándote. Yo estaba emocionado y apretaba el cordel con todas las fuerzas de mis manitas que, sin darme cuenta y debido a la fuerza que hacía, se iban quedando blancas. En eso andaba cuando empecé a notar que el globo, mi fabuloso globo, me daba como tirones. Al principio no le hice caso, pero al cabo de un rato me paré y fijé la mirada en él. Lo que vi me rompió el corazón. Vi un corazón triste y me di cuenta de que aquellos tirones que me daba no eran otra cosa que ruegos para que le dejara marchar, para que le dejara volar para ser libre y así ser feliz mientras viajaba por todo el universo.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-2800" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2012/01/Globo-de-corazon.jpg" alt="Globo de corazón" width="194" height="194" />La verdad es que no lo dudé mucho y, aunque me daba mucha pena quedarme sin el, lo solté. Y allá que se fue, hacia el cielo. En esto se paró y me miró esbozando una gran sonrisa y de corazón a corazón me dijo: &#8220;<em>Gracias Fernando</em>&#8220;. Fue en ese momento cuando mi hermano gritó al ver lo que pasaba y mi padre dijo lo que yo esperaba que dijera: &#8220;<em>Desde luego, Fernando, pareces tonto, mira que te lo había dicho, pues ahora no pienses que te voy a comprar otro</em>&#8220;. Y no, no quería otro. No quería otro porque si me hubiese comprado otro también lo habría soltado ya que había comprendido que los globos querían ser libres y volar por los aires. Y no estaba triste. Todo lo contrario. Era feliz porque sabía que mi corazón, el que voló, también lo era.</p>
<p>De allí nos fuimos a casa. Mi hermano Jorge iba muy ufano con su globo, diría que un poco más que antes de que soltara el mío porque, ya sabemos cómo somos las personas, ahora él era el único que tenia un globo. Llegamos a casa y lo soltó en nuestro cuarto. Allí se quedo pegado al techo, acurrucado, sin decir nada. Mi hermano jugaba con él de vez en cuando y me invitaba a que yo también lo hiciera, y no entendía que no quisiera.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Y es que vivir enjaulado<br />
no es vivir</span></em></h3>
<p>Pero es que yo veía cómo se iba apagando la sonrisa del payaso y cómo estaba más triste cada día. Con el tiempo, aquella cara se fue llenando de arrugas y fue perdiendo fuerzas porque cada vez se alejaba más del techo, hacia el suelo, como diciendo que ya no quería volar porque había perdido la ilusión. Y es que vivir enjaulado no es vivir.</p>
<p>Un día al despertarnos lo vimos tirado en el suelo, lleno de arrugas, totalmente empequeñecido. Ya no quedaba nada. El payaso había muerto de pena. En ese momento entró mi madre, lo cogió y, sin ninguna ceremonia, lo enterró en la basura. Así, los dos nos quedamos sin globo. Uno yacía en la basura. Pero el otro, al que le di la libertad, no murió. Todavía es el día que anda por esos cielos dando besos a las estrellas y jugando con los globos que otros niños también soltaron. Y sé que es muy feliz porque me lo dice mi corazón y ya se sabe que de corazón a corazón no se engaña.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Procedente de la tradición oral</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 05:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Barcelona dones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por:  Salama Hace muchos años existió una serpiente llamada Munda, que se comía todo lo que encontraba en su camino: humanos o animales. Esto le causó mucho daño a la sociedad porque las personas no podían completar sus deberes de cada día como ir a trabajar, los niños no podían ir a la escuela [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por:  Salama</p>
<p>Hace muchos años existió una serpiente llamada <strong><em>Munda</em></strong>, que se comía todo lo que encontraba en su camino: humanos o animales. Esto le causó mucho daño a la sociedad porque las personas no podían completar sus deberes de cada día como ir a trabajar, los niños no podían ir a la escuela y las mujeres tampoco podían cargar agua de los pozos.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/yacumama_o_anaconda_de_la_selva_peru.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2414" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/yacumama_o_anaconda_de_la_selva_peru-300x225.jpg" alt="Serpiente" width="300" height="225" /></a>El Rey organizó una reunión para ver la manera de eliminar a la serpiente <strong><em>Munda</em></strong> que había aterrorizado a todo el mundo. Inició la reunión prometiendo una gran recompensa a quien matara a Munda. En ese momento, un joven procedente de una familia muy pero que muy pobre prometió matar la peligrosa serpiente, y el rey le contestó al joven pobre que lo iba a recompensar con su hija más querida. Para que se casase con ella.</p>
<p>Al mismo tiempo, la madre del joven pobre le preguntó a su hijo:<em> -¿Hijo mío, estas seguro que puedes matar a la serpiente? Porque la serpiente está matando a animales y humanos y tengo miedo de que te mate a ti también</em>. – Dijo la madre. El joven le contestó a su madre: -<em>Yo voy a intentarlo</em>-</p>
<p>Entonces, el joven empezó a preparar todas las cosas que necesitaba para el trabajo, que eran las armas, comida, agua y algunas cosas más que necesitaba para adentrarse en el viaje hacia el bosque. Para cumplir su promesa.</p>
<p>Toda la comunidad, incluyendo a su madre, estaban muy preocupados por su seguridad. Pasaron los días y al fin el joven logró encontrar a la serpiente, y … la mató. Qué alegría, qué alivio sintió el joven.</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>Mi hijo, ese no es Munda<br />
quien comió gente</em></span></h3>
<p>El joven llevó la serpiente al pueblo. Antes entró al recinto de su madre y empezó a cantar una canción de alegría, la canción era así:</p>
<p><em>Madre ven y mira a Munda</em><br />
<em>Quien comió gente</em><br />
<em>(mientras bailaba con alegría)</em></p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-principe-y-la-princesa.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2433" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-principe-y-la-princesa-211x300.jpg" alt="Y fueron felices" width="190" height="270" /></a>Su madre respondió con alegría y alabanza –<em>Mi hijo, ese no es Munda quien comió gente</em>.- La razón por la cual contestó eso fue <strong><em>porque dudaba de la capacidad de su hijo</em></strong> porque todos los que fueron al bosque a intentarlo nunca regresaron.</p>
<p>Entonces la madre y el hijo fueron a llevar a Munda al Rey. El Rey llamó a toda la comunidad para que fueran a probar si era la verdadera serpiente Munda. Todos se reunieron en el recinto del Rey para probar si la serpiente era la verdadera serpiente Munda, y confirmaron que era la misma, la que comía gente.</p>
<p>Todos estaban muy contentos. Ahora con la muerte de Munda estaban seguros y sus vidas continuarían sin miedo como antes. Ahí mismo el Rey cumplió su promesa y fijó una fecha para la boda de su adorable hija y el joven pobre.</p>
<p>El día llegó y la ceremonia de boda se celebró con una gran fiesta y después con muchos regalos, entre los que había una gran parte de las propiedades del Rey.</p>
<p>El joven pobre y su esposa se quisieron mucho, vivieron una vida feliz y tuvieron muchos hijos.</p>
<p>Este es el fin.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Por la aurora y el ocaso</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 05:45:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nanclares de Oca (Vitoria)</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[País Vasco]]></category>
		<category><![CDATA[picapedreros]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Roberto Pulido Abrió los ojitos puntual como casi siempre, con la misma esperanza, pero como de costumbre fue tarde y no tuvo tiempo. Esperó… Toda su vida, y eran bastantes años ya, aguardando la oportunidad de únicos momentos; maldiciendo al tiempo por hacerlos efímeros, y a sí mismo por dormirse pronto y despertarse [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Roberto Pulido</p>
<p>Abrió los ojitos puntual como casi siempre, con la misma esperanza, pero como de costumbre fue tarde y no tuvo tiempo. Esperó… Toda su vida, y eran bastantes años ya, aguardando la oportunidad de únicos momentos; maldiciendo al tiempo por hacerlos efímeros, y a sí mismo por dormirse pronto y despertarse tarde.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/aurora-ocaso.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2643" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/aurora-ocaso-300x225.jpg" alt="Aurora-ocaso" width="270" height="194" /></a>Pero con la alegría de siempre, aun con la tristeza que a veces le invadía, él mantenía la misma ilusión: Ker-Brei estaba locamente enamorado de ella; y aunque ella, Afródix, sentía lo mismo por él, apenas podía ni mirarle fijamente.</p>
<p>Dependiendo de las fechas, a Ker-Brei y a Afródix les cambiaba el estado de ánimo. A veces lloraban sin cesar y, por su dolor, el firmamento se teñía de gris derramando lluvias. En otras ocasiones sonreían y, por su entusiasmo, el cielo brillaba azul, o constelado, susurrando agradables brisas.</p>
<p>Si sentían frío, por tanta soledad, el ambiente era gélido por sonde pasaban. Si en sus seres clamaba el fuego de tanta pasión, el aire, a su paso, quemaba o agobiaba.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Así, día y noche, volvieron<br />
a prometerse amor eterno</span></em></h3>
<p>Y en esa última alba que Ker-Brei despertó, tras el fracaso habitual, se propuso, para no variar, no dormirse para permanecer junto a su amada durante todas las horas de oscuridad. Como siempre, no lo consiguió. Sin embargo, gracias a un eclipse, él y ella pudieron abrazarse, admirarse y besarse, durante varios minutos, como si nunca lo hubieran hecho. Así, día y noche, volvieron a prometerse amor eterno: como siempre, justo antes de la aurora y después del ocaso.</p>
<p><span style="color: #993300"><em>* 1º Premio categoría Microrrelato en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía y Microrrelato 2011 para centros penitenciarios</em></span></p>]]></content:encoded>
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		<title>Tarde de compras</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2011/12/tarde-de-compras/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 05:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eugenio Mateo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[En el supermercado, lleno de guirnaldas de oropel y espumillón dorado, los villancicos sonaban con el volumen desorientado adrede para conseguir confundir a cada comprador e incitarle a llenar los carros o las cestas, convulsos y conversos. Tronaban en lugar de sonar, queriendo lavar el cerebro a los neo idiotas contagiados de tanto oportunismo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el supermercado, lleno de guirnaldas de oropel y espumillón dorado, los villancicos sonaban con el volumen desorientado adrede para conseguir confundir a cada comprador e incitarle a llenar los carros o las cestas, convulsos y conversos. Tronaban en lugar de sonar, queriendo lavar el cerebro a los neo idiotas contagiados de tanto oportunismo que se repetía cada comienzo del invierno, como salmodio de mantras con sabor a chicle, prendida cada estrofa en los pespuntes de la memoria.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2686" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/miradasnavidad7-173x300.jpg" alt="Miradas de Navidad  7" width="173" height="300" />Villancicos. Villancicos. Muchos villancicos de los que nadie sabía el origen de su relación con el terrenal mercadeo, pero sobre todo y mucho menos, nunca lo hubiera imaginado la figura en cuyo honor se cantaban.</p>
<p>Un hombre de aspecto taciturno, con el ceño fruncido y ademán de asqueado escepticismo, deambulaba entre las estanterías, pensando bien cada movimiento de posesión. En su cesta apenas un par de latas de cerveza, un &#8220;brick&#8221; de zumo, una bandeja de hamburguesas de “depende” y un bote de olivas rellenas. Ensimismado, calculando para sus adentros el precio de las cosas, no vio llegar a un Papá Noel con el traje varias tallas grande, que llevaba una bandejita con trozos de turrón de prueba. Al ponerse a su lado, el meritorio Noel le dijo en voz alta:</p>
<p><em><span style="color: #993300">&#8211;¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! Pruebe el turrón. Ande, coja un trozo, es gratis.</span></em></p>
<p>El hombre le miró; sin mediar palabra le empujó con rabia, yendo la bandeja y el Noel a proyectarse contra la góndola llena de estuches de huevos, que desparramaron por el suelo las claras viscosas y las yemas llamativas en una pringosa mezcla de tortilla sin cuajar.</p>
<p>Una señora con un gorro aparatoso y abrigo de piel dio un resbalón, patinando sobre aquella asquerosa mezcla. Mientras caía, entre sorprendida y aterrorizada, empujó su carro, lleno hasta los topes, contra una cabecera de botellas de cava, apiladas en inverosímil pirámide, que se desmoronó, liberando decenas de litros de liquido junto con la metralla de los cascos rotos y afilados, alcanzando a unos chavales que tarareaban con bromas el villancico en la onda.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Iban saliendo de uno en uno<br />
cacheados por varios guardias</span></em></h3>
<p>Uno de ellos se revolvió rápido para esquivar un proyectil verdoso con tan mala fortuna que pisó a un anciano que sólo llevaba una barra de pan y algo de frío en el alma. En un gesto inútil el abuelo intentó defender su barra pero blandiéndola como un sable de filo tierno le dio en un ojo a una mujer con un niño pequeño en brazos. Venía ésta acompañada de su marido, un primate de porte alfa, que sin pensárselo dos veces, propinó un guantazo al pobre ancianico que le hizo perder la dentadura al tiempo que se desmayaba sobre la isla de piñas tropicales que hasta entonces permanecían incólumes ante el desvarío general.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/supermercado1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2687" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/supermercado1-300x225.jpg" alt="Supermercado" width="300" height="225" /></a>El personal del establecimiento no supo a quien atender primero pero recordaron, de algún curso de formación, que la música amansa a las fieras y subieron, más aún, el volumen de la misma. Entre gritos y lamentos los peces en el río se hartaron de beber y beber, porque, para unirse a la ceremonia de la confusión, se estropeó el audio repitiendo, como un sonsonete, aquello de <em>“pero mira como beben los peces en el río; pero mira cómo beben por ver a Dios nacido&#8221;.</em></p>
<p>Resultaba chocante aquel caos al compás de la estridencia festiva en nombre de la paz. Pero resultó más chocante que se cerraran las puertas del Súper para evitar que se generalizasen los saqueos, que curiosamente comenzaron muy pronto. Como por arte de magia se arregló sola la megafonía y lo que se pudo escuchar fue la dulce melodía de &#8220;<em>Noche de Paz</em>&#8220;, aunque paz, paz, lo que se dice paz, no se consiguió hasta que se pusieron en marcha los aspersores del techo porque algún desaprensivo pensó que la lluvia apaga los ardores y vuelve corderos a los lobos.</p>
<p>Poco a poco volvió la calma.</p>
<p>Ateridos, empapados, temblaron todos, al mismo tiempo que la canción que en este momento sonaba les recordó que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, mientras iban saliendo de uno en uno cacheados por varios guardias de seguridad y algún empleado, con rumbo a una auténtica cena navideña de pan y gloria en las alturas.</p>
<p><em><strong>©Eugenio Mateo </strong>(Relato perteneciente al Libro &#8220;<strong>Miradas de Navidad 7</strong>&#8221; editado por <strong>La fragua del trovador</strong>)</em></p>]]></content:encoded>
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		<title>Siempre olerá a lentejas</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 05:45:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lucía Álvarez</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[Perdonen ustedes. Voy a reinventar el concepto de suegros. Olvídense de lo que saben hasta ahora. Yo tengo suegros desde niña. Y no porque tuviera un novio asignado ni nada por el estilo. Simplemente quería a mis suegros y ellos a mí. Al fin y al cabo, analicen, ¿qué son unos suegros? Los padres de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Perdonen ustedes. Voy a reinventar el concepto de suegros. Olvídense de lo que saben hasta ahora. Yo tengo suegros desde niña. Y no porque tuviera un novio asignado ni nada por el estilo. Simplemente quería a mis suegros y ellos a mí.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Siempre-olera-a-lentejas-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2665" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Siempre-olera-a-lentejas-1-300x225.jpg" alt="Siempre olerá a lentejas " width="300" height="225" /></a>Al fin y al cabo, analicen, ¿qué son unos suegros? Los padres de tu pareja, los abuelos de tus nietos, en definitiva, tus segundos padres. Pues eso son para mí mis suegros: <strong><em>Aurora y Camilo</em></strong>. Con la gran ventaja de que nos hemos escogido mutuamente y eso nos hace disfrutarlo plenamente.</p>
<p>Puedo entender que no es una relación fácil de comprender. Una lástima. Porque la complicidad, la alegría, las broncas… calientan mucho más el alma si tus suegros están ahí.</p>
<p>No podría contar con todos los dedos del mundo la cantidad de risas que nos hemos echado juntos. Risas de esas plenas, que ensanchan. En cambio, no recuerdo ningún mal rollo nunca. Jamás. Lágrimas sí. Porque en la vida no siempre todo es bonito y a veces dolía el corazón. Pero las penas con pan son menos. Y las penas acompañados, lo mismo.</p>
<p>Regañinas también recuerdo, sí. Sobre todo de mi suegra, de <strong><em>Aurora</em></strong>. Empeñada en que me portara e hiciera las cosas bien, pero que nunca podía evitar esbozar una sonrisa cuando me la comía a besos.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Mirarte a los ojos<br />
y que sobren las palabras</span></em></h3>
<p>Complicidad. Sí. Quizás esa sea la palabra acertada. Mirarte a los ojos y que sobren las palabras. ¡Qué difícil de conseguir! Y sin embargo no recuerdo ningún trabajo para que empezara a producirse.</p>
<p>Llegar al pueblo, a <strong><em>Mouruás</em></strong>, tenía un maravilloso ritual: el día anterior llamaba a mis suegros para que al llegar <strong><em>Aurora</em></strong> me tuviera lentejas hechas. De niña las odiaba y mi madre –sabia, como siempre- me envió a su casa a comerlas. (Probado está que lo que los niños no comen en casa, lo devoran en las demás) y tanto me gustaron, que se convirtieron en mi plato favorito hecho por ella (y no saben ustedes qué mano para la cocina…).</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Siempre-olera-a-lentejas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2664" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Siempre-olera-a-lentejas-300x225.jpg" alt="Siempre olerá a lentejas" width="294" height="217" /></a>A juzgar por su cara, creo que ella las saboreaba el doble viéndomelas comer a mí que comiéndolas ella misma. –Era uno de sus mayores disfrutes, hacer feliz a su gente.-</p>
<p>¡Acababa empachada! No había forma de parar hasta que no cabía una lenteja más en mi cuerpo. ¡Significaban tantas cosas! Pero lo del empacho tenía fácil solución, empezar otro ritual: Subir corriendo las escaleras y meterme rápido en la cama con ella. Ahí hablábamos de tantas y tantas cosas… unas alegres, otras no. Eran nuestros ratitos de confidencias.</p>
<p>He echado auténticas carreras con mi suegro por coger su sitio en la cama. Y acurrucarme allí, tranquilita y olvidarme de que en el mundo hay problemas.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">La cocina seguirá<br />
oliendo a lentejas</span></em></h3>
<p>Hace unos meses que <strong><em>Aurora</em></strong> no está. Digo que no está, pero no que se fue. Porque ella sigue aquí, bien pegadita a nosotros. Estoy segura de que será ella la que me cogerá la mano ahora cuando llegue al pueblo y sea yo la que hace las lentejas. Y sé que sonreirá como cuando me la comía a besos cuando las sirva en la mesa y nos observe comerlas hasta que no nos quepa una lenteja más.</p>
<p>Porque nos enseñaste a querernos, porque te prometí cuidar de mi suegro y porque nunca me podré separar de ti, la cocina seguirá oliendo a lentejas.</p>
<p>No me sueltes la mano. Nunca. Te quiero tanto…</p>
<p>Un beso en los morros, Suegra. <em><strong>Aurora</strong></em>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Los pájaros y la libertad</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 04:50:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Gracia</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Burt Lancaster]]></category>
		<category><![CDATA[John Frankenheimer]]></category>
		<category><![CDATA[picapedreros]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Stroud]]></category>

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		<description><![CDATA[La perspectiva no era muy halagüeña. En el mejor de los casos, toda la vida entre rejas. La apelación había causado efecto y la pena capital, vigente en aquel estado de los U.S.A., le había sido conmutada por la perpetua. No había sido un buen chico y él lo sabía. Con dureza iba a pagar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La perspectiva no era muy halagüeña. En el mejor de los casos, toda la vida entre rejas. La apelación había causado efecto y la pena capital, vigente en aquel estado de los U.S.A., le había sido conmutada por la perpetua.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Burt-Lancaster.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2645" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Burt-Lancaster-248x300.jpg" alt="Burt Lancaster" width="198" height="240" /></a>No había sido un buen chico y él lo sabía. Con dureza iba a pagar sus desencuentros con la ley. Ya no podría disfrutar de la libertad como lo hacían esos gorriones que se posaban en su ventana enrejada.</p>
<p>Empezó a darles comida, con el tiempo vio cómo tres de ellos se dejaban acercar y con mucho tiempo más, incluso tocar. Sintió curiosidad por ese mundo, pidió en la biblioteca de la prisión algún libro sobre ornitología, se aficionó a ese mundo, consiguió una pareja de canarios, los estudió, comenzó a tomar notas sobre ellos y con el tiempo convirtió su celda en una suerte de aviario.</p>
<p>Empezaron a conocerle como un experto en pájaros, su fama traspasó los muros de la prisión, lo que no pudo hacer nunca físicamente, ni tan siquiera para ver la película que sobre él, <strong><em>Robert Stroud</em></strong>, y su circunstancia, acabó dirigiendo en 1962 <strong><em>John Frankenheimer</em></strong>, nada menos que con <strong><em>Burt Lancaster</em></strong> como “<strong><em>Hombre de Alcatraz</em></strong>”.</p>
<p>En 54 años en la prisión, ese fue su contacto con la libertad: la que le transmitían los pájaros, todo un símbolo de ella.</p>
<p><span style="color: #993300"><em>* Finalista categoría Microrrelato en el Certamen (externo) ”Picapedreros” de Poesía y Microrrelato 2011</em></span></p>]]></content:encoded>
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		<title>Miradas</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 04:50:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibiza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Baleares]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Manuel Trovo Miro a través de las rejas de mi ventana queriendo divisar a lo lejos el horizonte, pero enseguida mi mirada se ve entrecortada por alambradas y se hace el horizonte más difuso, más lejano. Aun así quiero esforzar la mirada a través de la reja de mi ventana para ver a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Manuel Trovo</p>
<p>Miro a través de las rejas de mi ventana queriendo divisar a lo lejos el horizonte, pero enseguida mi mirada se ve entrecortada por alambradas y se hace el horizonte más difuso, más lejano. Aun así quiero esforzar la mirada a través de la reja de mi ventana para ver a lo lejos cómo se funde el gris del mar con el azul del cielo, para ver las nubes pasar y la luna brillar, el amanecer de un nuevo día más.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Miradas.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2520" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Miradas-295x300.jpg" alt="Miradas" width="209" height="214" /></a>Y sigo mirando, y veo los aviones que llegan y también los que se van. Y pasan los días, las semanas, los meses y la mirada se pierde en la lejanía buscando un atisbo de esperanza que mitigue la soledad y agonía que mi corazón padece, quebrantado por los muros, las alambradas y las rejas de mi ventana.</p>
<p>Miro y miro de noche y de día, buscando la alegría que por perdida doy,  y busco y busco para volver a encontrar esa alegría linda que me da la libertad.</p>
<p>Ahora sólo cuento con mis sueños, con esa mirada interna que se pierde en el espacio del tiempo. Ni las rejas ni la alambrada pueden detener el vuelo de mi mirada.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Ni las rejas ni la alambrada<br />
pueden detener el vuelo de mi mirada</span></em></h3>
<p>A veces se nubla, a veces se apaga y otras veces no miro por miedo a verme cara a cara con la muerte inesperada, Dios Mío! Dame fuerzas para que pueda seguir mirando a través de la reja de mi ventana todas las maravillas creadas, la ilusión, las ganas de bañarme en la libertad tan esperada que se esconde detrás de las alambradas y de la reja de mi ventana.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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		<title>Día de elecciones</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Nov 2011 04:46:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Miguel Me despierto, como cada día, a las ocho. No he dormido mal. Ya casi ni oigo los pasos de los funcionarios haciendo las rondas por la noche. Ayer por la noche jugaron el Barca y el Madrid, y como de costumbre hubo voces que se escapaban del interior de algunos chabolos comentando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Miguel</p>
<p>Me despierto, como cada día, a las ocho. No he dormido mal. Ya casi ni oigo los pasos de los funcionarios haciendo las rondas por la noche.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/elecciones-generales.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2544" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/elecciones-generales-283x300.jpg" alt="Elecciones" width="231" height="237" /></a>Ayer por la noche jugaron el Barca y el Madrid, y como de costumbre hubo voces que se escapaban del interior de algunos chabolos comentando las jugadas: “ <em>¡Dale, Dale!</em>”, <em>“¿cómo se puede fallar eso?”,</em> <em>“Gooool, goool</em>”; ésta última siempre va acompañada de sonoros ruidos, golpes en las puertas, en las camas, en las mesas…Gritos de alegría que, momentáneos, surcan los pasillos gélidos de un lugar henchido de desesperación.</p>
<p>A partir de las doce no se oye más que el rumor del frío viento chocando contra las ventanas y barrotes. Y el silencio…un silencio que dice mucho más que en cualquier otro lugar. Es entonces cuando se agolpan los recuerdos. Recuerdos de una vida que cada día se antoja más la de otro que la propia.</p>
<p>Pedro, mi paisano, lo decía de un modo muy gráfico hablando de su hijo: “<strong><em>Ya nunca volveré a rodar junto a la sombra de mi añorado príncipe, mi hijito</em></strong>”. Su hijo ya nunca volvería a ser el mismo, ni tampoco la sombra que proyectaba junto a la suya. Nueve años es mucho tiempo, mucho…incluso para un error como el suyo que devora su vida y la de toda su familia abatiéndola en una eterna maldición.</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>Y su sombra<br />
tampoco es ya la misma</em></span></h3>
<p>Ya no está aquí. Se fue. Cumplió íntegramente su condena. No pidió un solo permiso, ni quiso la condicional. Purgó sus pecados. Expió ante los hombres….Somos hombres, sólo eso. Con sólo una vida que vivir. Ojalá hubiera podido deshacer sus errores, pero no pudo, nadie puede. Y su sombra tampoco es ya la misma.</p>
<p>Hoy es día de elecciones. La vida está llena de elecciones que vamos haciendo incesantemente, a veces…inconscientemente.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Diálogos de mi clausura (II)</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2011/11/dialogos-de-mi-clausura-ii/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 04:30:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kiuder Yero Torres</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[picapedreros]]></category>

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		<description><![CDATA[LIBERTAD Soy libre después de tantos naufragios          libre                  como un condenado a morir en su última voluntad. Mi vida es un juego de dos que fue dormido hacia otro rumbo en una vieja canción de violines. Mi vida escapa de las sombras buscando la luz del inicio                               el conjuro secreto de las lágrimas insinuándose [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><em>LIBERTAD</em></h3>
<h4><em>Soy libre después de tantos naufragios</em><br />
<em>         libre                  como un condenado a morir</em><br />
<em>en su última voluntad.</em></h4>
<h4><em>Mi vida es un juego de dos</em><br />
<em>que fue dormido hacia otro rumbo</em><br />
<em>en una vieja canción de violines.</em></h4>
<h4><em>Mi vida escapa de las sombras</em><br />
<em>buscando la luz del inicio</em><br />
<em>                              el conjuro secreto de las lágrimas</em><br />
<em>insinuándose tras la lluvia</em><br />
<em>donde es posible que esta libertad</em><br />
<em>sea el umbral de la muerte.</em></h4>
<p> <a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Libertad.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2184" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Libertad-300x257.jpg" alt="Libertad" width="270" height="231" /></a></p>
<h3><em>LEVANTEMOS</em></h3>
<h4><em>                                              La piel abriga</em><br />
<em>la noche nos atrapa ansiosa</em><br />
<em>no hay barreras               placeres</em><br />
<em>no hay que inventar nuevas utopías</em><br />
<em>mi voluntad se oculta</em><br />
<em>                                               para dibujar otro secreto</em><br />
<em>maduro junto a una lágrima ávida</em><br />
<em>temblando en la soledad primera</em><br />
<em>                                               siguen al acecho de un grito</em><br />
<em>me falta todo</em><br />
<em>me falta la lógica de una sociedad que no comprendo</em><br />
<em>y no puedo escapar de sus huellas</em><br />
<em>me falta la certeza toda</em><br />
<em>me falta el camino         disipar la ternura</em><br />
<em>me faltan los viejos puertos</em><br />
<em>y las vestimentas del grumete.</em></h4>
<h4><em>Los recuerdos se levantan a mitad del vacío</em><br />
<em>no en la calle mojada</em><br />
<em>no en el contorno de las aceras tras los pasos</em><br />
<em>no sobre la imagen de las lealtades</em><br />
<em>no es tan simple disiparse en la severidad</em><br />
<em>no sobre el polvo de mis años que se destruyen ciegos</em><br />
<em>y el horizonte hace violar las treguas.</em></h4>
<h4><em>El futuro preocupa</em><br />
<em>cuando mis ojos siguen enfermos de tantos encierros</em><br />
<em>                                                    enfermos de seguir soñando</em><br />
<em>invado el recelo de la herida próxima</em><br />
<em>sin rostros                              sin máscaras</em><br />
<em>perdido en el rumbo de otra luna.</em></h4>
<h4><em>La barca zarpa desde el cuerpo</em><br />
<em>llega bajo la honda frialdad</em><br />
<em>y una mano se despide</em><br />
<em>de su propio cautiverio.</em></h4>
<p><span style="color: #993300"><em> * 1º Premio categoría Poesía en el Certamen (externo) ”Picapedreros” de Poesía y Microrrelato 2011 </em></span></p>]]></content:encoded>
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		<title>Hambre</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 04:30:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Salesky</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[El verdugo de la mente, el azote de mi historia, escondrijo de la ruina, mi pasaje a la pobreza. ¿Por qué será que la vida se entiende tanto en la muerte? Buscando entre la basura algo que cambie mi estrella. Alimento de los sueños, pereza de los más ricos, desidia de los que mandan, ignorancia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center"><em>El verdugo de la mente, el azote de mi historia,</em><br />
<em>escondrijo de la ruina, mi pasaje a la pobreza.</em><br />
<em>¿Por qué será que la vida se entiende tanto en la muerte?</em><br />
<em>Buscando entre la basura algo que cambie mi estrella.</em></h4>
<h4 style="text-align: center"><em>Alimento de los sueños, pereza de los más ricos,</em><br />
<em>desidia de los que mandan, ignorancia de mis pares.</em><br />
<em>Languidez de los que sufren, una emboscada en el alma&#8230;</em><br />
<em>Tú miras hacia un costado cuando me apuñala el hambre.</em></h4>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Hambre.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2259" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Hambre-300x206.jpg" alt="Hambre" width="300" height="206" /></a></p>
<h4 style="text-align: center"><em>Como una perra de presa escarbando la carroña</em><br />
<em>no quiero sentir vergüenza cuando revuelvo tus sobras;</em><br />
<em>¿pero viste alguna vez el rostro de mis pequeños?</em></h4>
<h4 style="text-align: center"><em>Trato de estar más allá de lo que entra por mis ojos:</em><br />
<em>la mentira y las falacias, la indiferencia del mundo,</em><br />
<em>la tempestad y el suplicio de los que eligen no dar</em><br />
<em>y prefieren ocultarse tras vidrios color oscuro.</em></h4>
<h4 style="text-align: center"><em>Los votos largos, enormes, con gente desconocida,</em><br />
<em>las cajas con inscripciones que nunca supe leer.</em><br />
<em>La ayuda para mis hijos sólo va en años impares&#8230;</em><br />
<em>Tus ojos no me miraron, tu corazón no me ve.</em></h4>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Ojos-ciegos.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2260" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Ojos-ciegos-300x225.jpg" alt="Ojos ciegos" width="270" height="203" /></a></p>
<h4 style="text-align: center"><em>No quiero sentir más culpa al ver que mis niños lloran.</em><br />
<em>¿A quién le van a rezar? ¿Quién puede enseñarles algo?</em><br />
<em>Si ya saben que a lo sumo, repetirán mi camino.</em></h4>
<h4 style="text-align: center"><em>Veo los sueños que perdí y todos los que no tuve</em><br />
<em>desde que tomé conciencia de mi sucio porvenir.</em><br />
<em>Quiero seguir una huella distinta a la de mis padres,</em><br />
<em>poder descansar de noche con el corazón feliz.</em></h4>]]></content:encoded>
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