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	<title>La Oca Loca &#187; El sueño de</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
	<lastBuildDate>Tue, 27 Jul 2010 19:39:30 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Serie Penitencia: Introducción y relato &#8220;Todo negro&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 19:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando se ha cometido un hecho abominable, tanto desde el punto de vista social como desde el del propio autor, el proceso penitencial es largo y doloroso. Y a través de él se suele pasar por diversas fases: la negación, la distorsión de la realidad,  la autojustificación, la separación del hecho cometido (a fin de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando se ha cometido un hecho abominable, tanto desde el punto de vista social como desde el del propio autor, el proceso penitencial es largo y doloroso. Y a través de él se suele pasar por diversas fases: la negación, la distorsión de la realidad,  la autojustificación, la separación del hecho cometido (a fin de contemplarlo más objetivamente desde la distancia temporal y espacial), la &#8220;duda&#8221;, y, en algún caso, la asunción de la culpa.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/postal-saner2-79887011.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-345" title="El hombre y sus máscaras" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/postal-saner2-79887011.jpg" alt="El hombre y sus máscaras" width="209" height="164" /></a>Por eso tiene tanta importancia &#8220;recordar y escribir lo recordado&#8221;. Porque, con independencia de que &#8220;esta última mentira o verdad&#8221; sea contada a la sociedad a través de esta web o a sí mismo por el propio autor, y de que se haya cometido o no el hecho execrable, en unas circunstancias u otras, &#8220;recordar&#8221; siempre supone el inicio irreversible de este largo proceso penitencial.</p>
<p>Presentamos, pues, relatos escritos en primera y en tercera persona; generalmente autobiográficos aunque, en determinados casos, también se cuentan confesiones dichas en voz baja; mentiras o verdades referidas bajo pseudónimo o nombre real; cárceles interiores que pugnan por salir a la luz en un entorno de cárceles exteriores. </p>
<p>Este primer relato &#8220;Todo negro&#8221;, y otros que le seguirán, pueden formar parte o no de este proceso, así como situarse en una u otra fase del mismo.  El lector decidirá&#8230;</p>
<h2>TODO NEGRO</h2>
<p>Escrito por: Mario F.</p>
<h3>HOMBRE</h3>
<p>La lluvia mojaba la carretera y el viento soplaba fuerte, moviendo la cima de los árboles. Los caracoles comenzaban a asomarse lentamente por entre la hierba mojada. En este escenario solo una figura se movía veloz, la de Nicolás, la de la locura. Nicolás tenía en la mano derecha una pistola de la marca Baretta 92 F con cargador de 15 balas.</p>
<p>Humo blanco con olor a pólvora; delante de sus ojos, su mujer, María, yacía tumbada en la hierba. La sangre de María ensuciaba la ropa de Nicolás que, con una mirada fija en la nada, aún no se daba cuenta de lo que había hecho. Él la &#8220;amaba&#8221; más que a su vida. Aquella mujer de raza española poseía una belleza rara, que al tiempo lo volvía loco de celos cada vez que otro hombre la miraba. <strong>Era suya, solo suya y ahora lo era para toda la eternidad. Porque ella lo habría traicionado.</strong> Él vivía para su María y ninguna otra mujer, su Dios, su Vida, su Amor.</p>
<p>Su culpa, la echaba a la cárcel. Sí, él habría cometido muchas faltas, drogas, atracos&#8230; pero siempre para tener más dinero, para hacer feliz a su María del alma. <strong>Y ese dinero sucio fue el principio del fin, pero esto no lo supo hasta que lo hubo perdido todo</strong>. Hacían el amor día y noche. Reían al mismo tiempo y, al mismo tiempo, lloraban de sentimiento. Él la miraba y pensaba: ¡Qué feliz es mi Amor! Pero un día llegó la policía y todo terminó. A la fuerza lo llevaron a la cárcel y la pobre María se encontró sola, lejos de todos, y, sin saber qué hacer, trabajó hasta que a Nicolás le devolvieron a la libertad.</p>
<p style="text-align: left;">Lo demás se limita a <strong>un estúpido ataque de celos, la percepción del miedo en los ojos de María, y esa maldita inseguridad en sí mismo, que siempre le abocaba a una desmesurada violencia en sus reacciones.</strong> Ahora, allí y en todas partes, no le queda nada&#8230;sólo disparar una vez más la maldita pistola&#8230;El viento seguía soplando y la lluvia caía sin prisa. </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled1.jpg"><img class="size-full wp-image-346 aligncenter" title="Todo negro" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled1.jpg" alt="Todo negro" width="377" height="146" /></a></p>
<h3 style="text-align: left;">MUJER </h3>
<p>El sol en la vida de Pilar y Antonio era su hija María, una chica guapísima, alta, morena, con el cabello largo y brillante. Una noche, María conoció a Nicolás en una discoteca de la playa. Un chico bien parecido, alto, moreno y con los ojos azules como el mar. <strong>La sonrisa de Nicolás hizo una brecha en su corazón.</strong> Bailaron el resto de la noche y terminaron besándose bajo una intensa luna de junio.</p>
<p>Él, enamorado, tiene por toda familia a María y para ella vive. Crece en ella el amor, <strong>pero cuando se entera de la manera en que Nicolás se gana la vida le entra el miedo</strong>, <strong>un miedo real y creciente.</strong> El tiempo le da la razón, con frecuencia crecen los ataques de celos, la violencia de las palabras. Se jura a sí misma que no volverá a la misma pesadilla de su madre, al trato que recibió por parte de su cobarde padre.</p>
<p><strong>Sí&#8230;ella pensó que la cárcel lo cambiaría&#8230;</strong> <strong>se equivocó.</strong> Una noche alzó la mirada y vio al que fue su amor, delante de sus ojos, el corazón le latía con rapidez, un mal presentimiento le recorrió. A la mañana siguiente cogieron el coche y se fueron al bosque, la lluvia caía, ella lo miraba y estaba segura del fatal desenlace. De pronto, todo negro&#8230;</p>
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		<title>Clásicos recreados</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jul 2010 05:30:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Clásicos recreados]]></category>
		<category><![CDATA[Encarnación Ferré]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Encarnación Ferré

Presentación
“Clásicos en breve” y “Clásicos recreados” constituyen un hito excepcional en la vida y obra de una escritora de majestuoso empuje en el tejido de lo bello y sublime y gran conocedora del corazón humano. Encarnación Ferré celebra sus Bodas de Oro con la Literatura ofreciendo al gran público, de forma generosa, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Encarnación Ferré</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/nos-0723-esg.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-683" title="máscaras teatro griego" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/nos-0723-esg-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<h3>Presentación</h3>
<p><span style="color: #993300;"><em><strong>“Clásicos en breve”</strong></em></span> y <span style="color: #993300;"><em><strong>“Clásicos recreados”</strong></em></span> constituyen un hito excepcional en la vida y obra de una escritora de majestuoso empuje en el tejido de lo bello y sublime y gran conocedora del corazón humano. <em><strong><span style="color: #993300;">Encarnación Ferré</span> </strong></em>celebra sus Bodas de Oro con la Literatura ofreciendo al gran público, de forma generosa, con oficio y valentía, con aparente sencillez, grandezas y tesoros. Un nuevo paisaje de palabras formado por la adaptación y recreación de un conjunto de obras maestras (disciplina noble desde el punto de vista aristotélico). Así, los textos originales -pertenezcan al campo de la dramaturgia, la narrativa, la filosofía o el ensayo- se han metamorfoseado para llegar a ser hijos de sí mismos: lujo inocente que ilumina.</p>
<p>Enseña deleitando al tiempo que vuelve a inventar. Como alguien dijo de Menéndez Pelayo, nos ahorra el leer muchos libros, quedando, no obstante, abierta la posibilidad de estudiarlos en parte o en su totalidad, de forma superficial o profunda, sin que por ello se pierda carácter, pasión, efecto, sacudida&#8230; De ahí, quizás, que me venga a la memoria esta frase de <strong><em><span style="color: #993300;">Larra</span></em></strong>:<span style="color: #993300;"> &#8220;</span><em><span style="color: #993300;">El ingenio no consiste en decir cosas nuevas, maravillosas y nunca oídas, sino en eternizar, en formular las verdades más sabias&#8221;.</span></em></p>
<p><span style="color: #993300;"><em><strong>María de la Trinidad Ibarz Ferré. Doctora en Filosofía.</strong></em></span></p>
<h3>Encarnación Ferré</h3>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/publicronica.jpg"><img class="size-medium wp-image-684 alignleft" title="Encarnación Ferré" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/publicronica-300x252.jpg" alt="" width="270" height="227" /></a></p>
<p>Nacida en Monzón (Huesca) el 4 de octubre de 1944, cursó estudios de Magisterio, Filosofía y Letras, Doctorado en Psicología (Universidades de Zaragoza, Toulouse, Santiago de Compostela, Deusto). Fue nombrada Hija Predilecta de Baracaldo, donde dirigió el Colegio P. Beurko durante varios años. Finalista en numerosos certámenes literarios. Compuso letra y música de algunas canciones. Fue mecenas de Abd Víctor, pintor que ilustró varias de sus obras. Candidata nº 5 al Congreso por el PSOE (Vizcaya, 1982).</p>
<p>Ramón J. Sender le dirigió su última carta conocida (ver III Congreso Internacional “Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939”, Barcelona, 2003). Publicó reportajes sobre viajes y artículos de opinión en diversos periódicos (Tribuna Vasca, Hoja del Lunes, Aragón Exprés, El Día, El Correo Español, La Gaceta del Norte, Heraldo de Aragón, etc.). Profesora en el IES de Híjar. Tiene dos hijas y varios nietos.</p>
<p>Finalista en el Premio Planeta (Barcelona, 1974), entre otros. Primer premio de Teatro del MEC (Madrid, 1984), Premio Internacional Goralski (Canadá, 1983), Segundo premio del Ateneo de Santander (Santander, 1978), Nominada al “Premio de las Letras Aragonesas” (Zaragoza, 2003). Su magna obra poética, narrativa, de ensayo y de teatro ha recibido un gran reconocimiento a través de numerosos premios, nominaciones y menciones.</p>
<p>Entre sus últimas obras se encuentran: Del amor infinito (Fundación Cultural Bajo Martín, Zaragoza, 2005); Saturna (Editorial Ialda, Zaragoza, 2005); Dietario de un profesor escéptico (Editorial Mira, Zaragoza, 2007); El trastorno afectivo en las obras de Encarnación Ferré (Instituto Aragonés de la Mujer, Zaragoza, 2007); Todo teatro (Fundación Cultural “Bajo Martín”, Zaragoza, 2007);El tributo de Jano (Teatro estrenado en Híjar, 13 de julio, 2007); Pensamientos audaces V y VI (Fundación Cultural Bajo Martín, Zaragoza, 2008); Boceto de mujer (Editorial Mira, Zaragoza, 2009);La naturaleza del artista (Fundación Cultural Bajo Martín, Zaragoza, 2008).</p>
<h3><span style="color: #993300;"><em><span style="color: #333399;">Agradecimiento especial</span></em></span></h3>
<p><span style="color: #993300;"><em><span style="color: #333399;">Desde el Área de Formación de la Prisión de Daroca queremos agradecer a Encarnación Ferré su gran generosidad al permitirnos no sólo la publicación de estos magníficos textos en nuestra revista sino asimismo brindárnoslos para nuestro trabajo con los alumnos de la Escuela del centro.</span></em></span></p>
<p><span style="color: #993300;"><em><span style="color: #333399;">Comencemos, pues, este magnífico banquete de obras maestras de todos los tiempos con dos de los entremeses de Miguel de Cervantes.</span></em></span></p>
<h3>Entremeses de Cervantes</h3>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/03.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-685" title="Entremeses" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/03-193x300.jpg" alt="" width="193" height="300" /></a></p>
<h3>1. El juez de los divorcios</h3>
<p><em><strong>Personajes que intervienen</strong></em></p>
<address>Mariana</address>
<address>Vejete</address>
<address>Juez</address>
<address>Soldado</address>
<address>Esposa del soldado</address>
<address>Cirujano</address>
<address>Esposa del cirujano</address>
<address>Ganapán</address>
<address>Mensajero</address>
<p>(Música)</p>
<p>(Además de silla y mesa para el juez, en el escenario habrá otras seis sillas)</p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> (Entra y se sienta frente a la mesa atestada de papeles, los cuales revisa)</p>
<p>(Al cabo de unos instantes entran Mariana y el vejete)</p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> (Observando al juez y hablando fuerte) <span style="color: #993300;"><em>Ahí veo al juez de los divorcios. Espero que esta vez consiga quedar libre de mis duras cadenas.</em></span></p>
<p><em><strong>Vejete:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Habla quedo, Mariana.</em></span></p>
<p>(Mariana y el vejete se aproximan a la mesa del juez)</p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿Qué pendencia traéis?</em></span></p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Necesito que usía me divorcie de este que veis aquí.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿Hay razones para ello?</em></span></p>
<p><strong><em>Mariana:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>Ya no puedo sufrir tantas impertinencias, que llevé buena dote al matrimonio. ¿No ve cómo me tiene? Cuando entré en su poder la cara me brillaba lo mismo que un espejo y ahora la tengo mustia.</em></span> (Señalándose el rostro) <span style="color: #993300;"><em>Los surcos puede ver vuestra merced. ¿De qué piensa que son? Del llanto que derramo cada día.</em></span> (Lloriquea)</p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Bajad la voz y secaos las lágrimas, que se os hará justicia.</em></span></p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Permítame que llore, señor juez, pues llorando descanso. ¿Por qué el matrimonio dura toda la vida? Mejor sería poderlo deshacer cada tres años como si fuese un contrato de alquiler.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿Me podéis explicar de modo más concreto las causas que os inducen a pedir el divorcio?</em></span></p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Haberme de levantar todas las noches a calentarle paños, a ponerle más alto el almohadón, a darle sus jarabes y aguantar el olor nauseabundo que sale de su boca.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Tendrá una muela podrida.</em></span></p>
<p><em><strong>Vejete:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Eso es imposible, señor juez, que en la boca no tengo ni una muela. Véalo, véalo.</em></span> (Abre mucho la boca y muestra al juez que no tiene muelas)</p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿No hay una ley que dice que el mal olor de boca es causa de divorcio? Pues me acojo a ella.</em></span></p>
<p><em><strong>Vejete:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Qué mal conoce nadie a esta mujer! Empujones me da hacia la sepultura. Soy yo quien muere en su poder.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿Al casarse con ella estaba fuerte y sano?</em></span></p>
<p><em><strong>Vejete:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Sanísimo, señor.</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>No encuentro razón para el divorcio.</em></span></p>
<p><em><strong>Vejete:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿Me va a dejar en manos del verdugo? Encierre a esta fiera en algún monasterio.</em></span></p>
<p><em><strong>Mariana:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Que te encierren a ti, pues ya no tienes ojos con que ver ni oídos con que oír ni pies con los que andar. Yo tengo mis sentidos bien cabales.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>No repliquéis. No encuentro causa.</em></span></p>
<p>(Se sientan refunfuñando)</p>
<p>(Entran un soldado y su mujer y se dirigen al juez)</p>
<p><em><strong>Esposa del soldado:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Señor juez, ¿podría descasarme de este leño?</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Hable más comedidamente. No insulte a su marido.</em></span></p>
<p><strong><em>Esposa del soldado:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>No tiene más arranque que un madero.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <em><span style="color: #993300;">¿No se casó con él sabiendo cómo era?</span></em></p>
<p><em><strong>Esposa del soldado:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Creí que era un hombre corriente y aun moliente, pero a los pocos días comprobé que era sólo un leño. ¿Me creerá si digo que no mueve una mano para traer a casa qué comer? La mañana la pasa en sentarse en la plaza a murmurar. La tarde, en la casa de juego.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> (Al marido) <span style="color: #993300;"><em>¿No dice nada en su favor?</em></span></p>
<p><em><strong>Soldado:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Diré que esta mujer me mortifica. Así pues, terminemos el pleito.</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> (Señalando las sillas) <span style="color: #993300;"><em>Siéntense ahí.</em></span></p>
<p>(El soldado y la mujer se sientan)</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/entremeses_6.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-686" title="escena" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/entremeses_6-237x300.jpg" alt="" width="237" height="300" /></a></p>
<p>(Entran el cirujano y su mujer)</p>
<p><em><strong>Cirujano:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Vengo a pedir el divorcio por cuatro buenas causas.</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> <em><span style="color: #993300;">Dígalas.</span></em></p>
<p><strong><em>Cirujano:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>La primera porque no puedo soportar a mi mujer. La segunda por lo que ella ya sabe. La tercera por algo que me callo. Y la cuarta porque me llevan los demonios cada vez que la veo.</em></span></p>
<p><em><strong>Esposa del cirujano:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Si mi marido esgrime cuatro causas, yo tengo cuatrocientas. Primera: en cuanto que lo veo pienso que está delante el mismo Lucifer. Segunda: me casé engañada. Tercera: es tan celoso que hasta maldice al sol cuando me toca. Cuarta: no lo soporto. Quinta&#8230;</em></span></p>
<p><em><strong>Juez:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Alto, señora! Que si piensa decir las cuatrocientas estaremos aquí una semana.</em></span></p>
<p><strong><em>Esposa del cirujano:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¿Nos va a descasar?</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> (Señalando las sillas) <span style="color: #993300;"><em>Aguarden allá un poco.</em></span></p>
<p>(El cirujano y su esposa se sientan junto a los demás)</p>
<p>(Entra Ganapán y habla con el juez)</p>
<p><strong><em>Ganapán:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>Un ganapán soy, aficionado al vino. Y el caso es que, en medio de una borrachera, prometí a una mujer de vida errada que la iba a desposar y le puse un puesto de verduras. Pero es reñidora; que no viene ninguno a comprar una col con el que no litigue y le dé con un peso en la cabeza.</em></span></p>
<p><em><strong>Cirujano:</strong></em> (Aproximándose a la mesa del juez)<span style="color: #993300;"><em> Este hombre le dice la verdad. Conozco a su mujer y es casi tan mala como la mía propia.</em></span></p>
<p><em><strong>Mensajero:</strong></em> (Entra) <span style="color: #993300;"><em>Señor juez, traigo un recado.</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¿De parte de quién es?</em></span></p>
<p><strong><em>Mensajero:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>De aquellos que vinieron a pedir el divorcio y usted se lo negó y logró apaciguarlos.</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¿Y qué quieren de mi?</em></span></p>
<p><strong><em>Mensajero:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>Agradecérselo por medio de una fiesta.</em></span></p>
<p><strong><em>Juez:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>De buena gana iré.</em></span> (Hablando a los que aguardan) <span style="color: #993300;"><em>Y a usías les diré que lo mediten, pues más vale un arreglo medianillo que el divorcio mejor.</em></span></p>
<p>(Todos salen mientras suena una música festiva)</p>
<p>(Todos vuelven a entrar y saludan al público)</p>
<h3><em>2. El rufián viudo llamado Trampagos</em></h3>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/cervantes1841engr.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-687" title="Cervantes" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/cervantes1841engr-234x300.jpg" alt="" width="187" height="240" /></a></p>
<p><strong><em>Personajes que intervienen</em></strong></p>
<address>Trampagos</address>
<address>Vademécum</address>
<address>Monstrenca</address>
<address>Repulida</address>
<p>(Música)</p>
<p>(Entra Trampagos de luto y lloriqueando. Le acompaña Vademécum)</p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Ay, Pericona mía!, te llegó el fin. ¿Adónde te ha llevado esa enemiga muerte?</em></span></p>
<p><em><strong>Vademécum:</strong></em> (Para sí) (Según lo irregular que fue su vida, bien puedo adivinarlo). <span style="color: #993300;"><em>Ya basta de gemir, señor Trampagos. Trueque las lágrimas por limosnas, misas y oraciones, que mejor bien le harán al alma de la señora Pericona.</em></span></p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Hablas como un teólogo.</em></span></p>
<p><em><strong>Vademécum:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¿A qué años se ha ido la finada?</em></span></p>
<p><strong><em>Trampagos:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>A punto de cumplir los treinta y dos.</em></span></p>
<p><em><strong>Vademécum:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Edad lozana!</em></span> (Para sí) (De cierto sé rozaba los sesenta. ¡Ay, qué teñir de canas! Qué modo de cambiar la plata por el oro). <span style="color: #993300;"><em>¿Puedo saber de qué mal se murió?</em></span></p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Dijeron los doctores que de mal de hipocondrio.</em></span></p>
<p><strong><em>Vademécum:</em></strong> (Para sí) (Las malas lenguas dicen que tenía cien llagas en las piernas por el que llaman todos “mal francés”). <span style="color: #993300;"><em>Mire vuestra merced cómo vienen llorando sus amigas.</em></span></p>
<p>(Entran Mostenca y Repulida, con claros signos de ser de vida alegre)</p>
<p><em><strong>Monstrenca:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Ay, amigo Trampagos!, qué dolor. ¿Pero es necesario vestir con tanto luto?</em></span></p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Sería un Polifemo, un antropófago, un caimán comevivos, si no vistiera así. ¡He perdido una mina!</em></span></p>
<p><strong><em>Monstrenca:</em></strong> (Se aproxima a oler a Trampagos) <span style="color: #993300;"><em>Huele usía de una forma muy rara. ¿Es que ha bebido anís?</em></span></p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Qué va, qué va! Es tan grande mi pena que destilo aguardiente por los ojos.</em></span></p>
<p><em><strong>Monstrenca:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Deje ya de llorar. Aquí me tiene a mí, que aún valgo algo.</em></span></p>
<p><strong><em>Repulida:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¡Pero menos que yo!</em></span></p>
<p><strong><em>Monstrenca:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¡Calla, membrillo con cuartanas!</em></span></p>
<p><strong><em>Repulida:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¡Calla tú, masa de pan podrida!</em></span></p>
<p><em><strong>Mostrenca y Repulida:</strong></em> (Riñen agarrándose del pelo) <span style="color: #993300;"><em>¡Ay ay ay!</em></span></p>
<p><strong><em>Trampagos:</em></strong> (Mirando afuera)<span style="color: #993300;"><em> ¡Silencio, que viene el alguacil! ¿A ver si entra? No, que sigue calle abajo.</em></span></p>
<p><em><strong>Monstrenca:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡El alma me temblaba porque me anda buscando la justicia!</em></span></p>
<p><strong><em>Trampagos:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>Pasemos el mal trago y saque Vademécum de beber.</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">(Vademécum coge de un rincón una botella)</span></p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Juez41.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-688" title="Saludo al público" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Juez41-300x200.jpg" alt="" width="270" height="180" /></a></p>
<p><em><strong>Monstrenca:</strong></em> (A Trampagos) <span style="color: #993300;"><em>Y usía, ¡fuera el luto!</em></span></p>
<p><em><strong>Trampagos:</strong></em> (Se quita el sayo negro)</p>
<p><em><strong>Vademécum:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>¡Todos a beber!</em></span></p>
<p>(Se pasan la botella unos a otros y hacen como que beben)</p>
<p><em><strong>Monstrenca:</strong></em> (Comienza a canturrear y a tocar palmas)</p>
<p><em><strong>Repulida:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>Bien dice aquel refrán, señor Trampagos.</em></span></p>
<p><strong><em>Trampagos:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¿Cuál refrán, Repulida?</em></span></p>
<p><em><strong>Repulida:</strong></em> <span style="color: #993300;"><em>“El muerto al hoyo y el viejo al bollo”.</em></span></p>
<p><strong><em>Vademécum:</em></strong> <span style="color: #993300;"><em>¡Qué cierto es!</em></span></p>
<p>(Música)</p>
<p>(Todos los actores saludan al público)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Mi primer permiso</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 23:17:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Juan A. M.
No, no tiré la cucharilla al suelo.
Me dijeron que cuando saliera en mi primer permiso (después de casi diez años de prisión) tiraría la cucharilla del café al suelo pensando que era de plástico, al entrar en el primer bar y tomar el primer café en taza de cerámica con cucharilla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Juan A. M.</p>
<p>No, no tiré la cucharilla al suelo.</p>
<p>Me dijeron que cuando saliera en mi primer permiso (después de casi diez años de prisión) tiraría la cucharilla del café al suelo pensando que era de plástico, <span id="more-576"></span>al entrar en el primer bar y tomar el primer café en taza de cerámica con cucharilla metálica reutilizable. Eso sí, me quedé mirándola un buen rato. Era un objeto bonito, brillante, bruñido. Muy sólido y al mismo tiempo como un sueño. Igual que todo el resto: tan real y tan como un sueño al mismo tiempo.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/800px-cafc3a9cortadotallat.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-577" title="la cucharilla" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/800px-cafc3a9cortadotallat.jpg" alt="la cucharilla" width="288" height="192" /></a>Guardo carpetas enteras de fotos recortadas de los semanales para ilustrar mis cartas familiares. Tenía una donde Amelie, la protagonista de la conocida película francesa, llevaba una cucharilla en la mano mientras miraba al objetivo con ese gesto pícaro y sereno. Me pregunté durante meses por qué se quedaba en la memoria esa imagen.</p>
<p>Si hubiera de traducir su símbolo, diría que significa: &#8220;No tengas prejuicios. No esperes lo esperable sino lo inesperado. Las cosas no son necesariamente como se dice que serán&#8221;.    </p>
<p>&#8220;Ya verás qué bajón al volver&#8221;. Nada de bajón. Subidón al comprobar que volvía feliz y contento, casi rozagante como el burro de Sancho, con la sensación del &#8220;deber cumplido&#8221;, del &#8220;todo está en su lugar&#8221;, del &#8220;vamos bien&#8221;. Con la sensación de que, tras unas vacaciones cortas (y largas), volvía al trabajo. Tras una experiencia exótica y extraña, volvía a casa.   </p>
<p>No me duelen prendas de decirlo. Volvía a casa, sí. Una de las preguntas que siento más extraña uno y otro día es cuando un recién conocido me pregunta: ¿y tú dónde vives? La respuesta me parece tan evidente que siempre encojo los hombros: ¿Yo? ¿Qué dónde vivo? ¡Aquí! ¿No me ves?</p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>Necesito un mes para procesar<br />
lo que me ha sucedido el primer día</em></span></h3>
<p>Esta es hoy mi casa. Me es totalmente necesario sentirlo. Sentirme totalmente aquí y no proyectado hacia un lugar distinto o con la cabeza en otro lugar. Siempre digo que uno está siempre en el lugar perfecto para hacer lo que la vida le pone de &#8220;deberes&#8221; para el crecimiento como ser humano. Hay pocos contextos donde uno pueda emplear esta expresión tan finolis pero tan verdadera: &#8220;crecer como ser humano&#8221;. Es asunto de poner en valor lo invisible, lo intangible. No crecer profesional, económicamente&#8230; Crecer por dentro. Como en otra dimensión donde el tamaño de las personas muestra esa realidad. Por eso decimos: &#8220;es un gigante&#8221; o &#8220;ese tío es un moco&#8221;.</p>
<p>Volver a casa: a mi monasterio, o mi clínica, o mi cole. A mi taller. Mi módulo es una rareza medieval: No hay móviles, ni coches. No hay urgencias, ni agendas apretadas. No hay ese torbellino increíble que es la vida moderna.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/despuescallao2.jpg"><img class="size-full wp-image-578 aligncenter" title="estrés en el exterior" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/despuescallao2.jpg" alt="estrés en el exterior" width="319" height="213" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Al tener una familia muy grande, estos seis días han estado repletos. Quería cumplir con todos; devolverles, aunque sólo como símbolo, el inmenso y otra vez inmenso favor de acompañarme todos estos años sin cejar un solo día. De estar siempre ahí. De dar la cara por mí y preguntarme, los 3650 días, cómo te encuentras y qué necesitas. Repletitos. Le decía, exhausto y resoplando, a un cuñao: &#8220;Es que tengo la agenda más apretada que el Obama&#8221;.     El último día me despertaba de madrugada el cuñao para volver: &#8220;¡Levanta, Sar-ko-zyyyy!&#8221; Es que mi familia tiene mucha retranca. Un humor a lo José Mota, muy manchego.    </p>
<p>Ahora entiendo esa expresión del código penitenciario que justifica los permisos aludiendo a la &#8220;progresiva incorporación a la sociedad&#8221;. Hoy creo que los permisos son una pieza importantísima en la reinserción. Salir, llenarse, almacenar provisionalmente en la memoria blanda todas las emociones, impresiones&#8230; Volver aquí, donde sí es posible detenerse, mirarse, dejar que, desde el silencio, vaya bajando, poquito a poco, toda esa experiencia tan llena de información. Volver a la memoria escena por escena&#8230; Clasificar, procesar, bajar &#8220;al disco duro&#8221;. En la calle sería imposible esa tarea pues cada día trae más material para procesar.</p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>Mi módulo es una rareza medieval,<br />
no hay móviles, ni coches</em></span></h3>
<p>Decía el segundo día: &#8220;Necesito un mes para procesar lo que me ha sucedido el primer día&#8221;. Acostumbrado a vivir en una realidad donde los cambios, la salida de lo repetitivo, son mínimos o milimétricos, de repente la información que reciben los sentidos y que tiene su correlato intelectual y emocional, es tanta, que, uf, esto del permiso está bien pensado: salir y volver. Salir, volver. Dependiendo de cada caso, el número de veces necesarias para asimilar el cambio de vida variará.</p>
<p>Desde la falda de una montaña que mira al mar miraba la línea perfecta del horizonte. La sensación de inmensidad sólo era superada por otra que me era más necesaria y más íntima: la sensación de serenidad absoluta. Serenidad absoluta de mi vida. También de la vida de la ciudad. El mar, visto desde la orilla, puede encresparse, asustar, podemos sentir que la fuerza de las olas se va a tragar todo. Que no hay más orden que un caos salvaje y libre, inconsciente, animal. Un poco como la vida vista desde cerca y dentro del torbellino.     </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/villa_soriano_-_amanecer2__luisemuslera-panoramio.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-579" title="amanecer" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/villa_soriano_-_amanecer2__luisemuslera-panoramio.jpg" alt="amanecer" width="315" height="236" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Desde la montaña, la línea del mar que se funde con el cielo, tan milagrosamente perfecta y definida, tan evocadora de lo infinito o la eternidad, habla con una claridad y una nitidez indiscutible, con una autoridad majestuosa, con una verdad absoluta: todo está bien. Serenidad mía, serenidad de la ciudad que se recorta en la orilla, bajo el horizonte. Serenidad, por encima del tráfago de la civilización, de la vida. De la Vida. Sensación de que todo camina, sin una millonésima de duda, hacia la verdad, la bondad y aquella que se lo traga y abole todo: la Belleza.</p>
<p>Mi destino, tu destino y el del universo entero es la Belleza total. Eso me decía el horizonte. El resto, todo el resto, es un chiste.</p>
<p>Una de mis seis resobrinas, de dos años, me buscaba en la habitación donde afinaba la guitarra para regalarles un pasodoble, un bolero o un algo. Me miraba con los ojos como platos. Le toqué una melodía dulce y suave. Estaba atónita, la pobrecilla seguro que veía tocar una guitarra de cerca por primera vez en su vida. Llevaba una cucharilla en la mano. Me la daba, me la quería dar. Ella encerraba en su mirada &#8220;ingenua&#8221; todos los mensajes, ya humanizados y enriquecidos, del horizonte marino que me hablaba el día anterior. </p>
<p>José Mota, mirando al techo, cacarea con esa voz socarrona y gamberra: &#8220;¡Apaga!&#8221;</p>
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		<title>Penitencia:Mi vida en el narcomundo (Introducción)</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2009/12/penitencia-narcomundo-introduccion/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 16:38:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Juan C.M.
En 1996  tenía una petición fiscal por cuatro causas judiciales, en total 34 años de prisión. Contaba, en ese momento, con, únicamente, 22 años de edad. Busqué mi ruina en menos de tres años fatídicos en los que el único culpable solamente fui yo, aunque también conseguí  que la policía me tuviera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Juan C.M.</p>
<p>En 1996  tenía una petición fiscal por cuatro causas judiciales, en total 34 años de prisión. Contaba, en ese momento, con, únicamente, 22 años de edad. Busqué mi ruina en menos de tres años fatídicos en los que el único culpable solamente fui yo, aunque también conseguí  que la policía me tuviera en su punto de mira y que no pararan hasta encerrarme. Mi padre tuvo dos infartos de miocardio y eso, junto a una hija de tres meses recién nacida, me convenció de que no estaba preparado para afrontar mi penitencia de ninguna de las maneras. No me encontraba ni con fuerzas ni con apoyo. ¿Quién lo estaría? nadie. Así que tenía que huir.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/huida.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-552" title="huida" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/huida.jpg" alt="huida" width="189" height="254" /></a>Fui deportista de élite, estudiante normal y con novia de toda la vida. Cuando consumí mi primera dósis, en una verbena de un fatídico verano, comenzó mi declive hacia la delincuencia, una caída libre, sin frenos y ríos de droga, alcohol, sexo y rock and roll. Como decía aquél. Poco a poco, fui metiéndome en todo el submundo del narcotráfico, desde el menudeo en las discotecas hasta la introducción de toneladas de cocaína en las rías gallegas desde Colombia. Me introduje, paulatinamente, tanto en las redes colombianas como gallegas. Fieles aliados y condenados a entenderse los unos con los otros. Los primeros expertos en su producción y casi siempre, en el transporte a lo largo de las tres terceras partes del trayecto América-Europa y los segundos de la última parte del camino y de su distribución en toda Europa (aproximadamente, el 70% del mercado de cocaína, en el viejo continente, se introduce por las rías gallegas).</p>
<p>El código de la lealtad es innegociable en este gremio. Si se falla, se paga caro, tan caro que ni con la propia vida, a veces, uno lo salda. La deuda puede salpicar a terceras personas, familiares directos o inclusive alguna generación siguiente. Siempre tuve claro estos conceptos, tanto, que nunca me quedé con nada que no fuera mío y siempre cumplí con todos los pactos y contratos. Hubo problemas pero siempre volé recto, ni alto, ni bajo, recto. Esa es la razón por la cual aún estoy vivo, sin enemigos pero con muy pocos amigos.</p>
<p>En mi caminar tuve problemas, lágrimas, sonrisas, vida, muerte, dinero, traición, etc. y uno se pone a pensar si todo mereció la pena. En aquella época, la frialdad y la inteligencia eran la clave para sobrevivir y cada nuevo día que veías amanecer, un pequeño triunfo. En los negocios &#8220;ilegales&#8221; hay que ser lo más legal posible porque, de otra manera, más temprano que tarde, uno se convierte en pasto de los gusanos; esto es tan cierto como que después del día sigue la noche. Mucha gente se piensa que entrar en el narcomundo es como ir a comprar al Carrefour. Grave error.</p>
<h4 style="text-align: left;"><span style="color: #993300;"><em>Cuando consumí mi primera dósis,<br />
en una verbena de un fatídico verano,<br />
comenzó mi declive hacia la delincuencia</em></span></h4>
<p>La ambición y la codicia se apoderan rápidamente de las personas y quienes antes se conformaban con lo justo para vivir, se llegan a convertir en auténticas máquinas de gastar dinero, acostumbrándose a comer en lujosos restaurantes, rodeados de exuberantes mujeres y conduciendo vehículos de alta gama. Se alejan de sus amigos de la infancia, pensando que lo son quienes les llenan los bolsillos, tremendo error. En este círculo todos están esperando la más mínima oportunidad para pasar por encima de ti y continuar escalando posiciones dentro del organigrama criminal.</p>
<p style="text-align: left;">Y sucede que la bola se va haciendo más y más grande, cogiendo tal tamaño que ya no puedes ni parar ni ir hacia atrás, únicamente te queda ir hacia delante con todo, contra todo y contra todos. El final está claro, antes o después,  y será catastrófico. Uno se encuentra tan solo que solo se hundirá y aquellos amigos de los que uno renegó en el pasado, van a ser quizás los únicos, ahora, que se acuerden de ti cuando lleguen las dificultades y acabes finalmente en prisión.</p>
<p>Cuando una persona está privada de libertad es vital, sobretodo desde el punto de vista psicológico, el contacto con el exterior. La soledad es muy mala compañera de viaje; muchos internos se llegan a creer que cuando uno entra en la cárcel, nunca más va salir. La realidad es otra muy diferente. Uno puede salir rápido de la cárcel por muchas circunstancias, intervienen muchos  factores. <a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/prision.jpg"><img class="size-medium wp-image-553 alignleft" title="prisión" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/prision-300x227.jpg" alt="prisión" width="270" height="204" /></a>La suerte de que la causa se sobresea o te quiten condena  o simplemente salgas absuelto del juicio, pero el factor principal es que tu conducta pueda ser clave para la reinserción. Porque en condenas de 9 a 12 años, si te lo ganas o mejor dicho si te buscas tu libertad, puedes salir de permiso entre la 1/4  parte a un 1/3 del total, es decir, en 3 a 4 años pagados a pulso ya estarías saliendo. Eso si, haciéndotelo muy bien, yendo a estudiar, bien sea estudiando la ESO o si ya uno está graduado pues alguna carrera universitaria por la UNED.</p>
<p>Esto es muy importante porque estás diciendo al centro que eres válido para una vida en el exterior y, por consiguiente,  tu rehabilitación es incuestionable. Otros factores muy importantes son la actitud y el comportamiento de cada interno, (participar en actividades modulares, como en las brigadas de limpieza, servicios de comedor, etc&#8230;)  y, como es lógico y natural, tener un expediente disciplinario impoluto. Con todo ello, una vez que tengas por ley derecho a solicitar permiso, quizás en la primera solicitud  lo denieguen, pero casi seguro que finalmente te lo darán, pues un expediente excelente garantiza al centro tu buen uso del mismo.</p>
<p>Sin embargo, muchos internos se piensan que en la cárcel tienen que drogarse, traficar, pelear y demostrar a todos los &#8220;yonquis&#8221; y funcionarios que ellos son los &#8220;kies&#8221; (jefes) del patio. Esto es lo mejor que se puede hacer para comerse la condena a pulso, sin revisiones de grado, permisos y menos aún, libertades condicionales. Aparte de meterse en líos y problemas, lo peor que te puede pasar estando encerrado es que tu compañera sentimental te haga sufrir o te abandone, o peor todavía que se vaya con algún amigo tuyo o simplemente te deje solo y arruinado. Lo que es jodidamente dañino es que use a tus hijos en contra tuya, que se los lleve y nunca más sepas de ellos hasta que no salgas en libertad. La desesperación puede ser tal que te conduzca sin darte cuenta a pelearte con algún interno o a drogarte como evasión a tus problemas, y etc.</p>
<h4><span style="color: #993300;"><em>&#8220;Haz lo que yo te digo,<br />
pero no hagas lo que yo hago&#8221;</em></span></h4>
<p>Sinceramente, con el corazón en la mano, no merece la pena, por mucho dinero que hayas ganado o por mucho que hayas disfrutado, pagar tantos años de tu vida. Los disgustos en el ámbito familiar, tu declive económico, y sin duda, la alteración de la vida de tus propios hijos es incuestionable e irrecuperable; los hijos lo notan y les afecta negativamente, influyéndoles perjudicialmente en los estudios y sobre todo, en la calle, que les digan que su padre o madre está en la cárcel, ya que, ellos lo asocian a algo que está mal y sufren, sufren por el rechazo social. Esto es paradójico, porque nosotros sí delinquimos, pero sabiendo que está mal no queremos que nuestros hijos lo hagan, es muy curioso, ¿verdad?. Como dice el refrán &#8220;haz lo que yo te digo, pero no hagas lo que yo hago&#8221;.</p>
<p>Pero como dice el dicho: &#8220;De todo lo malo siempre se puede sacar el lado positivo&#8221;. Y este caso no iba ser una excepción. Una persona presa sabe muy bien quien es su amigo realmente y quien no; quien le quiere nada, poco o mucho: quien le echa de menos y quien, realmente, merece la pena y quien no. Cuando, en la calle, no te habrías dado cuenta hasta casi llegar a la cárcel.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sufrimiento.jpg"><img class="size-medium wp-image-554 alignleft" title="sufrimiento" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sufrimiento-234x300.jpg" alt="sufrimiento" width="199" height="272" /></a>No tengo ninguna duda al respecto, pero ninguna. No merece la pena el sufrimiento tan grande causado a tu familia, a tu persona y, por supuesto, a los demás consumidores y sus familias respectivas, que al no ser cuantificable te acompañará para siempre.</p>
<p>Salvo excepciones, quisiera decir la mía en un futuro, no conozco a ningún exmarica, ni a un extraficante. Es algo que va con el ADN de cada persona, se lleva en la sangre y, con el tiempo, el que es marica se vuelve más marica aún y el traficante se especializa, pero no como para que triunfe sobre las Fuerzas del Estado porque la batalla está perdida.</p>
<p>Pero sí creo en la reinserción del preso, ya que cuando se conoce el castigo de la cárcel te hace reflexionar y pensar que todo es en vano, el poder, el lujo, etc. quedan en nada y lo que más se valora es la libertad y tu propia conciencia de haber sufrido y hecho sufrir a familia, conocidos y &#8230; desconocidos.</p>
<p>Todas las cuestiones finalizan en un mismo punto, que es que no merece la pena traficar porque lo que uno arriesga y expone, no compensa lo que uno pueda conseguir, ya que lo más probable es que acabes en la cárcel o en la soledad más absoluta o muerto. Las rachas buenas van seguidas de las malas pues &#8221; tanto va el cántaro a la fuente que al final se termina rompiendo&#8221;. Y cuando te quieres dar cuenta estás debiendo 1, 2 o varios millones de euros a varias personas. Por eso os digo, queridos lectores, que a este punto no hay que llegar porque el final será irremediablemente catastrófico, como el de los muchos amigos míos a los que vi morir.</p>
<p>Sé que es duro lo que voy a contar. En el 2007, en Cambados (Pontevedra), secuestraron a dos primos míos. Los esperaron cinco sicarios encapuchados en el jardín del chalet de unos de ellos, los introdujeron en un automóvil y condujeron a un viejo molino en Catoria. Allá les colgaron de una viga a ambos por las muñecas y con bates de béisbol les rompieron todos lo huesos, rajándoles la barriga saliéndoseles a éstos sus vísperas, les rociaron de gasolina y les prendieron fuego; finalmente les pegaron dos tiros ante tanta agonía. Por la mañana, la mujer de uno de ellos, al ver que no regresaban, puso la denuncia en el cuartel de la guardia civil. Dicha mujer, en el momento del secuestro, estaba allí junto a su hijo de doce años, pero gracias a Dios no se los llevaron. Ella, acostumbrada a estas situaciones límite, pensó que era sólo un escarmiento o una medida de presión por alguna deuda del marido y que después les iban a soltar.</p>
<h4><span style="color: #993300;"><em>Lo más probable es que acabes en la cárcel<br />
o en la soledad más absoluta o muerto</em></span></h4>
<p>Un importante paso, pienso yo, con el que se terminaría toda esta lacra del narcotrafico sería la legalización de las drogas, de manera que los países de origen llevaran un control de producción y exportación, y los países importadores controlaran las condiciones de su distribución y venta. De este modo, los únicos cárteles serían los propios gobiernos de cada país. Piensen en ello. Una solución rápida y lógica para la desaparición de los grupos criminales.</p>
<p>Antes de comenzar el relato de mi historia, en el que daré a conocer todos los entresijos del narcomundo en el cual y del cual yo viví, pondré en conocimiento de todos ustedes cómo es este mundo de complicado y podrido; sobre todo no revelaré ninguna identidad pero sí todos los cuándo, cómo, dónde y los porqués de este mundo que solo conlleva fracaso, sufrimiento, desgracias y calamidades. Sé que, a mucha gente, que cuente mi vida no les va gustar, pero yo solamente voy hablar de mi vida en primera persona sin tirar al agua a nadie, pero alguien debe decir cómo son realmente las cosas, sin mentir. No obstante, quiero que tengáis en cuenta que sólo es mi punto de vista y mi opinión subjetiva.</p>
<p>Esto me sirve, básicamente y sin ningún otro propósito, como terapia para sacar de mi cuerpo los demonios que llevo dentro y  analizar las incoherencias de mi implicación en este podrido y falso  mundo. Voy a expresarme, en muchos momentos, con un lenguaje coloquial, a veces muy callejero, más que nada para darle más emotividad al relato.</p>
<p>Para ustedes, lectores, es este relato que espero sirva para que se den cuenta de cómo es el narcomundo y nunca de los jamases se involucren.</p>
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		<title>Viaje a los recuerdos</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2009/11/viaje-a-los-recuerdos/</link>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 13:58:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Miranda]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Miguel Miranda Aranda (Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo. Universidad de Zaragoza)
 
Huyendo del follón que se organiza en Zaragoza durante los primeros días de las fiestas del Pilar, decidí viajar, aprovechando el puente, hacia tierras de Soria y recuperar los escenarios de mi infancia y navegar por el mundo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Miguel Miranda Aranda (Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo. Universidad de Zaragoza)</p>
<p> </p>
<p>Huyendo del follón que se organiza en Zaragoza durante los primeros días de las fiestas del Pilar, decidí viajar, aprovechando el puente, hacia tierras de Soria y recuperar los escenarios de mi infancia y navegar por el mundo de los recuerdos. De la Virgen del Pilar a la de los Sotos, en Vinuesa. Allí pasé varios veranos, de campamento, haciendo excursiones hacia la Laguna Negra y acampadas entre los inmensos pinares.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1c2aa-foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-487" title="De viaje" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1c2aa-foto.jpg" alt="De viaje" width="315" height="237" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Después de cuarenta años, quería volver a percibir los olores del bosque, y pasear por aquellos senderos y pisar el mismo sitio en el que jugábamos al futbol o hacíamos concursos de camuflaje o nos bañábamos intentando inútilmente coger a mano alguna trucha con la que compartíamos el río. El pinar estaba igual de espectacular, más bonito si cabe por los colores del otoño, invadido por mucha gente, autobuses de catalanes incluidos,  con una cesta en la mano recogiendo setas. En lo alto, la misma Laguna Negra, misteriosa y fría. Y un poquito más abajo la misma pradera en la que nos sentábamos alrededor de un acordeonista que se llamaba Francisco e improvisábamos un espectáculo al que gustosamente se sumaban cuantos turistas compartían la excursión.  Y el sonido de los cencerros al atardecer.</p>
<p>Recuerdo que entonces, las vacas volvían solas al pueblo tras pasar el día a su aire, pastando entre los pinos y las mujeres salían a su encuentro para acompañarlas a casa. Ahora ya no, se quedan en las granjas de las afueras y Vinuesa, limpia e inmaculada, se ha especializado en recibir al turista amante de los montes y ha construido en estas últimas décadas una oferta abundante de hoteles y restaurantes.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/4c2ba-foto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-488" title="caballo en libertad" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/4c2ba-foto.jpg" alt="caballo en libertad" width="280" height="210" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Por lo demás todo sigue igual: el escudo preconstitucional en la fachada del Ayuntamiento y la placa encabezada por José Antonio en la pared de la Iglesia, como si nada importante hubiera sucedido en este país en todos estos años. Pero, qué quieren que les diga. En el mismísimo templo del Pilar siguen colgadas las dos bombas, recuerdo de la misma guerra, alimentando la fantasía de un postrero milagro, eso sí puesto en boca de las creencias y tradiciones propias de eso que llaman la &#8220;religiosidad popular&#8221;. Pero ahí siguen porque los que pueden, no las quieren quitar. En contra de la razón y del sentido común. Por lo demás la Virgen de los Sotos ya no está y su albergue está abandonado desde hace más de diez años al menos, convertido ahora en lugar de botellón y citas clandestinas. Da pena porque uno piensa que seguramente otros colegios, algunas organizaciones juveniles, alguna ONG, podía seguir utilizando aquellas instalaciones y podrían  volver a poner en activo aquel paraje en el que muchos durante quizás más de cuatro décadas disfrutamos de la naturaleza y del compañerismo. Quizás esta situación de ruina el Ayuntamiento de Vinuesa la podía cambiar. Y de paso cambiar también algunos símbolos del pasado que ya están fuera de  lugar, exactamente igual que las bombas del Pilar, mostrando más sentido de la historia que el arzobispado y el cabildo zaragozano.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/foto-5.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-489" title="perspectiva de recuerdos" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/foto-5.jpg" alt="perspectiva de recuerdos" width="353" height="265" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Quizás en mi próxima visita para la que no esperaré otros cuarenta años, algo haya cambiado para mejor. La esperanza es lo último que se pierde, dicen, ¿no?</p>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 2º)</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 21:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Donegan Rice
Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;.
&#60;&#60;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente cerca del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Donegan Rice</p>
<h2>Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;.</h2>
<p>&lt;&lt;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente cerca del abismo, repiqueteaban campanas y algunos perros ladraban enloquecidos. Un hombre de aspecto famélico y vestido de negro se levantó del viejo pórtico y a la vez, docenas de aves emprendieron el revoloteo asustadas por la siniestra presencia. La mirada del invitado permanecía fuera de sí, escupió varias veces en la hierba en un claro gesto de saber lo que estaba a punto de ocurrir, luego se dirigió a la cresta del abismo, miró al vacío y se lanzó. La mujer comenzó a gritar, luego lloraba y gritaba al mismo tiempo. El orgulloso azabache reconoció la llamada de auxilio de su dueña acelerando el galope, no llegó a tiempo y ante el apeno de su madre, el niño cayó al abismo. El hombre de negro esperaba para recogerlo, no atendió al llanto, ni a las súplicas, ni a los chillidos desgarradores de la mujer. Antes de desaparecer, dejó hundida una mirada tan fría como la muerte&gt;&gt;.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-467" title="pesadilla" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222-300x226.jpg" alt="pesadilla" width="327" height="244" /></a></p>
<p>La pesadilla la viví en los días previos a mi detención. ¿Existía o encerraba algún tipo de mensaje que, en parte, se me quería revelar?</p>
<p>Desde que Sacha llegó al mundo tuve la sospecha de que algo grave le pasaría en el momento que me descuidara. Quizás por eso, puse todo de mi parte para que nada le ocurriese, incluso, decidimos situar la cuna en el lado donde me tocaba descansar. Sufría cuando no lo sentía a mi costado, sufría cuando Belén no atinaba a calmar el llanto y sufría en la medida que iba creciendo junto a los continuos desencuentros con su hermana.</p>
<p>El día que Kerry decidió realizar su primera incursión en la cocina fue especialmente accidentado. Sacha cumplía tres años, lo recuerdo como si pasara en estos momentos. Recogí al pequeño de la guardería mientras la nueva cocinera nos organizaba lo que se suponía iba a ser una sorpresa. La tortilla española &#8220;versión Kerry&#8221; se convertía en el peor desencuentro de huevos, patatas, aceite, ajos, cebolla, y perejil. ¡Dios santo! Ver la cocina en el estado que estaba quedando inducía a llamar cuanto antes al teléfono de la esperanza. Kerry se movía de un lado a otro gesticulando y balbuceando en <em>ruso</em> y <em>checheno</em>. Su cabello guardaba más yema de huevo que la sartén, se había quemado los dedos y la ropa era un claro ejemplo de que el arte puede vivir en continuo movimiento.</p>
<address><span style="color: #993300;">- No estaréis esperando por la tortilla, aún no se ha hecho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya veo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery totilla.<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. Kerry nos está haciendo una estupenda tortilla y la comeremos muy prontito.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Guta, papi, guta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No os hagáis muchas ilusiones. El gas se ha ido y he tenido que ingeniármelas en esta inservible cocinilla. Estoy llena de huevo por todas partes y mira, mis dedos quemados como la tea.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi, Kery quema, poresita.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. En fin, si necesitas ayuda estamos en la habitación. Voy a buscarle ropa limpia para darle una ducha.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Iros, iros. Será la única forma de acabar esta jodida tortilla.</span></address>
<p>El pistoletazo de salida a la aventura culinaria había comenzado a las doce de la mañana. Eran las cuatro de la tarde y seguíamos con la boca en paro y en espera de que Kerry saliera del baño, donde entró para asearse acompañada de un ataque de nervios. Hasta aquí, todo se desarrollaba de forma casi aguantable, pero en un torpe descuido, Sacha se infiltró en la cocina y probó la <em>famosa</em> tortilla sin que yo percibiera tal descuido. No olvidaré el rostro que le sobrevino a Kerry cuando apartó la tapadera y vio el trozo que faltaba.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¿Quién se ha comido el pedazo de tortilla que falta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Un marciano -fue lo que se me ocurrió para quitar hierro-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Un masiano glande y feo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Encima cachondeito. Ya sabes que no soporto que me toquen la comida sin que estemos en la mesa.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Mujer, que no estás todos los días entre fuegos.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué has querido decir con esa majadería?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Perdóname. Ha sido una tontería, tienes razón.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sois unos desagradecidos, no os merecéis el sacrificio que he tenido que hacer. Me dan ganas de zamparla a la basura. -se levanta con cara de circunstancias, ni Sacha ni yo sabemos dónde habrá ido-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery trite&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no. Kerry está un poquito&#8230; loca. -en voz baja-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Kery loca.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he oído ¡Loca yo, loco tú y tú padre!<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; todos nos hemos vueltos locos y ahora, ¿podemos almorzar en paz?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me vais a matar a disgustos. Juro que me vais a matar.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery mata.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sacha. Nada de muertes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kery, papi. -señalándola-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Haz callar a ese niño antes de&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven aquí tonta. El pequeño y yo te agradecemos el esfuerzo que has hecho, ¿verdad Sacha?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me encuentro muy nerviosa. Roberto, no vuelvas a meter la mano en la comida, al menos hasta que yo lo diga porque lo que tenga hecho te juro por mi vida que irá de cabeza a la basura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A sus órdenes mi teniente.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. A su ólene.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Uffff! Calla a ese pequeño loro.</span></address>
<p>Kerry acaudalaba dos vidas y una esencia viviente que solo le pertenecía a ella. La visible, era popular entre todas sus amistades, sin embargo, entraba en continua contradicción. Y por esa extraña conjunción de circunstancias se ganó, de los más cercanos, ser machaconamente juzgada. La invisible yacía en un sub-mundo de sigilo; transcurría bajo el lúgubre secreto de las vivencias más íntimas. Si exceptuamos a Roberto, ni una sola alma viviente arrancó de su boca un testimonio de éste. A veces, su mundo giraba con la presencia de éste. Conectado a él todo le apasionaba, confundía, conmovía, enternecía y predisponía para la eterna contemplación. En realidad, le bastaba la mitad de un minuto y allá donde estuviera desaparecía de la vista de todos. Era como si, de pronto, dejara posado a un pobre envoltorio llamado cuerpo largándose con la parte más importante, su alma.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-460" title="paso a la adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg" alt="paso a la adolescencia" width="349" height="223" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Entre Roberto y Kerry existía un código al que nadie podía acceder. Se miraban, se observaban, desde la distancia se volvían a mirar dejando en el aire un halo de reserva y misterio. Kerry aprendió una nueva forma de decir lo que sentía. A pesar de su corta edad, comenzó a interesarse por la poesía y esto le ayudó a profundizar en su interior.</p>
<p>Debido a las circunstancias profesionales de la pareja, Kerry pasaba grandes períodos en casa de la abuela y entonces aparecía un nuevo fenómeno. El alejamiento más frío había dado comienzo, era como si ésta se fuera a vivir al lugar más alejado del mundo, apenas se recibían llamadas. Ninguno de los dos abría la boca para nombrarse y no sería porque sus nombres no aparecieran a lo largo de cualquier comentario. El mutismo invadía el hogar de Roberto cuando surgía tal o cual reflexión sobre Kerry. Belén, sabedora de la situación, comenzaba a sentirse de nuevo más cerca de su pareja. Sin lugar a las dudas, la presencia de su hija hacía de su situación emocional un campo de minas.</p>
<p>Cuando Eliana puntualizaba alguna cuestión sobre Roberto, Kerry callaba. Esa actitud creaba más morbo a la historia y se engrandecía la sospecha comentada con su amiga Saray.</p>
<p>Los meses posteriores al curso escolar eran aprovechados por Kerry para visitar su entorno, un entorno más joven y menos forzado. En él se la podía ver totalmente desinhibida, con un lenguaje más mordaz y rebelde, desaparecía la joven interesada por todo lo aprendido. Se pasaba las horas de un lado a otro añadiendo con sus acciones más mala fama a su ya deteriorada imagen. Los rumores acerca de las amistades de Kerry llegaban a oídos de Belén, pero qué podía hacer. Por un lado, se le amontonaba el trabajo dejándole poco tiempo para evaluar tal o cual comportamiento, por el otro, el resto de la familia, y de manera especial la abuela, sentía una especial debilidad por su nieta. Parecía que estaba dispuesta a decir: &lt;&lt;amén&gt;&gt; a todo lo que Kerry le proponía. </p>
<p>La Hiedra es un pequeño barrio situado en la zona alta de la ciudad. En él fabricaron una urbanización con más de una veintena de bloques, separados entre ellos por zonas que, en otro tiempo, se las podía contemplar cuidadosamente ajardinadas. Una destrozada cancha de baloncesto, varios parques que sirven de guarida a los vendedores de drogas y la iglesia, que minimiza la tensión vivida cada día, forman el entramado donde habitan más de un millar de familias. En el piso trece del bloque uno tiene la vivienda Rosita, ésta daba cobijo a un hijo mayor de edad con serios problemas emocionales y a Eliana, la menor de las hijas. Francisco, marido de Rosita es un hombre peculiar. Al despertar el alba sale de casa con rumbo a su preciada <em>chavola</em>, en ella se pasa la mayor parte del día limpiando y secando calamares para luego venderlos en todas las fiestas. Ciertamente, confeccionan un clan singular, mientras Antonio, el varón de los hermanos permanece la mañana y parte de la tarde tumbado, Eliana se preocupa en recoger y ordenar, luego se recuesta y espera a que su hermano se levante y desordene lo ordenado. Los gritos y discusiones marcan el compás durante todo el día en la vivienda. En esas condiciones vivía Kerry la temporada de verano. Para Rosita, su ojito derecho era la niña de los ojos de mora, así la llamaba. La nieta hacía con la anciana lo que le venía en gana, significa esto, que, para lograr cualquier capricho, Kerry atendía a su faceta de adicta al drama.</p>
<p>A la vuelta del verano, Roberto y Kerry se habían convertido como por arte de hechizo en perfectos desconocidos. Durante el viaje de regreso ninguno de los dos intercambiaba palabra, escuchaban música y alguna mirada fugaz que se perdía tras el paisaje. La rígida situación hacía de Belén y Sacha meros espectadores. La adaptación nunca llegó, demasiados espacios abiertos para una joven vida. Kerry había nacido el once de diciembre de 1987, por aquél entonces, apenas había cumplido los trece años. Hermosa y rebelde. Cuando apareció en la vida de Roberto era una pequeña revoltosa, ocasionaba mil y un problemas a Belén con su acentuado descaro a la hora de discutir. Las quejas le surgían de todos los frentes.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Mi hija Kerry me tiene harta. Al final acabaré internándola.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Cálmate. ¿Qué ha sucedido ésta vez?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- La tutora ha llamado al trabajo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dios santo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Sólo eso se te ocurre decir! Kerry no le hace caso a nadie, llega un día sí y otro también tarde al instituto. Los profesores empiezan a creer que algo le está sucediendo. Tú la has visto, por no aprobar no aprobaría ni el recreo, si éste fuera una asignatura. Y lo peor es que se pasa el tiempo de estudio mofándose de los otros compañeros, cuando no le da por ir sacándoles los defectos: &#8220;Mirad cómo huele el tío éste; aquél suda que parece un cerdo&#8221;. Así lo hace. Me lo ha dicho la responsable. Quiere ser el centro de atención. ¿Pero es que no ves cómo se viste? Va enseñándolo todo. Para colmo se ha unido a una pandilla que el líder es una gentuza al que han expulsado del instituto en dos ocasiones. La internaré, juro por Dios que lo haré. A mí esta desgraciada no me vuelve a sacar los colores.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella&#8230; Tú siempre estás hablando con ella y qué has conseguido, ¿me lo quieres decir? Todo el mundo se da cuenta de que te trata como a su marioneta, eso es evidente, lo ven mis compañeras, hasta tu familia me lo dice. Ha perdido el respeto a los que vivimos con ella. ¿No has reparado que desde que abre la boca consigue cuanto quiere? Mira en su armario ¿Te parece que pertenece a una niña de su edad? Puede cambiarse de vestido cinco veces al día sin utilizar el mismo. Abre los ojos porque caminas muy desorientado.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Acaso pretendes decirme algo? ¿Qué has querido decir con &#8220;caminas muy desorientado&#8221;?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Estoy cansada de las actitudes de ambos.</span></address>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-459" title="orfanato" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg" alt="orfanato" width="337" height="257" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Tengo que confesar una cosa: Mi vida fue difícil; más bien, de qué demonios me sirvió la infancia si no la tuve. Me obligaron a permanecer en un orfanato cuando tenía a mi madre, ella se equivocó y yo lo pagué. De nada sirvieron los castigos que durante siete años me infligieron un grupo de religiosas. La severa disciplina hizo si cabe más huérfano al niño que contemplaba el cielo en busca de un milagro. Quise ser mayor para olvidar la continua brusquedad con la que éramos tratados un puñado de niños desamparados. Amé de forma acelerara la grandeza de la libertad y cómo no, la grandeza que proporciona la independencia. Tía Antonia le decía a mamá repetitivamente: Roberto ha adquirido un talento especial y una norma: se le da muy mal decir no. Ya sé que es un niño casero y que en ocasiones le veo reír, pero tiene que aprender a decir: &lt;&lt;no&gt;&gt;  Por ese camino, la vida le acarreará muy malas consecuencias.</p>
<p>Si me vieran ahora exclamarían: ¡Lo sabía, es culpa de esa majadería que adquirió de las monjas! Con lo bien que le hubiera ido aprender la sencilla forma del &lt;&lt;no&gt;&gt;.</p>
<p>¿De qué vale ahora exponerme a un solo reproche?, lo hecho, hecho está ¿Acaso fue culpa mía haber conocido a Kerry? Sin duda, lo que sucedió en aquel extraordinario período se manifestó como una aventura tan fuerte que salpicó nuestras vidas de forma acelerada. En ocasiones era como vivir en medio del fuerte huracán y al mismo tiempo, sin darte cuenta respirar la suave fragancia que te acerca al paraíso. Unos dicen que yo planté la semilla y por tanto, lo que aconteció después se limita al castigo que merecía por la oscura e incomprensible convivencia. Mis hermanas -las tres- reprobaban la forma en la que Kerry era tratada; claro que en este calabozo es lastimero pensar en ella pero, cómo olvidar los momentos que nos regalamos. Los dos amábamos la naturaleza: Kerry gozaba describiendo los colores encendidos de los atardeceres y yo encontraba el punto de nostalgia necesario descubriéndola en litúrgico silencio. Nos manteníamos alejados del lado decadente que mostraba la vida; creí encender su corazón de cosas verdaderas sin que apenas lo advirtiera.</p>
<p>Más tarde pude evidenciar que todo lo que olía a desvalido le afectaba de forma solemne. La lindura de sus acciones era admirada por el resto de la gente que la trató. De acuerdo que siempre no fue así, pero en ese punto, es donde radica la nobleza del intento.</p>
<p>No sé la que se me viene encima, sigo esperando en esta <em>mazmorra</em> a que el juez balancee las otras declaraciones y también las pruebas médicas. Siempre las realizan cuando existe un posible caso de agresión sexual o violación. No me puedo imaginar a Kerry recibiendo la visita de un médico forense después de haber sido examinada por otros expertos, ¿qué habrá dicho? Que yo la agredía sexualmente, no, Kerry no puede decir tal barbaridad. Me niego a creerlo aunque esté expuesto en la denuncia, me niego.</p>
<p>Hace frío aquí dentro, echo de menos el calor de mi pequeño niño, nunca he estado tanto tiempo alejado de él. ¿Qué diablos me pasa? Significa acaso que comienzo un largo camino por el desierto. Pronto estos pensamientos se tornarán oscuros. La cárcel no entiende de poesía, ni de metáforas. Si me vieran tocando fondo comprobarían que no es una escena agradable, retirarían la puta denuncia porque entre otras razones, nunca hice daño a Kerry. Lo repetiré una y mil veces. Me dejé la piel, siempre lo hago con las personas a las que quiero. Ya sé, ya sé que estas palabras no debo pronunciarlas delante del juez instructor; ni todas las que encierren cierto morbo. Estos mandamases de la justicia son como el palo, tiesos y carentes de sentimientos. Salomón si que era un buen juez, escuchó y escuchó antes de dictar aquel universal veredicto.</p>
<p>La medianoche está cerca. Como siempre sucede en las detenciones, me han retenido todos los objetos y es que no puedo vivir sin mirar el reloj, es un hábito de la sociedad en la que vivimos; prisas y prisas para luego acabar encerrado o bajo tierra; menuda mierda de existencia. Por mis cuentas, al final serán quince horas de espera. Lo tengo decidido, la clemencia para otros, no pienso derrumbarme. Si no quieren creerme, que no lo hagan. Total, si me acojo a las palabras de ánimo que almacené tras la visita del abogado ya puedo empezar a tallar crucecitas en la pared y permanecer así hasta que el cabello se torne escarcha.</p>
<p>Posiblemente al lugar donde iba Roberto el viento arrastraría el duro recuerdo de su verdugo mientras los más hipócritas sellarían en su honor este epitafio: &#8220;Llevó la relación más <em>allá</em> del límite&#8221;.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo.jpg"><img class="size-medium wp-image-458 alignright" title="adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo-225x300.jpg" alt="adolescencia" width="237" height="302" /></a></p>
<p style="text-align: left;">La naturaleza hizo de Kerry una adolescente hermosa y deseada por los de su edad. Los casi trece años no estaban en consonancia con la figura que brindaba al salir de casa. De pronto se apartó de su mundo y comenzó a querer participar de forma acelerada del mundo de los mayores. Tiró todos los libros de aventuras que decoraban su habitación y se hizo con unas lecturas más complejas, comenzó a tener ideologías extrañas y difíciles  de entender por sus más allegados.</p>
<p>El piso donde vivía Belén acogía una extensa y laberíntica azotea, el lugar favorito de Kerry para la evasión. Si no se encontraba en ningún rincón de la vivienda la pareja daba por hecho que estaría con sus pensamientos en la zona más alta. Como la tarde que fue visitada por Roberto. La encontró deprimida, llorosa, incompresiblemente derrumbada, llevaba horas sin probar nada, ni siquiera lo que más le gustaba, el <em>cafecito</em>. Cuando le sucedían estos episodios, Belén, delegaba la responsabilidad de devolverla al mundo real a su compañero sentimental.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo pasar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Claro tonto.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he traído un espléndido café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No me apetece; tómatelo tú.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Nada de eso, apenas si has movido el estómago.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Fumamos?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Déjate de fumar y bébete el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- En serio. No puedo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo&#8230; ¿Llevas mucho tiempo aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No lo sé, subí cuando llegué del instituto. No había nadie en casa, luego llegó mi madre, el resto lo tienes frente a ti.</span></address>
<p>Hubo una inesperada mudez, ambos permanecían contra uno de los pretiles de la azotea, mirando el cielo, luego el horizonte, luego a la nada más profunda. El momento no era bueno para ninguno de los dos, lo sabían y quizás por ello, Roberto lo deshizo.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo saber dónde andas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hace mucho tiempo que persigo un sueño.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no es pedir mucho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, sí que lo es. Tú estás en él -con voz entrecortada-. Es como si permanecieras encumbrado en una gran atalaya. Lucho por subir y espero encontrar tu mano, presiento la enorme paz desde el lugar donde te asientas -el relato lo realiza lentamente y con la mirada cargada de tristeza-. Mi cuerpo es golpeado por espíritus malignos, oigo gritos y burlas y cientos de desfigurados rostros se interfieren en el recorrido -solloza y posa sus manos en la cara, una vez más el dolor traspasa la piel de Roberto sin que éste pueda hacer nada-. Hace frío, apenas me quedan fuerzas y es entonces cuando siento tu fuerte mano agarrando la mía, me remontas hasta ubicarme cerca de ti, era como había imaginado. La serenidad de aquel lugar, extrañamente rodeado de amapolas, como las que a ti te gustan, malvas y amarillas. Una luz especial hace que mutuamente nos vayamos acercando hasta sentirnos el mutuo respirar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No continúes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Te da miedo conocer mis sueños?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Duele conocer cada pensamiento que vive en esos sentimientos.</span></address>
<p>Un deje de melancolía impregnó el dulce rostro de Kerry antes de proseguir.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Aclárame ésta duda: ¿Realmente me hubieras salvado de la maldición que me perseguía?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿A pesar de que después te pudiera fallar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Lo harías?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Yo he preguntado primero.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A pesar de todo te salvaría.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dame un abrazo! Eres un anciano maravilloso.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no ha tenido ninguna gracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven, abrázame&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te tomarás el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si me acompañas, me lo tomaré.</span></address>
<p>Hubo más de una tentativa por volver a retomar la conciencia del primer momento. Roberto no sólo no lo logró sino que evidenció que su destino progresaba a la velocidad del rayo hacia el precipicio. Las continuas idas y venidas de la casa no solventaron el fracaso como compañero sentimental de Belén. De pronto consideraba tener controladas las circunstancias con Kerry y se desplegaba un horizonte de esperanza, sin entrar en debates afectivos, corrigiéndola en las tareas educativas, aconsejándola sobre cómo llegar a entender a su madre, paliando la profunda desazón que le sobrevenía al estar alejada de su entorno, instruyéndola en la mejor forma de comportarse ante los demás. En cada una de estas tareas no existía un  sobreesfuerzo, más bien, surgía de pronto y en ocasiones como una necesidad. Eran los mejores momentos, los que ahora, en el calabozo recordaba.</p>
<p>Kerry y Roberto representaban a dos seres que en ocasiones, hacían lo inenarrable por marchar unidos bajo una misma visión. No era extraño verles reunidos -uno escudriñando la mochila hasta encontrar las hojas de los ejercicios y el otro haciendo un enorme esfuerzo por refrescar las enseñanzas del pasado-. Al consumarse el tiempo dedicado al trabajo intelectual,  prorrumpían en las más diversas travesuras como dos jóvenes. Sus voces risueñas repicaban notoriamente en el aire inmóvil que envolvía el hogar. Kerry, cuyo rostro adquiría expresión desafiante, se posaba observando a Roberto hasta proponerle otro de sus retos. Ambos correrían alrededor de la vivienda. Situaban obstáculos que luego deberían saltar y otros sortear, acercaban la  preciada alfombra de Belén, utilizada en los actos más simbólicos y guardada como un tesoro en uno de los cuartos del salón, alineaban cuatro o cinco sillas pertenecientes al  recién estrenado comedor y a la de&#8230; &lt;<em>tres</em>&gt;, salían lo más rápido posible. Después de dar varias vueltas sin tocar ninguna pieza, buscaban la llave del tesoro en la azotea.</p>
<p>Ya están en carrera, se gritan, se enfurecen, se lanzan improperios, se miran con descaro y de pronto, la prueba toma un negro cariz con el desplome de Kerry. Es honesta y terca, no acepta la ayuda de su contrincante, aún así, éste simula un fantasmal tropiezo con el sofá y de forma sorprendente cae de bruces.</p>
<p>La fortuna se alía con la joven que llega victoriosa a la azotea para recoger el premio. Una caja envuelta en un colorido papel de regalo, adjuntando una nota: &lt;&lt;Feliz cumpleaños, <em>cielo</em>.&gt;&gt; Ella llora de emoción, la jugada resulta evidente; Roberto se había apresurado para sustituir la simple llave que abría un imaginario tesoro por las zapatillas Nike que tanto le ilusionaban.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg"><img class="size-full wp-image-465 alignright" title="comenzando a vivir" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg" alt="comenzando a vivir" width="260" height="263" /></a></p>
<p>Aquel hombre se recreaba en una adolescente que se hacía mayor sin darse apenas cuenta. La advertía, con espontáneo deleite, allá donde se encontrara -entrando y saliendo de casa con sabia alegría-. Eligiendo el vestido adecuado siempre acorde con el color castaño claro de la larga melena, recorriendo junto a ella los lugares nunca visitados, reflexionando lo irreflexionado. Sin entender bien la razón, para Roberto, aquel ser ocupó, sin que lo pudiera evitar, el asiento de cada una de sus desdichas y alegrías. Claramente, comprendió que en todo el mundo no existía una persona que reuniera más divergencias que ella y eso le hechizaba.</p>
<p>Kerry empujó con fuerza la puerta de la habitación, se aproximó al espejo, puso en orden su cabello y, con todo el poder de convencimiento, se fue en busca de Roberto. Se acomoda y comienza a incordiarlo hasta entorpecer el trabajo que realiza, tecleando una y otra vez sobre el teclado, él tratando de no prestarle atención, a duras penas, sigue cuadrando las cuentas. Llegado el momento, le lanza una mirada poco afable, sabiendo que la incómoda invitada no le haría el menor caso y le da un pequeño empujón hasta desplazarla del lugar donde se posaba. Kerry lejos de amilanarse deja escapar un grito de entusiasmo y otro de desafío, mueve con insinuación sus rojos y carnosos labios para volver a la carga. En el mundo distante en el que se movía Roberto, las ráfagas de <em>locura</em> que le venían del lado más femenino eran capaces de perpetrar y hacer milagros.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Bien, tú ganas. ¿Qué quieres?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Necesito contarte un secreto -palidecía su rostro y aquellos ojos verdes, temerosos y a la vez juguetones buscan complicidad-.</span></address>
<p>Se queda en silencio, intuyendo que en el instante presente, el estadillo de final de mes no lo acabaría y eso le acarrearía un nuevo problema con su jefe.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Por casualidad sabes qué estoy tratando de acabar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú. -acariciándole la espalda-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no lo sabes. ¿Y sabes qué es lo más que me molesta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú -su cabeza en el hombro de Roberto-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Trato de entregar las cuentas de los locales, ya te he contado que ese desgraciado tiene mi paciencia contra las cuerdas y que ya no puedo más&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Pero si sólo es desvelarte un secreto y desaparecer como una abeja.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Cuando comenzarás a comportarte como&#8230; como una adulta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Estás loco? Soy una niña, ¿recuerdas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Larga el secreto y difumínate para el resto de los días.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya se te notan los cuarenta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Los cuarenta son como los nuevos treinta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No como tú lo llevas.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; tienes tres segundos para decirme eso que tanto te perturba: uno, dos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Lucho conmigo misma para no cometer una locura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué quieres decir? &#8211; Roberto de espaldas al ordenador-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Llevo semanas tomando muchas píldoras, píldoras por la mañana, tarde y noche. Unas las pido a los compañeros de clase, otras las pillo de donde mi madre las guarda. No logro descansar ¡Sufro agónicas pesadillas! Creo que estoy perdiendo la razón. Te lo suplico, quédate ésta noche conmigo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso es lo de menos, dime, qué significa que tomas píldoras. ¿Ha sucedido algo? Cuéntame, no quiero pensar en una desgracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No sé cómo decírtelo sin que te dañe -encendida de la emoción-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¡Habla de una vez!</span></address>
<p>Una leve pausa le sirve a Kerry para posar sus manos en las de Roberto antes de largar la llamada de auxilio.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Quiero que me enseñes a conducir. Necesito experimentar lo que es tener un volante en las manos, buscar el equilibrio entre embrague, acelerador y frenos, ¿lo harás? Dime que lo harás.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dios santo, estás completamente loca!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Bueno, entonces me enseñarás a conducir. Siempre me ha cautivado tu forma de llevar el volante.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kerry, no sé si sabrás que tienes doce años.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Casi trece.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No te logro entender. ¿Quieres matarme de un susto? Escuchándote creía estar delante de una tragedia griega. No, no te voy a enseñar a conducir, al menos, de momento. Tampoco creo que seas capaz de haber tomado esas píldoras ¡ah! Otra cosa: esta noche dormirás como siempre.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Ven aquí! &#8211; atrapó la mano de Roberto y trotando lo llevó hasta su mesa de noche, abrió con infinito nerviosismo uno de los cajones y después de apartar todo lo que salía a su encuentro dejó visible más de una docena de diferentes píldoras -. ¿Me crees ahora?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Apártate de mí, estás enferma.</span></address>
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		<title>Tributo a una abuela</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 10:23:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Juan C. Domínguez]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Juan C. Domínguez
 
Tenía yo doce años, es decir hace tantos que mis hijos ya se ríen de mí al respecto, cuando escuché en casa de mis abuelos una conversación surrealista: Mi abuela Pepa había ido con su íntimo amigo, Néstor Álamo y se habían comprado unas parcelas con vistas en San Lázaro. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Juan C. Domínguez</p>
<p> <br />
Tenía yo doce años, es decir hace tantos que mis hijos ya se ríen de mí al respecto, cuando escuché en casa de mis abuelos una conversación surrealista: Mi abuela Pepa había ido con su íntimo amigo, Néstor Álamo y se habían comprado unas parcelas con vistas en San Lázaro. La reacción de mi abuelo, mi padre y mis tíos me dejó un tanto perplejo, pues le dijeron que si estaba loca, que si tal, que si cual&#8230; y yo, ajeno a la conversación, que oía de pasada, no entendía demasiado la oposición familiar, puesto que lo que sí sabía era que mi abuela tenía un gran olfato para los negocios. Al final me enteré de que la parcela era en el cementerio, y entonces comprendí el &#8220;recochineo&#8221; de uno de mis tíos acerca de las &#8220;vistas&#8221;.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/mongemckay-full.jpg"><img class="size-full wp-image-440 aligncenter" title="Familia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/mongemckay-full.jpg" alt="Tributo" width="274" height="245" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Claro&#8230; a mí, a aquella edad, también me pareció hasta macabro que alguien se vaya al cementerio a comprarse una parcelita. Lo que nunca imaginé entonces fue que mis hermanos y yo íbamos a terminar frecuentándolo y que el primer habitante de la parcela sería mi hermano Jorge, que murió al poco tiempo de tenerla. Posteriormente le tocó el turno a nuestra madre y unos años más tarde llegó nuestro abuelo Juan, el marido de la abuela Pepa.</p>
<p>Cada visita al terrenito, que algunas veces me ha servido como lugar de reflexión a la sombra de un árbol y en medio de la calma y el sosiego que dan los cementerios, he pensado que mi abuela tuvo una idea genial. No es lo mismo poderte sentar en un banco y disfrutar de la paz de un lugar que es tuyo, que tener que estar de pie frente a una construcción donde se amontonan los nichos. Sobre todo cuando se trata de rendir un pequeño homenaje a tus difuntos.</p>
<p>Desde mis primeras visitas, he pasado frente a la lápida de Néstor Álamo, el amigo de mi abuela, vecino de parcela. La primera vez que fui leí su epitafio escrito en la piedra y vi las flores que la adornaban en mudo homenaje a su muerte. Nada sorprendente si no fuera porque él estaba vivo todavía cuando se iba a rezar a su propia tumba por su eterno descanso.</p>
<p>Néstor Álamo fue el compositor, entre muchas, de una de las canciones de culto de las Islas Canaria, canción que ha dado la vuelta al mundo cantada, entre otros, por el gran tenor Alfredo Kraus, &#8220;Sombra del Nublo&#8221;. Lo que poca gente sabe es que cuando terminó de escribirla fue corriendo a casa de mis abuelos y excitado les cantó por primera vez el &#8220;Sombra del Nublo&#8221; para que la oyera su amiga Pepita Arias.</p>
<p>Ayer murió mi abuela Pepa, murió exactamente igual que como había vivido, ilusionada por volver a andar -estaba ejercitándose todos los días en el gimnasio-, organizándole la vida a las monjitas -el día anterior había estado ayudando a cuadrarles las cuentas-, coqueta y creyente -la muerte la sorprendió mientras se empolvaba y acicalaba para ir a misa-.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/camino_cementerio.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-441" title="camino cementerio" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/camino_cementerio.jpg" alt="camino cementerio" width="258" height="194" /></a>He escrito cosas sobre ella en este último mes. Quizás, inconscientemente, sabía que vivía sus últimos días sobre la tierra. Ya lo he dicho, mi abuela era una mujer muy especial, excepcional en todos los sentidos. Pero sobre todo lo que ella fue y con toda la pasión que puso en su vida, (que fue mucha), me quedo con un rasgo que es el que creo que le dio esa buena muerte: fue una mujer que supo dar &#8220;Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios&#8221;.</p>
<p>Su fe inquebrantable tanto en Dios cómo en sí misma la llevaron a tener una tranquilidad de conciencia tal, que se ganó el derecho a tener la más dulce de las muertes. Pues logró un perfecto equilibrio entre su sentido lúdico por los placeres mundanos y su espíritu de sacrificio y entrega a los demás. Sacrificio que hacía con la misma alegría con la que asumía el papel protagonista de todas las fiestas a las que asistía.</p>
<p>Hoy la enterramos, junto a su marido Juan Domínguez Guedes, el amor de su vida y teniendo de vecino en el terrenito a Néstor Álamo, que seguramente la esperaba con impaciencia para cantarle todas sus nuevas canciones.</p>
<p>Abuela&#8230; descansa en paz, no alborotes demasiado y recuerda que San Pedro lleva casi dos mil años haciendo lo mismo, no le hace falta que le reorganices el cielo.</p>
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		<title>Pequeño gorrioncico amigo</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Sep 2009 19:10:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi F.]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por Jordi F.
El &#8220;Pequeño Gorrioncico Amigo&#8221; es un poema sobre un hecho verídico. Surgió en mí al ver a un gorrioncico muy pequeñín que había sido recogido en el patio por un compañero. Inicialmente solo presté la atención que va un poco más allá de la mera curiosidad. Me vino a la memoria en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por Jordi F.</p>
<p>El &#8220;Pequeño Gorrioncico Amigo<strong>&#8221; </strong>es un poema sobre un hecho verídico. Surgió en mí al ver a un gorrioncico muy pequeñín que había sido recogido en el patio por un compañero. Inicialmente solo presté la atención que va un poco más allá de la mera curiosidad. Me vino a la memoria en no pocas ocasiones, <strong>la extraordinaria película de Burt Lancaster  &#8220;El Hombre de Alcatraz&#8221;,</strong> en la que el dramatismo de su largo cautiverio, se ve mitigado al entregar éste su tiempo a la cría de un pequeño pajarillo.<a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled3.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-396" title="El hombre de Alcatraz" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled3.jpg" alt="El hombre de Alcatraz" width="186" height="261" /></a></p>
<p>En el devenir de los días que siguieron, la atención hacia este animalito se fue incrementando. Jesús lo fue alimentando y cuidando, dada su larga experiencia ornitológica. Mi sorpresa, así como la de otros internos y no pocos  funcionarios, fue que este animal, con su bulliciosa alegría y ganas de vivir, parecía haber sido puesto allí en ese preciso momento, para ser disfrutado por todos nosotros, y a su vez mitigar &#8211; al igual que en &#8220;El Hombre de Alcatraz&#8221; &#8211; la tristeza que supone la vida en cautividad; algo que este pajarillo tan joven parecía, también, conocer.</p>
<p>Poco a poco, inició sus breves vuelos por el patio, tejiendo una extensa red sonriente entre todos nosotros. A la par que, al ver sus constantes progresos levantando el vuelo, imaginábamos las distintas direcciones que tomaríamos cada uno cuando saliéramos finalmente de prisión.</p>
<p>Desde ese momento &#8220;sólo quise entender&#8221; la bella alegoría que a modo de mensaje, nos estaba regalando sabiamente a nuestro confinamiento; ésta fue mi gran suerte, un tanto imposible, y por la que escribí la poesía que, a continuación, les presento. <strong>&#8221; Los ideales son como las</strong> <strong>estrellas. Nunca los alcanzamos, pero al igual que los marineros, trazamos nuestro</strong> <strong>curso gracias a ellos&#8221;.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<h2 style="text-align: left;">El pequeño Gorrioncico Amigo</h2>
<address style="text-align: left;"> <a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-395" title="nuestro gorrioncico" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled-218x300.jpg" alt="nuestro gorrioncico" width="196" height="270" /></a></address>
<address style="text-align: left;">Gorrioncico, gorrioncico lindo</address>
<address style="text-align: left;">pequeño gorrioncillo niño,</address>
<address style="text-align: left;"> flor aromada de olvido</address>
<address style="text-align: left;">sembrada de miel y trigo.</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;">Pequeño gorrioncico niño,</address>
<address style="text-align: left;">a nuestro lado traído</address>
<address style="text-align: left;">para llenar el amor</address>
<address style="text-align: left;">que, en nuestro viaje, perdimos.</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;">Tu alma nos despertó</address>
<address style="text-align: left;">de un largo sueño cautivo,</address>
<address style="text-align: left;">alegrando nuestros rostros</address>
<address style="text-align: left;">tierno fruto y flor de lirio.</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;">El Dios que tu alma lleva</address>
<address style="text-align: left;">nos bautizó de indulgencia,</address>
<address style="text-align: left;">dejando una bella estrella</address>
<address style="text-align: left;">para velar nuestra espera.</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;"></address>
<address style="text-align: left;">Pequeño gorrioncico mío</address>
<address style="text-align: left;">a nuestro lado posado,</address>
<address style="text-align: left;">el día que alces el vuelo</address>
<address style="text-align: left;">la alegría será llanto.</address>
]]></content:encoded>
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		<title>Carta a una Libertad definitiva</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 12:22:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Gloria M.]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Gloria M. (Psicóloga)
Hoy es el día de tu libertad definitiva. Respira el aire nuevo y observa a tu alrededor. Pudiste evitarlo y no entrar en prisión. Pudiste mirar en los ojos de tu madre la sensatez y el sufrimiento. Pero no lo hiciste. Se te dieron muchas oportunidades, más que a cualquier otro chico [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Gloria M. (Psicóloga)</p>
<p>Hoy es el día de tu libertad definitiva. Respira el aire nuevo y observa a tu alrededor. Pudiste evitarlo y no entrar en prisión. Pudiste mirar en los ojos de tu madre la sensatez y el sufrimiento. Pero no lo hiciste. <span id="more-410"></span>Se te dieron muchas oportunidades, más que a cualquier otro chico de tu edad porque la madre que te parió, te crió y la que siempre ha estado  a tu lado, aún con sus limitaciones, sacaba agua del desierto más árido. Me consta y lo he vivido muy de cerca.</p>
<p>Quizá es que el ímpetu de tu juventud, la sensación artificial producida por tus hormonas de ser dragones que se comen el mundo, te confundiera. Da igual. <span style="color: #800000;"><strong>Has cumplido tu condena y tendrás  que volver otra vez a caminar. No pierdas el norte y, si es necesario, párate y cuenta hasta 100 antes de hacer algo</strong></span>. La chulería de la ignorancia, guárdala en los sótanos de tus zapatos. Písala bien para que no salga. Si lo hace se revolverá como el aguijón del escorpión y te estigmatizará, sin que ya no haya antídoto contra su veneno.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2832641.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-413" title="una vida por delante" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/2832641.jpg" alt="una vida por delante" width="346" height="211" /></a></p>
<p>Te conocí desde pequeño. Sé muy bien que has ayudado mucho en tu casa en la carga pesada de dos hermanos minusválidos. Eras el más fuerte y quizá hubo demasiada responsabilidad sobre tu corta vida. Luego, esas pandillas marginales en las que te incrustaste huyendo de las desgracias que sufrías en el ámbito familiar (que sufríais todos), contribuyeron (tú también pusiste de tu parte), a meterte en el mundo de las ilusiones necias, de las evasiones hacia las utopías para olvidar del dolor. Y así te fue. Y así te ha ido. <span style="color: #800000;"><strong>Sé que es una forma de rebelión. Equivocada, pero rebelión. Sin embargo, esto no justifica en nada tus derroteros. Y no me digas que miento, porque sabes que no.</strong></span></p>
<p>Quisiste entrar en un programa que el centro penitenciario te ofreció para combatir tus miserias. Lo abandonaste. Alegaste que no te sentías cómodo en un grupo en el que había que decir la verdad sobre algunos compañeros. Era chivarse, repetías en tu justificación. Y eso está muy mal visto entre los reclusos. Pero es una equivocación. Creo que, en el fondo, sabías muy bien que no eras capaz de cumplir un compromiso. <span style="color: #800000;"><strong>La subcultura carcelaria de los prisionizados marca a los primarios con sus lecciones rastreras.</strong></span> Mira ahora los módulos de respeto que existen dentro del centro penitenciario. Por ahí es por donde se quiere enfocar la nueva reinserción social y me parece muy acertado.</p>
<p style="text-align: left;">Hablé contigo reiteradas veces, tanto dentro como fuera de prisión. <span style="color: #800000;"><strong>Quise explicarte los destrozos que puede provocar también el hachís que, según tú, no eran ninguno. Además, decías que no estabas enganchado a nada.</strong></span> No había razonamiento que sirviera. No lo admitías. Tampoco admitías otras muchas consideraciones sobre las drogas y el tráfico. Estabas en posesión de la verdad y lo demás eran patrañas que nos inventábamos y manipulaciones. Me marchaba pensando que no habías seguido el ejemplo de tu madre. De esa fuerza de voluntad que ha sacado energías de donde no las ha tenido y ha seguido adelante. De una mujer que, en silencio, ha removido rocas inmensas para luchar por lo único que había sano en el seno de su familia: tú.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/roble.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-414" title="madurando" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/roble-300x225.jpg" alt="madurando" width="314" height="238" /></a></p>
<p>No sé si leerás estas líneas, pero las escribo porque ayer lo supe. Supe que ya puedes de nuevo hacer uso de tu libertad o de tu prisión. Dependerá de cómo lleves las riendas.</p>
<p><strong><span style="color: #800000;">Frena tus impulsos. No te revuelvas y malgastes energías en devolver golpes inútiles. Inviértelas en sacar lo positivo que hay en ti, que lo tienes.</span> </strong>Y, sobre todo, ayuda a tu madre en estos momentos tan difíciles para ella y tan delicados en su salud. Si tu padre viviera, se desviviría por hacerlo. No son moralinas, no son consejos. Son, simplemente, deseos de alguien que, principalmente, siente admiración por esa mujer viuda, que tiene dos hijos minusválidos y uno válido hasta las cachas pero que ha hecho gala de una minusvalía muy superior a las otras: la de la inconsciencia.</p>
<p><strong><span style="color: #800000;">No quiero volver a saber que intoxicas tu cuerpo con venenos. No quiero volver a ver llorar a tu madre de desesperación.</span> <span style="color: #800000;">Sé valiente y afronta la vida, aunque en algún momento desfallezcas. Y si necesitas ayuda, pídela. Eso no es de cobardes, sino de valientes.</span></strong></p>
<p>¡Adelante en el camino de la cordura! Sé que estás en ello y sé también que si te empeñas lo conseguirás. Tenemos confianza en ti. No nos defraudes.</p>
<p> (A  M.L L.A y otros como él)</p>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 1º)</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 07:57:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[la última mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrita por: Donegan Rice.
Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;.
Él creyó en su obra y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), la avenencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrita por: Donegan Rice.</p>
<h2>Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;.</h2>
<p>Él creyó en su <em>obra</em> y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), la avenencia entre los tres se establecía  bajo una aparente calma. Sin embargo, los que conocieron su historia, dictaminaron que entre ellos existió algo más que la mera acusación que llevó a Roberto a pasar diez años en la cárcel.</p>
<p>Tal vez por ello, mucho antes de que ocurriera el episodio que le habría dejado a merced del desamparo, Roberto ya intuía la encrucijada que estaba por llegar.</p>
<p>Sin articular un solo vocablo contemplaba junto a su abogado la sentencia que yacía en sus manos. Dieciséis meses después de la detención, el alto tribunal lo había declarado &#8220;culpable&#8221;. Lo más extraño, es que durante el proceso no se encontró una sola prueba de dicha culpabilidad.</p>
<p>Mientras era escoltado por dos agentes policiales, Roberto sintió como si un tentáculo invisible le agarrara el gaznate hasta retorcérselo sin que él pudiera devolver la agresión. A duras penas, trató de armar el puzzle de los acontecimientos, nada tenía sentido, sin embargo, allí estaba, desconcertado, y a la vez meditando sobre la sobrecogedora sospecha que arrastraba desde el primer día que Kerry apareció en su vida.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg"><img class="size-full wp-image-386  aligncenter" title="recuerdos" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg" alt="recuerdos" width="309" height="310" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Fue algo así como una enfermedad que ves venir, una premonición insistente: Una de esas ráfagas de aire frío que, al apuntar el invierno parece que va a traspasar cada parte de tu cuerpo que salga a su encuentro.&gt;&gt; No podía precisar cuando lo supo con certeza; la evidencia crecía al margen de su conciencia. Era algo natural dentro lo más antinatural del mundo. Para Roberto, Kerry dibujaba  en muchos momentos la imagen de la perfección, y, en otros, el más cruel desapego. Al menos, así lo creyó desde que decidió indagar en su joven y confuso corazón. La idea recurrente del fuego que encendido anula algo del frío habitual del universo. Lo cierto, es que al consumarse un hecho consumado, ni siquiera le extrañó. Había acontecido. En todo juego siempre existe un perdedor, y él lo fue con todos los agravantes, todas las consecuencias y todo el horror que un ser humano se puede imaginar.</p>
<p>Con insistencia le sobrevenía la intención de inculpar a Belén,  a Eliana y a Saray. Algo le señalaba que, entre las tres, llevaron en volandas a Kerry ante el juez tres días después de dejarla en la gran ciudad ¿Qué pasó durante ese período? ¿Fue, como creyó Roberto, una infame traición? ¿Acaso se trataba de una miserable mentira? En realidad, ninguno de los acusadores dio una versión creíble. Las confesiones de Kerry, más que ayudar, acabaron de oscurecer el suceso. Aún así, su participación fue decisiva.</p>
<p>A primera hora de la mañana del tercer día, el acusado era llevado en un coche policial hasta los juzgados, a veinte kilómetros del lugar de la detención. Fue depositado en una celda a la espera de ser recibido por el juez instructor. Roberto mantenía una lucha silenciosa, intentaba atrapar los últimos momentos, aquellos que le separaron de su entorno. Un cigarro tras otro, la atmósfera en el cuarto cargada por anteriores encierros. De soslayo intentaba interpretar las docenas de escritos estampados en las paredes. Por allí habían pasado ni se sabe cuántos acusados. Corazones esculpidos, dejados sin terminar tras la llamada de algún policía. Mensajes cubiertos de rabia, alguno de ellos sellado con sangre, palabras pidiendo misericordia, recados cubiertos de amenazas.</p>
<p>Una aversión que aumentaba el tormento rebasándole de lado a lado el cuerpo.</p>
<p>¡Culpable, culpable! Era la delación más coreada por cuantos le visitaron los días previos a su confinamiento en la cárcel: &lt;&lt;¿Pero acusado, de qué? ¡Maldita sea mi estampa! ¡Quién me acusa! No, no era posible que Kerry dijera tantas mentiras. Kerry no.&gt;&gt; Todo lo que le estaba aconteciendo parecía la espiral de un plan maquiavélico. En las primeras horas, llegó a tener la sensación de que el cerebro le iba a estallar en mil pedazos.</p>
<p> Una vez y otra, vuelta a repasar las horas previas a su detención. Para Roberto no fue fácil asumir el desenlace de aquella relación. Es más, desde el principio, se dieron cuenta de que no funcionaría. Belén, un ser inestable, dulce por momentos y por momentos una tormenta que arrasaba lo que encontraba a su paso. Roberto, todo lo contrario, aquí los polos opuestos no tenían el atractivo que se conoce, incluso, los esfuerzos que hicieron por salvar una nave a la deriva no sirvieron de nada. Ni siquiera la llegada al mundo del pequeño Sacha pudo solapar la decadencia que se divisaba en la pareja. Quizás fue ella la que preparó todo aquello sumida en un arranque de ira, de frustración y odio. Quizás lo poco que aun permanecía en su corazón se había transformado en un progresivo sentimiento de aniquilación, de descarnada cólera. Quizás Belén llegó a pensar que entre Roberto y Kerry había algo más que una relación normal. Se había dado cuenta de que el uno no podía estar sin el otro, pero a la vez, esa dependencia estaba cautelosamente disfrazada.</p>
<p>Roberto llegó a declarar años más tarde: &lt;&lt;Belén lo tenía todo, no fui capaz de darme cuenta de esa circunstancia, ella buscaba lo que busca cualquier mujer; un hombre que supiera mirar a los ojos sin bajar la mirada, que poseyese carácter, y quién no.&gt;&gt;</p>
<p>Belén lo pasó peor que nadie. Tras el suceso, perdió el trabajo y se sumió en una interminable depresión, intentó quitarse la vida en varias ocasiones pero la prontitud de los servicios médicos impidió el fatal desenlace. De su hija Kerry nunca volvió a hablar, la adolescente se quedó a vivir en casa de la abuela bajo la sospecha de que nunca contó lo que realmente había sucedido.</p>
<p style="text-align: left;">Pero volvamos a la mañana del 25 de Noviembre de1999. En el calabozo todo parecía estar confuso, tanto, que no se dio cuenta del tiempo que pasó hasta que el médico forense, acompañado de un agente policial, le visitó: ¿Quiere usted que le examinemos? Roberto se negó con un movimiento de cabeza. Las dos figuras hablan en voz baja mientras se alejan y de nuevo se hace el silencio que acompasa la exasperante agonía: &lt;&lt;¿Examinarme? ¿Pero qué demonios se ha creído esta gente? Cuando se examina a alguien es porque realmente ha ocurrido un acontecimiento. Esto es una broma. Posiblemente, si la denuncia la firmó Belén en poco tiempo estaré afuera preparando todo lo que dejé sin hacer. Belén tiene arranques, que me lo digan a mí. En el fondo pienso perdonarle, total qué ha sido. Tres días de encierro, un largo fin de semana. También yo he hecho de las mías, aunque, nunca se me hubiera ocurrido traerla hasta un sitio como éste.&gt;&gt; Roberto reflexionaba bajo el sonido lejano de las cancelas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-387" title="en el remolino" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg" alt="en el remolino" width="313" height="296" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Es extraño cómo suceden las cosas -se decía después del segundo día de encierro-. En estos momentos habré perdido el trabajo, quizás no. En fin, conociendo el temperamento del jefe, las pocas pertenencias que guardaba en la oficina me las habrá tirado a la calle una a una. ¡Un empleado mío acusado de&#8230;! ¡Recojan todo lo que lleva su nombre y a la puta calle! Qué más da. Que piense lo que quiera; nunca fue santo de mi devoción ni él ni su puta reputación de hombre comprensivo. Hacía del parque temático lo que le venía en gana. No contaba el criterio de ningún profesional, sólo el de su amante: &lt;&lt;Qué han detenido a Roberto por&#8230; Ese hombre nunca me dio buena espina. Borren su nombre de cada metro cuadrado por donde haya pisado. Nunca ha trabajado para nosotros, nunca.&gt;&gt; Ya le oigo como oigo las voces de los demás trabajadores pidiendo para mí cadena perpetua.&gt;&gt;</p>
<p>&lt;&lt;Parece que se acerca alguien, los pasos en este recinto suenan de la misma forma que en galeras, pesados y con aire de maldición. Se han detenido. Tampoco esta vez me vienen a abrir; casi las tres de la tarde y apenas si he probado bocado ¿No se dan cuenta que me han traído a las nueve de la mañana? En los otros calabozos no debe haber nadie, si no ya me habrían gritado para que les pasara algún cigarrillo, siempre sucede el mismo ritual. Lo prefiero así, no me encuentro con ganas de escuchar otras historias, bastante tengo con la que me ha caído encima.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Debo seguir confiando en Belén, he de hacerlo. Ella posee la llave que me llevará de nuevo a la libertad. No hay porqué alarmarse. Tranquilo Roberto, vuelve a respirar hondo, eso es. Ni un hilo de resentimiento. En cuanto alcance la puerta pienso invitarla a la mejor mariscada, sé cómo disfruta al lado de una mariscada y contemplando de fondo el mar. Esta vez me voy a gastar lo nunca gastado. Y el vino dejaré que lo elija ella, siempre no sucede así. Me gusta el paladar que se queda después de un buen Rioja. Hoy tiene que ser lunes, o tal vez, domingo. Estoy algo desorientado, les pasa a la mayoría de los detenidos. Te desorientas mientras percibes la incertidumbre junto al frío suelo del calabozo. Yo me adapto a todo, pero lo de anoche o antes de anoche, no lo pude soportar. En la comisaría donde se cursó mi detención están los agentes más despiadados, tengo que decir que la  <em>fama</em> se la han ganado a pulso, como las celdas, un perfecto estercolero que apenas están higienizadas. Para qué referir la guasa que tuve que soportar del policía durante el primer y único interrogatorio. A pesar de la dureza, no tiene desperdicio.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Entonces no sabes por qué te hemos traído?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No. No lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya. Eso sí que representa una sorpresa. Te confieso que estoy escribiendo un libro, nada serio, El asunto va sobre la gente que detenemos por el delito que has cometido.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Significa que ya me puedo sentir culpable?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo diría que lo tienes muy negro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Respeto su opinión; pero usted no ejerce de juez.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Muy listo el <em>señorito</em>. Y, dime. ¿Te parece guapa esa Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No entiendo lo que quiere decir&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo su foto, la he visto. Yo diría que es muy hermosa, aunque claro, aun es una menor.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Si no tiene otra clase de preguntas que hacerme le ruego que me devuelva adentro. No estoy para escuchar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Mira degenerado! Aquí quién tiene los cojones soy yo, ¿entiendes?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Entiendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mírate. Eres culpable, eso se ve sin ningún tipo de dudas. Una mujer que trabaja hasta muy tarde y una hija muy hermosa, menor, pero hermosa. Un degenerado como tú que engaña a su pareja con una menor&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quiero que llamen a mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No tan rápido. Tienes que declarar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Se equivoca usted. No haré declaración si no es delante de mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ten paciencia, la vas a necesitar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le parece poca paciencia tener que escuchar la sarta de acusaciones que me está haciendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso díselo a tú mujer y a Kerry, ellas han firmado la denuncia. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No lo creo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Pero de dónde sales? Sitúate hombre. Viernes 23 de noviembre, año 1999. Hora&#8230; dos de la madrugada, Comisaría del Centro. Delante de tí tienes el pasaporte para ir a la cárcel por un delito muy complicado. Todo apunta a que te lo hacías con esa niña. Los de tu calaña no lo suelen pasar bien allá donde van.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Estoy cansado. Quiero ir a mi celda.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora te llevaré a la celda; procura mirarla con cariño porque dentro de poco vivirás en una como ésta, pero será en una cárcel de verdad ¡Ah! Se me olvidaba. Ese culito lo veo muy mal, muy mal. -dijo el agente con repugnante ironía-</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Espero que tenga suerte con su&#8230; libro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pobre imbécil. Volveremos a vernos. Cuenta con ello y ahora adentro, vamos.</span></address>
<p>&lt;&lt;Estoy hablando solo. Dicen que es el primer síntoma de locura. Acaso me estoy engañando o realmente soy un alma dilapidada con un cuerpo a punto de ser hipotecado por una sinfonía de sirenas y barrotes. Hace calor aquí dentro, ya casi es la hora de la merienda y sigo esperando que algún capullo tenga la gentileza de abrir estas rejas y llevarme ante el juez instructor.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Han pasado tres días desde mi detención y sigo en ascuas. No me gusta lo que siento ni lo que circula por mi cabeza. No sé lo que me pasa; pero debo descansar. Quizás cuando vuelva a despertar ya no esté aquí. Se trata de ir más allá de la mera circunstancia, como en el cuento de la mariposa que no sabía si lo que vivía era sueño o realidad. El exceso de trabajo tiene la culpa. No logro estabilizar la situación económica de esta familia, trabajamos y trabajamos sin descanso para que los pagos nos devoren. En realidad, siempre ha sido así. Cuatro años arrastrando deudas. Ahora, con la llegada de Sacha, todo se torna más complicado. Quizás acostumbré mal a Kerry; no se puede obtener todo con una simple sonrisa de Gioconda, el dinero cuesta ganarlo y poco gastarlo, eso predicaba mamá.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;La pobre mamá, a Dios gracias que ha fallecido, se moriría de nuevo al verme aquí, acusado de uno de los peores delitos, encerrado como un vulgar delincuente y abandonado por la poca familia que me queda. Para ellos debe de ser una vergüenza: &lt;&lt;Pues no veías cómo se miraban, y la confianza. La confianza le llevará a la cárcel&gt;&gt;  Mi hermana Nadia siempre resultó ser la más acusadora de la familia. Recuerdo la primera vez que coincidió con Belén, ambas se cayeron estupendamente a pesar de que poco o nada tenían en común. Nunca he examinado a dos personas tan extrañamente asociadas. Para el resto de hermanos, aquella unión no solía ser del todo bendecida. Nadia atesoraba un veneno difícil de detectar, como esa picadura que apenas si duele pero en el fondo es mortal. Morena, de ojos marrones y vivarachos, si te enfila a la primera no existe héroe que pueda salvarte, a ella o le caías mal o mal. Por esa razón, el caso de Belén sorprendió de manera especial. No había día que no se llamaran, a veces, con el raro pretexto de preguntarse por tal o cual verdura: ¿Quién ha llamado? Tu hermana Nadia quería saber si el perejil es bueno para el reuma. Esa era toda la respuesta que le podía sacar a Belén después de veinte minutos de conversación.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>&lt;&lt;¿Qué debo hacer a partir de ahora? Nunca he estado en la cárcel. Lo que sé lo resumo a &#8220;lugar miserable donde impera la ley del más fuerte&#8221;. Patios desnudos acogiendo a toda clase de gentuza que intentan una y otra vez apropiarse del último de tus secretos para luego pregonarlos a los cuatro vientos. Es pronto para pensar en esto, debo relajarme y repasar en lo que me espera cuando esta maldita puerta se abra.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-388" title="interrogatorio" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg" alt="interrogatorio" width="305" height="412" /></a></p>
<p> &lt;&lt;Otra vez los pasos; vaya, al menos parece que alguien se acerca. Es un leve presentimiento, pero creo que mi suerte está a punto de aparecer, claro, la detención ha sido como uno de esos nubarrones que aparecen, descargan y punto y final, de nuevo el cielo despejado. Se amplifican las pisadas, bien. Ahora tranquilo, respira, eso es. Me pondré de pie para recibirle. A esta gente le gusta que, ante todo, haya respeto.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Señor agente. Llevo desde las nueve de la mañana encerrado en este calabozo, son las nueve de la noche y aún no he probado bocado. Tampoco sé nada de mi abogado. ¿Podría usted traerme algo de comer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables tan rápido ¡joder! En primer lugar; no entiendo cómo te han dejado encerrado tanto tiempo, y si lo que dices es verdad: o se han olvidado de ti o el fiscal y el juez tienen un caso complicado. Te dejaré este yogurt, es parte de mi cena. Lo siento, no puedo ir en busca de una paella.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Está bien, está bien. Le agradezco el detalle.</span></address>
<p>El agente cerró de nuevo la puerta y de nuevo se hizo el silencio. La sombra de la sospecha pesaba como una loza. Arriba, en las dependencias judiciales no había un momento de respiro. Psicólogo, médico forense, abogado defensor, abogada de la acusación, fiscal y juez instructor se habían apoderado de Belén y Kerry durante todo el día. A pesar de que la denuncia la habían firmado dos días antes de la detención, madre e hija tuvieron que explicar de nuevo los motivos que les había llevado a realizarla.</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Es usted la madre de Kerry Artera Valiente?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Cuándo comenzó a sospechar que su pareja sentimental Roberto Alcázar Miralles podía estar abusando de su hija Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No&#8230; No tengo fecha exacta. Entre ellos existía una relación muy extraña.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Podría definirla?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Él la trataba con mucho cariño.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y eso a usted no le parecía bien&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Una vecina me contó en una ocasión que escuchaba ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí. Mi casa está pegada a la suya y desde su habitación los escuchaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Habla usted de su hija y Roberto Alcázar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y, Kerry. ¿Nunca le dijo nada?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo le decía. No quiero verte tan pegada a Roberto. Cuando él no está en casa parece como si nada te importara. Vives contemplando a las musarañas pero en cuanto le ves llegar, te transformas en otra persona. ¿Acaso tienes algo con Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso le preguntaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Y qué argumentos le daba ella?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija Kerry siempre ha vivido en las nubes. De pronto está bien que está mal.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pero eso no es culpa de Roberto Alcázar, ¿o sí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ese hombre la volvió loca con sus cosas. La hizo hasta fumar y beber. Le compraba todo los antojos y claro, cómo no la va a deslumbrar si esa chiquilla apenas ha cumplido los trece años.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya. Ahora señora Belén; piense bien antes de contestar. Tómese el tiempo necesario y le ruego que haga todo lo posible por recordar. Se lo preguntaré nuevamente: ¿En<strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>alguna ocasión, Kerry le confesó que recibía abusos sexuales por parte de su pareja?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- A mí estas situaciones me ponen muy nerviosa&#8230; Perdone Señoría -las lágrimas de Belén corrían por sus mejillas como un río desbocado-. No. Nunca me confesó que Roberto la manoseara, pero sucedió algo. Recuerdo que estábamos de vacaciones, en la playa. Mi marido se había ido de casa, bueno, más bien, yo le dije que se marchara. Es que nuestra relación era imposible, lo fue desde el principio. Mi hermana Eliana y su amiga Saray siempre sospecharon que entre ellos existía algo más que una simple convivencia ¿Se puede llamar así?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Es su declaración&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ellas no son tan confiadas como yo. Saray le decía a Eliana: chica, el trato que se dan Kerry y Roberto me huele a quemado -por esa circunstancia no me extrañó oírles preguntar-. Kerry ¿A ti te gusta Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién preguntó?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- La Saray. Esa niña siempre estaba <em>investigando</em>.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija se puso muy mal, muy mal. Por supuesto que lo negó todo.</span></address>
<p>La instrucción del caso Kerry avanzaba. Por momentos se tornaba evidente, un solo presunto culpable y una víctima menor de edad, pero a la vez, las pruebas físicas seguían sin aparecer. En estos casos, el testimonio de la menor podría ser concluyente.</p>
<p> El detenido continuaba anclado en las dependencias judiciales Durante todo el día, Roberto había tenido que soportar un calor sofocante, mientras afuera, por las interminables avenidas el fuerte viento danzaba las hojas de las palmeras como intrépidas marionetas y los cuerpos, mayoritariamente turistas, deambulaban de un lado a otro adquiriendo en ocasiones formas cómicas y grotescas. Se ocasionaban continuos remolinos de polvo y los huérfanos matojos se enredaban hasta convertirse en círculos andantes, propio de una escena precursora. De la botella de agua que le dejaron en la comisaría donde tuvo lugar el arresto, Roberto bebió el último trago y de nuevo volvió a sentarse en el frío asiento del calabozo: &lt;&lt;Maldita confusión la que me ha traído hasta aquí. No entienden que la verdadera protagonista de mi vida es Belén y no Kerry. Que a pesar de mis flaquezas y por qué no decirlo, de algunos episodios de infantil disputa, entre ella y yo nunca pasó lo que están diciendo. En nuestra convivencia ocurrieron muchas cosas, cosas que ni matándome declararé, momentos que caerán conmigo. Ella me abrió su corazón y no seré yo quién la defraude. Doy por hecho que nadie entenderá mi postura. Es más, apostaría lo que fuera a que toda esta gentuza me ve con el rostro más depravado de la creación, aun así, no me voy a derrumbar. Debo llenar mi mente de pensamientos positivos, sigo creyendo que el suplicio acabará pronto.</p>
<p style="text-align: left;"> &lt;&lt;Pasan las horas, debo resignarme, aceptar la derrota. Pronto me tocará estar frente al juez, pero que nadie espere que me ponga a declarar lo indeclarable. Puedo testificar lo que quieran, los momentos vividos junto a Kerry ya forman parte de mí y en mí no entra nadie. Hablaré, sin lugar a dudas que lo voy a hacer, pero no voy a destruir los momentos que me pertenecen.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-389" title="las estrellas" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg" alt="las estrellas" width="320" height="386" /></a></p>
<p> ¡Cuántas coincidencias encierra una vida! Nos sentábamos en silencio, mirando la luna y el mar que se extendía hasta nuestros pies. El paisaje nos traía paz, o tal vez, ocultaba lo que estaba por llegar. A Kerry le atormentaba la curiosidad por cuanto yo hacía, y a la vez, era una persona ingenua e inexperta. Aquella noche estaba conmovedora, irradiando la pureza de su edad.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Qué bien me siento. Nos podíamos quedar aquí toda la noche.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso no va a ser posible. Tu madre debe estar preocupada y ya sabes cómo se pone cuando tardamos. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quedémonos un poco más, así, con este silencio y este mar que nos contempla.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Me gusta verte feliz.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Kerry ¿Qué haremos cuando todo esto acabe, acaso te acordarás de los momentos vividos?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Te piensas ir?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quién sabe&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables de eso. Siempre estaremos juntos.</span></address>
<p>&lt;&lt;No. No engañé a Belén, sino a mí mismo. ¿Por qué me vienen estos pensamientos? Posiblemente se deba a la debilidad que me está causando esta situación. Una vez leí que en América encerraron a un tipo durante tres días y fue tal su dolor que el cabello de color negro se tornó completamente blanco. Tengo que ser fuerte, sólo así podré resistir las dificultades que salgan a mi encuentro. Estar preparado, ya sé que no va a ser fácil, una vez en el infierno&#8230;</p>
<p>El primer asalto lo perdí, es evidente. Qué imbecil fui.  No debí identificarme ante aquel policía, claro que lo consideré durante un minuto, aguantando la respiración y el alma, luego me dije: qué más da si estos tipos son como la epidemia que terminan dándote caza. ¡Fíjate! No ves que porta una orden de captura. No se le ocurre otra opción sino que venir a joderme a las dos de la madrugada, sin tiempo para despedirme del pequeño Sacha.</p>
<p>Tiene que existir algún modo de resolver este lío. El paso del tiempo es lo que menos me favorece, tampoco que Belén se haya negado a visitarme, ni siquiera tuvo la decencia de acercarme algo de ropa limpia. Sí, claro. Muda limpia y hasta una botella de Jack Daniels para el señorito. Roberto, ¡despierta de una maldita vez! Te van a mandar a la puta cárcel, ¿lo oyes? A la puta cárcel. Eres un completo imbécil, un memo confiado e idealista. Existe una denuncia firmada por ella y sigues colgado de la luna pensando que vas a salir de aquí de <em>rositas </em>¡Despierta de una vez! ¿Recuerdas las palabras del abogado, las recuerdas&#8230;?&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Soy Alfredo Calleja, abogado penalista. Me han designado para defenderle en este caso.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Roberto Alcázar. Es un placer estrechar la mano de alguien después de tantas horas. Abogado ¿Por qué me han traído hasta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo la copia de la imputación.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién me ha denunciado?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Belén Valente Sanjira y su hija Kerry&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Esto es una pesadilla. Ya veo que lo que quieren es mi cabeza&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Siento decirle que con una acusación como la que tengo en mis manos ya la poseen.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Usted va a ser mi abogado, ¿qué se supone que debo hacer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Aun no lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Genial.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Escuche Roberto. Tiene una denuncia por agresión sexual en grado continuado, ahí comienza su problema. Estamos hablando de doce años de condena. Las sentencias por este delito suelen ser muy duras, ¿me sigue?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le sigo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No sé cuántas posibilidades tenemos de que salga libre de cargos, todo va a depender de lo que digan las denunciantes a la hora de declarar frente al juez, eso será mañana en los juzgados, pero, no cuente con mucho, ya se lo adelanto. Agresión sexual continuada a una menor que para agravar más el caso, es la hija de la que en esos momentos ejercía como su pareja. Negro, muy negro lo veo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora, de repente, me he convertido en un monstruo. Míreme ¿Cree usted que hice daño a esa persona?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Dígamelo usted.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No, claro que no le hice daño. Todo iba bien, me refiero a la relación que existía entre Kerry y yo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Relación?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya sabe. Éramos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">-    Escúcheme; escúcheme bien. No se le ocurra volver a citar la palabra -relación- No si con ella trata de explicar algún momento delicado vivido junto a Kerry. El juez que lleva la instrucción no soporta a los agresores sexuales. No dude que estarán apuntándole como a un conejo. La fiscal no tiene desperdicio, va a intentar patearle hasta dejar sus huesos convertidos en polvo para el desierto. Responderá pausado y sin agraviarse por lo que ellos digan. Kerry era como una hija para usted y sólo la miraba desde el más puro respeto. ¿Lo ha entendido?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso trataba de decirle.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Procure mantener la mente fría porque si la calienta estará jodido de verdad.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Nos veremos mañana&#8230;? </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así será.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Gracias por todo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hay de que. Roberto, procure pensar en lo que le he dicho.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo haré.</span></address>
<p>De poco le sirvió a Roberto ejercer de encargado en los bares y restaurantes del mejor parque de atracciones al sur de la isla ni como hombre de confianza del todopoderoso Juan Pancertero. La fatídica noche del veintitrés de noviembre terminó más tarde de lo normal, hacía algo de viento y el frío presentó sus credenciales en la terraza donde descansaba. Las fiestas de navidad y fin de año estaban a la vuelta de la esquina y el trabajo se acumulaba.</p>
<p style="text-align: left;">Bajo su responsabilidad más de una veintena de trabajadoras, y, por extraño que parezca, siempre salía airoso de las disputas que debido a los nervios se presentaban durante la jornada. Era un excelente gestor, lo había sido desde siempre. En poco más de dos meses le habían propuesto para encargado y él sin pensárselo dos veces no dudó en aceptar el reto. Como buen torero, lidió con los caprichos de su jefe, persona tosca y difícil, un empresario hecho a sí mismo. A Roberto lo había bautizado con el seudónimo de &#8220;Rubio&#8221;: Dile al Rubio que venga a la oficina. ¿Aún no ha llegado el Rubio?, que se presente ante mí en cuanto aparezca. Rubio abajo y Rubio arriba. Sabedor de los continuos desequilibrios que esgrimía Juan Pancertero, Roberto buscaba el momento para interponer algún alegato retrasando la acción de enfrentarse a él. Le habían asignado un buen sueldo y el cargo no le pesaba, además, el Mercedes 190 en el que viajaba también entraba dentro del acuerdo, por lo demás, vivía a quince minutos del parque de atracciones lo que representaba otra gran ventaja.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-390" title="paisaje nocturno" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg" alt="paisaje nocturno" width="420" height="241" /></a></p>
<p>Roberto había terminado la jornada, era medianoche y como siempre sucedía eligió la terraza para tomar un whisky. Observaba el mágico cielo del sur y al mismo tiempo se recreaba con el tintineo de cientos de estrellas. Las voces de las compañeras le llegaban como ecos lejanos, movió varias veces la cabeza. La negativa de apuntarse a la fiesta no sentó bien al grupo. En su rostro se entreveía el cansancio y las evocaciones que se revelaban no eran del todo buenas. Bebió un trago, encendió un cigarrillo y exhaló el humo. Durante unos instantes, dejó clavada la mirada en la cajetilla de Marlboro.</p>
<p>Ella lo inició a probar el primer cigarrillo, Kerry, con apenas trece años accionaba cuando quería el centro de voluntades de Roberto y, en ocasiones, éste se ofuscaba y arremetía contra todo.</p>
<address><span style="color: #800000;">- Vamos afuera. Me apetece fumar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Debo de estar loco. Treinta y ocho años sin experimentar con la repugnante nicotina y aparece en mi vida una <em>niñata</em> consiguiendo envenenar mis pulmones.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Por qué siempre me tienes que echar la culpa de tus males? ¿No te encuentras mayorcito para expresar abiertamente un &#8220;no&#8221;? Continuamente me tienes que largar ese estúpido rollo patatero. Estoy hasta el moño de escucharte. Es evidente que cada vez te vas pareciendo más a los demás.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Piensa lo que quieras. Yo también estoy cansado de tus manías y locuras, ¿entiendes? ¿Crees que dominas mi mundo?, pues te equivocas. Maquinas a las personas a tú antojo; solo hay que echar un vistazo a tu alrededor y avalar que estás huérfana de amistades gracias a la puta arrogancia que desprendes allá y donde vas.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres un hijo de p&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No se te ocurra seguir.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Te odio!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y yo te odio. No te imaginas cuánto te odio. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpido!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpida!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Maldigo el día que entraste en mi vida.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No continúes. Por favor; dejémoslo así.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres&#8230; eres mi amargura. La única persona en esta vida que me hace llorar.       </span></address>
<p>No pudo prolongar la disputa, emprendió a sollozar con infinita aflicción. Kerry tornó su delicado rostro hacia el otro lado del pasillo y llevó sus manos a los ojos, pretendía secar las lágrimas bajo el fuerte nerviosismo. El quebradizo cuerpo se estremecía entre espasmos y escalofríos. Roberto se acercó y la tomó por los hombros hasta agasajarla, besó con ternura su cabello y al oído susurró: Perdóname. No puedo verte llorar. No sabes cuánto lo siento. Si quieres, no vuelvas a hablarme, lo entenderé, pero no llores&#8230; </p>
<p> Kerry se volvió y lo abrazó con fuerza.</p>
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