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	<title>La Oca Loca &#187; Donegan Rice</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 2º)</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 21:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Donegan Rice
Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;.
&#60;&#60;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente cerca del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Donegan Rice</p>
<h2>Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;.</h2>
<p>&lt;&lt;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente cerca del abismo, repiqueteaban campanas y algunos perros ladraban enloquecidos. Un hombre de aspecto famélico y vestido de negro se levantó del viejo pórtico y a la vez, docenas de aves emprendieron el revoloteo asustadas por la siniestra presencia. La mirada del invitado permanecía fuera de sí, escupió varias veces en la hierba en un claro gesto de saber lo que estaba a punto de ocurrir, luego se dirigió a la cresta del abismo, miró al vacío y se lanzó. La mujer comenzó a gritar, luego lloraba y gritaba al mismo tiempo. El orgulloso azabache reconoció la llamada de auxilio de su dueña acelerando el galope, no llegó a tiempo y ante el apeno de su madre, el niño cayó al abismo. El hombre de negro esperaba para recogerlo, no atendió al llanto, ni a las súplicas, ni a los chillidos desgarradores de la mujer. Antes de desaparecer, dejó hundida una mirada tan fría como la muerte&gt;&gt;.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-467" title="pesadilla" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222-300x226.jpg" alt="pesadilla" width="327" height="244" /></a></p>
<p>La pesadilla la viví en los días previos a mi detención. ¿Existía o encerraba algún tipo de mensaje que, en parte, se me quería revelar?</p>
<p>Desde que Sacha llegó al mundo tuve la sospecha de que algo grave le pasaría en el momento que me descuidara. Quizás por eso, puse todo de mi parte para que nada le ocurriese, incluso, decidimos situar la cuna en el lado donde me tocaba descansar. Sufría cuando no lo sentía a mi costado, sufría cuando Belén no atinaba a calmar el llanto y sufría en la medida que iba creciendo junto a los continuos desencuentros con su hermana.</p>
<p>El día que Kerry decidió realizar su primera incursión en la cocina fue especialmente accidentado. Sacha cumplía tres años, lo recuerdo como si pasara en estos momentos. Recogí al pequeño de la guardería mientras la nueva cocinera nos organizaba lo que se suponía iba a ser una sorpresa. La tortilla española &#8220;versión Kerry&#8221; se convertía en el peor desencuentro de huevos, patatas, aceite, ajos, cebolla, y perejil. ¡Dios santo! Ver la cocina en el estado que estaba quedando inducía a llamar cuanto antes al teléfono de la esperanza. Kerry se movía de un lado a otro gesticulando y balbuceando en <em>ruso</em> y <em>checheno</em>. Su cabello guardaba más yema de huevo que la sartén, se había quemado los dedos y la ropa era un claro ejemplo de que el arte puede vivir en continuo movimiento.</p>
<address><span style="color: #993300;">- No estaréis esperando por la tortilla, aún no se ha hecho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya veo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery totilla.<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. Kerry nos está haciendo una estupenda tortilla y la comeremos muy prontito.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Guta, papi, guta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No os hagáis muchas ilusiones. El gas se ha ido y he tenido que ingeniármelas en esta inservible cocinilla. Estoy llena de huevo por todas partes y mira, mis dedos quemados como la tea.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi, Kery quema, poresita.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. En fin, si necesitas ayuda estamos en la habitación. Voy a buscarle ropa limpia para darle una ducha.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Iros, iros. Será la única forma de acabar esta jodida tortilla.</span></address>
<p>El pistoletazo de salida a la aventura culinaria había comenzado a las doce de la mañana. Eran las cuatro de la tarde y seguíamos con la boca en paro y en espera de que Kerry saliera del baño, donde entró para asearse acompañada de un ataque de nervios. Hasta aquí, todo se desarrollaba de forma casi aguantable, pero en un torpe descuido, Sacha se infiltró en la cocina y probó la <em>famosa</em> tortilla sin que yo percibiera tal descuido. No olvidaré el rostro que le sobrevino a Kerry cuando apartó la tapadera y vio el trozo que faltaba.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¿Quién se ha comido el pedazo de tortilla que falta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Un marciano -fue lo que se me ocurrió para quitar hierro-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Un masiano glande y feo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Encima cachondeito. Ya sabes que no soporto que me toquen la comida sin que estemos en la mesa.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Mujer, que no estás todos los días entre fuegos.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué has querido decir con esa majadería?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Perdóname. Ha sido una tontería, tienes razón.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sois unos desagradecidos, no os merecéis el sacrificio que he tenido que hacer. Me dan ganas de zamparla a la basura. -se levanta con cara de circunstancias, ni Sacha ni yo sabemos dónde habrá ido-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery trite&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no. Kerry está un poquito&#8230; loca. -en voz baja-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Kery loca.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he oído ¡Loca yo, loco tú y tú padre!<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; todos nos hemos vueltos locos y ahora, ¿podemos almorzar en paz?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me vais a matar a disgustos. Juro que me vais a matar.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery mata.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sacha. Nada de muertes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kery, papi. -señalándola-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Haz callar a ese niño antes de&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven aquí tonta. El pequeño y yo te agradecemos el esfuerzo que has hecho, ¿verdad Sacha?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me encuentro muy nerviosa. Roberto, no vuelvas a meter la mano en la comida, al menos hasta que yo lo diga porque lo que tenga hecho te juro por mi vida que irá de cabeza a la basura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A sus órdenes mi teniente.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. A su ólene.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Uffff! Calla a ese pequeño loro.</span></address>
<p>Kerry acaudalaba dos vidas y una esencia viviente que solo le pertenecía a ella. La visible, era popular entre todas sus amistades, sin embargo, entraba en continua contradicción. Y por esa extraña conjunción de circunstancias se ganó, de los más cercanos, ser machaconamente juzgada. La invisible yacía en un sub-mundo de sigilo; transcurría bajo el lúgubre secreto de las vivencias más íntimas. Si exceptuamos a Roberto, ni una sola alma viviente arrancó de su boca un testimonio de éste. A veces, su mundo giraba con la presencia de éste. Conectado a él todo le apasionaba, confundía, conmovía, enternecía y predisponía para la eterna contemplación. En realidad, le bastaba la mitad de un minuto y allá donde estuviera desaparecía de la vista de todos. Era como si, de pronto, dejara posado a un pobre envoltorio llamado cuerpo largándose con la parte más importante, su alma.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-460" title="paso a la adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg" alt="paso a la adolescencia" width="349" height="223" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Entre Roberto y Kerry existía un código al que nadie podía acceder. Se miraban, se observaban, desde la distancia se volvían a mirar dejando en el aire un halo de reserva y misterio. Kerry aprendió una nueva forma de decir lo que sentía. A pesar de su corta edad, comenzó a interesarse por la poesía y esto le ayudó a profundizar en su interior.</p>
<p>Debido a las circunstancias profesionales de la pareja, Kerry pasaba grandes períodos en casa de la abuela y entonces aparecía un nuevo fenómeno. El alejamiento más frío había dado comienzo, era como si ésta se fuera a vivir al lugar más alejado del mundo, apenas se recibían llamadas. Ninguno de los dos abría la boca para nombrarse y no sería porque sus nombres no aparecieran a lo largo de cualquier comentario. El mutismo invadía el hogar de Roberto cuando surgía tal o cual reflexión sobre Kerry. Belén, sabedora de la situación, comenzaba a sentirse de nuevo más cerca de su pareja. Sin lugar a las dudas, la presencia de su hija hacía de su situación emocional un campo de minas.</p>
<p>Cuando Eliana puntualizaba alguna cuestión sobre Roberto, Kerry callaba. Esa actitud creaba más morbo a la historia y se engrandecía la sospecha comentada con su amiga Saray.</p>
<p>Los meses posteriores al curso escolar eran aprovechados por Kerry para visitar su entorno, un entorno más joven y menos forzado. En él se la podía ver totalmente desinhibida, con un lenguaje más mordaz y rebelde, desaparecía la joven interesada por todo lo aprendido. Se pasaba las horas de un lado a otro añadiendo con sus acciones más mala fama a su ya deteriorada imagen. Los rumores acerca de las amistades de Kerry llegaban a oídos de Belén, pero qué podía hacer. Por un lado, se le amontonaba el trabajo dejándole poco tiempo para evaluar tal o cual comportamiento, por el otro, el resto de la familia, y de manera especial la abuela, sentía una especial debilidad por su nieta. Parecía que estaba dispuesta a decir: &lt;&lt;amén&gt;&gt; a todo lo que Kerry le proponía. </p>
<p>La Hiedra es un pequeño barrio situado en la zona alta de la ciudad. En él fabricaron una urbanización con más de una veintena de bloques, separados entre ellos por zonas que, en otro tiempo, se las podía contemplar cuidadosamente ajardinadas. Una destrozada cancha de baloncesto, varios parques que sirven de guarida a los vendedores de drogas y la iglesia, que minimiza la tensión vivida cada día, forman el entramado donde habitan más de un millar de familias. En el piso trece del bloque uno tiene la vivienda Rosita, ésta daba cobijo a un hijo mayor de edad con serios problemas emocionales y a Eliana, la menor de las hijas. Francisco, marido de Rosita es un hombre peculiar. Al despertar el alba sale de casa con rumbo a su preciada <em>chavola</em>, en ella se pasa la mayor parte del día limpiando y secando calamares para luego venderlos en todas las fiestas. Ciertamente, confeccionan un clan singular, mientras Antonio, el varón de los hermanos permanece la mañana y parte de la tarde tumbado, Eliana se preocupa en recoger y ordenar, luego se recuesta y espera a que su hermano se levante y desordene lo ordenado. Los gritos y discusiones marcan el compás durante todo el día en la vivienda. En esas condiciones vivía Kerry la temporada de verano. Para Rosita, su ojito derecho era la niña de los ojos de mora, así la llamaba. La nieta hacía con la anciana lo que le venía en gana, significa esto, que, para lograr cualquier capricho, Kerry atendía a su faceta de adicta al drama.</p>
<p>A la vuelta del verano, Roberto y Kerry se habían convertido como por arte de hechizo en perfectos desconocidos. Durante el viaje de regreso ninguno de los dos intercambiaba palabra, escuchaban música y alguna mirada fugaz que se perdía tras el paisaje. La rígida situación hacía de Belén y Sacha meros espectadores. La adaptación nunca llegó, demasiados espacios abiertos para una joven vida. Kerry había nacido el once de diciembre de 1987, por aquél entonces, apenas había cumplido los trece años. Hermosa y rebelde. Cuando apareció en la vida de Roberto era una pequeña revoltosa, ocasionaba mil y un problemas a Belén con su acentuado descaro a la hora de discutir. Las quejas le surgían de todos los frentes.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Mi hija Kerry me tiene harta. Al final acabaré internándola.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Cálmate. ¿Qué ha sucedido ésta vez?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- La tutora ha llamado al trabajo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dios santo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Sólo eso se te ocurre decir! Kerry no le hace caso a nadie, llega un día sí y otro también tarde al instituto. Los profesores empiezan a creer que algo le está sucediendo. Tú la has visto, por no aprobar no aprobaría ni el recreo, si éste fuera una asignatura. Y lo peor es que se pasa el tiempo de estudio mofándose de los otros compañeros, cuando no le da por ir sacándoles los defectos: &#8220;Mirad cómo huele el tío éste; aquél suda que parece un cerdo&#8221;. Así lo hace. Me lo ha dicho la responsable. Quiere ser el centro de atención. ¿Pero es que no ves cómo se viste? Va enseñándolo todo. Para colmo se ha unido a una pandilla que el líder es una gentuza al que han expulsado del instituto en dos ocasiones. La internaré, juro por Dios que lo haré. A mí esta desgraciada no me vuelve a sacar los colores.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella&#8230; Tú siempre estás hablando con ella y qué has conseguido, ¿me lo quieres decir? Todo el mundo se da cuenta de que te trata como a su marioneta, eso es evidente, lo ven mis compañeras, hasta tu familia me lo dice. Ha perdido el respeto a los que vivimos con ella. ¿No has reparado que desde que abre la boca consigue cuanto quiere? Mira en su armario ¿Te parece que pertenece a una niña de su edad? Puede cambiarse de vestido cinco veces al día sin utilizar el mismo. Abre los ojos porque caminas muy desorientado.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Acaso pretendes decirme algo? ¿Qué has querido decir con &#8220;caminas muy desorientado&#8221;?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Estoy cansada de las actitudes de ambos.</span></address>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-459" title="orfanato" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg" alt="orfanato" width="337" height="257" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Tengo que confesar una cosa: Mi vida fue difícil; más bien, de qué demonios me sirvió la infancia si no la tuve. Me obligaron a permanecer en un orfanato cuando tenía a mi madre, ella se equivocó y yo lo pagué. De nada sirvieron los castigos que durante siete años me infligieron un grupo de religiosas. La severa disciplina hizo si cabe más huérfano al niño que contemplaba el cielo en busca de un milagro. Quise ser mayor para olvidar la continua brusquedad con la que éramos tratados un puñado de niños desamparados. Amé de forma acelerara la grandeza de la libertad y cómo no, la grandeza que proporciona la independencia. Tía Antonia le decía a mamá repetitivamente: Roberto ha adquirido un talento especial y una norma: se le da muy mal decir no. Ya sé que es un niño casero y que en ocasiones le veo reír, pero tiene que aprender a decir: &lt;&lt;no&gt;&gt;  Por ese camino, la vida le acarreará muy malas consecuencias.</p>
<p>Si me vieran ahora exclamarían: ¡Lo sabía, es culpa de esa majadería que adquirió de las monjas! Con lo bien que le hubiera ido aprender la sencilla forma del &lt;&lt;no&gt;&gt;.</p>
<p>¿De qué vale ahora exponerme a un solo reproche?, lo hecho, hecho está ¿Acaso fue culpa mía haber conocido a Kerry? Sin duda, lo que sucedió en aquel extraordinario período se manifestó como una aventura tan fuerte que salpicó nuestras vidas de forma acelerada. En ocasiones era como vivir en medio del fuerte huracán y al mismo tiempo, sin darte cuenta respirar la suave fragancia que te acerca al paraíso. Unos dicen que yo planté la semilla y por tanto, lo que aconteció después se limita al castigo que merecía por la oscura e incomprensible convivencia. Mis hermanas -las tres- reprobaban la forma en la que Kerry era tratada; claro que en este calabozo es lastimero pensar en ella pero, cómo olvidar los momentos que nos regalamos. Los dos amábamos la naturaleza: Kerry gozaba describiendo los colores encendidos de los atardeceres y yo encontraba el punto de nostalgia necesario descubriéndola en litúrgico silencio. Nos manteníamos alejados del lado decadente que mostraba la vida; creí encender su corazón de cosas verdaderas sin que apenas lo advirtiera.</p>
<p>Más tarde pude evidenciar que todo lo que olía a desvalido le afectaba de forma solemne. La lindura de sus acciones era admirada por el resto de la gente que la trató. De acuerdo que siempre no fue así, pero en ese punto, es donde radica la nobleza del intento.</p>
<p>No sé la que se me viene encima, sigo esperando en esta <em>mazmorra</em> a que el juez balancee las otras declaraciones y también las pruebas médicas. Siempre las realizan cuando existe un posible caso de agresión sexual o violación. No me puedo imaginar a Kerry recibiendo la visita de un médico forense después de haber sido examinada por otros expertos, ¿qué habrá dicho? Que yo la agredía sexualmente, no, Kerry no puede decir tal barbaridad. Me niego a creerlo aunque esté expuesto en la denuncia, me niego.</p>
<p>Hace frío aquí dentro, echo de menos el calor de mi pequeño niño, nunca he estado tanto tiempo alejado de él. ¿Qué diablos me pasa? Significa acaso que comienzo un largo camino por el desierto. Pronto estos pensamientos se tornarán oscuros. La cárcel no entiende de poesía, ni de metáforas. Si me vieran tocando fondo comprobarían que no es una escena agradable, retirarían la puta denuncia porque entre otras razones, nunca hice daño a Kerry. Lo repetiré una y mil veces. Me dejé la piel, siempre lo hago con las personas a las que quiero. Ya sé, ya sé que estas palabras no debo pronunciarlas delante del juez instructor; ni todas las que encierren cierto morbo. Estos mandamases de la justicia son como el palo, tiesos y carentes de sentimientos. Salomón si que era un buen juez, escuchó y escuchó antes de dictar aquel universal veredicto.</p>
<p>La medianoche está cerca. Como siempre sucede en las detenciones, me han retenido todos los objetos y es que no puedo vivir sin mirar el reloj, es un hábito de la sociedad en la que vivimos; prisas y prisas para luego acabar encerrado o bajo tierra; menuda mierda de existencia. Por mis cuentas, al final serán quince horas de espera. Lo tengo decidido, la clemencia para otros, no pienso derrumbarme. Si no quieren creerme, que no lo hagan. Total, si me acojo a las palabras de ánimo que almacené tras la visita del abogado ya puedo empezar a tallar crucecitas en la pared y permanecer así hasta que el cabello se torne escarcha.</p>
<p>Posiblemente al lugar donde iba Roberto el viento arrastraría el duro recuerdo de su verdugo mientras los más hipócritas sellarían en su honor este epitafio: &#8220;Llevó la relación más <em>allá</em> del límite&#8221;.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo.jpg"><img class="size-medium wp-image-458 alignright" title="adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo-225x300.jpg" alt="adolescencia" width="237" height="302" /></a></p>
<p style="text-align: left;">La naturaleza hizo de Kerry una adolescente hermosa y deseada por los de su edad. Los casi trece años no estaban en consonancia con la figura que brindaba al salir de casa. De pronto se apartó de su mundo y comenzó a querer participar de forma acelerada del mundo de los mayores. Tiró todos los libros de aventuras que decoraban su habitación y se hizo con unas lecturas más complejas, comenzó a tener ideologías extrañas y difíciles  de entender por sus más allegados.</p>
<p>El piso donde vivía Belén acogía una extensa y laberíntica azotea, el lugar favorito de Kerry para la evasión. Si no se encontraba en ningún rincón de la vivienda la pareja daba por hecho que estaría con sus pensamientos en la zona más alta. Como la tarde que fue visitada por Roberto. La encontró deprimida, llorosa, incompresiblemente derrumbada, llevaba horas sin probar nada, ni siquiera lo que más le gustaba, el <em>cafecito</em>. Cuando le sucedían estos episodios, Belén, delegaba la responsabilidad de devolverla al mundo real a su compañero sentimental.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo pasar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Claro tonto.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he traído un espléndido café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No me apetece; tómatelo tú.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Nada de eso, apenas si has movido el estómago.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Fumamos?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Déjate de fumar y bébete el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- En serio. No puedo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo&#8230; ¿Llevas mucho tiempo aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No lo sé, subí cuando llegué del instituto. No había nadie en casa, luego llegó mi madre, el resto lo tienes frente a ti.</span></address>
<p>Hubo una inesperada mudez, ambos permanecían contra uno de los pretiles de la azotea, mirando el cielo, luego el horizonte, luego a la nada más profunda. El momento no era bueno para ninguno de los dos, lo sabían y quizás por ello, Roberto lo deshizo.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo saber dónde andas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hace mucho tiempo que persigo un sueño.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no es pedir mucho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, sí que lo es. Tú estás en él -con voz entrecortada-. Es como si permanecieras encumbrado en una gran atalaya. Lucho por subir y espero encontrar tu mano, presiento la enorme paz desde el lugar donde te asientas -el relato lo realiza lentamente y con la mirada cargada de tristeza-. Mi cuerpo es golpeado por espíritus malignos, oigo gritos y burlas y cientos de desfigurados rostros se interfieren en el recorrido -solloza y posa sus manos en la cara, una vez más el dolor traspasa la piel de Roberto sin que éste pueda hacer nada-. Hace frío, apenas me quedan fuerzas y es entonces cuando siento tu fuerte mano agarrando la mía, me remontas hasta ubicarme cerca de ti, era como había imaginado. La serenidad de aquel lugar, extrañamente rodeado de amapolas, como las que a ti te gustan, malvas y amarillas. Una luz especial hace que mutuamente nos vayamos acercando hasta sentirnos el mutuo respirar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No continúes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Te da miedo conocer mis sueños?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Duele conocer cada pensamiento que vive en esos sentimientos.</span></address>
<p>Un deje de melancolía impregnó el dulce rostro de Kerry antes de proseguir.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Aclárame ésta duda: ¿Realmente me hubieras salvado de la maldición que me perseguía?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿A pesar de que después te pudiera fallar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Lo harías?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Yo he preguntado primero.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A pesar de todo te salvaría.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dame un abrazo! Eres un anciano maravilloso.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no ha tenido ninguna gracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven, abrázame&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te tomarás el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si me acompañas, me lo tomaré.</span></address>
<p>Hubo más de una tentativa por volver a retomar la conciencia del primer momento. Roberto no sólo no lo logró sino que evidenció que su destino progresaba a la velocidad del rayo hacia el precipicio. Las continuas idas y venidas de la casa no solventaron el fracaso como compañero sentimental de Belén. De pronto consideraba tener controladas las circunstancias con Kerry y se desplegaba un horizonte de esperanza, sin entrar en debates afectivos, corrigiéndola en las tareas educativas, aconsejándola sobre cómo llegar a entender a su madre, paliando la profunda desazón que le sobrevenía al estar alejada de su entorno, instruyéndola en la mejor forma de comportarse ante los demás. En cada una de estas tareas no existía un  sobreesfuerzo, más bien, surgía de pronto y en ocasiones como una necesidad. Eran los mejores momentos, los que ahora, en el calabozo recordaba.</p>
<p>Kerry y Roberto representaban a dos seres que en ocasiones, hacían lo inenarrable por marchar unidos bajo una misma visión. No era extraño verles reunidos -uno escudriñando la mochila hasta encontrar las hojas de los ejercicios y el otro haciendo un enorme esfuerzo por refrescar las enseñanzas del pasado-. Al consumarse el tiempo dedicado al trabajo intelectual,  prorrumpían en las más diversas travesuras como dos jóvenes. Sus voces risueñas repicaban notoriamente en el aire inmóvil que envolvía el hogar. Kerry, cuyo rostro adquiría expresión desafiante, se posaba observando a Roberto hasta proponerle otro de sus retos. Ambos correrían alrededor de la vivienda. Situaban obstáculos que luego deberían saltar y otros sortear, acercaban la  preciada alfombra de Belén, utilizada en los actos más simbólicos y guardada como un tesoro en uno de los cuartos del salón, alineaban cuatro o cinco sillas pertenecientes al  recién estrenado comedor y a la de&#8230; &lt;<em>tres</em>&gt;, salían lo más rápido posible. Después de dar varias vueltas sin tocar ninguna pieza, buscaban la llave del tesoro en la azotea.</p>
<p>Ya están en carrera, se gritan, se enfurecen, se lanzan improperios, se miran con descaro y de pronto, la prueba toma un negro cariz con el desplome de Kerry. Es honesta y terca, no acepta la ayuda de su contrincante, aún así, éste simula un fantasmal tropiezo con el sofá y de forma sorprendente cae de bruces.</p>
<p>La fortuna se alía con la joven que llega victoriosa a la azotea para recoger el premio. Una caja envuelta en un colorido papel de regalo, adjuntando una nota: &lt;&lt;Feliz cumpleaños, <em>cielo</em>.&gt;&gt; Ella llora de emoción, la jugada resulta evidente; Roberto se había apresurado para sustituir la simple llave que abría un imaginario tesoro por las zapatillas Nike que tanto le ilusionaban.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg"><img class="size-full wp-image-465 alignright" title="comenzando a vivir" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg" alt="comenzando a vivir" width="260" height="263" /></a></p>
<p>Aquel hombre se recreaba en una adolescente que se hacía mayor sin darse apenas cuenta. La advertía, con espontáneo deleite, allá donde se encontrara -entrando y saliendo de casa con sabia alegría-. Eligiendo el vestido adecuado siempre acorde con el color castaño claro de la larga melena, recorriendo junto a ella los lugares nunca visitados, reflexionando lo irreflexionado. Sin entender bien la razón, para Roberto, aquel ser ocupó, sin que lo pudiera evitar, el asiento de cada una de sus desdichas y alegrías. Claramente, comprendió que en todo el mundo no existía una persona que reuniera más divergencias que ella y eso le hechizaba.</p>
<p>Kerry empujó con fuerza la puerta de la habitación, se aproximó al espejo, puso en orden su cabello y, con todo el poder de convencimiento, se fue en busca de Roberto. Se acomoda y comienza a incordiarlo hasta entorpecer el trabajo que realiza, tecleando una y otra vez sobre el teclado, él tratando de no prestarle atención, a duras penas, sigue cuadrando las cuentas. Llegado el momento, le lanza una mirada poco afable, sabiendo que la incómoda invitada no le haría el menor caso y le da un pequeño empujón hasta desplazarla del lugar donde se posaba. Kerry lejos de amilanarse deja escapar un grito de entusiasmo y otro de desafío, mueve con insinuación sus rojos y carnosos labios para volver a la carga. En el mundo distante en el que se movía Roberto, las ráfagas de <em>locura</em> que le venían del lado más femenino eran capaces de perpetrar y hacer milagros.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Bien, tú ganas. ¿Qué quieres?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Necesito contarte un secreto -palidecía su rostro y aquellos ojos verdes, temerosos y a la vez juguetones buscan complicidad-.</span></address>
<p>Se queda en silencio, intuyendo que en el instante presente, el estadillo de final de mes no lo acabaría y eso le acarrearía un nuevo problema con su jefe.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Por casualidad sabes qué estoy tratando de acabar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú. -acariciándole la espalda-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no lo sabes. ¿Y sabes qué es lo más que me molesta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú -su cabeza en el hombro de Roberto-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Trato de entregar las cuentas de los locales, ya te he contado que ese desgraciado tiene mi paciencia contra las cuerdas y que ya no puedo más&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Pero si sólo es desvelarte un secreto y desaparecer como una abeja.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Cuando comenzarás a comportarte como&#8230; como una adulta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Estás loco? Soy una niña, ¿recuerdas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Larga el secreto y difumínate para el resto de los días.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya se te notan los cuarenta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Los cuarenta son como los nuevos treinta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No como tú lo llevas.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; tienes tres segundos para decirme eso que tanto te perturba: uno, dos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Lucho conmigo misma para no cometer una locura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué quieres decir? &#8211; Roberto de espaldas al ordenador-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Llevo semanas tomando muchas píldoras, píldoras por la mañana, tarde y noche. Unas las pido a los compañeros de clase, otras las pillo de donde mi madre las guarda. No logro descansar ¡Sufro agónicas pesadillas! Creo que estoy perdiendo la razón. Te lo suplico, quédate ésta noche conmigo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso es lo de menos, dime, qué significa que tomas píldoras. ¿Ha sucedido algo? Cuéntame, no quiero pensar en una desgracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No sé cómo decírtelo sin que te dañe -encendida de la emoción-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¡Habla de una vez!</span></address>
<p>Una leve pausa le sirve a Kerry para posar sus manos en las de Roberto antes de largar la llamada de auxilio.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Quiero que me enseñes a conducir. Necesito experimentar lo que es tener un volante en las manos, buscar el equilibrio entre embrague, acelerador y frenos, ¿lo harás? Dime que lo harás.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dios santo, estás completamente loca!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Bueno, entonces me enseñarás a conducir. Siempre me ha cautivado tu forma de llevar el volante.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kerry, no sé si sabrás que tienes doce años.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Casi trece.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No te logro entender. ¿Quieres matarme de un susto? Escuchándote creía estar delante de una tragedia griega. No, no te voy a enseñar a conducir, al menos, de momento. Tampoco creo que seas capaz de haber tomado esas píldoras ¡ah! Otra cosa: esta noche dormirás como siempre.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Ven aquí! &#8211; atrapó la mano de Roberto y trotando lo llevó hasta su mesa de noche, abrió con infinito nerviosismo uno de los cajones y después de apartar todo lo que salía a su encuentro dejó visible más de una docena de diferentes píldoras -. ¿Me crees ahora?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Apártate de mí, estás enferma.</span></address>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 1º)</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 07:57:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[la última mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrita por: Donegan Rice.
Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;.
Él creyó en su obra y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), la avenencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrita por: Donegan Rice.</p>
<h2>Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;.</h2>
<p>Él creyó en su <em>obra</em> y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), la avenencia entre los tres se establecía  bajo una aparente calma. Sin embargo, los que conocieron su historia, dictaminaron que entre ellos existió algo más que la mera acusación que llevó a Roberto a pasar diez años en la cárcel.</p>
<p>Tal vez por ello, mucho antes de que ocurriera el episodio que le habría dejado a merced del desamparo, Roberto ya intuía la encrucijada que estaba por llegar.</p>
<p>Sin articular un solo vocablo contemplaba junto a su abogado la sentencia que yacía en sus manos. Dieciséis meses después de la detención, el alto tribunal lo había declarado &#8220;culpable&#8221;. Lo más extraño, es que durante el proceso no se encontró una sola prueba de dicha culpabilidad.</p>
<p>Mientras era escoltado por dos agentes policiales, Roberto sintió como si un tentáculo invisible le agarrara el gaznate hasta retorcérselo sin que él pudiera devolver la agresión. A duras penas, trató de armar el puzzle de los acontecimientos, nada tenía sentido, sin embargo, allí estaba, desconcertado, y a la vez meditando sobre la sobrecogedora sospecha que arrastraba desde el primer día que Kerry apareció en su vida.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg"><img class="size-full wp-image-386  aligncenter" title="recuerdos" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg" alt="recuerdos" width="309" height="310" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Fue algo así como una enfermedad que ves venir, una premonición insistente: Una de esas ráfagas de aire frío que, al apuntar el invierno parece que va a traspasar cada parte de tu cuerpo que salga a su encuentro.&gt;&gt; No podía precisar cuando lo supo con certeza; la evidencia crecía al margen de su conciencia. Era algo natural dentro lo más antinatural del mundo. Para Roberto, Kerry dibujaba  en muchos momentos la imagen de la perfección, y, en otros, el más cruel desapego. Al menos, así lo creyó desde que decidió indagar en su joven y confuso corazón. La idea recurrente del fuego que encendido anula algo del frío habitual del universo. Lo cierto, es que al consumarse un hecho consumado, ni siquiera le extrañó. Había acontecido. En todo juego siempre existe un perdedor, y él lo fue con todos los agravantes, todas las consecuencias y todo el horror que un ser humano se puede imaginar.</p>
<p>Con insistencia le sobrevenía la intención de inculpar a Belén,  a Eliana y a Saray. Algo le señalaba que, entre las tres, llevaron en volandas a Kerry ante el juez tres días después de dejarla en la gran ciudad ¿Qué pasó durante ese período? ¿Fue, como creyó Roberto, una infame traición? ¿Acaso se trataba de una miserable mentira? En realidad, ninguno de los acusadores dio una versión creíble. Las confesiones de Kerry, más que ayudar, acabaron de oscurecer el suceso. Aún así, su participación fue decisiva.</p>
<p>A primera hora de la mañana del tercer día, el acusado era llevado en un coche policial hasta los juzgados, a veinte kilómetros del lugar de la detención. Fue depositado en una celda a la espera de ser recibido por el juez instructor. Roberto mantenía una lucha silenciosa, intentaba atrapar los últimos momentos, aquellos que le separaron de su entorno. Un cigarro tras otro, la atmósfera en el cuarto cargada por anteriores encierros. De soslayo intentaba interpretar las docenas de escritos estampados en las paredes. Por allí habían pasado ni se sabe cuántos acusados. Corazones esculpidos, dejados sin terminar tras la llamada de algún policía. Mensajes cubiertos de rabia, alguno de ellos sellado con sangre, palabras pidiendo misericordia, recados cubiertos de amenazas.</p>
<p>Una aversión que aumentaba el tormento rebasándole de lado a lado el cuerpo.</p>
<p>¡Culpable, culpable! Era la delación más coreada por cuantos le visitaron los días previos a su confinamiento en la cárcel: &lt;&lt;¿Pero acusado, de qué? ¡Maldita sea mi estampa! ¡Quién me acusa! No, no era posible que Kerry dijera tantas mentiras. Kerry no.&gt;&gt; Todo lo que le estaba aconteciendo parecía la espiral de un plan maquiavélico. En las primeras horas, llegó a tener la sensación de que el cerebro le iba a estallar en mil pedazos.</p>
<p> Una vez y otra, vuelta a repasar las horas previas a su detención. Para Roberto no fue fácil asumir el desenlace de aquella relación. Es más, desde el principio, se dieron cuenta de que no funcionaría. Belén, un ser inestable, dulce por momentos y por momentos una tormenta que arrasaba lo que encontraba a su paso. Roberto, todo lo contrario, aquí los polos opuestos no tenían el atractivo que se conoce, incluso, los esfuerzos que hicieron por salvar una nave a la deriva no sirvieron de nada. Ni siquiera la llegada al mundo del pequeño Sacha pudo solapar la decadencia que se divisaba en la pareja. Quizás fue ella la que preparó todo aquello sumida en un arranque de ira, de frustración y odio. Quizás lo poco que aun permanecía en su corazón se había transformado en un progresivo sentimiento de aniquilación, de descarnada cólera. Quizás Belén llegó a pensar que entre Roberto y Kerry había algo más que una relación normal. Se había dado cuenta de que el uno no podía estar sin el otro, pero a la vez, esa dependencia estaba cautelosamente disfrazada.</p>
<p>Roberto llegó a declarar años más tarde: &lt;&lt;Belén lo tenía todo, no fui capaz de darme cuenta de esa circunstancia, ella buscaba lo que busca cualquier mujer; un hombre que supiera mirar a los ojos sin bajar la mirada, que poseyese carácter, y quién no.&gt;&gt;</p>
<p>Belén lo pasó peor que nadie. Tras el suceso, perdió el trabajo y se sumió en una interminable depresión, intentó quitarse la vida en varias ocasiones pero la prontitud de los servicios médicos impidió el fatal desenlace. De su hija Kerry nunca volvió a hablar, la adolescente se quedó a vivir en casa de la abuela bajo la sospecha de que nunca contó lo que realmente había sucedido.</p>
<p style="text-align: left;">Pero volvamos a la mañana del 25 de Noviembre de1999. En el calabozo todo parecía estar confuso, tanto, que no se dio cuenta del tiempo que pasó hasta que el médico forense, acompañado de un agente policial, le visitó: ¿Quiere usted que le examinemos? Roberto se negó con un movimiento de cabeza. Las dos figuras hablan en voz baja mientras se alejan y de nuevo se hace el silencio que acompasa la exasperante agonía: &lt;&lt;¿Examinarme? ¿Pero qué demonios se ha creído esta gente? Cuando se examina a alguien es porque realmente ha ocurrido un acontecimiento. Esto es una broma. Posiblemente, si la denuncia la firmó Belén en poco tiempo estaré afuera preparando todo lo que dejé sin hacer. Belén tiene arranques, que me lo digan a mí. En el fondo pienso perdonarle, total qué ha sido. Tres días de encierro, un largo fin de semana. También yo he hecho de las mías, aunque, nunca se me hubiera ocurrido traerla hasta un sitio como éste.&gt;&gt; Roberto reflexionaba bajo el sonido lejano de las cancelas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-387" title="en el remolino" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg" alt="en el remolino" width="313" height="296" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Es extraño cómo suceden las cosas -se decía después del segundo día de encierro-. En estos momentos habré perdido el trabajo, quizás no. En fin, conociendo el temperamento del jefe, las pocas pertenencias que guardaba en la oficina me las habrá tirado a la calle una a una. ¡Un empleado mío acusado de&#8230;! ¡Recojan todo lo que lleva su nombre y a la puta calle! Qué más da. Que piense lo que quiera; nunca fue santo de mi devoción ni él ni su puta reputación de hombre comprensivo. Hacía del parque temático lo que le venía en gana. No contaba el criterio de ningún profesional, sólo el de su amante: &lt;&lt;Qué han detenido a Roberto por&#8230; Ese hombre nunca me dio buena espina. Borren su nombre de cada metro cuadrado por donde haya pisado. Nunca ha trabajado para nosotros, nunca.&gt;&gt; Ya le oigo como oigo las voces de los demás trabajadores pidiendo para mí cadena perpetua.&gt;&gt;</p>
<p>&lt;&lt;Parece que se acerca alguien, los pasos en este recinto suenan de la misma forma que en galeras, pesados y con aire de maldición. Se han detenido. Tampoco esta vez me vienen a abrir; casi las tres de la tarde y apenas si he probado bocado ¿No se dan cuenta que me han traído a las nueve de la mañana? En los otros calabozos no debe haber nadie, si no ya me habrían gritado para que les pasara algún cigarrillo, siempre sucede el mismo ritual. Lo prefiero así, no me encuentro con ganas de escuchar otras historias, bastante tengo con la que me ha caído encima.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Debo seguir confiando en Belén, he de hacerlo. Ella posee la llave que me llevará de nuevo a la libertad. No hay porqué alarmarse. Tranquilo Roberto, vuelve a respirar hondo, eso es. Ni un hilo de resentimiento. En cuanto alcance la puerta pienso invitarla a la mejor mariscada, sé cómo disfruta al lado de una mariscada y contemplando de fondo el mar. Esta vez me voy a gastar lo nunca gastado. Y el vino dejaré que lo elija ella, siempre no sucede así. Me gusta el paladar que se queda después de un buen Rioja. Hoy tiene que ser lunes, o tal vez, domingo. Estoy algo desorientado, les pasa a la mayoría de los detenidos. Te desorientas mientras percibes la incertidumbre junto al frío suelo del calabozo. Yo me adapto a todo, pero lo de anoche o antes de anoche, no lo pude soportar. En la comisaría donde se cursó mi detención están los agentes más despiadados, tengo que decir que la  <em>fama</em> se la han ganado a pulso, como las celdas, un perfecto estercolero que apenas están higienizadas. Para qué referir la guasa que tuve que soportar del policía durante el primer y único interrogatorio. A pesar de la dureza, no tiene desperdicio.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Entonces no sabes por qué te hemos traído?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No. No lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya. Eso sí que representa una sorpresa. Te confieso que estoy escribiendo un libro, nada serio, El asunto va sobre la gente que detenemos por el delito que has cometido.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Significa que ya me puedo sentir culpable?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo diría que lo tienes muy negro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Respeto su opinión; pero usted no ejerce de juez.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Muy listo el <em>señorito</em>. Y, dime. ¿Te parece guapa esa Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No entiendo lo que quiere decir&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo su foto, la he visto. Yo diría que es muy hermosa, aunque claro, aun es una menor.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Si no tiene otra clase de preguntas que hacerme le ruego que me devuelva adentro. No estoy para escuchar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Mira degenerado! Aquí quién tiene los cojones soy yo, ¿entiendes?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Entiendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mírate. Eres culpable, eso se ve sin ningún tipo de dudas. Una mujer que trabaja hasta muy tarde y una hija muy hermosa, menor, pero hermosa. Un degenerado como tú que engaña a su pareja con una menor&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quiero que llamen a mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No tan rápido. Tienes que declarar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Se equivoca usted. No haré declaración si no es delante de mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ten paciencia, la vas a necesitar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le parece poca paciencia tener que escuchar la sarta de acusaciones que me está haciendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso díselo a tú mujer y a Kerry, ellas han firmado la denuncia. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No lo creo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Pero de dónde sales? Sitúate hombre. Viernes 23 de noviembre, año 1999. Hora&#8230; dos de la madrugada, Comisaría del Centro. Delante de tí tienes el pasaporte para ir a la cárcel por un delito muy complicado. Todo apunta a que te lo hacías con esa niña. Los de tu calaña no lo suelen pasar bien allá donde van.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Estoy cansado. Quiero ir a mi celda.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora te llevaré a la celda; procura mirarla con cariño porque dentro de poco vivirás en una como ésta, pero será en una cárcel de verdad ¡Ah! Se me olvidaba. Ese culito lo veo muy mal, muy mal. -dijo el agente con repugnante ironía-</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Espero que tenga suerte con su&#8230; libro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pobre imbécil. Volveremos a vernos. Cuenta con ello y ahora adentro, vamos.</span></address>
<p>&lt;&lt;Estoy hablando solo. Dicen que es el primer síntoma de locura. Acaso me estoy engañando o realmente soy un alma dilapidada con un cuerpo a punto de ser hipotecado por una sinfonía de sirenas y barrotes. Hace calor aquí dentro, ya casi es la hora de la merienda y sigo esperando que algún capullo tenga la gentileza de abrir estas rejas y llevarme ante el juez instructor.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Han pasado tres días desde mi detención y sigo en ascuas. No me gusta lo que siento ni lo que circula por mi cabeza. No sé lo que me pasa; pero debo descansar. Quizás cuando vuelva a despertar ya no esté aquí. Se trata de ir más allá de la mera circunstancia, como en el cuento de la mariposa que no sabía si lo que vivía era sueño o realidad. El exceso de trabajo tiene la culpa. No logro estabilizar la situación económica de esta familia, trabajamos y trabajamos sin descanso para que los pagos nos devoren. En realidad, siempre ha sido así. Cuatro años arrastrando deudas. Ahora, con la llegada de Sacha, todo se torna más complicado. Quizás acostumbré mal a Kerry; no se puede obtener todo con una simple sonrisa de Gioconda, el dinero cuesta ganarlo y poco gastarlo, eso predicaba mamá.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;La pobre mamá, a Dios gracias que ha fallecido, se moriría de nuevo al verme aquí, acusado de uno de los peores delitos, encerrado como un vulgar delincuente y abandonado por la poca familia que me queda. Para ellos debe de ser una vergüenza: &lt;&lt;Pues no veías cómo se miraban, y la confianza. La confianza le llevará a la cárcel&gt;&gt;  Mi hermana Nadia siempre resultó ser la más acusadora de la familia. Recuerdo la primera vez que coincidió con Belén, ambas se cayeron estupendamente a pesar de que poco o nada tenían en común. Nunca he examinado a dos personas tan extrañamente asociadas. Para el resto de hermanos, aquella unión no solía ser del todo bendecida. Nadia atesoraba un veneno difícil de detectar, como esa picadura que apenas si duele pero en el fondo es mortal. Morena, de ojos marrones y vivarachos, si te enfila a la primera no existe héroe que pueda salvarte, a ella o le caías mal o mal. Por esa razón, el caso de Belén sorprendió de manera especial. No había día que no se llamaran, a veces, con el raro pretexto de preguntarse por tal o cual verdura: ¿Quién ha llamado? Tu hermana Nadia quería saber si el perejil es bueno para el reuma. Esa era toda la respuesta que le podía sacar a Belén después de veinte minutos de conversación.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>&lt;&lt;¿Qué debo hacer a partir de ahora? Nunca he estado en la cárcel. Lo que sé lo resumo a &#8220;lugar miserable donde impera la ley del más fuerte&#8221;. Patios desnudos acogiendo a toda clase de gentuza que intentan una y otra vez apropiarse del último de tus secretos para luego pregonarlos a los cuatro vientos. Es pronto para pensar en esto, debo relajarme y repasar en lo que me espera cuando esta maldita puerta se abra.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-388" title="interrogatorio" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg" alt="interrogatorio" width="305" height="412" /></a></p>
<p> &lt;&lt;Otra vez los pasos; vaya, al menos parece que alguien se acerca. Es un leve presentimiento, pero creo que mi suerte está a punto de aparecer, claro, la detención ha sido como uno de esos nubarrones que aparecen, descargan y punto y final, de nuevo el cielo despejado. Se amplifican las pisadas, bien. Ahora tranquilo, respira, eso es. Me pondré de pie para recibirle. A esta gente le gusta que, ante todo, haya respeto.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Señor agente. Llevo desde las nueve de la mañana encerrado en este calabozo, son las nueve de la noche y aún no he probado bocado. Tampoco sé nada de mi abogado. ¿Podría usted traerme algo de comer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables tan rápido ¡joder! En primer lugar; no entiendo cómo te han dejado encerrado tanto tiempo, y si lo que dices es verdad: o se han olvidado de ti o el fiscal y el juez tienen un caso complicado. Te dejaré este yogurt, es parte de mi cena. Lo siento, no puedo ir en busca de una paella.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Está bien, está bien. Le agradezco el detalle.</span></address>
<p>El agente cerró de nuevo la puerta y de nuevo se hizo el silencio. La sombra de la sospecha pesaba como una loza. Arriba, en las dependencias judiciales no había un momento de respiro. Psicólogo, médico forense, abogado defensor, abogada de la acusación, fiscal y juez instructor se habían apoderado de Belén y Kerry durante todo el día. A pesar de que la denuncia la habían firmado dos días antes de la detención, madre e hija tuvieron que explicar de nuevo los motivos que les había llevado a realizarla.</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Es usted la madre de Kerry Artera Valiente?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Cuándo comenzó a sospechar que su pareja sentimental Roberto Alcázar Miralles podía estar abusando de su hija Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No&#8230; No tengo fecha exacta. Entre ellos existía una relación muy extraña.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Podría definirla?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Él la trataba con mucho cariño.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y eso a usted no le parecía bien&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Una vecina me contó en una ocasión que escuchaba ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí. Mi casa está pegada a la suya y desde su habitación los escuchaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Habla usted de su hija y Roberto Alcázar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y, Kerry. ¿Nunca le dijo nada?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo le decía. No quiero verte tan pegada a Roberto. Cuando él no está en casa parece como si nada te importara. Vives contemplando a las musarañas pero en cuanto le ves llegar, te transformas en otra persona. ¿Acaso tienes algo con Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso le preguntaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Y qué argumentos le daba ella?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija Kerry siempre ha vivido en las nubes. De pronto está bien que está mal.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pero eso no es culpa de Roberto Alcázar, ¿o sí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ese hombre la volvió loca con sus cosas. La hizo hasta fumar y beber. Le compraba todo los antojos y claro, cómo no la va a deslumbrar si esa chiquilla apenas ha cumplido los trece años.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya. Ahora señora Belén; piense bien antes de contestar. Tómese el tiempo necesario y le ruego que haga todo lo posible por recordar. Se lo preguntaré nuevamente: ¿En<strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>alguna ocasión, Kerry le confesó que recibía abusos sexuales por parte de su pareja?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- A mí estas situaciones me ponen muy nerviosa&#8230; Perdone Señoría -las lágrimas de Belén corrían por sus mejillas como un río desbocado-. No. Nunca me confesó que Roberto la manoseara, pero sucedió algo. Recuerdo que estábamos de vacaciones, en la playa. Mi marido se había ido de casa, bueno, más bien, yo le dije que se marchara. Es que nuestra relación era imposible, lo fue desde el principio. Mi hermana Eliana y su amiga Saray siempre sospecharon que entre ellos existía algo más que una simple convivencia ¿Se puede llamar así?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Es su declaración&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ellas no son tan confiadas como yo. Saray le decía a Eliana: chica, el trato que se dan Kerry y Roberto me huele a quemado -por esa circunstancia no me extrañó oírles preguntar-. Kerry ¿A ti te gusta Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién preguntó?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- La Saray. Esa niña siempre estaba <em>investigando</em>.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija se puso muy mal, muy mal. Por supuesto que lo negó todo.</span></address>
<p>La instrucción del caso Kerry avanzaba. Por momentos se tornaba evidente, un solo presunto culpable y una víctima menor de edad, pero a la vez, las pruebas físicas seguían sin aparecer. En estos casos, el testimonio de la menor podría ser concluyente.</p>
<p> El detenido continuaba anclado en las dependencias judiciales Durante todo el día, Roberto había tenido que soportar un calor sofocante, mientras afuera, por las interminables avenidas el fuerte viento danzaba las hojas de las palmeras como intrépidas marionetas y los cuerpos, mayoritariamente turistas, deambulaban de un lado a otro adquiriendo en ocasiones formas cómicas y grotescas. Se ocasionaban continuos remolinos de polvo y los huérfanos matojos se enredaban hasta convertirse en círculos andantes, propio de una escena precursora. De la botella de agua que le dejaron en la comisaría donde tuvo lugar el arresto, Roberto bebió el último trago y de nuevo volvió a sentarse en el frío asiento del calabozo: &lt;&lt;Maldita confusión la que me ha traído hasta aquí. No entienden que la verdadera protagonista de mi vida es Belén y no Kerry. Que a pesar de mis flaquezas y por qué no decirlo, de algunos episodios de infantil disputa, entre ella y yo nunca pasó lo que están diciendo. En nuestra convivencia ocurrieron muchas cosas, cosas que ni matándome declararé, momentos que caerán conmigo. Ella me abrió su corazón y no seré yo quién la defraude. Doy por hecho que nadie entenderá mi postura. Es más, apostaría lo que fuera a que toda esta gentuza me ve con el rostro más depravado de la creación, aun así, no me voy a derrumbar. Debo llenar mi mente de pensamientos positivos, sigo creyendo que el suplicio acabará pronto.</p>
<p style="text-align: left;"> &lt;&lt;Pasan las horas, debo resignarme, aceptar la derrota. Pronto me tocará estar frente al juez, pero que nadie espere que me ponga a declarar lo indeclarable. Puedo testificar lo que quieran, los momentos vividos junto a Kerry ya forman parte de mí y en mí no entra nadie. Hablaré, sin lugar a dudas que lo voy a hacer, pero no voy a destruir los momentos que me pertenecen.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-389" title="las estrellas" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg" alt="las estrellas" width="320" height="386" /></a></p>
<p> ¡Cuántas coincidencias encierra una vida! Nos sentábamos en silencio, mirando la luna y el mar que se extendía hasta nuestros pies. El paisaje nos traía paz, o tal vez, ocultaba lo que estaba por llegar. A Kerry le atormentaba la curiosidad por cuanto yo hacía, y a la vez, era una persona ingenua e inexperta. Aquella noche estaba conmovedora, irradiando la pureza de su edad.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Qué bien me siento. Nos podíamos quedar aquí toda la noche.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso no va a ser posible. Tu madre debe estar preocupada y ya sabes cómo se pone cuando tardamos. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quedémonos un poco más, así, con este silencio y este mar que nos contempla.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Me gusta verte feliz.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Kerry ¿Qué haremos cuando todo esto acabe, acaso te acordarás de los momentos vividos?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Te piensas ir?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quién sabe&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables de eso. Siempre estaremos juntos.</span></address>
<p>&lt;&lt;No. No engañé a Belén, sino a mí mismo. ¿Por qué me vienen estos pensamientos? Posiblemente se deba a la debilidad que me está causando esta situación. Una vez leí que en América encerraron a un tipo durante tres días y fue tal su dolor que el cabello de color negro se tornó completamente blanco. Tengo que ser fuerte, sólo así podré resistir las dificultades que salgan a mi encuentro. Estar preparado, ya sé que no va a ser fácil, una vez en el infierno&#8230;</p>
<p>El primer asalto lo perdí, es evidente. Qué imbecil fui.  No debí identificarme ante aquel policía, claro que lo consideré durante un minuto, aguantando la respiración y el alma, luego me dije: qué más da si estos tipos son como la epidemia que terminan dándote caza. ¡Fíjate! No ves que porta una orden de captura. No se le ocurre otra opción sino que venir a joderme a las dos de la madrugada, sin tiempo para despedirme del pequeño Sacha.</p>
<p>Tiene que existir algún modo de resolver este lío. El paso del tiempo es lo que menos me favorece, tampoco que Belén se haya negado a visitarme, ni siquiera tuvo la decencia de acercarme algo de ropa limpia. Sí, claro. Muda limpia y hasta una botella de Jack Daniels para el señorito. Roberto, ¡despierta de una maldita vez! Te van a mandar a la puta cárcel, ¿lo oyes? A la puta cárcel. Eres un completo imbécil, un memo confiado e idealista. Existe una denuncia firmada por ella y sigues colgado de la luna pensando que vas a salir de aquí de <em>rositas </em>¡Despierta de una vez! ¿Recuerdas las palabras del abogado, las recuerdas&#8230;?&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Soy Alfredo Calleja, abogado penalista. Me han designado para defenderle en este caso.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Roberto Alcázar. Es un placer estrechar la mano de alguien después de tantas horas. Abogado ¿Por qué me han traído hasta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo la copia de la imputación.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién me ha denunciado?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Belén Valente Sanjira y su hija Kerry&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Esto es una pesadilla. Ya veo que lo que quieren es mi cabeza&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Siento decirle que con una acusación como la que tengo en mis manos ya la poseen.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Usted va a ser mi abogado, ¿qué se supone que debo hacer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Aun no lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Genial.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Escuche Roberto. Tiene una denuncia por agresión sexual en grado continuado, ahí comienza su problema. Estamos hablando de doce años de condena. Las sentencias por este delito suelen ser muy duras, ¿me sigue?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le sigo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No sé cuántas posibilidades tenemos de que salga libre de cargos, todo va a depender de lo que digan las denunciantes a la hora de declarar frente al juez, eso será mañana en los juzgados, pero, no cuente con mucho, ya se lo adelanto. Agresión sexual continuada a una menor que para agravar más el caso, es la hija de la que en esos momentos ejercía como su pareja. Negro, muy negro lo veo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora, de repente, me he convertido en un monstruo. Míreme ¿Cree usted que hice daño a esa persona?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Dígamelo usted.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No, claro que no le hice daño. Todo iba bien, me refiero a la relación que existía entre Kerry y yo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Relación?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya sabe. Éramos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">-    Escúcheme; escúcheme bien. No se le ocurra volver a citar la palabra -relación- No si con ella trata de explicar algún momento delicado vivido junto a Kerry. El juez que lleva la instrucción no soporta a los agresores sexuales. No dude que estarán apuntándole como a un conejo. La fiscal no tiene desperdicio, va a intentar patearle hasta dejar sus huesos convertidos en polvo para el desierto. Responderá pausado y sin agraviarse por lo que ellos digan. Kerry era como una hija para usted y sólo la miraba desde el más puro respeto. ¿Lo ha entendido?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso trataba de decirle.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Procure mantener la mente fría porque si la calienta estará jodido de verdad.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Nos veremos mañana&#8230;? </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así será.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Gracias por todo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hay de que. Roberto, procure pensar en lo que le he dicho.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo haré.</span></address>
<p>De poco le sirvió a Roberto ejercer de encargado en los bares y restaurantes del mejor parque de atracciones al sur de la isla ni como hombre de confianza del todopoderoso Juan Pancertero. La fatídica noche del veintitrés de noviembre terminó más tarde de lo normal, hacía algo de viento y el frío presentó sus credenciales en la terraza donde descansaba. Las fiestas de navidad y fin de año estaban a la vuelta de la esquina y el trabajo se acumulaba.</p>
<p style="text-align: left;">Bajo su responsabilidad más de una veintena de trabajadoras, y, por extraño que parezca, siempre salía airoso de las disputas que debido a los nervios se presentaban durante la jornada. Era un excelente gestor, lo había sido desde siempre. En poco más de dos meses le habían propuesto para encargado y él sin pensárselo dos veces no dudó en aceptar el reto. Como buen torero, lidió con los caprichos de su jefe, persona tosca y difícil, un empresario hecho a sí mismo. A Roberto lo había bautizado con el seudónimo de &#8220;Rubio&#8221;: Dile al Rubio que venga a la oficina. ¿Aún no ha llegado el Rubio?, que se presente ante mí en cuanto aparezca. Rubio abajo y Rubio arriba. Sabedor de los continuos desequilibrios que esgrimía Juan Pancertero, Roberto buscaba el momento para interponer algún alegato retrasando la acción de enfrentarse a él. Le habían asignado un buen sueldo y el cargo no le pesaba, además, el Mercedes 190 en el que viajaba también entraba dentro del acuerdo, por lo demás, vivía a quince minutos del parque de atracciones lo que representaba otra gran ventaja.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-390" title="paisaje nocturno" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg" alt="paisaje nocturno" width="420" height="241" /></a></p>
<p>Roberto había terminado la jornada, era medianoche y como siempre sucedía eligió la terraza para tomar un whisky. Observaba el mágico cielo del sur y al mismo tiempo se recreaba con el tintineo de cientos de estrellas. Las voces de las compañeras le llegaban como ecos lejanos, movió varias veces la cabeza. La negativa de apuntarse a la fiesta no sentó bien al grupo. En su rostro se entreveía el cansancio y las evocaciones que se revelaban no eran del todo buenas. Bebió un trago, encendió un cigarrillo y exhaló el humo. Durante unos instantes, dejó clavada la mirada en la cajetilla de Marlboro.</p>
<p>Ella lo inició a probar el primer cigarrillo, Kerry, con apenas trece años accionaba cuando quería el centro de voluntades de Roberto y, en ocasiones, éste se ofuscaba y arremetía contra todo.</p>
<address><span style="color: #800000;">- Vamos afuera. Me apetece fumar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Debo de estar loco. Treinta y ocho años sin experimentar con la repugnante nicotina y aparece en mi vida una <em>niñata</em> consiguiendo envenenar mis pulmones.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Por qué siempre me tienes que echar la culpa de tus males? ¿No te encuentras mayorcito para expresar abiertamente un &#8220;no&#8221;? Continuamente me tienes que largar ese estúpido rollo patatero. Estoy hasta el moño de escucharte. Es evidente que cada vez te vas pareciendo más a los demás.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Piensa lo que quieras. Yo también estoy cansado de tus manías y locuras, ¿entiendes? ¿Crees que dominas mi mundo?, pues te equivocas. Maquinas a las personas a tú antojo; solo hay que echar un vistazo a tu alrededor y avalar que estás huérfana de amistades gracias a la puta arrogancia que desprendes allá y donde vas.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres un hijo de p&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No se te ocurra seguir.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Te odio!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y yo te odio. No te imaginas cuánto te odio. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpido!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpida!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Maldigo el día que entraste en mi vida.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No continúes. Por favor; dejémoslo así.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres&#8230; eres mi amargura. La única persona en esta vida que me hace llorar.       </span></address>
<p>No pudo prolongar la disputa, emprendió a sollozar con infinita aflicción. Kerry tornó su delicado rostro hacia el otro lado del pasillo y llevó sus manos a los ojos, pretendía secar las lágrimas bajo el fuerte nerviosismo. El quebradizo cuerpo se estremecía entre espasmos y escalofríos. Roberto se acercó y la tomó por los hombros hasta agasajarla, besó con ternura su cabello y al oído susurró: Perdóname. No puedo verte llorar. No sabes cuánto lo siento. Si quieres, no vuelvas a hablarme, lo entenderé, pero no llores&#8230; </p>
<p> Kerry se volvió y lo abrazó con fuerza.</p>
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