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	<title>La Oca Loca &#187; García Bandrés</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
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		<title>Nueva exposición de Adán Zurita: &#8220;Diálogos de soledad&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 21:14:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nos movemos]]></category>
		<category><![CDATA[Adán Zurita]]></category>
		<category><![CDATA[Bar Nerea]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Malo]]></category>
		<category><![CDATA[García Bandrés]]></category>
		<category><![CDATA[José Luis Cano]]></category>
		<category><![CDATA[Maribel Lorén]]></category>
		<category><![CDATA[Sala Torrenueva]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Luís J. García Bandrés

Hace un año, el taller de arte del Centro Penitenciario de Daroca, salía a la calle. Lo cual, para una cárcel, no estaba nada mal. Para empezar, no es poco. La sala Torre Nueva de Ibercaja se fió y nos dejó colgar los cuadros producto de tres años de taller. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Luís J. García Bandrés</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0152WEB.jpg"><img class="size-medium wp-image-596 aligncenter" title="anuncio" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0152WEB-300x225.jpg" alt="" width="268" height="195" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Hace un año, el <strong>taller de arte del Centro Penitenciario de Daroca</strong>, salía a la calle. Lo cual, para una cárcel, no estaba nada mal. Para empezar, no es poco. <strong>La</strong> <strong>sala Torre Nueva de Ibercaja</strong> se fió y nos dejó colgar los cuadros producto de tres años de taller. Allí permanecimos algo más de un mes. La mayoría de las obras expuestas fueron adquiridas y, definitivamente, ellas alcanzaron la libertad. ¡Bien!</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0142WEB.jpg"><img class="size-medium wp-image-597 aligncenter" title="un rincón de la sala Nerea" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0142WEB-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></p>
<p>De mis – porque son míos- 25 alumnos seleccionados, sobresalía uno y no sólo por la cantidad de sus obras. Un ser imparable, creativo, parlanchín y comunicativo que  había descubierto la esencia de la pintura. Bueno, y la pintura lo había descubierto a él: le había inoculado el sentido del reto, la aventura y la libertad diferentes. Tuve la suerte de presenciar cómo, poco a poco, ese pintor nacía y crecía, sufría, gozaba y sus ojos miraban más allá de las paredes de una celda, de un patio, de una prisión. Y me sentí orgulloso y próximo.</p>
<h4 style="text-align: left;"><span style="color: #993300;"><em>Un ser imparable, creativo, parlanchín y comunicativo                                 que había descubierto la esencia de la pintura</em></span></h4>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0141WEB.jpg"><img class="size-medium wp-image-598 aligncenter" title="otro rincón" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0141WEB-225x300.jpg" alt="" width="222" height="271" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Ahora, cuando me planteo escribir estas líneas, me encuentro con un texto escrito por <strong>Zurita</strong>, que no me sorprende, pero que me ayuda y mucho, a que él también “hable”. Aquí tienen sus palabras al narrar esos comienzos del flechazo con la acción de pintar:</p>
<p><em>“<strong>Mi recuerdo más recóndito es de cuando cursaba la escuela primaria. Mis maestros flipaban con las caras picasianas que pintaba en cualquier pared, en cualquier trozo de papel. Más de un coscorrón me llevé. No le presté atención, pero sabía que dentro de mi algo había. La reacción de la gente cuando veía algún dibujo, también me animaba. Pero siempre pensé, que si eso era una virtud o un don, el destino y el tiempo lo pondrían en mi camino.</strong></em></p>
<p><strong><em><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/web-zurita.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-595" title="Adán Zurita" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/web-zurita-225x300.jpg" alt="" width="161" height="213" /></a>Cumplidos los cincuenta y de regreso a la prisión de Daroca tras una conducción, estaba en el módulo sin destino, es decir sin trabajo, y cual fue mi asombro que al pasar por la cartelera de anuncios veo uno que pone “Curso para pintores noveles”. Era la ocasión. Y conocí a Luís J. García Bandrés, el profe, amigo y compañero.</em></strong></p>
<p><em><strong>Don Luís me aconsejaba y no paraba de incentivarme. Se me quedó grabado lo que un día me dijo</strong>:</em> <em>“Hay que canalizar esa forma de pintar que llevas en la mente. El tiempo es relativo y la mente es libre”.</em></p>
<p><strong><em>Contaré una anécdota: Trabajando en la enfermería de la prisión, como interno de apoyo, por las tardes pintaba e invitaba a pintar a mi propio Atelier a quienes estaban allí. </em></strong><strong><em>Algunos de ellos sufrían esquizofrenia paranoide, trastornos de diferentes tipos, protocolos de suicidio, etc. Pero el caso es que toda esta gente se relajaba mientras pintaba. </em></strong><strong><em>Una tarde, el psiquiatra y todos los funcionarios del módulo no encontraban a ningún paciente para consulta, y ¡es que estaban en mi Atelier! Cuando dieron con nosotros, yo pensé: “aquí me juego el parte”. Pues no, me sorprendió cuando me felicitó y me dijo que era muy bueno para la gente que sufre trastornos psicológicos. Yo le contesté: “También es bueno para los que se creen que están normales, ja, ja, ja”.</em></strong></p>
<p><strong><em>Transcurrió el tiempo y don Luis me comunica que se va  a  hacer una exposición, en la Sala Torrenueva de Zaragoza. No puedo acudir a la inauguración, pero resulta que mis trabajos gustan y son valorados.</em></strong></p>
<p><em><strong>La pintura me ayuda mucho en lo personal. Si pusiera en un reloj todas las horas que me quito de condena, estoy seguro de que el reloj se lleva la mitad porque cuando pinto, aunque suene vulgar, me transporto hacia esos paisajes lunares que solo están en el universo de mi mente</strong>”.</em></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0137WEB.jpg"><img class="size-medium wp-image-599 aligncenter" title="otro rincón" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/IMG_0137WEB-300x225.jpg" alt="" width="341" height="229" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Esa ayuda de la pintura, esa mano hacia una libertad personal, es lo que he deseado llevar a Daroca y que el pintar fuera una manera de lucha, de superación por conseguir algo, aunque haya momentos malos. Zurita es un ejemplo. Mucho más que un ejemplo. Es amigo, compañero y profesor. Y, además, solidario, pues aunque él prefiere que no lo diga, y pese a su precaria situación personal, ha donado el posible fruto de la venta de uno de sus cuadros a la causa de <strong>las víctimas del terremoto de Haití</strong>.</p>
<p>Las nueve obras expuestas en esta Sala son posteriores a esa exposición de hace un año. Las dos vertientes de su trabajo, su evolución están bien claros. Y si están aquí, donde han expuesto <strong><em>Fernando Malo, José Luís Cano, Domingo Sanz, Maribel Lorén</em></strong> es por que su obra se lo merece.</p>
<p><span style="color: #993300;">* La exposición se ubica en <strong>la sala</strong> <strong>&#8220;El rincón del café&#8221; </strong><strong> del Bar Nerea. Paseo Cuéllar, 55. Zaragoza</strong>. Y se podrá visitar desde el <strong>jueves, 4 de febrero</strong> hasta <strong>mediados de</strong> <strong>marzo</strong>.</span></p>
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		<title>Recuerdos de una exposición en Zaragoza</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2010/01/recuerdos-de-una-exposicion/</link>
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		<pubDate>Tue, 05 Jan 2010 08:21:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nos movemos]]></category>
		<category><![CDATA[García Bandrés]]></category>
		<category><![CDATA[Sala Torre nueva]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Luis J. García Bandrés (escritor y pintor)
 
No era el objetivo pero sí el último destino que deben tener las pinturas, ni entre las paredes de un estudio ni dentro de las rejas de una prisión. Por eso durante tiempo se fue fraguando la exposición en la sala Torre Nueva de IberCaja en Zaragoza. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Luis J. García Bandrés (escritor y pintor)</p>
<p> <img class="alignnone size-medium wp-image-476" title="cartel exposición" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/6736_pinturas_celda_pr-1-146x300.jpg" alt="cartel exposición" width="146" height="300" /></p>
<p>No era el objetivo pero sí el último destino que deben tener las pinturas, ni entre las paredes de un estudio ni dentro de las rejas de una prisión. Por eso durante tiempo se fue fraguando la exposición en la sala Torre Nueva de IberCaja en Zaragoza. <span id="more-475"></span>Desde el principio contábamos con el apoyo de José Luís Lasala y del departamento de Cultura de la entidad de ahorros y José Luís no nos falló. Tampoco José Robert (el enmarcador) y Cruz Roja Española (nuestro patrocinador).</p>
<p>Yo sabía y había trabajado para que la muestra del Taller de Pintura no pasara desapercibida. Llamadas, e-mails. Los colegas de otros medios no faltaron a la cita, pero hubo algo que jugó a nuestro favor.</p>
<p>De antemano y sin poder comunicarlo, ni muy alto ni con mucha antelación, había dos aspectos que iban a ser un cebo eficaz para cualquier periodista: la presencia de algunos de los internos, autores de los cuadros y la &#8220;posible&#8221; visita de Mercedes Gallizo, Secretaria Gral. de Instituciones Penitenciarias. Lo sucedido en la macro cárcel  de Zuera durante la semana anterior, hizo el resto. Las aguas muy turbias de un lugar contrastaban con el ejemplo tranquilizador y creativo de Daroca. Le vino que ni pintado a la Secretaria General para salir del paso durante la improvisada rueda de prensa que se montó en la Sala Torre Nueva, poco antes de la inauguración de &#8220;Pinturas desde una celda&#8221; que así, parafraseando a Becquer, se titulaba la muestra.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/k-torre-nueva-mm15.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-477" title="exposición" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/k-torre-nueva-mm15.jpg" alt="exposición" width="336" height="252" /></a></p>
<p style="text-align: left;">La selección de las 25 obras no fue sencilla ni justa. Muchos más se quedaron en la antesala del taller de Robert. La &#8220;ley&#8221; era el espacio de la sala. 25, no más. Distribución y montaje el día 7 de enero y llegaba ya, por fin, la tarde del día 8. La sala se abrió apenas una media hora antes. Caras conocidas entre los asistentes y medios de comunicación, muchos. Cámaras, micrófonos, libretas a pie de bolígrafos&#8230; &#8220;¿Han llegado ya los presos?&#8221; me preguntaban. Entre tanto barullo, todo se ordenó cuando Mercedes Gallizo comenzó a bajar por las escaleras. Tras ella, el Delegado del Gobierno. Y, a lo dicho, la situación en Zuera fue el primer tema al que se enfrentó la Secretaria General.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/tierra.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-497" title="Tierra" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/tierra-300x225.jpg" alt="Tierra" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Mientras, en un lado de la sala, yo charlaba con los cuatro internos que habían traído desde Daroca, entre ellos no estaban ni Zurita, ni Carlos, ni Vincent.  Uno de los cuatro presentes me advierte: &#8220;Oiga, jefe, aquí no hay ninguna pintura nuestra&#8221;.  Le dije que no importaba; que le selección había dejado a los que había dejado y que ellos, allí, en ese momento, representaban al resto y que si les hacían alguna entrevista que eligieran aquella pintura con la que se sintieran más identificados y que hablaran del trabajo en el taller. Algunos de los cuadros estaban sin firmar y la mayoría, con iniciales. No era, pues, difícil salir del apuro.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-gesto-libre.jpg"><img class="size-full wp-image-496 aligncenter" title="El gesto libre" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-gesto-libre.jpg" alt="El gesto libre" width="297" height="224" /></a></p>
<p>Al poco me reclaman para acompañar a Mercedes Gallizo en una visita guiada. Ella estaba al fondo, en la otra punta, donde se mostraban los cuadros de Zurita. Mentalmente me preparé mi discurso sobre el ejemplo, más que válido, de Zurita. Al llegar, uno de los cuatro internos ya se había &#8220;apropiado&#8221; de la paternidad de &#8220;Juntos&#8221; y de generalidades, nada. Con todo lujo de detalles le explicaba a la Secretaria General la significación e inspiración de la obra que él situaba a orillas del mar. ¿Porqué quitarle ese momento de gloria? Así que salí del paso, aunque no sin rechazar el hablarle de cómo en Zurita había nacido un pintor. Y le conté mi experiencia en Daroca que en resumen sería:</p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>&#8220;El ejercicio de pintar transmite sensación de libertad y responsabilidad a partes iguales&#8221;.</strong></em></p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>&#8220;Los que habían pasado por el taller lo habían comprendido y practicado&#8221;.</strong></em></p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>&#8220;Que dentro del centro había gente muy válida a la que la vida ni le trató bien ni le dio muchas más alternativas&#8221;</strong></em></p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>&#8220;Y que de gracias por mi presencia en Daroca, nada, si acaso el agradecido era yo: me habían permitido, con aquello que más quiero, echar una mano a quienes te la tienden, estrechan y agradecen&#8221;.</strong></em></p>
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		<title>Eventos: Todos pasan, nadie se queda.</title>
		<link>http://www.revistalaocaloca.com/2009/05/eventos-todos-pasan/</link>
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		<pubDate>Sun, 03 May 2009 12:14:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Oca Loca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<category><![CDATA[García Bandrés]]></category>

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		<description><![CDATA[Una crónica diferente de la Expo.
Escrito por: Luis J. García Bandrés. Escritor y pintor.

Hace días que terminó ExpoAgua. Zaragoza ha estado encantada de reconocerse a sí misma. La muestra fue una bella Torre de Babel donde las más diversas lecturas eran posibles y donde convivían culturas e intereses. Con vida, viva, muy viva. Un encuentro.
No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una crónica diferente de la Expo.</p>
<p>Escrito por: Luis J. García Bandrés. Escritor y pintor.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/oca-nino-wp.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-184" title="Niño baños expo" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/oca-nino-wp.jpg" alt="Niño baños expo" width="472" height="354" /></a></p>
<p>Hace días que terminó ExpoAgua. Zaragoza ha estado encantada de reconocerse a sí misma. La muestra fue una bella Torre de Babel donde las más diversas lecturas eran posibles y donde convivían culturas e intereses. Con vida, viva, muy viva. Un encuentro.</p>
<p>No te voy a contar nada que no hayas visto, especialmente gracias al trabajo de la televisión autonómica y también, de las locales. Inexplicablemente, Madrid se olvidó, dió la espalda en momentos muy singulares e irrepetibles, por ejemplo, la ceremonia de clausura.</p>
<p>Lo que te voy a contar, a dónde te voy a llevar, es a un sitio donde los que allí acudían, era de paso, por necesidad, con prisa. Fue algo que vi y que se me ocurrió fotografiar. Era un motivo más que estaba allí delante de mis ojos y que en algunos de sus aspectos, reflejan un acontecimiento -el de la Expo- con afluencia, donde todos iban con ropa y calzado deportivos. Nada de etiquetas ni de corbatas. No. Aunque mi cámara no las hubiera podido captar, lo que se ve no encaja con personas trajeadas, de convite, ni de fiestorro. Sí que buscaban un  determinado &#8220;pabellón&#8221;, también con urgencia.</p>
<p><strong>A la búsqueda de un lugar tranquilo.</strong><br />
En las avenidas, en los paseos, por las escaleras, mecánicas o no, gentes que iban y venían. Filas y filas delante de muchos pabellones. ¿Dónde va Vicente&#8230;? De verdad, aquello era agotador. La energía gastada por los más de seis millones de visitantes, sería capaz de iluminar el sol, que tampoco quiso perderse la expo. El calor más el agobio de tanta gente, encontrar un oasis dentro de la Expo multitudinaria, no fue asunto fácil. Pero, ¡lo encontré! De la mano de mis necesidades, -como las de cualquiera- llegué hasta ese lugar de privilegio, fresco, sentado, sin nadie al lado que molestara ni que te observara, con cierta animación, hasta un cigarrillo -como en el colegio-, era posible. ¡Y tenía que ver con el agua!</p>
<p>La verdad, las panorámicas, delante de mis ojos, no eran muy buenas. Una tabla de madera, pintada de naranja. Los laterales, de amarillo, aunque después de acumular tantas imágenes, de tanta gente, tantos pabellones&#8230; por unos momentos los ojos necesitaban también dejar de ver, mirar, almacenar y escrudiñar. Me sentía víctima del síndrome japonés: viajar, rápido; ver todo; fotografiar todo&#8230; Había que parar el tiempo en un espacio aparte.</p>
<p>Y, sí, sentado en el water de unos de los escasos lavabos de la Expo, casualmente, vi la oportunidad y coloqué la cámara en el suelo. Fui captando lo que por delante de mí procesionaba y se dejaba ver por el final de esa madera naranja que era la puerta. De frente, por los laterales. Gente joven y menos. Más limpios los jóvenes que los no tan jóvenes, quienes, después del alivio,  pasaban de largo por delante de los lavabos&#8230; Los había que entraban con prisas. Apenas el objetivo captaba un pie. Salían más tranquilos, más satisfechos, como marcando el paso. Hubo momentos de afluencia. No es el resultado de un solo día en ese singular puesto de observación. Descubierto el lugar de paz, seguí coleccionando los pies de gentes con ganas de mear. Por unas fotos, la intimidad miraba al mundo.</p>
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