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	<title>La Oca Loca &#187; Penitencia</title>
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	<description>Revista del centro penitenciario de Daroca</description>
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		<title>El furgón blindado (2ª parte)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 03:30:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
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		<description><![CDATA[Escrito por: El Dani De vuelta de a casa, pude ver cómo la policía había montado controles a la entrada y salida del pueblo. Habíamos dado la nota con la prueba del nuevo conductor. Al día siguiente nos reunimos los cinco en la explanada de los “rogelios”, trajimos una furgoneta con puerta lateral, una Ford [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: El Dani</p>
<p>De vuelta de a casa, pude ver cómo la policía había montado controles a la entrada y salida del pueblo. Habíamos dado la nota con la prueba del nuevo conductor. Al día siguiente nos reunimos los cinco en la explanada de los “rogelios”, trajimos una furgoneta con puerta lateral, una Ford Transit blanca, para estrenar la estrategia del furgón.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Plaza-de-los-Taxis.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1874" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/Plaza-de-los-Taxis-300x216.jpg" alt="Plaza de los Taxis" width="300" height="216" /></a>El plan era sencillo, a las 11:32 el furgón pararía en la plaza de los taxis, esperaríamos a que salieran los guardias jurado del Banco Santander que hay en dicha plaza, nos acercaríamos al furgón y, acto seguido, se abriría la puerta. Por supuesto, nos la abriría nuestro nuevo amigo el guardia jurado. Todo parecía sencillo.</p>
<p>Llegó el día, nos reunimos como siempre en la tienda del Punki, eran <em><strong>las 10:00 </strong></em>de la mañana y ya estábamos hasta la coronilla de whisky y coca. Fui a la Rambla del Carmen a por el Kadett G.S.I., las caretas de mono y las armas. Ya eran <strong><em>las 11:00 en punto </em></strong>y decidimos echar un vistazo a la plaza de los taxis. Un pequeño problema, en el semáforo había un policía municipal cuidando del trafico. Sin embargo, no era inconveniente, estábamos dispuestos a dar el golpe esa mañana. Volví al coche y les dije lo que pasaba con el municipal. Ninguno dijo nada.</p>
<p><em><strong>Las 11:30</strong></em>. Llegó un camión del butano, aparcó y se puso a bajar bombonas. A todo eso que llegó el furgón, aparcó detrás del butanero, y se bajaron los dos guardias jurados. Uno de ellos llevaba una especie de carpeta en la mano, se volvieron y se dispusieron a ir al banco, nos pusimos las caretas y nos acercamos al furgón.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Cuando me di la vuelta<br />
vi al Tete con la pistola levantada</span></em></h3>
<p>Se abrió la puerta, me acerqué a la manivela, tiré de ella y abrí la puerta; a mi derecha estaba Raúl con la recortada, encañonó al cómplice y, cuando me dispuse a coger la primera saca, se oyeron tres tiros, ”Pan, Pan , Pan” y después un cuarto “Pan”. Cuando me di la vuelta vi al Tete con la pistola levantada y los dos guardias jurado en el suelo.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sacas-de-dinero.jpg"><img class="size-medium wp-image-1875 alignright" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sacas-de-dinero-291x300.jpg" alt="sacas de dinero" width="291" height="300" /></a>Le chillé al Raúl: <em>“¡Coge las putas sacas!” </em>Cogió dos sacas, yo sólo pude coger otras dos, el resto allí se quedó. Salimos corriendo hasta el coche, el furgón blindado arrancó y tiró marcha atrás, “Pan”. Topó contra un coche. José esperaba con el coche en marcha, <em>“¡Sal pitando tío!¡Rápido!</em>”, y nos fuimos corriendo por la calle del viento hasta la avenida de la estación. Subimos hasta la calle de la iglesia y bajamos hasta la tienda del Punki donde nos escondimos con todo el dinero. El José se fue a dejar el coche y yo me fui a pillar algo de coca de la gitana. Vi pasar por lo menos 3 patrullas de los nacionales, todo el pueblo parecía un avispero de policía, en todas las salidas del pueblo había controles de policía. Todo era un caos.</p>
<p>Decidimos repartir y que cada uno tirara para su lado, que se escondiera en su casa. Yo me fui a mi piso, tenía en mi poder 60 millones de pesetas, mis 30 y los 30 del guardia jurado. Llegué a mi piso y lo primero que hice fue tirar el dinero en la cama, me acosté en ella y grité:”¡<em>Soy rico</em>!”. Al mediodía en los telediarios no se hablaba de otra cosa, <strong><em>“Atraco a un furgón blindado en el pueblo de xxx, Murcia, un vigilante herido de gravedad”.  </em></strong>En ese momento, comencé a ser consciente del lío en que me había metido.</p>
<p><strong><em>A los dos días </em></strong>me llamó el guardia jurado. Quería que quedáramos para que le diera su parte, y así lo hice. Le indiqué dónde estaba mi piso y le di su dinero. Me recriminó lo de su compañero, pero yo le dije que fue necesario para poder llevar el atraco adelante, le amenacé que no dijera nada de nosotros, que sino lo lamentaría, y se fue algo acojonado. Nunca más le volví a ver.</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>Le amenacé que no dijera nada<br />
de nosotros, que sino lo lamentaría</em></span></h3>
<p>El palo, pese a todo, hubiera podido salir bien de no ser porque  el Raúl tenía un amigo con el cual se solía poner hasta el culo de coca, ‘el Pincho’, y Raúl se lo contó todo. A los dos días detuvieron al Pincho porque éste estaba en busca y captura por pequeños robos y porque una noche cogió el coche que habíamos robado para ir a Murcia a pillar. Y lo que éste no sabía, es que el coche estaba vigilado por la policía secreta, esperando a que volviéramos a actuar.</p>
<p>Por la noche me llamó el Raúl muy asustado, me dijo que la policía había estado en su casa preguntando por él, y que su madre había dicho que no estaba. La policía le dijo a su madre que se presentara en comisaría, que sería mejor para él, que lo sabían todo, que el Pincho lo había contado todo. <em>Un temblor recorrió todo mi cuerpo, sólo tenía en mi mente huir y no volver.</em></p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/policia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1876" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/policia-300x300.jpg" alt="policía" width="270" height="270" /></a>Pasaron<strong><em> 6 días</em></strong>, los cuales se me hicieron eternos, y de nuevo me llamó el Raúl. Me contó que pusiera la tele en el canal Antena 3. Me quedé de piedra, habían pillado al Tete en Barcelona con un BMW y 7 millones en efectivo, y al José en Tarragona al querer comprar una casa y dos millones en efectivo. Se me heló la sangre al saber que el siguiente seríamos, o el Raúl o yo. Le dije por teléfono que se fuera de España, que yo me iría esa misma noche.</p>
<p>El dinero me quemaba, así que, en mi desesperación cometí un error. Me fui a ver a mi tío Rogelio y le di 25 millones para que los blanqueara en su taller, que yo me tenía que ir de España. Ni lo sé ni me importa ya donde para ese dinero. Mi tío tenía deudas, y ahora ya está muerto.</p>
<p>Me fui al aeropuerto de Alicante y cogí un vuelo que salía para México. Cambié 5.000.000 de Pesetas, que pasé sin problemas, en Dólares y Pesos mexicanos y me hospedé en un hotel, llamado ‘<em>El Charro’</em>, habitación número 17. Allí pasé los <strong><em>7 días siguientes </em></strong>sin salir de la habitación, pero tuve un error, le pedí línea a la recepcionista para hacer una llamada internacional, y llamé a casa de mis padres, estuve llamando lo menos una hora; mi pobre madre entre sollozos me dijo que la policía me buscaba por el atraco y por la muerte del segurata. Se me heló de nuevo la sangre y, con lágrimas en los ojos, me despedí de ella para siempre.</p>
<p>A los <em><strong>tres días </strong></em>me cogió en el hotel la Interpol de México. Resulta que tenían pinchado el teléfono de mis padres y habían localizado la llamada; lo demás fue fácil, y así fui cazado.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Se me heló de nuevo la sangre y, con lágrimas<br />
en los ojos, me despedí de ella para siempre</span></em></h3>
<p>Estuve <strong><em>dos semanas </em></strong>en una prisión mexicana y luego me trajeron a España. Fui ingresado en la prisión de Sangonera la Verde. Allí, en el modulo 1, me encontré con mis tres compañeros y estuvimos hablando de lo ocurrido, y de lo que íbamos a decir en el juicio. El Tete estaba acojonado pues fue el que disparó al guardia jurado.</p>
<p>Llegó el día del juicio y todos se derrumbaron contándolo todo. Sin embargo, resultó que estábamos vendidos por completo pues había un testigo protegido, que supimos que era el Pincho. La policía no es tonta y supo atar todos los cabos. Entrando en la sala del juicio, vi pasar toda mi vida por delante de mis ojos y vi cómo un juez me pedía 20 años y 10 meses por atraco a mano armada y cómplice de asesinato. Mi abogado puso la atenuante de drogadicción y me condenaron a <strong><em>15 años y 11 meses</em></strong>. Me derrumbé como un castillo de naipes, pues me pasaría toda mi juventud en prisión.</p>
<p><em>Actualmente cumplo condena en la prisión de Daroca y ya llevo 12 años, me quedan otros 4, pero cuando salga sé que no volveré a delinquir. Después de tanto tiempo, poco queda en mí de aquel Dani. De no acabar en prisión, seguramente ahora estaría muerto. Lamento mucho de aquella vida. De mis compañeros no sé nada ni quiero, pues no fueron hombres a la hora del juicio y me echaron toda la culpa a mí. Hoy día, gracias a Dios, no consumo droga, he formado una familia desde dentro de la prisión y tengo el mayor tesoro del mundo, mi hija Silvia, que es todo lo que puedo desear. </em></p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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		<title>El furgón blindado (1ª parte)</title>
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		<pubDate>Mon, 09 May 2011 06:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
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		<description><![CDATA[Escrito por: el Dani Todo comenzó en el verano del 97, triunfaban los estopa y los camela con su éxito “Yo no puedo estar sin él”. Yo era un joven de 23 años al que le gustaba la marcha. En ese tiempo me juntaba con el Soria, el Tete y el Raúl, los 4 estábamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: el Dani</p>
<p>Todo comenzó en el verano del 97, triunfaban los <em>estopa</em> y los <em>camela</em> con su éxito “<em>Yo no puedo estar sin él</em>”. Yo era un joven de 23 años al que le gustaba la marcha. En ese tiempo me juntaba con el Soria, el Tete y el Raúl, los 4 estábamos enganchados a la cocaína y la heroína, y para sufragar nuestros gastos nos dedicábamos a hacer pequeños atracos a sucursales de la CAM y de la CAJA MURCIA, sobre todo los días 27, que era cuando los pensionistas cobraban sus pagas.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/robo-coche.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1713" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/robo-coche-300x175.jpg" alt="robo coche (fotografía Motor 21)" width="300" height="175" /></a>Era <strong><em>día 25 </em></strong>y tenía que robar un coche. Mis preferidos eran los OPEL KADETT G.S.I de color oscuro. Solía colarme en los parquin de la plaza de los viejos con un “tornas” (un destornillador grande), forzaba la cerradura, le hacía el puente, rompía el bloqueo y run, run fiesta.</p>
<p>Salí del parquin y me fui a buscar a Raúl, un chavalito de 21 años pero que tenía muchos huevos y un cerebro prodigioso, para que me ayudara a esconder el coche. Yo tenía los mandos a distancia de los garajes de ciudad jardín, plaza del pensionista y plaza de la Región murciana, así que nos fuimos al garaje de ciudad jardín, metimos el choche en la plaza 26 que era la que siempre estaba libre, le pusimos la lona y fuimos a ponernos la dósis diaria.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Forzaba la cerradura, le hacía el puente,<br />
rompía el bloqueo y run, run fiesta.</span></em></h3>
<p><strong><em>Día 26. </em></strong>Fuimos a la casa del Carlos &#8220;el Mulero” , un chaval que se dedicaba al tráfico de armas. Yo tenía la ilusión de entrar a las sucursales con una escopeta de cañones recortados, si sólo entrábamos con una Beretta de 9mm me sentía desnudo.</p>
<p>Por la tarde nos reunimos en el parque de la compañía, el Tete, el Soria, el Raúl y yo. Repasamos el plan y nos fuimos a la casa del Tete, donde teníamos los caretas de gorila, las pistolas y ahora una Remington de cañones recortados.</p>
<p><em><strong><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/drug-money.jpg"><img class="size-medium wp-image-1714 alignright" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/drug-money-215x300.jpg" alt="drogas y dinero" width="215" height="300" /></a>Día 27. </strong></em>Quedamos en la tienda de tatuajes del Punki, un chaval muy legal que conocí en la cárcel. A las 7 de la mañana se fueron dejando caer, el Soria, el Tete y el Raúl, nos metimos unas rayas para quitarnos el mono y me fui a por el coche , las armas y las caretas de gorila.</p>
<p>A las 7:45 salimos rumbo a una Caja Murcia que hay en la plaza de Pio XII. Ya eran las 8 y la tensión se podía cortar, entraron 3 clientes a la caja y ésa era la oportunidad. Nos pusimos las caretas y nos bajamos del coche. Raúl, Tete y yo abrimos la puerta, cogí a una clienta, la encañoné y grité, <span style="color: #993300"><em>“¡Esto es un atraco!”. </em></span>El Raúl se metió en el bunquer y empezó a vaciar los billetes y los dos sacos de dinero que habían traído los de Prosegur.</p>
<p>El Tete mantenía a la gente con los brazos en alto. Salió el Raúl, salió el Tete y acto seguido solté a la mujer y salí disparado hacia el coche donde nos esperaba el Soria al volante, un fitipaldi de 16 años que era un experto en fugas.</p>
<p>Al llegar al coche empezó a sonar la alarma de la caja y partimos rumbo a la rambla del Carmen donde teníamos mi coche escondido, un Mercedes 190 gris oscuro. Metimos el Kadett en el canal y fuimos a la tienda del Punki a hacer la repartición. Este mes habíamos triunfado, 4 millones 800 mil pesetas, el reparto fue de un millón para cada uno y las 800 mil para el Punki por los servicios prestados.</p>
<h3><em><span style="color: #993300">Después de cada atraco, solíamos estar<br />
una semana sin vernos y sin salir</span></em></h3>
<p>Después de cada atraco, solíamos estar una semana sin vernos y sin salir. Para ello, acostumbrábamos a ir a casa de la gitana a pillar un montón de gramos e irnos a nuestra casa. Pero, a la bajada del piso en la 2º planta, dos gitanos tenían acojonado a punta de navaja a un tío bastante alto. Saqué la pistola y les ordené que lo dejaran. Los gitanos salieron corriendo piso abajo y el hombre gritó, <span style="color: #993300"><em>“¡Cabrones!”. </em></span>Acto seguido guardé el arma y le dije: <span style="color: #993300">“<em>Hola soy ‘el Dani’ ¿ cómo estas?”. “Ahora bien, gracias, soy Juan Cortés, guardia jurado y venía a pillar algo de farlopa y mira, querían robarme.” </em></span>Yo le dije que para venir a estos sitios había que venir acompañado como nosotros, le presenté a mi gente y le pillamos unos gramos. Le dije que cuando quisiera pillar, que me llamara, y nos intercambiamos los números de móvil. En la puerta salimos una para cada lado y a nuestras casas.</p>
<p><em><strong><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/escondido.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1716" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/escondido-276x300.jpg" alt="escondido" width="276" height="300" /></a>Pasaron 4 días.</strong></em> Yo estaba escondido en un piso que tenía mi padre. Ya estaba un poco agobiado, cuando me suena el móvil, era el Juan, el guardia jurado. Me dijo si estaba libre y si podíamos vernos. Yo, rompiendo las reglas de estar una semana escondido, le dije que estaba libre y quedamos en la pastelería Rosales a las 20 horas.</p>
<p>Llegué primero, me tomé un whisky y a los 5 minutos llegó él, un tipo alto y fuerte. Se notaba a la legua que era un tipo elegante, educado, se tomó un café y nos fuimos a casa de la gitana, pillamos unos gramos y nos fuimos de fiesta. Según entraba el día, nos fuimos a comer y por la noche fuimos de ‘Lumis’. La fiesta siguió otros tres días. Regresé a mi piso a esconderme y, cómo no, a descansar. En ese período de tiempo de 4 días, no paraba de pensar en lo triste y solitaria que era mi vida y en el poco futuro que veía yo a la vida que llevaba.</p>
<p>El domingo me llamó Raúl. Me invitaba a comer. Fue una buena salida para pasar el día y cuando bajaba de mi piso, me sonó el móvil. Era el guardia jurado, me dijo que tenía una propuesta que ofrecerme, quedé con él en el restaurante de Ramón (donde había estado con Raúl), y me propuso solucionar mi futuro en una tirada. Yo le conté cómo nos buscábamos la vida y pensé que podíamos hacer un último atraco.</p>
<h3><span style="color: #993300"><em>Me propuso que diéramos un palo:<br />
2 minutos, 250 millones de pesetas, 4 personas.</em></span></h3>
<p>Resultaba que el tío era guardia jurado de Prosegur, un vigilante de ‘Furgón Blindado’. Me propuso que diéramos un palo: 2 minutos, 250 millones de pesetas, 4 personas. En ese momento, vi mi futuro más claro, pero a la vez no era consciente del lío en el que me estaba metiendo.</p>
<p>Llamé al Tete y al Soria, pero éste último no contestaba. Resultó que le habían pillado en un control de la policía con 10 gramos de coca y que estaba en la cárcel de Sangonera la Verde. Llegó el Tete y me contó todo la movida del Soria. Fue de susto, ahora me faltaba un conductor, pero de los buenos.</p>
<p>Seguimos toda la tarde en el restaurante de Ramón emborrachándonos y ahogando las penas con whisky y coca. De repente, el Raúl dijo: <span style="color: #993300"><em>“Mi primo José”. ”¿Como dices Raúl?”. “Mi primo José se puede venir de conductor, es el tío más rápido que pueda haber en fugas, voy a llamarlo a ver si está libre esta noche y quedo con él. ¿Vale?”.</em></span></p>
<p>Así que llamó a su primo y, en cosa de media hora, se presentó un chaval joven de unos 23 años, moreno, de no alta estatura pero eso sí, muy educado. ¡Si conducía tan bien como hablaba, con éste al volante no había quien nos cogiera!. Decidimos salir a probarlo. Resultó que José llevaba un pedazo de Volkswagen Corrado, todo arreglado de tunning. Nos fuimos al centro del pueblo y salimos a 120, 130 del pueblo. No veas si conducía bien, parecía un demonio al volante, todo estaba arreglado.</p>
<p><strong><span style="color: #993300">Continuará……</span></strong></p>]]></content:encoded>
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		<title>Penitencia: novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap.3º)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Sep 2010 19:57:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Conociendo a Kerry Escrito por: Donegan Rice Las puertas del calabozo del juzgado se abrieron para dejar paso a un nuevo invitado. Roberto volvió a  preguntar cuándo lo subirían a declarar. La respuesta fue tajante, directa, fría como los detalles que rodean a toda detención: “No tengo ni idea”, dijo el policía. Respuesta que, por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Conociendo a Kerry</h2>
<p>Escrito por: Donegan Rice</p>
<p>Las puertas del calabozo del juzgado se abrieron para dejar paso a un nuevo <em>invitado</em>. Roberto volvió a  preguntar cuándo lo subirían a declarar. La respuesta fue tajante, directa, fría como los detalles que rodean a toda detención: <span style="color: #993300;">“No tengo ni idea”,</span> dijo el policía. Respuesta que, por otro lado, cualquier falto de libertad conoce.</p>
<p>No tenía sueño, según sus cuentas, en las últimas doce horas tres las había dedicado al descanso, demasiado tiempo para quien estaba habituado a una vida llena de sobresaltos. Los rígidos horarios de trabajo, el trasnochar, consecuencia forjada por la complicada enfermedad del pequeño Sacha, le habían gestado un constante desvelo. Le aparecían dolores en el estómago y el pecho actuaba como una ventosa. Él lo explicaba así a su hermana Lorena: <em><span style="color: #993300;">“Son como agujas punzando una y otra vez”.</span></em>  Intentaba no hacer caso a su dolencia. Cuando comenzaba el martirio daba vueltas y respiraba hondo una y otra vez, se secaba el sudor frío de la frente y procuraba no obsesionarse.</p>
<p>Roberto observó al nuevo detenido, no se imaginaba porqué lo habrían traído hasta allí, tampoco le interesaba, miró cuidadosamente a su alrededor y eligió el final del banco para continuar con la reflexión. Escuchó improperios por la necesidad de ir al lavabo y rió con la entonación que éste había dado a la palabra <span style="color: #993300;">“<em>mono</em>”</span> en clara referencia al policía.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/6660982-lg1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-613" title="recordando" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/6660982-lg1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>La intranquilidad le angustiaba cada vez más, seguía pensando que se trataba de una locura, de un tremendo error. Estaba en el momento de dudar si lo sacarían de allí para prestar declaración o le llevarían directamente a la cárcel. Después de tanto tiempo, de idas y vueltas, de continuos silencios, lo que rondaba por su cabeza no era del todo descabellado.</p>
<p>Los dos detenidos intercambiaron miradas e hicieron algunos gestos de impotencia con la cabeza. Roberto no sabía qué hacer y quedó paralizado como la noche en que Kerry le llamó <em><span style="color: #993300;">“enfermo y miserable”.</span></em></p>
<p>Llevaba un rato sentada, pensativa, en el primer peldaño de la escalera de la casa. Hacía un fuerte y pegajoso calor a  pesar de ser noche cerrada; los vecinos de la zona llevaban cinco días soportando la aparición del polvo saharaui. Sin que Kerry lo notara comenzaron a aparecer oscuras nubes que avanzaban y esto hacía que, de cuando en cuando, llegara una brisa húmeda. Se puso en pie, abrió la puerta de salida a la calle, miró el cielo y observó la inminente llegada de la lluvia: <em><span style="color: #993300;">“¡Dios santo! –exclamó-. Cuánto hace que no veo llover, cuando era más pequeña comenzaban durante los primeros días de abril y así hasta final de mayo; ahora apenas cae gota, es algo terrible”.</span></em> Kerry esperaba la llegada de la lluvia tanto como la aparición de Roberto, en silencio se había compuesto, arreglado el cabello, perfumado, perfilado ojos y labios y elegido un airoso vestido azul floreado. Belén, como siempre sucedía, no daba crédito a tal despliegue de atenciones para un rutinario recibimiento. Al fin y al cabo, el que llegaba no era otro sino su compañero sentimental.</p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>Se veía esclava de su presencia, absorta                                                  por adquirir todo aquello que deseaba</em></span></h3>
<p>Kerry reflexionó sobre la situación que estaba lejos de ser la ideal. Aunque le hubieran brindado la posibilidad de recomenzar una convivencia normal, en aquellos momentos, no hubiera sabido qué hacer. Esperaba en silencio, con expresión seria, mordisqueándose los labios, fumando compulsivamente, ojeando con nerviosismo las agujas del reloj. Una vez más, Roberto la había dejado esperando. Constantemente, le hacía prometer que no llegaría tarde a recogerla y constantemente, la efímera promesa quedaba truncada por las responsabilidades que le generaba el trabajo, y esto era imposible de digerir por ella.</p>
<p>La joven apacible, bondadosa e intermitentemente comprensiva, de mirada profunda y tierna se había transformado al cabo de una hora de tensa espera en un ser herido que esperaba el dulce momento de la venganza. Lloró y las lágrimas arrastraban en su caída el mismo dolor que su dueña. Las sonrosadas mejillas, su boca, coqueta, completada bajo un pícaro lunar, toda ella se transformaba en verdugo esperando la aparición del condenado para ejecutar el merecido castigo: <span style="color: #993300;"><em>“Éste se piensa que soy una tontorra&#8230; mal, mal lo lleva conmigo”.</em> </span>Y encendía otro cigarro sabiéndose a salvo de Belén, una bocanada tras otra, su rostro no cesaba de trasuntar aire de desesperación. Atendía al infierno que ardía en el interior de su alma y a la vez ojeaba la situación estratégica del entorno, y con infinita rabia contaba los vehículos que transitaban cerca de ella: <span style="color: #993300;">“<em>Noventa y tres</em>”.</span> A sí misma se veía esclava de su presencia, absorta por adquirir todo aquello que deseaba.</p>
<address><span style="color: #993300;">-         Kerry, Kerry. Responde niña. ¿¡Estás ahí!? Kerry, Kerry ¡Responde de una vez! –Belén  nerviosa-</span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         Sí mamá, estoy aquí. ¿Dónde voy a estar&#8230;?</span></span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         ¿Me quieres decir que Roberto sigue sin aparecer?</span></span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         No lo tengo escondido mamá; pues no ves que no está.</span></span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         Necesito que te acerques a la farmacia, asómate de una vez niña -Perezosamente Kerry se hace ver-. Mira qué cara llevas; no aprenderás niña. En la vida, Roberto cumplirá con su palabra, así que compra estos medicamentos que van en la nota y en cuanto llegues subes a cenar.</span></span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         ¿Quieres dejar de gritar? Siempre se tiene que enterar media vecindad de lo que hago o dejo de hacer. y en cuanto a subir; lo haré, pero después de dejarte las medicinas volveré aquí a esperarlo.</span></span></address>
<address><span style="color: #993300;"><span style="color: #993300;">-         Tú sigue quitándome la paciencia que acabaremos mal. Anda, ve a la farmacia, tontorrona de niña.</span></span></address>
<p>Kerry atraviesa una calle y otra, cruza varios semáforos sin reparar en que lo hace con la luz en ámbar. Quiere acabar cuanto antes, le golpea una y otra vez la emoción de echarle la vista encima a Roberto y soltarle la merecida bronca. Las promesas no cumplidas le hacen un daño irreparable y consiguen influir negativamente en el derribo del muro que yace desde hace tiempo en su interior. La joven vive retirada del resto de amistades, este alejamiento es un abandono impuesto, se siente convencida de que no necesita de ellos y que su límite emocional se centra en la tía Eliana.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/189157.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-614" title="En rojo" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/189157-300x225.jpg" alt="" width="303" height="244" /></a>Los estilos o formas de querer de la adolescente variaban de forma desigual: si le preguntaban por los seres que sentía más próximos a ella,  Belén, su propia madre, no ocupaba un lugar destacado. Intencionadamente, Roberto y el pequeño Sacha apenas sí aparecerían en la lista a pesar de la comentadísima dependencia que mantenía con el primero.</p>
<p>Sin descanso alguno, Kerry pasa de una calle a otra, el regreso de Roberto cada vez está más cerca; es el momento más álgido de la primavera y las gentes se cruzan a su alrededor como si se tratara de formas extrañas, abstractas, con diálogos silenciosos. Le confunde el momento que vive, la <em>entrega</em> por aquello que le atormenta. Es obvio que le embarga una profunda confusión –su propia confusión- llenando el espacio allá donde se encuentra. Toma aire y retorna a los días en que la presencia de Roberto no existía y comienza a serenarse, viviendo su instante presente, dejando que la inocencia ocupe el espacio que no debió perder. Mira hacia la luna y, en un breve instante, percibe que ella y las estrellas  han comenzado a entenderla, sonríe y para su sorpresa, advierte que algunas tintinean de alegría. También en su universo distante era capaz de ofrecer algo de magia.</p>
<h3><span style="color: #993300;">Le confunde el momento que vive,                                                           la entrega por aquello que le tormenta.</span></h3>
<p><span style="color: #993300;"><em>“ Tengo que encontrar a alguien en el que pueda confiar y contarle lo que sucede, quizás así me volvería a sentir de nuevo en paz”-</em> </span>pensaba en voz alta, atravesando de nuevo los semáforos en ámbar y ésta vez sintiendo los claxons de los coches-. No podía seguir posada frente al televisor, percibiendo cómo se enturbiaba cada vez más un tema tan frágil y trascendental. Claro que también podía colocarse frente a su madre y sincerarse de una vez por todas. Esta alternativa ya la había barajado, desechándola igualmente.</p>
<p>Volvió pensar en la tía Eliana. Si Kerry era el ojito derecho de su tía, a ésta le sucedía lo mismo. Serían capaces de matar con tal de salvaguardar la integridad de ambas. Lo que le lastimaba a una a la otra la destrozaba, lo que le entusiasmaba a Eliana a su sobrina la llenaba de felicidad. Era comprensible, por tanto, que en el irrespirable dominio de la falta de ternura que se vivía en casa de Rosita, las únicas palabras de apoyo se manifestaran por boca de la tía. Fue ella la que ejerció de madre cuando Belén estuvo perdida en el mundo de las drogas y cuando decidió trasladarse al sur de la isla.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/3156139743_735787e9c2.jpg"><img class="size-medium wp-image-615 alignright" title="Tía y sobrina" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/3156139743_735787e9c2-300x186.jpg" alt="" width="309" height="190" /></a>Las hermanas pactaron que la responsabilidad quedaría de parte de una joven e inexperta Eliana. Así, Belén intentaría reconducir su vida ejerciendo de camarera de pisos en el complejo “Los Palmeros” en la zona de playa.</p>
<p>Los recuerdos se acumulaban en el aire y, a través de ellos, la emoción se posaba de nuevo en los ojos de Kerry. Puede que estuviera alejada de donde realmente se sentía en paz, que el reencuentro con su madre destruyera más la quebradiza barrera existente entre lo que realmente anhelaba y lo que era impuesto. Lo cierto, es que su ánimo tocaba fondo sin que pudiera remediarlo. La nostalgia de estas escenas invadía su alma oprimiéndola aún más y las lágrimas brotaban con más fuerza haciéndole presa de un sufrimiento angustioso. En el punto más álgido del desconcierto por la aflicción, escuchó la voz de Roberto que le llamaba con insistencia. Fue como un puñal y, al mismo tiempo, como un desahogo.</p>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Vaya! Ha aparecido el perdido –secándose la lágrimas-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Lo siento; lo siento de veras.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         No hace falta que lo sientas, en todo este tiempo me has hecho sentir como un parásito desgraciado e inútil.</span></address>
<p>Eran los instantes en los que Roberto quedaba indefenso, a merced de una adolescente que vivía la escena con extrema decepción.</p>
<address><span style="color: #993300;">-         Estás muy&#8230; guapa. –dijo con la mente algo aturdida-. Mira, te he comprado, durante el regreso, un detalle –le quiere hacer entrega del regalo-. Espero que te guste. –ella lo observa mientras él, por vez primera rehulle sus ojos. Hay algo en la mirada que lo incomoda-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Eres mi desgracia –tragando saliva-. Intento olvidarte cada día pero, de pronto, me olvido de hacerlo –se muerde el labio inferior con profunda amargura, ninguno de los dos repara en el hilillo de sangre que emana de él -. Teníamos un trato&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Un trato que no era oficial.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Te has convertido en un maldito mentiroso, incapaz de cumplir tu puta palabra. Ojalá te murieras de una vez, así acabaría todo!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Quieres calmarte! Por Dios, Kerry, mira dónde estamos, en medio de la calle. Ten un poco de sentido común&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Soñaba con una noche diferente, hasta me vestí con el traje que tanto te gusta, soy una tonta, una grandísima imbécil. No mereces un segundo de mi pensamiento.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Cálmate. Te lo digo en serio, me preocupas.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Ya. Te preocupo como las penas del infierno a un ateo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Deja ya de repetir mis frases!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Vete a la mierda! –acelera el paso, Roberto se sube al vehículo y logra alcanzarla-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Te he dicho que lo siento: ¿Qué más quieres que haga?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¡Morirte!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-    Sube de una vez, hablemos mientras te llevo a casa. Te lo pido por favor.  –Kerry le hace caso, baja el cristal con rabia y mantiene su mano cerca de la boca, en pose reflexiva. Con total mutismo, la joven espera de Roberto más argumentos, la tensión que se respira es considerable. Quizás por eso, el hombre deja correr una cortina de aire. Doscientos metros después, el Mazda 626 se detiene en la puerta de la vivienda.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Tengo que dejar los medicamentos, enseguida vuelvo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¿Se trata de Sacha? Responde ¿Sacha está enfermo&#8230;?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         No. Mi madre, que no vive sin sus dichosas pastillas.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Dile a Belén que estoy contigo, no vaya a ser que en vez de un fuego, al regreso me encuentre con dos –desciende con gesto serio, sin emitir palabra y la mirada confundida-</span></address>
<p>Diez minutos después ya está de nuevo junto a él.</p>
<address><span style="color: #993300;">-         Podemos irnos. –Kerry con voz seca-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         A sus órdenes. –Roberto colocándose la mano a modo de acatamiento de mandato-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         No me gusta ese cinismo entrado en años.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Kerry, Kerry, Kerry; ¿Qué voy a hacer contigo? Estas formas que has adquirido tienen que cambiar, no puedo seguir soportando tu mal humor cada vez que me retraso y sabes que siempre se ha debido al trabajo. Me duelen los conflictos, en serio. No sé qué voy a hacer&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Puedes estar tranquilo. Un día de estos tengo pensado desaparecer. –perdida en el vacío-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         No hablas en serio.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Qué poco me conoces&#8230;</span></address>
<p>El Mazda 626 cruzó la Avenida principal más lento de lo normal. A las diez de la noche el tráfico parecía aliviado y el afán de las prisas había desaparecido. El solo carril de que disponía hacía que Roberto, como de costumbre, no mirara ni a la derecha ni a la izquierda. Él quería seguir contestando cuando comenzó a sonar la canción que ponía fin a cualquier disputa. Se habían hecho una promesa. Las dos actitudes se toman un respiro, entrecruzan las miradas, sostienen la emoción y prosiguen en severa mudez.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/20070925053910_mazda_6_hatchback_2008.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-616" title="Mazda 626" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/20070925053910_mazda_6_hatchback_2008-300x225.jpg" alt="" width="270" height="203" /></a>¿Eran dos seres esclavizados? ¿Vivían enfermos bajo la mutua dependencia? Lo cierto, es que, corroídos por las discrepancias en las emociones, cada palabra que no fuera medida, les afrentaba y humillaba. Expuestos a porfiados desencuentros que agitaban la certidumbre entre los más conocidos, avivando el presagio de que entre ellos acontecía algo prohibido. Ninguno de los dos supo medir el alcance de las sospechas mientras vagaban por encima del fuego como si de agua se tratara.</p>
<p>Me he empeñado en reunir vivencias exactas de boca de los protagonistas y no ha resultado tarea cómoda, más bien todo lo contrario. Los relatos aquí expuestos tuvieron, en un primer momento, diversas opiniones y juicios en cuanto al modo de ver lo sucedido entre Kerry y Roberto. El cúmulo de desafortunadas actuaciones y el hastío de los más profundos sentimientos fueron echando envenenadas raíces, profundas y crueles como el abismo, entrelazándose firmemente hasta invadir sin demora la respetabilidad de los espacios.</p>
<p>La adolescente casi nunca podía retroceder en su genio, por mucho que lo intentara. Las repetidas faltas de puntualidad la desmoronaban ¿Quizás se hizo una imagen de Roberto que no correspondía con la realidad? ¿Por qué el que ejercía de progenitor no supo canalizar la relación hacia una normal convivencia? Kerry vivía en una edad difícil, llena de ilusión y a la vez de terribles confusiones, lo que no le impedía tener clara una premisa: <em>El amante de su madre nunca ocuparía el lugar de su padre.</em></p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>El amante de su madre                                                                        nunca ocuparía el lugar de su padre</em></span></h3>
<p>Cuando aconteció la reclusión, más de uno deliberó que Roberto se había comportado como un pervertido insidioso y manipulador. Enajenado mental, agresor sexual, violador de niñas y así una suma de duras sentencias. De poco sirvió su declaración, ni el material que exhibió su abogado para demostrar su inocencia. Ocurrió que las continuas contradicciones de Kerry a la hora de declarar nunca fueron tomadas en cuenta –se trataba de una menor atormentada por su padrastro-, un caso más de agresión sexual, así quedó registrada la sentencia.</p>
<p>Todo cuanto hablaron Belén, Eliana, Saray y Kerry en los días previos a la denuncia llevaba un mensaje: <strong><em>“Hay que encerrarlo hasta que se pudra”.</em></strong></p>
<p>Ningún ser había conseguido encontrar una puerta de entrada a lo más profundo del alma de Kerry, como lo hizo Roberto. A pesar de su corta edad, Kerry ya vivía como en un auténtico culebrón. Cada uno de los detalles revelaban a una joven desesperada que navegaba mostrando polos opuestos: firmeza y confusión, desapego y adhesión, hermetismo y aurora. Pese a tantos contrastes había alguien que sí sabía canalizarlos y era el hombre que, instantes antes, había intentado colocarle alas al Mazda 626 y llegar cuanto antes al lugar de encuentro. Cuando Kerry lo vió salir del vehículo, aún persistía su enfado. Su decisión era firme, no le hablaría hasta que esa extraña sensación que le invadía desapareciese. De nuevo era aquella joven susceptible y calculadora.</p>
<p>Instantes después de verlo aparecer, en Kerry ya se advierte cómo su corazón se enciende. Vuelve la adolescente sentimental, la persona exquisitamente sensible. Entonces sucede, él le ha comprado dos porciones de su pastel preferido, la tarta de fresas naturales y mirándola a los ojos dice: <span style="color: #993300;"><em>“ Ya sé que esto no servirá para que entiendas que cuando quiero a alguien este compromiso se establece para siempre. Espero que este detalle endulce los momentos amargos de la espera”</em> </span>-ella contiene el aliento unos segundos, luego se desploma entre sus brazos-.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-mejor-regalo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-617" title="nota" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/el-mejor-regalo-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>En aquellos momentos, Kerry era incapaz de percibir quién era, le bastaba con saber que Roberto permanecía a su lado: <span style="color: #993300;"><em>“ Con uno que se preocupe de entender la realidad basta”</em>.</span> Era la frase elegida para desprenderse en parte de la enorme tristeza que le acompañaba. Obviamente, estaba disfrazando su propio escenario, porque tras el instante en que era feliz aparecía inmediatamente otro instante trágico.</p>
<p>En una de las notas que recogió la policía de casa de Roberto, se encontraba esta frase: <em><span style="color: #993300;">“A mí mismo me veo esclavo de su presencia, de sus manías y caprichos, de su voracidad por adquirir aquello que quiere. Me siento responsable por generar su miedo por la vida y por la interminable e inquietante angustia sobre la palabra: futuro”.</span> </em>No todas fueron notas escritas por él, la mayoría las escribía Kerry. Se podía pasar un día entero paseando por el salón, de una ventana a otra buscando las palabras exactas, aquellas que eran dictadas por su propio corazón. Cuando al fin las encontraba, en un rincón del mueble biblioteca, dejaba las notas  con el fin de que Roberto, al entrar en la casa las leyera: <em><span style="color: #993300;">“Ahora duermo tranquila porque sé que estarás ahí cuando despierte”.</span></em></p>
<p>Los destinos de ambos habían quedado ligados mucho antes de conocerse. Roberto sentía una debilidad acentuada por Kerry, lo que le daba una clara desventaja. Carecía del carácter suficiente y del convencimiento para el papel que había asumido al emprender una vida al lado de Belén. No sabía ordenar, ni prohibir, ni negar. Daba la impresión como si hubiera hecho la promesa de caminar de puntillas en lo referente al comportamiento de la adolescente. Le costaba decir: <strong>&lt;&lt;no&gt;&gt;</strong> y desistía en cambiar ese chocante proceder. Se enfadaba consigo mismo por lo incomprensible de sus actuaciones. Para él, llamar la atención era algo superior a sus fuerzas. Cuando arreciaban las quejas de todos, enrojecía, titubeaba y se sentía culpable, pero no hacía nada. Se sabía incómodo y murmuraba avergonzado: <em><span style="color: #993300;">“De acuerdo, de acuerdo,  ya hablaré con ella&#8230;”</span></em></p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>Con uno que se preocupe                                                                               de entender la realidad basta</em></span></h3>
<p>Hiciera lo que hiciera, la crónica de este dilema había quedado escrita hace ya mucho tiempo: <span style="color: #993300;"><em>“A su lado me ahogo”,</em> </span>le dijo en una ocasión a su cuñado. Con Lorena, su hermana mayor se confesaba continuamente: <em><span style="color: #993300;">“Siempre intenta mortificar a las personas que la queremos, es como una enfermedad irremediable”</span>.</em> Zahara era su sobrina preferida: ingeniosa, despierta, sincera, de corazón generoso, odiosa de toda mojigatería se había convertido en una hermosa muchacha con tan solo quince años. No soportaba las acciones de Kerry, ni los continuos caprichos. Roberto le confesó:</p>
<address><span style="color: #993300;">-         Creo que me iré de esa casa y juro que esta vez no habrá vuelta atrás. –la joven bajó la mirada durante unos segundos y sin morderse la lengua preguntó-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         ¿Puedo contarte un secreto?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Claro, ya sabes que tienes toda mi confianza.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">-         Para muchos en la familia te has convertido en un vulgar acosador, ya sabes, un babas egoísta que sólo persigue acostarse con Kerry.</span></address>
<p>Era difícil sostenerse bajo el manto de innumerables sospechas. La carencia de confianza sumergió a Roberto en continuas depresiones y dolientes sueños. Se veía noche tras noche obsesionado por una mujer de irreconocible rostro, en cambio, concebía estar perdidamente enamorado, como en esas experiencias de amores imposibles y al mismo tiempo tenebrosos. Él vivía al otro lado del mundo y ella lo atrapaba con sus deseos. La sentía cerca y a la vez se desvanecía como el humo. Después se batía en duelo con hombres deformes a los que no lograba matar. Extrañas fuerzas le cogían de manos y pies y clavaban en su cuerpo estacas de acero con indescifrables mensajes. Se levantaba empapado en sudor, tembloroso, agitado por lo soñado. Era difícil verle concentrado en el trabajo, las pocas veces que proyectaba un tímido rayo de luz, el pesimismo, la confusión y el tormento al que estaba sometido terminaban por apagarlo definitivamente. Estos episodios le hicieron, en más de una ocasión, plantearse el suicidio, como la mejor de las opciones.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/mujer_sin_rostro.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-622" title="mujer sin rostro" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/mujer_sin_rostro-245x300.jpg" alt="" width="221" height="270" /></a>En el caso de Kerry, las razones se soportaban sobre una adicta actitud a conseguir todo aquello que deseara en el momento apetecible ¿Quiso descubrir junto a Roberto las primeras inclinaciones emotivo-sexuales? Quién sabe. Lo que realmente sabemos es lo expuesto en la sentencia y lo dicho por ella: <em><span style="color: #993300;">“Abusaba de mí cuando llegaba del instituto”.</span></em> ¿Entonces, qué razón tuvieron los otros comportamientos, los continuos acosos a que fue sometido Roberto? ¿Por qué entonces le hacía prometer una y otra vez que no abandonara el hogar?</p>
<p>Salimos juntos, Kerry saltaba de alegría mientras buscaba en mis bolsillos las llaves del coche, abrió la puerta del acompañante, se acomodó, introdujo con emotivo nerviosismo la llave en el contacto, encendió el compacto y después de sonar la primera canción levantó el seguro de la puerta del conductor. Yo me sentía vacío por dentro, me dolía tener a mi lado a una niña caprichosa que se había maquillado a fondo, hasta las pestañas. Llevaba los labios cubiertos de purpurina brillante y disfrutaba mirándose en el espejo retrovisor. Me preguntaba qué demonios estaba haciendo. Había engañado a Belén diciéndole que me acompañaría al trabajo y que regresaríamos al finalizar la jornada, no pensaba eso. Pensaba tomar un apartamento y pasar la noche junto a Kerry, días antes lo habíamos planeado y el acuerdo comenzaba a dar sus frutos.</p>
<p>Las punzadas en mi estómago se reanudaron, esta vez, más que punzadas estaba bajo un ataque fulminante. Del brazo derecho venía un intenso dolor que se trasladaba a la espalda en un recorrido de ida y vuelta. Por momentos el hormigueo, por momentos el sudor frío y las ganas de vomitar. Temí no llegar a mi destino. Sí, estaba ante una inminente angina de pecho o quién sabe, un infarto y mi mayor preocupación residía en la absurda manera de llevar mi vida. Belén no estaba de acuerdo, necesitaba de la ayuda de Kerry para organizar la casa, atender al pequeño Sacha y los pequeños detalles. Una escena grotesca, Kerry lloró, chilló, pateó y suplicó venirse conmigo, no dije nada y al final la madre consternada se encerró en la habitación. Eso no fue lo más desgarrador. Cuando sonó el portazo, Kerry se limitó a decir<em>: </em><em><span style="color: #993300;">“ Ves. Ya está, somos libres. La aventura nos espera”.</span></em></p>
<p>“Sandfirly y asociados” contrató mis servicios y en poco tiempo dejó bajo mi gestión un coqueto bar enclavado en uno de los complejos más importantes de la zona turística. Allí estaba yo, a punto de comenzar la faena acompañado de una menor que se empeñaba en creerse que estábamos en pleno rodaje de “Cóctel” y al otro lado, una mujer echando chispas por mi negligente actitud. </p>
<h3><span style="color: #993300;">Se veía noche tras noche obsesionado                                                    por una mujer de irreconocible rostro</span></h3>
<p>Una vez más me la jugué. Kerry entró en la barra del bar y, poco a poco, se fue apropiando de ella. Recuerdo que los clientes en su mayoría ingleses y alemanes, se quedaban con la boca abierta, atónitos por la desenvoltura y picardía de la nueva trabajadora. Con el paso de los minutos se les veía encantados, satisfechos mientras contemplaban a Kerry moverse al igual que una adelantada barman; era increíble, se revolvía con más soltura que pez en el agua y atendía entusiasmada a la variada clientela como si en ello le fuera la vida. Asumí que no podía dar una negativa a un ser  tan lleno de energía, dispuesto a jugársela por mí en cualquier terreno.</p>
<p>La noticia corrió de un lado al otro del complejo y los demás camareros aparcaron momentáneamente la tarea para ver de cerca al nuevo fichaje. Quedaron sin habla. <span style="color: #993300;"><em>“Roberto, tienes que decirme de qué cielo has bajado a ese ángel </em>–El baboso encargado del primer bar intentando conocer de cerca a Kerry-. <em>Siempre tienes algo para sorprender, no me extraña que estén todos los tíos aquí,  junto al pedazo de bombón que te han contratado. Está como para no dejarla escapar.</em> </span>-Francisco Arteaga era el hombre de confianza del encargado general y no se había enterado que estaba frente a otra de mis enajenaciones. La jornada terminó muy tarde, entrada la madrugada y aunque habíamos hablado de quedarnos, decidí nuevamente pactar con Kerry qué hacíamos. La respuesta no se hizo esperar: <span style="color: #993300;">“<em>Nos quedamos. Hay un apartamento libre, lo sé. Usa tu arte con el guarda y si te da una negativa, le regalamos una botella de champaña y asunto solucionado, no ves lo borracho que va”.</em></span></p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/discoteca-la-cueva-en.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-623" title="bar turístico" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/discoteca-la-cueva-en-300x224.jpg" alt="" width="270" height="202" /></a>Estaba realmente agotada, en las diez horas que había durado la aventura dio todo lo que tenía. Sí, fue increíble. Por último, casi se quedaba dormida encima de la barra. Una vez más le dije que lo mejor era volvernos a casa, movió la cabeza y supe que su negativa se mantendría hasta el final.</p>
<p>Haciendo la caja observé a Kerry contar el dinero que se había ganado –veinticinco mil pesetas por una noche, propina incluida, no estaba nada mal-, no puedo negarlo. Aquella chiquilla hizo más amigos en una jornada que yo en un año ejerciendo de responsable del bar. Los clientes luchaban por invitarla y ella, derramando aplomo, aceptaba con la sonrisa más vendible que he conocido. Llenaba su copa y, en una jugada magistral, la desaparecía al mismo tiempo que entregaba el ticket al cliente.</p>
<p>De camino al apartamento el frío era intenso, coloqué mi chaqueta sobre sus hombros y le pregunté cómo se había sentido: <span style="color: #993300;"><em>“¡Ha sido maravilloso! No me habría importado prorrogar ocho horas más la hazaña”</em>.</span> A pesar de las ojeras, la vi satisfecha.</p>
<p>Sabía perfectamente que cabía una posibilidad entre un millón que semejante irresponsabilidad no me pasara factura ¿A quién se le ocurre delegar la responsabilidad de un bar de primera categoría a una niña de apenas trece años que lo máximo que había realizado en hostelería había sido abrir un refresco de naranja&#8230;? ¿Por qué entonces lo hacía? ¿Por qué hacía una cosa que podía lastimarnos tanto a Belén como a mí? Otra vez no encontré la respuesta.</p>
<h3><span style="color: #993300;"><em>Aquella chiquilla hizo más amigos                                                             en un una jornada que yo en un año</em></span></h3>
<p>Allí, tendida sobre una de las camas descansaba Kerry, apenas podía articular palabra, el cansancio la venció. Y, estoy seguro que no le habría importado que la despertara, pero, lejos de hacerlo, la descalcé con sumo cuidado y la arropé apagando más tarde la luz.</p>
<p>Lo supe durante los años que permanecí en la cárcel. En aquel punto, en ese trasiego, fue cuando realmente comencé a tener conciencia de lo ocurrido: había embarrancado mi vida de tal manera que me era imposible salir de los escollos. A medida que Kerry se hacía mayor la convivencia entre los tres se complicaba más. Por ejemplo, la niña no soportaba que su madre fuera abrazada, besada o atendida de forma sensible –esos actos eran castigados por Kerry retirándome la palabra durante días, no sin antes dejarme el sello de su veneno allá y donde estuviera-.</p>
<p>De repente se hacía el silencio, y colocando sus manos en el balcón de la terraza, respiraba hondo, me miraba con profundidad y sonreía,  dando a su rostro una imagen cargada de malévola ironía. Después, a bocajarro, lo soltaba: <em><span style="color: #993300;">“Por lo que he estado escuchando lo habéis pasado de lujo; me dais más asco que los propios cerdos. Eres un enfermo, un miserable que solo hace que reírse de mis sentimientos”</span></em> – me decía tras haber mantenido relaciones con su madre-.</p>
<h3><span style="color: #993300;">la niña no soportaba que su madre                                                        fuera abrazada, besada o atendida</span></h3>
<p>Durante el primer año, la conexión con Kerry transcurrió por cauces normales, lo que representaba que las pequeñas maniobras de rebeldía eran admitidas por los dos como propias de la edad. Los intermitentes antojos también entraban en esta lista. Si se le metían entre ceja y ceja unos zapatos, le compraba dos pares y en paz, daba igual que el modelo fuera para gente más mayor. La primera ocasión que me la llevé de compras representó un caos. Recuerdo aquella <em>rabuja</em> de apenas ocho años corriendo de un lado al otro de la peletería, no había pieza que no le gustara. Al final opté por llevarme todo lo preferido. Lo más gracioso se destapó luego: contemplar el rostro que se le quedó a Belén al ver tal desastre. Allí había modelos del año de <em>maricastaña</em> –de punta fina, chata, a medio tacón, tacón aguja, con tiras, cerrados y hasta se atrevió con un modelo de lentejuelas-. En aquellos instantes, hasta me pareció una experiencia inolvidable.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bolsas-de-compras-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-624" title="de compras" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bolsas-de-compras-1-300x192.jpg" alt="" width="300" height="192" /></a>En los días de mayor desconsuelo, bastaba con invitarla al cine o pasear visitando, eso sí, su lugar preferido: la heladería donde elaboraban de forma artesanal el helado favorito de fresa, nueces y nata. Todo era percibido con buenos ojos por Belén. Fue más tarde, al cumplir once años, cuando comenzaron las disputas. El acercamiento compulsivo de Kerry no entraba en los planes de su madre, sobre todo, porque la niña alardeaba de no ceder un palmo con los antiguos compañeros de Belén.</p>
<p>El mero hecho de cocinar con Kerry en casa representaba una pesadilla: <em>“<span style="color: #993300;">Roberto, ¿puedes venir? Roberto, tengo una duda, Roberto, ¿qué cocinas? Roberto, Roberto, Roberto”.</span></em> Ahora pienso que la paciencia de Belén tardó demasiado en explotar.</p>
<p>Fue en el último cumpleaños cuando la convivencia subió a su grado de máxima asfixia. No pasaba día sin que nadie se enfadara con alguien. De pronto, nos podíamos sentar en la misma mesa y mirarnos como tontos, incapaces de intercambiar una simple sílaba. Entonces, sucedía. Belén se levantaba, recogía la cajetilla de cigarros y buscaba la razón de todo paseando por la interminable avenida en donde vivíamos.</p>
<p>Debíamos encontrar el camino, y lo intentamos en innumerables ocasiones siempre sin éxito. Lo discutíamos una y otra vez: ¿Por qué nunca conseguimos reflotar lo que tanto nos había costado conseguir? Mi arrogancia, su irreflexión. Mi incapacidad de confesar lo que realmente estaba sucediendo, su escasa agudeza. Mi tendencia a enjuiciar cada movimiento y su nula paciencia eran ya enfermedades en fase terminal.</p>
<h3><span style="color: #993300;">Viste el abismo y ambicionaste cruzarlo                                                   cuando apenas te quedaban fuerzas</span></h3>
<p>Los incesantes arrebatos deformaron la realidad más importante en la que convivían cuatro seres, la negativa de volver al mundo real me ocasionó esta prolongada penitencia. No tuvo Kerry la culpa, ni Belén, ni Eliana o su amiga Saray. Cada uno cumplió con su misión, hasta la propia justicia cumplió con su cometido. <span style="color: #993300;">&#8220;¿Si creo que entre Kerry y tú sucedió algo más allá del respeto? Eso&#8230; eso es algo que no te voy a decir, bastante tienes con la que te ha caído. No atendiste los continuados avisos que te previnieron ¿Acaso alguna vez miraste a los ojos a tu pequeño? No, ya veo que no. Lo querías, de eso no hay duda, pero a veces no basta con eso. Viste el abismo y ambicionaste cruzarlo cuando apenas te quedaban fuerzas&#8221;.</span></p>
<p>Muchas fueron las opiniones y reflexiones que tuve que escuchar después de noches queriendo desaparecer: <em><span style="color: #993300;">“Confórmate con la experiencia vivida, pocos tienen ese privilegio”- <span style="color: #000000;">m</span></span></em>e confesó un preso que cumplía condena por asesinato y se enteró del suceso por la prensa-. Una de las versiones que más me sorprendió la vertió Belén después de que perdiera la libertad: <span style="color: #993300;"><em>“Sé que mi hija Kerry no dijo toda la verdad, pero eso es cosa mía”.</em><em> </em></span></p>]]></content:encoded>
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		<title>Serie Penitencia: Introducción y relato &#8220;Todo negro&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 19:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando se ha cometido un hecho abominable, tanto desde el punto de vista social como desde el del propio autor, el proceso penitencial es largo y doloroso. Y a través de él se suele pasar por diversas fases: la negación, la distorsión de la realidad,  la autojustificación, la separación del hecho cometido (a fin de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando se ha cometido un hecho abominable, tanto desde el punto de vista social como desde el del propio autor, el proceso penitencial es largo y doloroso. Y a través de él se suele pasar por diversas fases: la negación, la distorsión de la realidad,  la autojustificación, la separación del hecho cometido (a fin de contemplarlo más objetivamente desde la distancia temporal y espacial), la &#8220;duda&#8221;, y, en algún caso, la asunción de la culpa.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/postal-saner2-79887011.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-345" title="El hombre y sus máscaras" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/postal-saner2-79887011.jpg" alt="El hombre y sus máscaras" width="209" height="164" /></a>Por eso tiene tanta importancia &#8220;recordar y escribir lo recordado&#8221;. Porque, con independencia de que &#8220;esta última mentira o verdad&#8221; sea contada a la sociedad a través de esta web o a sí mismo por el propio autor, y de que se haya cometido o no el hecho execrable, en unas circunstancias u otras, &#8220;recordar&#8221; siempre supone el inicio irreversible de este largo proceso penitencial.</p>
<p>Presentamos, pues, relatos escritos en primera y en tercera persona; generalmente autobiográficos aunque, en determinados casos, también se cuentan confesiones dichas en voz baja; mentiras o verdades referidas bajo pseudónimo o nombre real; cárceles interiores que pugnan por salir a la luz en un entorno de cárceles exteriores. </p>
<p>Este primer relato &#8220;Todo negro&#8221;, y otros que le seguirán, pueden formar parte o no de este proceso, así como situarse en una u otra fase del mismo.  El lector decidirá&#8230;</p>
<h2>TODO NEGRO</h2>
<p>Escrito por: Mario F.</p>
<h3>HOMBRE</h3>
<p>La lluvia mojaba la carretera y el viento soplaba fuerte, moviendo la cima de los árboles. Los caracoles comenzaban a asomarse lentamente por entre la hierba mojada. En este escenario solo una figura se movía veloz, la de Nicolás, la de la locura. Nicolás tenía en la mano derecha una pistola de la marca Baretta 92 F con cargador de 15 balas.</p>
<p>Humo blanco con olor a pólvora; delante de sus ojos, su mujer, María, yacía tumbada en la hierba. La sangre de María ensuciaba la ropa de Nicolás que, con una mirada fija en la nada, aún no se daba cuenta de lo que había hecho. Él la &#8220;amaba&#8221; más que a su vida. Aquella mujer de raza española poseía una belleza rara, que al tiempo lo volvía loco de celos cada vez que otro hombre la miraba. <strong>Era suya, solo suya y ahora lo era para toda la eternidad. Porque ella lo habría traicionado.</strong> Él vivía para su María y ninguna otra mujer, su Dios, su Vida, su Amor.</p>
<p>Su culpa, la echaba a la cárcel. Sí, él habría cometido muchas faltas, drogas, atracos&#8230; pero siempre para tener más dinero, para hacer feliz a su María del alma. <strong>Y ese dinero sucio fue el principio del fin, pero esto no lo supo hasta que lo hubo perdido todo</strong>. Hacían el amor día y noche. Reían al mismo tiempo y, al mismo tiempo, lloraban de sentimiento. Él la miraba y pensaba: ¡Qué feliz es mi Amor! Pero un día llegó la policía y todo terminó. A la fuerza lo llevaron a la cárcel y la pobre María se encontró sola, lejos de todos, y, sin saber qué hacer, trabajó hasta que a Nicolás le devolvieron a la libertad.</p>
<p style="text-align: left;">Lo demás se limita a <strong>un estúpido ataque de celos, la percepción del miedo en los ojos de María, y esa maldita inseguridad en sí mismo, que siempre le abocaba a una desmesurada violencia en sus reacciones.</strong> Ahora, allí y en todas partes, no le queda nada&#8230;sólo disparar una vez más la maldita pistola&#8230;El viento seguía soplando y la lluvia caía sin prisa. </p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled1.jpg"><img class="size-full wp-image-346 aligncenter" title="Todo negro" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled1.jpg" alt="Todo negro" width="377" height="146" /></a></p>
<h3 style="text-align: left;">MUJER </h3>
<p>El sol en la vida de Pilar y Antonio era su hija María, una chica guapísima, alta, morena, con el cabello largo y brillante. Una noche, María conoció a Nicolás en una discoteca de la playa. Un chico bien parecido, alto, moreno y con los ojos azules como el mar. <strong>La sonrisa de Nicolás hizo una brecha en su corazón.</strong> Bailaron el resto de la noche y terminaron besándose bajo una intensa luna de junio.</p>
<p>Él, enamorado, tiene por toda familia a María y para ella vive. Crece en ella el amor, <strong>pero cuando se entera de la manera en que Nicolás se gana la vida le entra el miedo</strong>, <strong>un miedo real y creciente.</strong> El tiempo le da la razón, con frecuencia crecen los ataques de celos, la violencia de las palabras. Se jura a sí misma que no volverá a la misma pesadilla de su madre, al trato que recibió por parte de su cobarde padre.</p>
<p><strong>Sí&#8230;ella pensó que la cárcel lo cambiaría&#8230;</strong> <strong>se equivocó.</strong> Una noche alzó la mirada y vio al que fue su amor, delante de sus ojos, el corazón le latía con rapidez, un mal presentimiento le recorrió. A la mañana siguiente cogieron el coche y se fueron al bosque, la lluvia caía, ella lo miraba y estaba segura del fatal desenlace. De pronto, todo negro&#8230;</p>]]></content:encoded>
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		<title>Penitencia:Mi vida en el narcomundo (Introducción)</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 16:38:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por: Juan C.M. En 1996  tenía una petición fiscal por cuatro causas judiciales, en total 34 años de prisión. Contaba, en ese momento, con, únicamente, 22 años de edad. Busqué mi ruina en menos de tres años fatídicos en los que el único culpable solamente fui yo, aunque también conseguí  que la policía me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Juan C.M.</p>
<p>En 1996  tenía una petición fiscal por cuatro causas judiciales, en total 34 años de prisión. Contaba, en ese momento, con, únicamente, 22 años de edad. Busqué mi ruina en menos de tres años fatídicos en los que el único culpable solamente fui yo, aunque también conseguí  que la policía me tuviera en su punto de mira y que no pararan hasta encerrarme. Mi padre tuvo dos infartos de miocardio y eso, junto a una hija de tres meses recién nacida, me convenció de que no estaba preparado para afrontar mi penitencia de ninguna de las maneras. No me encontraba ni con fuerzas ni con apoyo. ¿Quién lo estaría? nadie. Así que tenía que huir.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/huida.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-552" title="huida" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/huida.jpg" alt="huida" width="189" height="254" /></a>Fui deportista de élite, estudiante normal y con novia de toda la vida. Cuando consumí mi primera dósis, en una verbena de un fatídico verano, comenzó mi declive hacia la delincuencia, una caída libre, sin frenos y ríos de droga, alcohol, sexo y rock and roll. Como decía aquél. Poco a poco, fui metiéndome en todo el submundo del narcotráfico, desde el menudeo en las discotecas hasta la introducción de toneladas de cocaína en las rías gallegas desde Colombia. Me introduje, paulatinamente, tanto en las redes colombianas como gallegas. Fieles aliados y condenados a entenderse los unos con los otros. Los primeros expertos en su producción y casi siempre, en el transporte a lo largo de las tres terceras partes del trayecto América-Europa y los segundos de la última parte del camino y de su distribución en toda Europa (aproximadamente, el 70% del mercado de cocaína, en el viejo continente, se introduce por las rías gallegas).</p>
<p>El código de la lealtad es innegociable en este gremio. Si se falla, se paga caro, tan caro que ni con la propia vida, a veces, uno lo salda. La deuda puede salpicar a terceras personas, familiares directos o inclusive alguna generación siguiente. Siempre tuve claro estos conceptos, tanto, que nunca me quedé con nada que no fuera mío y siempre cumplí con todos los pactos y contratos. Hubo problemas pero siempre volé recto, ni alto, ni bajo, recto. Esa es la razón por la cual aún estoy vivo, sin enemigos pero con muy pocos amigos.</p>
<p>En mi caminar tuve problemas, lágrimas, sonrisas, vida, muerte, dinero, traición, etc. y uno se pone a pensar si todo mereció la pena. En aquella época, la frialdad y la inteligencia eran la clave para sobrevivir y cada nuevo día que veías amanecer, un pequeño triunfo. En los negocios &#8220;ilegales&#8221; hay que ser lo más legal posible porque, de otra manera, más temprano que tarde, uno se convierte en pasto de los gusanos; esto es tan cierto como que después del día sigue la noche. Mucha gente se piensa que entrar en el narcomundo es como ir a comprar al Carrefour. Grave error.</p>
<h4 style="text-align: left;"><span style="color: #993300;"><em>Cuando consumí mi primera dósis,<br />
en una verbena de un fatídico verano,<br />
comenzó mi declive hacia la delincuencia</em></span></h4>
<p>La ambición y la codicia se apoderan rápidamente de las personas y quienes antes se conformaban con lo justo para vivir, se llegan a convertir en auténticas máquinas de gastar dinero, acostumbrándose a comer en lujosos restaurantes, rodeados de exuberantes mujeres y conduciendo vehículos de alta gama. Se alejan de sus amigos de la infancia, pensando que lo son quienes les llenan los bolsillos, tremendo error. En este círculo todos están esperando la más mínima oportunidad para pasar por encima de ti y continuar escalando posiciones dentro del organigrama criminal.</p>
<p style="text-align: left;">Y sucede que la bola se va haciendo más y más grande, cogiendo tal tamaño que ya no puedes ni parar ni ir hacia atrás, únicamente te queda ir hacia delante con todo, contra todo y contra todos. El final está claro, antes o después,  y será catastrófico. Uno se encuentra tan solo que solo se hundirá y aquellos amigos de los que uno renegó en el pasado, van a ser quizás los únicos, ahora, que se acuerden de ti cuando lleguen las dificultades y acabes finalmente en prisión.</p>
<p>Cuando una persona está privada de libertad es vital, sobretodo desde el punto de vista psicológico, el contacto con el exterior. La soledad es muy mala compañera de viaje; muchos internos se llegan a creer que cuando uno entra en la cárcel, nunca más va salir. La realidad es otra muy diferente. Uno puede salir rápido de la cárcel por muchas circunstancias, intervienen muchos  factores. <a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/prision.jpg"><img class="size-medium wp-image-553 alignleft" title="prisión" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/prision-300x227.jpg" alt="prisión" width="270" height="204" /></a>La suerte de que la causa se sobresea o te quiten condena  o simplemente salgas absuelto del juicio, pero el factor principal es que tu conducta pueda ser clave para la reinserción. Porque en condenas de 9 a 12 años, si te lo ganas o mejor dicho si te buscas tu libertad, puedes salir de permiso entre la 1/4  parte a un 1/3 del total, es decir, en 3 a 4 años pagados a pulso ya estarías saliendo. Eso si, haciéndotelo muy bien, yendo a estudiar, bien sea estudiando la ESO o si ya uno está graduado pues alguna carrera universitaria por la UNED.</p>
<p>Esto es muy importante porque estás diciendo al centro que eres válido para una vida en el exterior y, por consiguiente,  tu rehabilitación es incuestionable. Otros factores muy importantes son la actitud y el comportamiento de cada interno, (participar en actividades modulares, como en las brigadas de limpieza, servicios de comedor, etc&#8230;)  y, como es lógico y natural, tener un expediente disciplinario impoluto. Con todo ello, una vez que tengas por ley derecho a solicitar permiso, quizás en la primera solicitud  lo denieguen, pero casi seguro que finalmente te lo darán, pues un expediente excelente garantiza al centro tu buen uso del mismo.</p>
<p>Sin embargo, muchos internos se piensan que en la cárcel tienen que drogarse, traficar, pelear y demostrar a todos los &#8220;yonquis&#8221; y funcionarios que ellos son los &#8220;kies&#8221; (jefes) del patio. Esto es lo mejor que se puede hacer para comerse la condena a pulso, sin revisiones de grado, permisos y menos aún, libertades condicionales. Aparte de meterse en líos y problemas, lo peor que te puede pasar estando encerrado es que tu compañera sentimental te haga sufrir o te abandone, o peor todavía que se vaya con algún amigo tuyo o simplemente te deje solo y arruinado. Lo que es jodidamente dañino es que use a tus hijos en contra tuya, que se los lleve y nunca más sepas de ellos hasta que no salgas en libertad. La desesperación puede ser tal que te conduzca sin darte cuenta a pelearte con algún interno o a drogarte como evasión a tus problemas, y etc.</p>
<h4><span style="color: #993300;"><em>&#8220;Haz lo que yo te digo,<br />
pero no hagas lo que yo hago&#8221;</em></span></h4>
<p>Sinceramente, con el corazón en la mano, no merece la pena, por mucho dinero que hayas ganado o por mucho que hayas disfrutado, pagar tantos años de tu vida. Los disgustos en el ámbito familiar, tu declive económico, y sin duda, la alteración de la vida de tus propios hijos es incuestionable e irrecuperable; los hijos lo notan y les afecta negativamente, influyéndoles perjudicialmente en los estudios y sobre todo, en la calle, que les digan que su padre o madre está en la cárcel, ya que, ellos lo asocian a algo que está mal y sufren, sufren por el rechazo social. Esto es paradójico, porque nosotros sí delinquimos, pero sabiendo que está mal no queremos que nuestros hijos lo hagan, es muy curioso, ¿verdad?. Como dice el refrán &#8220;haz lo que yo te digo, pero no hagas lo que yo hago&#8221;.</p>
<p>Pero como dice el dicho: &#8220;De todo lo malo siempre se puede sacar el lado positivo&#8221;. Y este caso no iba ser una excepción. Una persona presa sabe muy bien quien es su amigo realmente y quien no; quien le quiere nada, poco o mucho: quien le echa de menos y quien, realmente, merece la pena y quien no. Cuando, en la calle, no te habrías dado cuenta hasta casi llegar a la cárcel.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sufrimiento.jpg"><img class="size-medium wp-image-554 alignleft" title="sufrimiento" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/sufrimiento-234x300.jpg" alt="sufrimiento" width="199" height="272" /></a>No tengo ninguna duda al respecto, pero ninguna. No merece la pena el sufrimiento tan grande causado a tu familia, a tu persona y, por supuesto, a los demás consumidores y sus familias respectivas, que al no ser cuantificable te acompañará para siempre.</p>
<p>Salvo excepciones, quisiera decir la mía en un futuro, no conozco a ningún exmarica, ni a un extraficante. Es algo que va con el ADN de cada persona, se lleva en la sangre y, con el tiempo, el que es marica se vuelve más marica aún y el traficante se especializa, pero no como para que triunfe sobre las Fuerzas del Estado porque la batalla está perdida.</p>
<p>Pero sí creo en la reinserción del preso, ya que cuando se conoce el castigo de la cárcel te hace reflexionar y pensar que todo es en vano, el poder, el lujo, etc. quedan en nada y lo que más se valora es la libertad y tu propia conciencia de haber sufrido y hecho sufrir a familia, conocidos y &#8230; desconocidos.</p>
<p>Todas las cuestiones finalizan en un mismo punto, que es que no merece la pena traficar porque lo que uno arriesga y expone, no compensa lo que uno pueda conseguir, ya que lo más probable es que acabes en la cárcel o en la soledad más absoluta o muerto. Las rachas buenas van seguidas de las malas pues &#8221; tanto va el cántaro a la fuente que al final se termina rompiendo&#8221;. Y cuando te quieres dar cuenta estás debiendo 1, 2 o varios millones de euros a varias personas. Por eso os digo, queridos lectores, que a este punto no hay que llegar porque el final será irremediablemente catastrófico, como el de los muchos amigos míos a los que vi morir.</p>
<p>Sé que es duro lo que voy a contar. En el 2007, en Cambados (Pontevedra), secuestraron a dos primos míos. Los esperaron cinco sicarios encapuchados en el jardín del chalet de unos de ellos, los introdujeron en un automóvil y condujeron a un viejo molino en Catoria. Allá les colgaron de una viga a ambos por las muñecas y con bates de béisbol les rompieron todos lo huesos, rajándoles la barriga saliéndoseles a éstos sus vísperas, les rociaron de gasolina y les prendieron fuego; finalmente les pegaron dos tiros ante tanta agonía. Por la mañana, la mujer de uno de ellos, al ver que no regresaban, puso la denuncia en el cuartel de la guardia civil. Dicha mujer, en el momento del secuestro, estaba allí junto a su hijo de doce años, pero gracias a Dios no se los llevaron. Ella, acostumbrada a estas situaciones límite, pensó que era sólo un escarmiento o una medida de presión por alguna deuda del marido y que después les iban a soltar.</p>
<h4><span style="color: #993300;"><em>Lo más probable es que acabes en la cárcel<br />
o en la soledad más absoluta o muerto</em></span></h4>
<p>Un importante paso, pienso yo, con el que se terminaría toda esta lacra del narcotrafico sería la legalización de las drogas, de manera que los países de origen llevaran un control de producción y exportación, y los países importadores controlaran las condiciones de su distribución y venta. De este modo, los únicos cárteles serían los propios gobiernos de cada país. Piensen en ello. Una solución rápida y lógica para la desaparición de los grupos criminales.</p>
<p>Antes de comenzar el relato de mi historia, en el que daré a conocer todos los entresijos del narcomundo en el cual y del cual yo viví, pondré en conocimiento de todos ustedes cómo es este mundo de complicado y podrido; sobre todo no revelaré ninguna identidad pero sí todos los cuándo, cómo, dónde y los porqués de este mundo que solo conlleva fracaso, sufrimiento, desgracias y calamidades. Sé que, a mucha gente, que cuente mi vida no les va gustar, pero yo solamente voy hablar de mi vida en primera persona sin tirar al agua a nadie, pero alguien debe decir cómo son realmente las cosas, sin mentir. No obstante, quiero que tengáis en cuenta que sólo es mi punto de vista y mi opinión subjetiva.</p>
<p>Esto me sirve, básicamente y sin ningún otro propósito, como terapia para sacar de mi cuerpo los demonios que llevo dentro y  analizar las incoherencias de mi implicación en este podrido y falso  mundo. Voy a expresarme, en muchos momentos, con un lenguaje coloquial, a veces muy callejero, más que nada para darle más emotividad al relato.</p>
<p>Para ustedes, lectores, es este relato que espero sirva para que se den cuenta de cómo es el narcomundo y nunca de los jamases se involucren.</p>]]></content:encoded>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 2º)</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 21:21:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
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		<description><![CDATA[Escrito por: Donegan Rice Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;. &#60;&#60;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrito por: Donegan Rice</p>
<h2>Capítulo 2º: &#8220;El sueño&#8221;.</h2>
<p>&lt;&lt;En el campo había un niño, apenas tenía cinco años. También un caballo con el pelaje más negro que jamás retuvo mi retina. Galopaba sereno y a la vez majestuoso. Una mujer extendía sus brazos con insistencia pretendiendo acercarse, intuyendo el inminente peligro. El pequeño avanzaba torpemente cerca del abismo, repiqueteaban campanas y algunos perros ladraban enloquecidos. Un hombre de aspecto famélico y vestido de negro se levantó del viejo pórtico y a la vez, docenas de aves emprendieron el revoloteo asustadas por la siniestra presencia. La mirada del invitado permanecía fuera de sí, escupió varias veces en la hierba en un claro gesto de saber lo que estaba a punto de ocurrir, luego se dirigió a la cresta del abismo, miró al vacío y se lanzó. La mujer comenzó a gritar, luego lloraba y gritaba al mismo tiempo. El orgulloso azabache reconoció la llamada de auxilio de su dueña acelerando el galope, no llegó a tiempo y ante el apeno de su madre, el niño cayó al abismo. El hombre de negro esperaba para recogerlo, no atendió al llanto, ni a las súplicas, ni a los chillidos desgarradores de la mujer. Antes de desaparecer, dejó hundida una mirada tan fría como la muerte&gt;&gt;.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-467" title="pesadilla" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitled222-300x226.jpg" alt="pesadilla" width="327" height="244" /></a></p>
<p>La pesadilla la viví en los días previos a mi detención. ¿Existía o encerraba algún tipo de mensaje que, en parte, se me quería revelar?</p>
<p>Desde que Sacha llegó al mundo tuve la sospecha de que algo grave le pasaría en el momento que me descuidara. Quizás por eso, puse todo de mi parte para que nada le ocurriese, incluso, decidimos situar la cuna en el lado donde me tocaba descansar. Sufría cuando no lo sentía a mi costado, sufría cuando Belén no atinaba a calmar el llanto y sufría en la medida que iba creciendo junto a los continuos desencuentros con su hermana.</p>
<p>El día que Kerry decidió realizar su primera incursión en la cocina fue especialmente accidentado. Sacha cumplía tres años, lo recuerdo como si pasara en estos momentos. Recogí al pequeño de la guardería mientras la nueva cocinera nos organizaba lo que se suponía iba a ser una sorpresa. La tortilla española &#8220;versión Kerry&#8221; se convertía en el peor desencuentro de huevos, patatas, aceite, ajos, cebolla, y perejil. ¡Dios santo! Ver la cocina en el estado que estaba quedando inducía a llamar cuanto antes al teléfono de la esperanza. Kerry se movía de un lado a otro gesticulando y balbuceando en <em>ruso</em> y <em>checheno</em>. Su cabello guardaba más yema de huevo que la sartén, se había quemado los dedos y la ropa era un claro ejemplo de que el arte puede vivir en continuo movimiento.</p>
<address><span style="color: #993300;">- No estaréis esperando por la tortilla, aún no se ha hecho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya veo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery totilla.<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. Kerry nos está haciendo una estupenda tortilla y la comeremos muy prontito.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Guta, papi, guta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No os hagáis muchas ilusiones. El gas se ha ido y he tenido que ingeniármelas en esta inservible cocinilla. Estoy llena de huevo por todas partes y mira, mis dedos quemados como la tea.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi, Kery quema, poresita.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si, hijo. En fin, si necesitas ayuda estamos en la habitación. Voy a buscarle ropa limpia para darle una ducha.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Iros, iros. Será la única forma de acabar esta jodida tortilla.</span></address>
<p>El pistoletazo de salida a la aventura culinaria había comenzado a las doce de la mañana. Eran las cuatro de la tarde y seguíamos con la boca en paro y en espera de que Kerry saliera del baño, donde entró para asearse acompañada de un ataque de nervios. Hasta aquí, todo se desarrollaba de forma casi aguantable, pero en un torpe descuido, Sacha se infiltró en la cocina y probó la <em>famosa</em> tortilla sin que yo percibiera tal descuido. No olvidaré el rostro que le sobrevino a Kerry cuando apartó la tapadera y vio el trozo que faltaba.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¿Quién se ha comido el pedazo de tortilla que falta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Un marciano -fue lo que se me ocurrió para quitar hierro-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Un masiano glande y feo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Encima cachondeito. Ya sabes que no soporto que me toquen la comida sin que estemos en la mesa.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Mujer, que no estás todos los días entre fuegos.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué has querido decir con esa majadería?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Perdóname. Ha sido una tontería, tienes razón.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sois unos desagradecidos, no os merecéis el sacrificio que he tenido que hacer. Me dan ganas de zamparla a la basura. -se levanta con cara de circunstancias, ni Sacha ni yo sabemos dónde habrá ido-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery trite&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no. Kerry está un poquito&#8230; loca. -en voz baja-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. Kery loca.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he oído ¡Loca yo, loco tú y tú padre!<strong></strong></span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; todos nos hemos vueltos locos y ahora, ¿podemos almorzar en paz?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me vais a matar a disgustos. Juro que me vais a matar.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Papi. Kery mata.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sacha. Nada de muertes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kery, papi. -señalándola-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Haz callar a ese niño antes de&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven aquí tonta. El pequeño y yo te agradecemos el esfuerzo que has hecho, ¿verdad Sacha?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí papi.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Me encuentro muy nerviosa. Roberto, no vuelvas a meter la mano en la comida, al menos hasta que yo lo diga porque lo que tenga hecho te juro por mi vida que irá de cabeza a la basura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A sus órdenes mi teniente.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, papi. A su ólene.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Uffff! Calla a ese pequeño loro.</span></address>
<p>Kerry acaudalaba dos vidas y una esencia viviente que solo le pertenecía a ella. La visible, era popular entre todas sus amistades, sin embargo, entraba en continua contradicción. Y por esa extraña conjunción de circunstancias se ganó, de los más cercanos, ser machaconamente juzgada. La invisible yacía en un sub-mundo de sigilo; transcurría bajo el lúgubre secreto de las vivencias más íntimas. Si exceptuamos a Roberto, ni una sola alma viviente arrancó de su boca un testimonio de éste. A veces, su mundo giraba con la presencia de éste. Conectado a él todo le apasionaba, confundía, conmovía, enternecía y predisponía para la eterna contemplación. En realidad, le bastaba la mitad de un minuto y allá donde estuviera desaparecía de la vista de todos. Era como si, de pronto, dejara posado a un pobre envoltorio llamado cuerpo largándose con la parte más importante, su alma.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-460" title="paso a la adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/1167807444_f.jpg" alt="paso a la adolescencia" width="349" height="223" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Entre Roberto y Kerry existía un código al que nadie podía acceder. Se miraban, se observaban, desde la distancia se volvían a mirar dejando en el aire un halo de reserva y misterio. Kerry aprendió una nueva forma de decir lo que sentía. A pesar de su corta edad, comenzó a interesarse por la poesía y esto le ayudó a profundizar en su interior.</p>
<p>Debido a las circunstancias profesionales de la pareja, Kerry pasaba grandes períodos en casa de la abuela y entonces aparecía un nuevo fenómeno. El alejamiento más frío había dado comienzo, era como si ésta se fuera a vivir al lugar más alejado del mundo, apenas se recibían llamadas. Ninguno de los dos abría la boca para nombrarse y no sería porque sus nombres no aparecieran a lo largo de cualquier comentario. El mutismo invadía el hogar de Roberto cuando surgía tal o cual reflexión sobre Kerry. Belén, sabedora de la situación, comenzaba a sentirse de nuevo más cerca de su pareja. Sin lugar a las dudas, la presencia de su hija hacía de su situación emocional un campo de minas.</p>
<p>Cuando Eliana puntualizaba alguna cuestión sobre Roberto, Kerry callaba. Esa actitud creaba más morbo a la historia y se engrandecía la sospecha comentada con su amiga Saray.</p>
<p>Los meses posteriores al curso escolar eran aprovechados por Kerry para visitar su entorno, un entorno más joven y menos forzado. En él se la podía ver totalmente desinhibida, con un lenguaje más mordaz y rebelde, desaparecía la joven interesada por todo lo aprendido. Se pasaba las horas de un lado a otro añadiendo con sus acciones más mala fama a su ya deteriorada imagen. Los rumores acerca de las amistades de Kerry llegaban a oídos de Belén, pero qué podía hacer. Por un lado, se le amontonaba el trabajo dejándole poco tiempo para evaluar tal o cual comportamiento, por el otro, el resto de la familia, y de manera especial la abuela, sentía una especial debilidad por su nieta. Parecía que estaba dispuesta a decir: &lt;&lt;amén&gt;&gt; a todo lo que Kerry le proponía. </p>
<p>La Hiedra es un pequeño barrio situado en la zona alta de la ciudad. En él fabricaron una urbanización con más de una veintena de bloques, separados entre ellos por zonas que, en otro tiempo, se las podía contemplar cuidadosamente ajardinadas. Una destrozada cancha de baloncesto, varios parques que sirven de guarida a los vendedores de drogas y la iglesia, que minimiza la tensión vivida cada día, forman el entramado donde habitan más de un millar de familias. En el piso trece del bloque uno tiene la vivienda Rosita, ésta daba cobijo a un hijo mayor de edad con serios problemas emocionales y a Eliana, la menor de las hijas. Francisco, marido de Rosita es un hombre peculiar. Al despertar el alba sale de casa con rumbo a su preciada <em>chavola</em>, en ella se pasa la mayor parte del día limpiando y secando calamares para luego venderlos en todas las fiestas. Ciertamente, confeccionan un clan singular, mientras Antonio, el varón de los hermanos permanece la mañana y parte de la tarde tumbado, Eliana se preocupa en recoger y ordenar, luego se recuesta y espera a que su hermano se levante y desordene lo ordenado. Los gritos y discusiones marcan el compás durante todo el día en la vivienda. En esas condiciones vivía Kerry la temporada de verano. Para Rosita, su ojito derecho era la niña de los ojos de mora, así la llamaba. La nieta hacía con la anciana lo que le venía en gana, significa esto, que, para lograr cualquier capricho, Kerry atendía a su faceta de adicta al drama.</p>
<p>A la vuelta del verano, Roberto y Kerry se habían convertido como por arte de hechizo en perfectos desconocidos. Durante el viaje de regreso ninguno de los dos intercambiaba palabra, escuchaban música y alguna mirada fugaz que se perdía tras el paisaje. La rígida situación hacía de Belén y Sacha meros espectadores. La adaptación nunca llegó, demasiados espacios abiertos para una joven vida. Kerry había nacido el once de diciembre de 1987, por aquél entonces, apenas había cumplido los trece años. Hermosa y rebelde. Cuando apareció en la vida de Roberto era una pequeña revoltosa, ocasionaba mil y un problemas a Belén con su acentuado descaro a la hora de discutir. Las quejas le surgían de todos los frentes.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Mi hija Kerry me tiene harta. Al final acabaré internándola.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Cálmate. ¿Qué ha sucedido ésta vez?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- La tutora ha llamado al trabajo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dios santo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Sólo eso se te ocurre decir! Kerry no le hace caso a nadie, llega un día sí y otro también tarde al instituto. Los profesores empiezan a creer que algo le está sucediendo. Tú la has visto, por no aprobar no aprobaría ni el recreo, si éste fuera una asignatura. Y lo peor es que se pasa el tiempo de estudio mofándose de los otros compañeros, cuando no le da por ir sacándoles los defectos: &#8220;Mirad cómo huele el tío éste; aquél suda que parece un cerdo&#8221;. Así lo hace. Me lo ha dicho la responsable. Quiere ser el centro de atención. ¿Pero es que no ves cómo se viste? Va enseñándolo todo. Para colmo se ha unido a una pandilla que el líder es una gentuza al que han expulsado del instituto en dos ocasiones. La internaré, juro por Dios que lo haré. A mí esta desgraciada no me vuelve a sacar los colores.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hablaré con ella&#8230; Tú siempre estás hablando con ella y qué has conseguido, ¿me lo quieres decir? Todo el mundo se da cuenta de que te trata como a su marioneta, eso es evidente, lo ven mis compañeras, hasta tu familia me lo dice. Ha perdido el respeto a los que vivimos con ella. ¿No has reparado que desde que abre la boca consigue cuanto quiere? Mira en su armario ¿Te parece que pertenece a una niña de su edad? Puede cambiarse de vestido cinco veces al día sin utilizar el mismo. Abre los ojos porque caminas muy desorientado.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Acaso pretendes decirme algo? ¿Qué has querido decir con &#8220;caminas muy desorientado&#8221;?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Estoy cansada de las actitudes de ambos.</span></address>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-459" title="orfanato" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/calle-fuencarral_hospicio_19322.jpg" alt="orfanato" width="337" height="257" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Tengo que confesar una cosa: Mi vida fue difícil; más bien, de qué demonios me sirvió la infancia si no la tuve. Me obligaron a permanecer en un orfanato cuando tenía a mi madre, ella se equivocó y yo lo pagué. De nada sirvieron los castigos que durante siete años me infligieron un grupo de religiosas. La severa disciplina hizo si cabe más huérfano al niño que contemplaba el cielo en busca de un milagro. Quise ser mayor para olvidar la continua brusquedad con la que éramos tratados un puñado de niños desamparados. Amé de forma acelerara la grandeza de la libertad y cómo no, la grandeza que proporciona la independencia. Tía Antonia le decía a mamá repetitivamente: Roberto ha adquirido un talento especial y una norma: se le da muy mal decir no. Ya sé que es un niño casero y que en ocasiones le veo reír, pero tiene que aprender a decir: &lt;&lt;no&gt;&gt;  Por ese camino, la vida le acarreará muy malas consecuencias.</p>
<p>Si me vieran ahora exclamarían: ¡Lo sabía, es culpa de esa majadería que adquirió de las monjas! Con lo bien que le hubiera ido aprender la sencilla forma del &lt;&lt;no&gt;&gt;.</p>
<p>¿De qué vale ahora exponerme a un solo reproche?, lo hecho, hecho está ¿Acaso fue culpa mía haber conocido a Kerry? Sin duda, lo que sucedió en aquel extraordinario período se manifestó como una aventura tan fuerte que salpicó nuestras vidas de forma acelerada. En ocasiones era como vivir en medio del fuerte huracán y al mismo tiempo, sin darte cuenta respirar la suave fragancia que te acerca al paraíso. Unos dicen que yo planté la semilla y por tanto, lo que aconteció después se limita al castigo que merecía por la oscura e incomprensible convivencia. Mis hermanas -las tres- reprobaban la forma en la que Kerry era tratada; claro que en este calabozo es lastimero pensar en ella pero, cómo olvidar los momentos que nos regalamos. Los dos amábamos la naturaleza: Kerry gozaba describiendo los colores encendidos de los atardeceres y yo encontraba el punto de nostalgia necesario descubriéndola en litúrgico silencio. Nos manteníamos alejados del lado decadente que mostraba la vida; creí encender su corazón de cosas verdaderas sin que apenas lo advirtiera.</p>
<p>Más tarde pude evidenciar que todo lo que olía a desvalido le afectaba de forma solemne. La lindura de sus acciones era admirada por el resto de la gente que la trató. De acuerdo que siempre no fue así, pero en ese punto, es donde radica la nobleza del intento.</p>
<p>No sé la que se me viene encima, sigo esperando en esta <em>mazmorra</em> a que el juez balancee las otras declaraciones y también las pruebas médicas. Siempre las realizan cuando existe un posible caso de agresión sexual o violación. No me puedo imaginar a Kerry recibiendo la visita de un médico forense después de haber sido examinada por otros expertos, ¿qué habrá dicho? Que yo la agredía sexualmente, no, Kerry no puede decir tal barbaridad. Me niego a creerlo aunque esté expuesto en la denuncia, me niego.</p>
<p>Hace frío aquí dentro, echo de menos el calor de mi pequeño niño, nunca he estado tanto tiempo alejado de él. ¿Qué diablos me pasa? Significa acaso que comienzo un largo camino por el desierto. Pronto estos pensamientos se tornarán oscuros. La cárcel no entiende de poesía, ni de metáforas. Si me vieran tocando fondo comprobarían que no es una escena agradable, retirarían la puta denuncia porque entre otras razones, nunca hice daño a Kerry. Lo repetiré una y mil veces. Me dejé la piel, siempre lo hago con las personas a las que quiero. Ya sé, ya sé que estas palabras no debo pronunciarlas delante del juez instructor; ni todas las que encierren cierto morbo. Estos mandamases de la justicia son como el palo, tiesos y carentes de sentimientos. Salomón si que era un buen juez, escuchó y escuchó antes de dictar aquel universal veredicto.</p>
<p>La medianoche está cerca. Como siempre sucede en las detenciones, me han retenido todos los objetos y es que no puedo vivir sin mirar el reloj, es un hábito de la sociedad en la que vivimos; prisas y prisas para luego acabar encerrado o bajo tierra; menuda mierda de existencia. Por mis cuentas, al final serán quince horas de espera. Lo tengo decidido, la clemencia para otros, no pienso derrumbarme. Si no quieren creerme, que no lo hagan. Total, si me acojo a las palabras de ánimo que almacené tras la visita del abogado ya puedo empezar a tallar crucecitas en la pared y permanecer así hasta que el cabello se torne escarcha.</p>
<p>Posiblemente al lugar donde iba Roberto el viento arrastraría el duro recuerdo de su verdugo mientras los más hipócritas sellarían en su honor este epitafio: &#8220;Llevó la relación más <em>allá</em> del límite&#8221;.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo.jpg"><img class="size-medium wp-image-458 alignright" title="adolescencia" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/narcisismo-225x300.jpg" alt="adolescencia" width="237" height="302" /></a></p>
<p style="text-align: left;">La naturaleza hizo de Kerry una adolescente hermosa y deseada por los de su edad. Los casi trece años no estaban en consonancia con la figura que brindaba al salir de casa. De pronto se apartó de su mundo y comenzó a querer participar de forma acelerada del mundo de los mayores. Tiró todos los libros de aventuras que decoraban su habitación y se hizo con unas lecturas más complejas, comenzó a tener ideologías extrañas y difíciles  de entender por sus más allegados.</p>
<p>El piso donde vivía Belén acogía una extensa y laberíntica azotea, el lugar favorito de Kerry para la evasión. Si no se encontraba en ningún rincón de la vivienda la pareja daba por hecho que estaría con sus pensamientos en la zona más alta. Como la tarde que fue visitada por Roberto. La encontró deprimida, llorosa, incompresiblemente derrumbada, llevaba horas sin probar nada, ni siquiera lo que más le gustaba, el <em>cafecito</em>. Cuando le sucedían estos episodios, Belén, delegaba la responsabilidad de devolverla al mundo real a su compañero sentimental.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo pasar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Claro tonto.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te he traído un espléndido café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No me apetece; tómatelo tú.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Nada de eso, apenas si has movido el estómago.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Fumamos?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Déjate de fumar y bébete el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- En serio. No puedo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo&#8230; ¿Llevas mucho tiempo aquí?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No lo sé, subí cuando llegué del instituto. No había nadie en casa, luego llegó mi madre, el resto lo tienes frente a ti.</span></address>
<p>Hubo una inesperada mudez, ambos permanecían contra uno de los pretiles de la azotea, mirando el cielo, luego el horizonte, luego a la nada más profunda. El momento no era bueno para ninguno de los dos, lo sabían y quizás por ello, Roberto lo deshizo.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Puedo saber dónde andas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Hace mucho tiempo que persigo un sueño.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no es pedir mucho.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí, sí que lo es. Tú estás en él -con voz entrecortada-. Es como si permanecieras encumbrado en una gran atalaya. Lucho por subir y espero encontrar tu mano, presiento la enorme paz desde el lugar donde te asientas -el relato lo realiza lentamente y con la mirada cargada de tristeza-. Mi cuerpo es golpeado por espíritus malignos, oigo gritos y burlas y cientos de desfigurados rostros se interfieren en el recorrido -solloza y posa sus manos en la cara, una vez más el dolor traspasa la piel de Roberto sin que éste pueda hacer nada-. Hace frío, apenas me quedan fuerzas y es entonces cuando siento tu fuerte mano agarrando la mía, me remontas hasta ubicarme cerca de ti, era como había imaginado. La serenidad de aquel lugar, extrañamente rodeado de amapolas, como las que a ti te gustan, malvas y amarillas. Una luz especial hace que mutuamente nos vayamos acercando hasta sentirnos el mutuo respirar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No continúes.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Te da miedo conocer mis sueños?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Duele conocer cada pensamiento que vive en esos sentimientos.</span></address>
<p>Un deje de melancolía impregnó el dulce rostro de Kerry antes de proseguir.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Aclárame ésta duda: ¿Realmente me hubieras salvado de la maldición que me perseguía?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿A pesar de que después te pudiera fallar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Lo harías?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Yo he preguntado primero.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- A pesar de todo te salvaría.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dame un abrazo! Eres un anciano maravilloso.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso no ha tenido ninguna gracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ven, abrázame&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Te tomarás el café.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Si me acompañas, me lo tomaré.</span></address>
<p>Hubo más de una tentativa por volver a retomar la conciencia del primer momento. Roberto no sólo no lo logró sino que evidenció que su destino progresaba a la velocidad del rayo hacia el precipicio. Las continuas idas y venidas de la casa no solventaron el fracaso como compañero sentimental de Belén. De pronto consideraba tener controladas las circunstancias con Kerry y se desplegaba un horizonte de esperanza, sin entrar en debates afectivos, corrigiéndola en las tareas educativas, aconsejándola sobre cómo llegar a entender a su madre, paliando la profunda desazón que le sobrevenía al estar alejada de su entorno, instruyéndola en la mejor forma de comportarse ante los demás. En cada una de estas tareas no existía un  sobreesfuerzo, más bien, surgía de pronto y en ocasiones como una necesidad. Eran los mejores momentos, los que ahora, en el calabozo recordaba.</p>
<p>Kerry y Roberto representaban a dos seres que en ocasiones, hacían lo inenarrable por marchar unidos bajo una misma visión. No era extraño verles reunidos -uno escudriñando la mochila hasta encontrar las hojas de los ejercicios y el otro haciendo un enorme esfuerzo por refrescar las enseñanzas del pasado-. Al consumarse el tiempo dedicado al trabajo intelectual,  prorrumpían en las más diversas travesuras como dos jóvenes. Sus voces risueñas repicaban notoriamente en el aire inmóvil que envolvía el hogar. Kerry, cuyo rostro adquiría expresión desafiante, se posaba observando a Roberto hasta proponerle otro de sus retos. Ambos correrían alrededor de la vivienda. Situaban obstáculos que luego deberían saltar y otros sortear, acercaban la  preciada alfombra de Belén, utilizada en los actos más simbólicos y guardada como un tesoro en uno de los cuartos del salón, alineaban cuatro o cinco sillas pertenecientes al  recién estrenado comedor y a la de&#8230; &lt;<em>tres</em>&gt;, salían lo más rápido posible. Después de dar varias vueltas sin tocar ninguna pieza, buscaban la llave del tesoro en la azotea.</p>
<p>Ya están en carrera, se gritan, se enfurecen, se lanzan improperios, se miran con descaro y de pronto, la prueba toma un negro cariz con el desplome de Kerry. Es honesta y terca, no acepta la ayuda de su contrincante, aún así, éste simula un fantasmal tropiezo con el sofá y de forma sorprendente cae de bruces.</p>
<p>La fortuna se alía con la joven que llega victoriosa a la azotea para recoger el premio. Una caja envuelta en un colorido papel de regalo, adjuntando una nota: &lt;&lt;Feliz cumpleaños, <em>cielo</em>.&gt;&gt; Ella llora de emoción, la jugada resulta evidente; Roberto se había apresurado para sustituir la simple llave que abría un imaginario tesoro por las zapatillas Nike que tanto le ilusionaban.</p>
<p><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg"><img class="size-full wp-image-465 alignright" title="comenzando a vivir" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/adolescente.jpg" alt="comenzando a vivir" width="260" height="263" /></a></p>
<p>Aquel hombre se recreaba en una adolescente que se hacía mayor sin darse apenas cuenta. La advertía, con espontáneo deleite, allá donde se encontrara -entrando y saliendo de casa con sabia alegría-. Eligiendo el vestido adecuado siempre acorde con el color castaño claro de la larga melena, recorriendo junto a ella los lugares nunca visitados, reflexionando lo irreflexionado. Sin entender bien la razón, para Roberto, aquel ser ocupó, sin que lo pudiera evitar, el asiento de cada una de sus desdichas y alegrías. Claramente, comprendió que en todo el mundo no existía una persona que reuniera más divergencias que ella y eso le hechizaba.</p>
<p>Kerry empujó con fuerza la puerta de la habitación, se aproximó al espejo, puso en orden su cabello y, con todo el poder de convencimiento, se fue en busca de Roberto. Se acomoda y comienza a incordiarlo hasta entorpecer el trabajo que realiza, tecleando una y otra vez sobre el teclado, él tratando de no prestarle atención, a duras penas, sigue cuadrando las cuentas. Llegado el momento, le lanza una mirada poco afable, sabiendo que la incómoda invitada no le haría el menor caso y le da un pequeño empujón hasta desplazarla del lugar donde se posaba. Kerry lejos de amilanarse deja escapar un grito de entusiasmo y otro de desafío, mueve con insinuación sus rojos y carnosos labios para volver a la carga. En el mundo distante en el que se movía Roberto, las ráfagas de <em>locura</em> que le venían del lado más femenino eran capaces de perpetrar y hacer milagros.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Bien, tú ganas. ¿Qué quieres?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Necesito contarte un secreto -palidecía su rostro y aquellos ojos verdes, temerosos y a la vez juguetones buscan complicidad-.</span></address>
<p>Se queda en silencio, intuyendo que en el instante presente, el estadillo de final de mes no lo acabaría y eso le acarrearía un nuevo problema con su jefe.</p>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Por casualidad sabes qué estoy tratando de acabar?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú. -acariciándole la espalda-</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No, no lo sabes. ¿Y sabes qué es lo más que me molesta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Dímelo tú -su cabeza en el hombro de Roberto-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Trato de entregar las cuentas de los locales, ya te he contado que ese desgraciado tiene mi paciencia contra las cuerdas y que ya no puedo más&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Pero si sólo es desvelarte un secreto y desaparecer como una abeja.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Cuando comenzarás a comportarte como&#8230; como una adulta?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Estás loco? Soy una niña, ¿recuerdas?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Larga el secreto y difumínate para el resto de los días.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Ya se te notan los cuarenta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Los cuarenta son como los nuevos treinta.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No como tú lo llevas.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- De acuerdo; tienes tres segundos para decirme eso que tanto te perturba: uno, dos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Lucho conmigo misma para no cometer una locura.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¿Qué quieres decir? &#8211; Roberto de espaldas al ordenador-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Llevo semanas tomando muchas píldoras, píldoras por la mañana, tarde y noche. Unas las pido a los compañeros de clase, otras las pillo de donde mi madre las guarda. No logro descansar ¡Sufro agónicas pesadillas! Creo que estoy perdiendo la razón. Te lo suplico, quédate ésta noche conmigo.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Eso es lo de menos, dime, qué significa que tomas píldoras. ¿Ha sucedido algo? Cuéntame, no quiero pensar en una desgracia.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No sé cómo decírtelo sin que te dañe -encendida de la emoción-.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Maldita sea! ¡Habla de una vez!</span></address>
<p>Una leve pausa le sirve a Kerry para posar sus manos en las de Roberto antes de largar la llamada de auxilio.</p>
<address><span style="color: #993300;">- Quiero que me enseñes a conducir. Necesito experimentar lo que es tener un volante en las manos, buscar el equilibrio entre embrague, acelerador y frenos, ¿lo harás? Dime que lo harás.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Dios santo, estás completamente loca!</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Bueno, entonces me enseñarás a conducir. Siempre me ha cautivado tu forma de llevar el volante.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Kerry, no sé si sabrás que tienes doce años.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Casi trece.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- No te logro entender. ¿Quieres matarme de un susto? Escuchándote creía estar delante de una tragedia griega. No, no te voy a enseñar a conducir, al menos, de momento. Tampoco creo que seas capaz de haber tomado esas píldoras ¡ah! Otra cosa: esta noche dormirás como siempre.</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- ¡Ven aquí! &#8211; atrapó la mano de Roberto y trotando lo llevó hasta su mesa de noche, abrió con infinito nerviosismo uno de los cajones y después de apartar todo lo que salía a su encuentro dejó visible más de una docena de diferentes píldoras -. ¿Me crees ahora?</span></address>
<address><span style="color: #993300;">- Apártate de mí, estás enferma.</span></address>]]></content:encoded>
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		<title>Penitencia: Novela &#8220;La última mentira&#8221; (cap. 1º)</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 07:57:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daroca (Zaragoza)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El sueño de]]></category>
		<category><![CDATA[Donegan Rice]]></category>
		<category><![CDATA[la última mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Penitencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrita por: Donegan Rice. Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;. Él creyó en su obra y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escrita por: Donegan Rice.</p>
<h2>Capítulo 1º: &#8220;La cuenta atrás&#8221;.</h2>
<p>Él creyó en su <em>obra</em> y la protegió con cada uno de sus defectos y virtudes. Antes de que todo sucediera, cuando ambos participaban de un reglamentario vínculo afectivo (Roberto Alcázar, compañero sentimental de Belén, y Kerry, hija de ésta y fruto de una relación anterior), la avenencia entre los tres se establecía  bajo una aparente calma. Sin embargo, los que conocieron su historia, dictaminaron que entre ellos existió algo más que la mera acusación que llevó a Roberto a pasar diez años en la cárcel.</p>
<p>Tal vez por ello, mucho antes de que ocurriera el episodio que le habría dejado a merced del desamparo, Roberto ya intuía la encrucijada que estaba por llegar.</p>
<p>Sin articular un solo vocablo contemplaba junto a su abogado la sentencia que yacía en sus manos. Dieciséis meses después de la detención, el alto tribunal lo había declarado &#8220;culpable&#8221;. Lo más extraño, es que durante el proceso no se encontró una sola prueba de dicha culpabilidad.</p>
<p>Mientras era escoltado por dos agentes policiales, Roberto sintió como si un tentáculo invisible le agarrara el gaznate hasta retorcérselo sin que él pudiera devolver la agresión. A duras penas, trató de armar el puzzle de los acontecimientos, nada tenía sentido, sin embargo, allí estaba, desconcertado, y a la vez meditando sobre la sobrecogedora sospecha que arrastraba desde el primer día que Kerry apareció en su vida.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg"><img class="size-full wp-image-386  aligncenter" title="recuerdos" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledss.jpg" alt="recuerdos" width="309" height="310" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Fue algo así como una enfermedad que ves venir, una premonición insistente: Una de esas ráfagas de aire frío que, al apuntar el invierno parece que va a traspasar cada parte de tu cuerpo que salga a su encuentro.&gt;&gt; No podía precisar cuando lo supo con certeza; la evidencia crecía al margen de su conciencia. Era algo natural dentro lo más antinatural del mundo. Para Roberto, Kerry dibujaba  en muchos momentos la imagen de la perfección, y, en otros, el más cruel desapego. Al menos, así lo creyó desde que decidió indagar en su joven y confuso corazón. La idea recurrente del fuego que encendido anula algo del frío habitual del universo. Lo cierto, es que al consumarse un hecho consumado, ni siquiera le extrañó. Había acontecido. En todo juego siempre existe un perdedor, y él lo fue con todos los agravantes, todas las consecuencias y todo el horror que un ser humano se puede imaginar.</p>
<p>Con insistencia le sobrevenía la intención de inculpar a Belén,  a Eliana y a Saray. Algo le señalaba que, entre las tres, llevaron en volandas a Kerry ante el juez tres días después de dejarla en la gran ciudad ¿Qué pasó durante ese período? ¿Fue, como creyó Roberto, una infame traición? ¿Acaso se trataba de una miserable mentira? En realidad, ninguno de los acusadores dio una versión creíble. Las confesiones de Kerry, más que ayudar, acabaron de oscurecer el suceso. Aún así, su participación fue decisiva.</p>
<p>A primera hora de la mañana del tercer día, el acusado era llevado en un coche policial hasta los juzgados, a veinte kilómetros del lugar de la detención. Fue depositado en una celda a la espera de ser recibido por el juez instructor. Roberto mantenía una lucha silenciosa, intentaba atrapar los últimos momentos, aquellos que le separaron de su entorno. Un cigarro tras otro, la atmósfera en el cuarto cargada por anteriores encierros. De soslayo intentaba interpretar las docenas de escritos estampados en las paredes. Por allí habían pasado ni se sabe cuántos acusados. Corazones esculpidos, dejados sin terminar tras la llamada de algún policía. Mensajes cubiertos de rabia, alguno de ellos sellado con sangre, palabras pidiendo misericordia, recados cubiertos de amenazas.</p>
<p>Una aversión que aumentaba el tormento rebasándole de lado a lado el cuerpo.</p>
<p>¡Culpable, culpable! Era la delación más coreada por cuantos le visitaron los días previos a su confinamiento en la cárcel: &lt;&lt;¿Pero acusado, de qué? ¡Maldita sea mi estampa! ¡Quién me acusa! No, no era posible que Kerry dijera tantas mentiras. Kerry no.&gt;&gt; Todo lo que le estaba aconteciendo parecía la espiral de un plan maquiavélico. En las primeras horas, llegó a tener la sensación de que el cerebro le iba a estallar en mil pedazos.</p>
<p> Una vez y otra, vuelta a repasar las horas previas a su detención. Para Roberto no fue fácil asumir el desenlace de aquella relación. Es más, desde el principio, se dieron cuenta de que no funcionaría. Belén, un ser inestable, dulce por momentos y por momentos una tormenta que arrasaba lo que encontraba a su paso. Roberto, todo lo contrario, aquí los polos opuestos no tenían el atractivo que se conoce, incluso, los esfuerzos que hicieron por salvar una nave a la deriva no sirvieron de nada. Ni siquiera la llegada al mundo del pequeño Sacha pudo solapar la decadencia que se divisaba en la pareja. Quizás fue ella la que preparó todo aquello sumida en un arranque de ira, de frustración y odio. Quizás lo poco que aun permanecía en su corazón se había transformado en un progresivo sentimiento de aniquilación, de descarnada cólera. Quizás Belén llegó a pensar que entre Roberto y Kerry había algo más que una relación normal. Se había dado cuenta de que el uno no podía estar sin el otro, pero a la vez, esa dependencia estaba cautelosamente disfrazada.</p>
<p>Roberto llegó a declarar años más tarde: &lt;&lt;Belén lo tenía todo, no fui capaz de darme cuenta de esa circunstancia, ella buscaba lo que busca cualquier mujer; un hombre que supiera mirar a los ojos sin bajar la mirada, que poseyese carácter, y quién no.&gt;&gt;</p>
<p>Belén lo pasó peor que nadie. Tras el suceso, perdió el trabajo y se sumió en una interminable depresión, intentó quitarse la vida en varias ocasiones pero la prontitud de los servicios médicos impidió el fatal desenlace. De su hija Kerry nunca volvió a hablar, la adolescente se quedó a vivir en casa de la abuela bajo la sospecha de que nunca contó lo que realmente había sucedido.</p>
<p style="text-align: left;">Pero volvamos a la mañana del 25 de Noviembre de1999. En el calabozo todo parecía estar confuso, tanto, que no se dio cuenta del tiempo que pasó hasta que el médico forense, acompañado de un agente policial, le visitó: ¿Quiere usted que le examinemos? Roberto se negó con un movimiento de cabeza. Las dos figuras hablan en voz baja mientras se alejan y de nuevo se hace el silencio que acompasa la exasperante agonía: &lt;&lt;¿Examinarme? ¿Pero qué demonios se ha creído esta gente? Cuando se examina a alguien es porque realmente ha ocurrido un acontecimiento. Esto es una broma. Posiblemente, si la denuncia la firmó Belén en poco tiempo estaré afuera preparando todo lo que dejé sin hacer. Belén tiene arranques, que me lo digan a mí. En el fondo pienso perdonarle, total qué ha sido. Tres días de encierro, un largo fin de semana. También yo he hecho de las mías, aunque, nunca se me hubiera ocurrido traerla hasta un sitio como éste.&gt;&gt; Roberto reflexionaba bajo el sonido lejano de las cancelas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-387" title="en el remolino" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledmm.jpg" alt="en el remolino" width="313" height="296" /></a></p>
<p>&lt;&lt;Es extraño cómo suceden las cosas -se decía después del segundo día de encierro-. En estos momentos habré perdido el trabajo, quizás no. En fin, conociendo el temperamento del jefe, las pocas pertenencias que guardaba en la oficina me las habrá tirado a la calle una a una. ¡Un empleado mío acusado de&#8230;! ¡Recojan todo lo que lleva su nombre y a la puta calle! Qué más da. Que piense lo que quiera; nunca fue santo de mi devoción ni él ni su puta reputación de hombre comprensivo. Hacía del parque temático lo que le venía en gana. No contaba el criterio de ningún profesional, sólo el de su amante: &lt;&lt;Qué han detenido a Roberto por&#8230; Ese hombre nunca me dio buena espina. Borren su nombre de cada metro cuadrado por donde haya pisado. Nunca ha trabajado para nosotros, nunca.&gt;&gt; Ya le oigo como oigo las voces de los demás trabajadores pidiendo para mí cadena perpetua.&gt;&gt;</p>
<p>&lt;&lt;Parece que se acerca alguien, los pasos en este recinto suenan de la misma forma que en galeras, pesados y con aire de maldición. Se han detenido. Tampoco esta vez me vienen a abrir; casi las tres de la tarde y apenas si he probado bocado ¿No se dan cuenta que me han traído a las nueve de la mañana? En los otros calabozos no debe haber nadie, si no ya me habrían gritado para que les pasara algún cigarrillo, siempre sucede el mismo ritual. Lo prefiero así, no me encuentro con ganas de escuchar otras historias, bastante tengo con la que me ha caído encima.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Debo seguir confiando en Belén, he de hacerlo. Ella posee la llave que me llevará de nuevo a la libertad. No hay porqué alarmarse. Tranquilo Roberto, vuelve a respirar hondo, eso es. Ni un hilo de resentimiento. En cuanto alcance la puerta pienso invitarla a la mejor mariscada, sé cómo disfruta al lado de una mariscada y contemplando de fondo el mar. Esta vez me voy a gastar lo nunca gastado. Y el vino dejaré que lo elija ella, siempre no sucede así. Me gusta el paladar que se queda después de un buen Rioja. Hoy tiene que ser lunes, o tal vez, domingo. Estoy algo desorientado, les pasa a la mayoría de los detenidos. Te desorientas mientras percibes la incertidumbre junto al frío suelo del calabozo. Yo me adapto a todo, pero lo de anoche o antes de anoche, no lo pude soportar. En la comisaría donde se cursó mi detención están los agentes más despiadados, tengo que decir que la  <em>fama</em> se la han ganado a pulso, como las celdas, un perfecto estercolero que apenas están higienizadas. Para qué referir la guasa que tuve que soportar del policía durante el primer y único interrogatorio. A pesar de la dureza, no tiene desperdicio.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Entonces no sabes por qué te hemos traído?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No. No lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya. Eso sí que representa una sorpresa. Te confieso que estoy escribiendo un libro, nada serio, El asunto va sobre la gente que detenemos por el delito que has cometido.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Significa que ya me puedo sentir culpable?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo diría que lo tienes muy negro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Respeto su opinión; pero usted no ejerce de juez.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Muy listo el <em>señorito</em>. Y, dime. ¿Te parece guapa esa Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No entiendo lo que quiere decir&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo su foto, la he visto. Yo diría que es muy hermosa, aunque claro, aun es una menor.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Si no tiene otra clase de preguntas que hacerme le ruego que me devuelva adentro. No estoy para escuchar&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Mira degenerado! Aquí quién tiene los cojones soy yo, ¿entiendes?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Entiendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mírate. Eres culpable, eso se ve sin ningún tipo de dudas. Una mujer que trabaja hasta muy tarde y una hija muy hermosa, menor, pero hermosa. Un degenerado como tú que engaña a su pareja con una menor&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quiero que llamen a mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No tan rápido. Tienes que declarar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Se equivoca usted. No haré declaración si no es delante de mi abogado.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ten paciencia, la vas a necesitar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le parece poca paciencia tener que escuchar la sarta de acusaciones que me está haciendo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso díselo a tú mujer y a Kerry, ellas han firmado la denuncia. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No lo creo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Pero de dónde sales? Sitúate hombre. Viernes 23 de noviembre, año 1999. Hora&#8230; dos de la madrugada, Comisaría del Centro. Delante de tí tienes el pasaporte para ir a la cárcel por un delito muy complicado. Todo apunta a que te lo hacías con esa niña. Los de tu calaña no lo suelen pasar bien allá donde van.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Estoy cansado. Quiero ir a mi celda.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora te llevaré a la celda; procura mirarla con cariño porque dentro de poco vivirás en una como ésta, pero será en una cárcel de verdad ¡Ah! Se me olvidaba. Ese culito lo veo muy mal, muy mal. -dijo el agente con repugnante ironía-</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Espero que tenga suerte con su&#8230; libro.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pobre imbécil. Volveremos a vernos. Cuenta con ello y ahora adentro, vamos.</span></address>
<p>&lt;&lt;Estoy hablando solo. Dicen que es el primer síntoma de locura. Acaso me estoy engañando o realmente soy un alma dilapidada con un cuerpo a punto de ser hipotecado por una sinfonía de sirenas y barrotes. Hace calor aquí dentro, ya casi es la hora de la merienda y sigo esperando que algún capullo tenga la gentileza de abrir estas rejas y llevarme ante el juez instructor.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;Han pasado tres días desde mi detención y sigo en ascuas. No me gusta lo que siento ni lo que circula por mi cabeza. No sé lo que me pasa; pero debo descansar. Quizás cuando vuelva a despertar ya no esté aquí. Se trata de ir más allá de la mera circunstancia, como en el cuento de la mariposa que no sabía si lo que vivía era sueño o realidad. El exceso de trabajo tiene la culpa. No logro estabilizar la situación económica de esta familia, trabajamos y trabajamos sin descanso para que los pagos nos devoren. En realidad, siempre ha sido así. Cuatro años arrastrando deudas. Ahora, con la llegada de Sacha, todo se torna más complicado. Quizás acostumbré mal a Kerry; no se puede obtener todo con una simple sonrisa de Gioconda, el dinero cuesta ganarlo y poco gastarlo, eso predicaba mamá.&gt;&gt;</p>
<p> &lt;&lt;La pobre mamá, a Dios gracias que ha fallecido, se moriría de nuevo al verme aquí, acusado de uno de los peores delitos, encerrado como un vulgar delincuente y abandonado por la poca familia que me queda. Para ellos debe de ser una vergüenza: &lt;&lt;Pues no veías cómo se miraban, y la confianza. La confianza le llevará a la cárcel&gt;&gt;  Mi hermana Nadia siempre resultó ser la más acusadora de la familia. Recuerdo la primera vez que coincidió con Belén, ambas se cayeron estupendamente a pesar de que poco o nada tenían en común. Nunca he examinado a dos personas tan extrañamente asociadas. Para el resto de hermanos, aquella unión no solía ser del todo bendecida. Nadia atesoraba un veneno difícil de detectar, como esa picadura que apenas si duele pero en el fondo es mortal. Morena, de ojos marrones y vivarachos, si te enfila a la primera no existe héroe que pueda salvarte, a ella o le caías mal o mal. Por esa razón, el caso de Belén sorprendió de manera especial. No había día que no se llamaran, a veces, con el raro pretexto de preguntarse por tal o cual verdura: ¿Quién ha llamado? Tu hermana Nadia quería saber si el perejil es bueno para el reuma. Esa era toda la respuesta que le podía sacar a Belén después de veinte minutos de conversación.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>&lt;&lt;¿Qué debo hacer a partir de ahora? Nunca he estado en la cárcel. Lo que sé lo resumo a &#8220;lugar miserable donde impera la ley del más fuerte&#8221;. Patios desnudos acogiendo a toda clase de gentuza que intentan una y otra vez apropiarse del último de tus secretos para luego pregonarlos a los cuatro vientos. Es pronto para pensar en esto, debo relajarme y repasar en lo que me espera cuando esta maldita puerta se abra.&gt;&gt;</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-388" title="interrogatorio" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledbbb.jpg" alt="interrogatorio" width="305" height="412" /></a></p>
<p> &lt;&lt;Otra vez los pasos; vaya, al menos parece que alguien se acerca. Es un leve presentimiento, pero creo que mi suerte está a punto de aparecer, claro, la detención ha sido como uno de esos nubarrones que aparecen, descargan y punto y final, de nuevo el cielo despejado. Se amplifican las pisadas, bien. Ahora tranquilo, respira, eso es. Me pondré de pie para recibirle. A esta gente le gusta que, ante todo, haya respeto.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Señor agente. Llevo desde las nueve de la mañana encerrado en este calabozo, son las nueve de la noche y aún no he probado bocado. Tampoco sé nada de mi abogado. ¿Podría usted traerme algo de comer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables tan rápido ¡joder! En primer lugar; no entiendo cómo te han dejado encerrado tanto tiempo, y si lo que dices es verdad: o se han olvidado de ti o el fiscal y el juez tienen un caso complicado. Te dejaré este yogurt, es parte de mi cena. Lo siento, no puedo ir en busca de una paella.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Está bien, está bien. Le agradezco el detalle.</span></address>
<p>El agente cerró de nuevo la puerta y de nuevo se hizo el silencio. La sombra de la sospecha pesaba como una loza. Arriba, en las dependencias judiciales no había un momento de respiro. Psicólogo, médico forense, abogado defensor, abogada de la acusación, fiscal y juez instructor se habían apoderado de Belén y Kerry durante todo el día. A pesar de que la denuncia la habían firmado dos días antes de la detención, madre e hija tuvieron que explicar de nuevo los motivos que les había llevado a realizarla.</p>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Es usted la madre de Kerry Artera Valiente?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Cuándo comenzó a sospechar que su pareja sentimental Roberto Alcázar Miralles podía estar abusando de su hija Kerry?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No&#8230; No tengo fecha exacta. Entre ellos existía una relación muy extraña.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Podría definirla?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Él la trataba con mucho cariño.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y eso a usted no le parecía bien&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Una vecina me contó en una ocasión que escuchaba ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ruidos.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí. Mi casa está pegada a la suya y desde su habitación los escuchaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Habla usted de su hija y Roberto Alcázar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así es, Señoría.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y, Kerry. ¿Nunca le dijo nada?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Yo le decía. No quiero verte tan pegada a Roberto. Cuando él no está en casa parece como si nada te importara. Vives contemplando a las musarañas pero en cuanto le ves llegar, te transformas en otra persona. ¿Acaso tienes algo con Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso le preguntaba.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Sí.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Y qué argumentos le daba ella?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija Kerry siempre ha vivido en las nubes. De pronto está bien que está mal.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pero eso no es culpa de Roberto Alcázar, ¿o sí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ese hombre la volvió loca con sus cosas. La hizo hasta fumar y beber. Le compraba todo los antojos y claro, cómo no la va a deslumbrar si esa chiquilla apenas ha cumplido los trece años.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya. Ahora señora Belén; piense bien antes de contestar. Tómese el tiempo necesario y le ruego que haga todo lo posible por recordar. Se lo preguntaré nuevamente: ¿En<strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong>alguna ocasión, Kerry le confesó que recibía abusos sexuales por parte de su pareja?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- A mí estas situaciones me ponen muy nerviosa&#8230; Perdone Señoría -las lágrimas de Belén corrían por sus mejillas como un río desbocado-. No. Nunca me confesó que Roberto la manoseara, pero sucedió algo. Recuerdo que estábamos de vacaciones, en la playa. Mi marido se había ido de casa, bueno, más bien, yo le dije que se marchara. Es que nuestra relación era imposible, lo fue desde el principio. Mi hermana Eliana y su amiga Saray siempre sospecharon que entre ellos existía algo más que una simple convivencia ¿Se puede llamar así?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Es su declaración&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ellas no son tan confiadas como yo. Saray le decía a Eliana: chica, el trato que se dan Kerry y Roberto me huele a quemado -por esa circunstancia no me extrañó oírles preguntar-. Kerry ¿A ti te gusta Roberto?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién preguntó?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- La Saray. Esa niña siempre estaba <em>investigando</em>.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Vaya.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Mi hija se puso muy mal, muy mal. Por supuesto que lo negó todo.</span></address>
<p>La instrucción del caso Kerry avanzaba. Por momentos se tornaba evidente, un solo presunto culpable y una víctima menor de edad, pero a la vez, las pruebas físicas seguían sin aparecer. En estos casos, el testimonio de la menor podría ser concluyente.</p>
<p> El detenido continuaba anclado en las dependencias judiciales Durante todo el día, Roberto había tenido que soportar un calor sofocante, mientras afuera, por las interminables avenidas el fuerte viento danzaba las hojas de las palmeras como intrépidas marionetas y los cuerpos, mayoritariamente turistas, deambulaban de un lado a otro adquiriendo en ocasiones formas cómicas y grotescas. Se ocasionaban continuos remolinos de polvo y los huérfanos matojos se enredaban hasta convertirse en círculos andantes, propio de una escena precursora. De la botella de agua que le dejaron en la comisaría donde tuvo lugar el arresto, Roberto bebió el último trago y de nuevo volvió a sentarse en el frío asiento del calabozo: &lt;&lt;Maldita confusión la que me ha traído hasta aquí. No entienden que la verdadera protagonista de mi vida es Belén y no Kerry. Que a pesar de mis flaquezas y por qué no decirlo, de algunos episodios de infantil disputa, entre ella y yo nunca pasó lo que están diciendo. En nuestra convivencia ocurrieron muchas cosas, cosas que ni matándome declararé, momentos que caerán conmigo. Ella me abrió su corazón y no seré yo quién la defraude. Doy por hecho que nadie entenderá mi postura. Es más, apostaría lo que fuera a que toda esta gentuza me ve con el rostro más depravado de la creación, aun así, no me voy a derrumbar. Debo llenar mi mente de pensamientos positivos, sigo creyendo que el suplicio acabará pronto.</p>
<p style="text-align: left;"> &lt;&lt;Pasan las horas, debo resignarme, aceptar la derrota. Pronto me tocará estar frente al juez, pero que nadie espere que me ponga a declarar lo indeclarable. Puedo testificar lo que quieran, los momentos vividos junto a Kerry ya forman parte de mí y en mí no entra nadie. Hablaré, sin lugar a dudas que lo voy a hacer, pero no voy a destruir los momentos que me pertenecen.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-389" title="las estrellas" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/bf68f2c3fc6fe7c41c5b98375c4e11.jpg" alt="las estrellas" width="320" height="386" /></a></p>
<p> ¡Cuántas coincidencias encierra una vida! Nos sentábamos en silencio, mirando la luna y el mar que se extendía hasta nuestros pies. El paisaje nos traía paz, o tal vez, ocultaba lo que estaba por llegar. A Kerry le atormentaba la curiosidad por cuanto yo hacía, y a la vez, era una persona ingenua e inexperta. Aquella noche estaba conmovedora, irradiando la pureza de su edad.&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Qué bien me siento. Nos podíamos quedar aquí toda la noche.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso no va a ser posible. Tu madre debe estar preocupada y ya sabes cómo se pone cuando tardamos. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quedémonos un poco más, así, con este silencio y este mar que nos contempla.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Me gusta verte feliz.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Kerry ¿Qué haremos cuando todo esto acabe, acaso te acordarás de los momentos vividos?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Te piensas ir?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Quién sabe&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hables de eso. Siempre estaremos juntos.</span></address>
<p>&lt;&lt;No. No engañé a Belén, sino a mí mismo. ¿Por qué me vienen estos pensamientos? Posiblemente se deba a la debilidad que me está causando esta situación. Una vez leí que en América encerraron a un tipo durante tres días y fue tal su dolor que el cabello de color negro se tornó completamente blanco. Tengo que ser fuerte, sólo así podré resistir las dificultades que salgan a mi encuentro. Estar preparado, ya sé que no va a ser fácil, una vez en el infierno&#8230;</p>
<p>El primer asalto lo perdí, es evidente. Qué imbecil fui.  No debí identificarme ante aquel policía, claro que lo consideré durante un minuto, aguantando la respiración y el alma, luego me dije: qué más da si estos tipos son como la epidemia que terminan dándote caza. ¡Fíjate! No ves que porta una orden de captura. No se le ocurre otra opción sino que venir a joderme a las dos de la madrugada, sin tiempo para despedirme del pequeño Sacha.</p>
<p>Tiene que existir algún modo de resolver este lío. El paso del tiempo es lo que menos me favorece, tampoco que Belén se haya negado a visitarme, ni siquiera tuvo la decencia de acercarme algo de ropa limpia. Sí, claro. Muda limpia y hasta una botella de Jack Daniels para el señorito. Roberto, ¡despierta de una maldita vez! Te van a mandar a la puta cárcel, ¿lo oyes? A la puta cárcel. Eres un completo imbécil, un memo confiado e idealista. Existe una denuncia firmada por ella y sigues colgado de la luna pensando que vas a salir de aquí de <em>rositas </em>¡Despierta de una vez! ¿Recuerdas las palabras del abogado, las recuerdas&#8230;?&gt;&gt;</p>
<address><span style="color: #800000;">- Soy Alfredo Calleja, abogado penalista. Me han designado para defenderle en este caso.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Roberto Alcázar. Es un placer estrechar la mano de alguien después de tantas horas. Abogado ¿Por qué me han traído hasta aquí?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Tengo la copia de la imputación.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Quién me ha denunciado?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Pues&#8230; Belén Valente Sanjira y su hija Kerry&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Esto es una pesadilla. Ya veo que lo que quieren es mi cabeza&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Siento decirle que con una acusación como la que tengo en mis manos ya la poseen.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Usted va a ser mi abogado, ¿qué se supone que debo hacer?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Aun no lo sé.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Genial.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Escuche Roberto. Tiene una denuncia por agresión sexual en grado continuado, ahí comienza su problema. Estamos hablando de doce años de condena. Las sentencias por este delito suelen ser muy duras, ¿me sigue?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Le sigo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No sé cuántas posibilidades tenemos de que salga libre de cargos, todo va a depender de lo que digan las denunciantes a la hora de declarar frente al juez, eso será mañana en los juzgados, pero, no cuente con mucho, ya se lo adelanto. Agresión sexual continuada a una menor que para agravar más el caso, es la hija de la que en esos momentos ejercía como su pareja. Negro, muy negro lo veo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ahora, de repente, me he convertido en un monstruo. Míreme ¿Cree usted que hice daño a esa persona?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Dígamelo usted.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No, claro que no le hice daño. Todo iba bien, me refiero a la relación que existía entre Kerry y yo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Relación?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Ya sabe. Éramos&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">-    Escúcheme; escúcheme bien. No se le ocurra volver a citar la palabra -relación- No si con ella trata de explicar algún momento delicado vivido junto a Kerry. El juez que lleva la instrucción no soporta a los agresores sexuales. No dude que estarán apuntándole como a un conejo. La fiscal no tiene desperdicio, va a intentar patearle hasta dejar sus huesos convertidos en polvo para el desierto. Responderá pausado y sin agraviarse por lo que ellos digan. Kerry era como una hija para usted y sólo la miraba desde el más puro respeto. ¿Lo ha entendido?</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eso trataba de decirle.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Procure mantener la mente fría porque si la calienta estará jodido de verdad.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Nos veremos mañana&#8230;? </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Así será.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Gracias por todo.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No hay de que. Roberto, procure pensar en lo que le he dicho.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Lo haré.</span></address>
<p>De poco le sirvió a Roberto ejercer de encargado en los bares y restaurantes del mejor parque de atracciones al sur de la isla ni como hombre de confianza del todopoderoso Juan Pancertero. La fatídica noche del veintitrés de noviembre terminó más tarde de lo normal, hacía algo de viento y el frío presentó sus credenciales en la terraza donde descansaba. Las fiestas de navidad y fin de año estaban a la vuelta de la esquina y el trabajo se acumulaba.</p>
<p style="text-align: left;">Bajo su responsabilidad más de una veintena de trabajadoras, y, por extraño que parezca, siempre salía airoso de las disputas que debido a los nervios se presentaban durante la jornada. Era un excelente gestor, lo había sido desde siempre. En poco más de dos meses le habían propuesto para encargado y él sin pensárselo dos veces no dudó en aceptar el reto. Como buen torero, lidió con los caprichos de su jefe, persona tosca y difícil, un empresario hecho a sí mismo. A Roberto lo había bautizado con el seudónimo de &#8220;Rubio&#8221;: Dile al Rubio que venga a la oficina. ¿Aún no ha llegado el Rubio?, que se presente ante mí en cuanto aparezca. Rubio abajo y Rubio arriba. Sabedor de los continuos desequilibrios que esgrimía Juan Pancertero, Roberto buscaba el momento para interponer algún alegato retrasando la acción de enfrentarse a él. Le habían asignado un buen sueldo y el cargo no le pesaba, además, el Mercedes 190 en el que viajaba también entraba dentro del acuerdo, por lo demás, vivía a quince minutos del parque de atracciones lo que representaba otra gran ventaja.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-390" title="paisaje nocturno" src="http://www.revistalaocaloca.com/wp-content/uploads/untitledghj.jpg" alt="paisaje nocturno" width="420" height="241" /></a></p>
<p>Roberto había terminado la jornada, era medianoche y como siempre sucedía eligió la terraza para tomar un whisky. Observaba el mágico cielo del sur y al mismo tiempo se recreaba con el tintineo de cientos de estrellas. Las voces de las compañeras le llegaban como ecos lejanos, movió varias veces la cabeza. La negativa de apuntarse a la fiesta no sentó bien al grupo. En su rostro se entreveía el cansancio y las evocaciones que se revelaban no eran del todo buenas. Bebió un trago, encendió un cigarrillo y exhaló el humo. Durante unos instantes, dejó clavada la mirada en la cajetilla de Marlboro.</p>
<p>Ella lo inició a probar el primer cigarrillo, Kerry, con apenas trece años accionaba cuando quería el centro de voluntades de Roberto y, en ocasiones, éste se ofuscaba y arremetía contra todo.</p>
<address><span style="color: #800000;">- Vamos afuera. Me apetece fumar.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Debo de estar loco. Treinta y ocho años sin experimentar con la repugnante nicotina y aparece en mi vida una <em>niñata</em> consiguiendo envenenar mis pulmones.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¿Por qué siempre me tienes que echar la culpa de tus males? ¿No te encuentras mayorcito para expresar abiertamente un &#8220;no&#8221;? Continuamente me tienes que largar ese estúpido rollo patatero. Estoy hasta el moño de escucharte. Es evidente que cada vez te vas pareciendo más a los demás.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Piensa lo que quieras. Yo también estoy cansado de tus manías y locuras, ¿entiendes? ¿Crees que dominas mi mundo?, pues te equivocas. Maquinas a las personas a tú antojo; solo hay que echar un vistazo a tu alrededor y avalar que estás huérfana de amistades gracias a la puta arrogancia que desprendes allá y donde vas.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres un hijo de p&#8230;</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No se te ocurra seguir.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Te odio!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Y yo te odio. No te imaginas cuánto te odio. </span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpido!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- ¡Estúpida!</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Maldigo el día que entraste en mi vida.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- No continúes. Por favor; dejémoslo así.</span></address>
<address><span style="color: #800000;">- Eres&#8230; eres mi amargura. La única persona en esta vida que me hace llorar.       </span></address>
<p>No pudo prolongar la disputa, emprendió a sollozar con infinita aflicción. Kerry tornó su delicado rostro hacia el otro lado del pasillo y llevó sus manos a los ojos, pretendía secar las lágrimas bajo el fuerte nerviosismo. El quebradizo cuerpo se estremecía entre espasmos y escalofríos. Roberto se acercó y la tomó por los hombros hasta agasajarla, besó con ternura su cabello y al oído susurró: Perdóname. No puedo verte llorar. No sabes cuánto lo siento. Si quieres, no vuelvas a hablarme, lo entenderé, pero no llores&#8230; </p>
<p> Kerry se volvió y lo abrazó con fuerza.</p>]]></content:encoded>
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