Escrito por: Y. D. H. V.
Los días pasan lentos y el decalaje de la Metadona tan solo deja huellas de dolor y de insomnio. Secuelas que al parecer dejan mella por causa de un pasado tal vez horroroso e imperdonable. Pero ¿Cuánto tiempo he de sentirme así? Para poder sentirme, aunque sea “perdonado”, debo reconocer que mis pecados son grandes, que las cicatrices de ellos parecen fantasmas que me persiguen o me atormentan, o quizás porque por mi culpa no pudieron ir a ningún lado.
No me han matado porque tengo a Dios y un Ángel que me cuida. Me considero afortunado, porque sé que si hubiera vuelto a Colombia a fecha de hoy, estaría muerto.
Nadie en mi familia se daba cuenta que estaba “falto de atención” y por supuesto “falto de afecto”. Me siento solo, casi al punto de caer en depresión. Pues a día de hoy me gustaría coger al yo de 12 años, abrazarlo porque estaba muy solo y decirle “la vida es bastante complicada y difícil”, eso le diría y le abrazaría fuerte, muy, muy fuerte.
Ese mismo abrazo es el que necesito a día de hoy. Pues todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos se están envejeciendo por todas mis angustias y por mis sufrimientos. Y ¿Hasta cuándo he de estar así? Mi alma esta turbada, por todos los errores cometidos. De momento no pienso en la muerte, pero tengo claro que estoy muerto en vida. Lucho por vivir y me desvivo, tan siquiera me conozco, me gustaría saber más de las cosas que me aferran a esta vida.

Hoy por hoy estoy en un Centro Penitenciario privado de mi libertad por consecuencias de unas acciones que no pensé en su debido momento, las pesadillas son constantes, me voy dando cuenta, que no es que no duerma; más bien me da miedo dormirme. Pero no sé qué es peor si eso o estar despierto, recordando cosas que ya pasaron y que no puedo cambiar, apenas descanso, mi cuerpo no da el rendimiento adecuado que debería dar, no hablo, me aislo. Estar pensativo, solo trae nostalgia. La medicación apenas hace efecto, una dosis más alta serviría por un tiempo, pero esa no es la solución que busco. Estar encerrado afecta más de lo que pensaba, pero todo acto malo acarrea una penitencia. Sé que puedo hacer las cosas bien porque lo he estado haciendo durante más de 2 años y cuando mejor pensé estar, me visitaron fantasmas del pasado y heme aquí. Escribir me relaja, de esta forma voy intentando sanar los dolores que hay en el alma.
Hoy me encuentro en la UAD (Unidad de Ayuda al Drogodependiente). Llevo aproximadamente unos 3 meses abstinente de drogas que habitualmente consumía a diario. Al principio pensé que no iba a poder dejar dichas sustancias pero tenemos el factor de tener un equipo técnico formado por una psicóloga (Raquel) una trabajadora social (Vanesa) un educador (José Ramón) y un psiquiatra. Ellos entienden la situación por la que estamos aquí sin prejuicios, con disponibilidad y ayuda cuando el interno desea un cambio de verdad.
Es difícil expresarle los pensares a personas que uno desconoce pero los necesitamos puesto que están cualificados y especializados para brindarnos herramientas que proporcionan con la finalidad de que nos demos cuenta que podemos tener una vida como cualquier persona del exterior. Tuvimos una vida algo extrema y tergiversábamos el tema de que para pasarlo bien era necesario consumir. Me he dado cuenta que somos el ejemplo de que una disposición positiva puede conllevar un cambio a la forma de ver la vida con otras expectativas.
Llegué en Noviembre de 2024 con ganas de reinsertarme en la sociedad como muchos de mis compañeros de la UAD. He visto beneficios a internos de dicho programa. Por ende el preso es quien decide la vida que ha decidido llevar dentro del Centro y con este comunicado animo a que no hay que temer a los cambios sino a detenerse a pensar qué desea uno hacer con su vida cuando salga de un sitio como éstos.
Las oportunidades pueden llegar a tener fecha de vencimiento. Se puede recuperar a padres, hijos madres, pareja, familia, pero lo más importante es que se puede recuperar a uno mismo y esta irrefutable verdad está por encima de cualquier pensamiento negativo. Tenemos talleres, escuela, trabajos varios y por supuesto tiempo para dedicarnos a nosotros mismos en la habitación.
Con este manuscrito tan solo quiero dar a entender que los errores son cosas del pasado y que toca mirar hacia adelante y recordarles que es posible tener otro tipo de vida con éxito, esperanza, fé y motivación para que el día de mañana nuestros hijos, padres, madres, parejas, etc. puedan estar orgullosos de nosotros. Pero todo depende de la manera en que hagamos las cosas pues me di cuenta que lo más valioso no es la libertad, lo verdaderamente valioso es el “tiempo” que Dios los bendiga.