Mide cinco centímetros, usa gafas y viste de azul. Ya no recuerdo en qué película salía ni tampoco quién me lo regaló, pero llevaba tanto tiempo sobre la estantería del salón que he tardado en echarlo en falta. Rebusco en vano por todas partes: ha desaparecido sin dejar rastro. Mi primera sospecha es para la asistenta, vaya usted a saber para qué quiere la dichosa figurita, pero hay gente muy rara por ahí.
Entonces suena el timbre y, al abrir la puerta, ahí está: con traje azul y gafas, sólo que ahora es más alto que yo. No me gusta esa mirada vengativa. Tampoco vestir de azul, ni mi nuevo sitio en la estantería, ni medir cinco centímetros.