Creo que nadie es ajeno a la fascinación hipnóticamente nebulosa que se produce en el interior del espíritu cuando uno comienza a relacionarse con las mitologías prístinas de las civilizaciones humanas, cualesquiera que ellas sean: basta un primer contacto para que algo muy dentro de nosotros se reconozca espejado en la fantasía onírica de los mitos; algo que nunca deja de ser contemporáneo palpita despertando como evocado por voces ancestrales: descubrimos que de ese primer contacto superficial, epidérmico, brotan presencias primigenias ocultas en ignotas regiones o cavernas de nuestro ser y con las pupilas dilatadas, sorprendidos, asistimos, de repente, a la gestación de un fenómeno misterioso pero absolutamente automático, un reflejo instintivo de nuestra psique: la transubstanciación del mito en alegoría de nuestra vida irrepetible. Este fenómeno es el responsable de que la humanidad, a pesar del transcurso de los milenios, siga encontrando en los mitos una útil pedagogía, un remanso emocional, fuentes de reflexión, abrevaderos para el conocimiento.
Pero dentro del vasto universo de las mitologías humanas existe una, en especial, que ocupa un lugar destacado, preponderante y hasta efectivamente dominante: la mitología griega. La mitología griega, en efecto, persuade nuestra cultura de forma ineluctable, es indisociable de nuestra experiencia vital. Parece formar parte de la arquitectura intrínseca del inconsciente colectivo occidental, pero ¿por qué?…

Diría que la deriva histórica no es suficiente para explicar este misterio. Ella ha superado la censura más tenaz a través de los siglos y, sin embargo, su influjo no ha menguado en un ápice al punto de ser hoy en día, me atrevería a decir, la más documentada en la historia humana. Es un hecho fenoménico que las personas que se acercan a la mitología griega reconozcan su valor innato, su validez universal, queden, por decirlo, claramente, prendadas con su naturaleza mirífica.
Para entender mejor este hecho debemos indagar un poco en qué es el mito griego y qué representaba en su época y contexto, qué era el mito para los antiguos griegos de la Hélade.
El mito siempre pertenece a una estructura mayor, de la que forma indisolublemente parte, conocida como mitología, es, por decirlo así, una rama dentro de un árbol genealógico de fabulaciones contextualizadas dentro de la unidad de una cultura y vinculadas sólida e inexorablemente por una lengua, un idioma. El mito es el resultado de la evolución progresiva de una narrativa oral que se prolonga durante siglo y milenios, y pertenece a un tiempo pre-escritural. La mitología es el imaginario colectivo que unifica la cultura de un pueblo para el que funge las veces de biblioteca oral, lugar etéreo, inmaterial del que cualquier nativo puede sustraer el conocimiento que le sea necesario. Ella contiene desde explicaciones a fenómenos naturales hasta recuerdos deformados por la oralidad de eventos históricos, pasando por remembranzas de rituales religiosos, deidades y compendios de leyes políticas y morales.
Creo que la civilización griega antigua es el primer pueblo que nos da una clara demostración de la utilidad práctica que tenía esa constelación de fabulaciones llamada mitología, puesto que podemos ver cómo ya en la época de la escritura y la historia los griegos extraían de ella todo conocimiento que les fuera necesario para fines ya fueran políticos, filosóficos, artísticos, científicos, religiosos o históricos. De las brumas de un tiempo sin historia surge la épica griega, compendio de genealogías de héroes y dioses, de batallas entre pueblos reales e irreales, geografías detalladas de lugares existentes, cartografías del mediterráneo, descripciones arquitectónicas de diferentes épocas, y como sus composiciones, los autores emergen de un mundo onírico, ese mundo mítico que caracteriza la conciencia de los pueblos pre-gráficos. Así Homero nace de el enamoramiento entre el río Meles y la ninfa Creteide, Hesíodo es abordado en la falda del monte Helicón por las nueve Musas que insuflan en él el don de la poesía. Ya luego en épocas posteriores la historia de Heródoto nace del análisis del mito fundacional de la cultura helénica, la guerra de Troya. Así mismo las tragedias se ocupan del presente moral y político de la época a través de diversos mitos. La filosofía misma encuentra en la mitología el objeto de su crítica reflexiva y el origen de su razonamiento y conclusiones. Naturalmente la vida de Esopo no es una excepción a estos ejemplos. Su vida se compone de la misma materia de que están compuestas sus fábulas: el mito.

Esopo nace esclavo en un tiempo sin fechas (quizás haya sido contemporáneo de Safo) en Amorión, Frigia. Era repulsivo de mirar, pues era giboso, disforme de cara, tuerto de un ojo, jetón, patilargo, desdentado y tan tartamudo que balaba como cabra en celo entre los montes en vez de hablar como un ser racional y era totalmente inútil en su oficio. Pero su fortuna cambió cuando un día reposando en plena canícula de verano a la sombra de un olivo en los campos de su padrón compartió su comida con una sacerdotisa de la diosas Isis. En agradecimiento por su bondad Isis subió hasta el monte Helicón donde le pidió a las nueves musas un beneficio para este pobre y asqueroso esclavo y ellas decidieron congraciarlo con el don del habla ya que su disformidad era tan aguda que ni siquiera una diosa podía hacer algo al respecto.
El milagroso hecho de que Esopo comenzara a hablar de un día a otro generó gran terror en la hacienda de su padrón que interpretándolo como un mal augurio decidió deshacerse del portento. Así fue como Esopo terminó navegando a Samos donde gracias a su lengua y no a su aspecto (pues de verdad que el pasar del tiempo no favorecía en absoluto una feliz evolución de su norma física) fue comprado por el filósofo Xanthos. Se dice que la causa de su libertad fue la interpretación de un augurio que posteriormente salvó a Samos de la invasión de Creso, rey de Persia. El pueblo samio mientras estaba reunido en una asamblea vio como un águila bajaba de los cielos y robándose un sello de la mesa del legislador lo dejaba luego caer en las piernas de un esclavo. El pueblo le pidió a Xanthos la interpretación de dicho prodigio pero éste no pudiendo descifrarlo decide suicidarse pero es salvado en el último momento por Esopo quien se ofrece para resolverlo. Esopo da la solución al prodigio diciendo: ciertamente es el águila el rey entre las aves y, sucederá así como os digo, de la misma forma que el águila ha levantado en el aire el sello que es el símbolo de la ley y lo ha lanzado entre masa a los pies de un esclavo, un rey querrá arrebataros vuestra ley para lanzarla a los pies de la esclavitud. Esta interpretación salvo al pueblo samio, le ganó su libertad y le dio gran fama entre los hombres y los reyes de ese entonces.
Se dice que de Samos fue luego a servir a la corte del gran Creso y después de serle de gran utilidad al Rey persa, fue convocado por el rey de Babilonia, Licurgo, quien gracias a él se salvo de ser esclavizado por los egipcios resolviendo un acertijo: El rey de Egipto dijo que quería construir una torre que no tocara ni el cielo ni la tierra pero que estuviera entre los dos y que Licurgo debía enviarle emisarios para que la construyeran so pena de pagar 10 años de tributo a su imperio. Esopo para resolver el acertijo entrenó con cuerdas unas águilas a llevar entre sus garras a unos chicos mientras volaban en la altura, luego emprendió el viaje para Egipto con estos proto-aviadores entre su expedición. Una vez en el palacio, el rey egipcio le preguntó si iba a construir la torre que el había solicitado, Esopo respondió que sí y pidió a sus soldados que desplegaran las cuerdas e hicieran salir a las águilas cargando a los chicos. Una vez estuvieron volando en el cielo sus obreros alados Esopo dijo al rey, tráeme el adobe y los materiales que te construiremos dicha torre. Ante lo cual el rey de Egipto reconoció la derrota y dio grandes honores a Esopo.
La vida de Esopo termina con una visita suya al oráculo de Delfos, donde es acusado injustamente de haber robado una copa dorada del santuario sacro dedicado al dios Apolo y posteriormente condenado a muerte por el pueblo délfico: Esopo fue lanzado por el desbarrancadero llamado Hyampia. Se dice que la causa de su muerte fue la ira de Apolo porque nunca hizo un sacrificio en agradecimiento a él, pero en cambio sí lo hizo a Isis y a las nueve musas del Helicón. También se dice que antes de morir contó muchas de las fábulas que posteriormente lo haría aún mas famoso.