A mis tres padrinos

Baste decir que escribo este artículo al dictado de un ave, la Oca Loca. Y no os extrañéis. Es un pájaro, quizás pájara, muy culto pues lleva más de 20 años viviendo literalmente “entre libros” y alimentándose de ellos, ubicado en una de las estanterías de la Biblioteca de la Prisión de Daroca.

Es también un rato tozuda y me explico. Yo no tenía la menor intención de convertirme en el amanuense de esta historia pero sé que cuando ella se empeña en algo con razón, no hay quien la pare. Y, por otro lado, los extraordinarios acontecimientos que voy a relatar, bien merecerían ser recordados. Y, de este modo, quizás otras aves, en otros lugares, puedan, asimismo, alzar el vuelo.

Así que, sin más dilación, entre graznido y graznido, “gua, gua, ñec, ñec”, la “Oca Loca” me contó su verdad, que tituló: “A mis tres padrinos”:

“Sabes, Javier, la gente no sabe que nosotras, las ocas locas, elegimos dónde nacer. A mí, en aquella época de inmaterialidad, me encantaba volar “en espíritu” con las grullas. Y quiera que, en una de aquellas romerías en ruta hacia Gallocanta, mi sorpresa fue mayúscula. Ya que me vi, de pronto, dibujada en el escudo de una coqueta ciudad: Daroca. Pues allí debía nacer yo.

Sin embargo, aún quedaba mucho por hacer hasta mi alumbramiento, ya que las “Ocas Locas” somos producto harto complejo y necesitamos tanto de “padres creativos” como de “padrinos”. Los primeros viven gran parte del tiempo, como nosotras (y como tú), “en las nubes”; mientras que los segundos, “con los pies en el suelo”, cuidan de nuestras necesidades materiales, que también las tenemos.

Curiosamente, en aquel lejano 2004, fue aquí, en la prisión, donde encontré un mayor porcentaje de humanos del primer tipo, con la “cabeza bien en las nubes”. Sin duda, era mi sitio.

No obstante, en este relato quiero rendir homenaje a los 3 padrinos “con los pies en el suelo” que he tenido a lo largo de estos casi 23 años de vida: Manuel, Rafael y Ángel. Para quienes no tengo más que palabras de agradecimiento.

Manuel Becerril, padrino y médico, me trajo a la vida y me cuidó con esmerada, bondadosa y profesional dedicación en mis primeros años. Él me hizo volar por primera vez, tanto por las páginas de papel como de internet. Y lo mejor de todo es que también consiguió “hacer volar” a muchos humanos en el centro penitenciario. Gracias por dejarnos un legado que nos ha inspirado todos estos años.

Rafael Aparicio, padrino y eficaz gestor de las necesidades del centro. A la par que un poco de “soñador”, puesto que, bajo su tutela, se rodó el “creíble por algunos” aunque “poco basado en hechos reales” cortometraje “El doctor Evasión y sus escapistas especializados”, quienes se fugaban milagrosamente y a la vista de todos en el patio de la prisión, a través de un agujero de achique de lluvia del tamaño de una nuez; también nos visitó y puso banda sonora la gran estrella aragonesa (y amiga personal suya) Carmen París, y se gestó la creación de un extrañísimo y único Festival internacional online de cine, que actualmente acojo en mis páginas digitales. Gracias por darme tan bien de comer.

Y Ángel Salvo, padrino, continuador del legado de los dos anteriores y excelente psicólogo para los años de mi alterada adolescencia. Su jubilación dejará un gran vacío para todos ya que ha sido un singularísimo ejemplo de humano con abundancia en ambas facetas: la creativa, pues le conocí por sus frecuentes visitas a por libros de poesía a la Biblioteca (siempre ha dicho, no sin cierta ironía, que a él también le habría gustado dedicarse a “la Poesía”) y por haber organizado una inédita y disparatada maratón de relevos de internos desde Daroca a Zaragoza con motivo del terremoto de Haití. Algo tan alocado que únicamente podría haber sido organizado por alguien “con la cabeza en las nubes o más allá”.

Y, sin embargo, también ha sido ejemplo de humano “con los pies en el suelo” o más bien “con los pies EN TODAS PARTES”, ya que no ha habido aspecto en el centro penitenciario que haya escapado a su dominio. Si de Manuel Fraga se decía que “le cabía el Estado en la cabeza”, a Ángel Salvo, sin duda, le ha cabido la prisión entera en ella. Habiendo sido avistado, en frecuentes ocasiones, en varios enclaves de la misma al mismo tiempo y por numerosos testigos. Y, además, aún le sobraba tiempo para entrenar y correr maratones. Un caso único e irrepetible de “pies inquietos”.

Yo, particularmente, como mi terapeuta de tantos años, le extrañaré mucho, por sus educadas maneras, sentido del humor y, sobretodo, por haberme devuelto la autoestima al regalarme un nuevo y elegante vestido en forma de una fantástica web que estrené en 2025. Así que un beso de pico y… ¡Merecida feliz jubilación!«