Entre rejas

Escrito por: Pedro

Baste saber que llevo mucho tiempo en la Revista, casi desde sus inicios, y jamás se me hubiera ocurrido pensar que mi opinión pudiera tener interés para nadie. Y es que probablemente por eso, por no tenerlo, por ser una voz anónima, huérfana de oyentes o lectores, una más de las voces monocordes, casi afónicas y grises de las que hay tantas,dentro y fuera, tenga ahora mismo, en estos difíciles momentos que nos está tocando vivir, un timbre que poco a poco se va dejando oír.

Libre entre rejasY es que, aunque ya haya finalizado mi cautiverio, sobretodo por las noches todavía huelo la prisión, la oigo respirar, y creo adivinar las voces nocturnas, sus ruidos y vientos fríos; me resulta muy difícil no sentir que sigo entre rejas. Y no sé por qué. Ya han pasado varios meses y sigo igual.

Quizás será porque me encuentro solo. Mi familia me abandonó, y no les culpo por ello. No soy malo todo el tiempo, bastó un instante, y mi vida y la de todos se derrumbó, su memoria desapareció en la nada, en el olvido. De repente dejé de ser hijo, padre y marido, para convertirme en un interno más en una cárcel llena de ellos. No, no vestimos el tradicional traje a rayas, pero ello no impide que todos suframos una despersonalización brutal. Los últimos redaños de dignidad que te quedan, se esfuman al ser cacheado a la entrada de cualquier prisión. No te esfuerces en ser tú, no caigas en esa trampa. Baja la cabeza, adáptate al medio, no cedas a las presiones de la calaña del patio, en el fondo somos pobre gente forzada a convivir, los otros no entrarán y si lo hacen saldrán enseguida, las comparaciones son odiosas. Y deja pasar el tiempo. El tiempo… que pasa despacio y en soledad.

En el fondo somos
pobre gente forzada a convivir

Y afuera lo que aún se mantenía en pie de tu mundo se hace añicos irremediablemente. “Si tiene solución, no te preocupes; y si no la tiene, no te preocupes”, me decía a mi mismo. “Además, poco puedes hacer desde aquí dentro”.

Nueve años son una eternidad. Te preguntas cómo será la existencia ahí fuera. Lo que te llega es preocupante. La realidad cotidiana y pequeña de las personas anónimas ha sido invadida, casi arrebatada, por los grandes problemas: crisis, paro, corrupción… ¿Qué haré cuando salga? ¿Podré recomenzar desde cero, desde bajo cero? ¿Tendré alguna oportunidad?

Sigo solo en la habitación de una pensión, en la gran ciudad. Oigo ruidos y voces, frías, distantes. Me resulta muy difícil no sentir que sigo entre rejas.