Deuda

Las lágrimas que te resbalan vacías

por los surcos angostos de tu silencio

me estallan en llamaradas azules

y me queman las yemas de los dedos

 

cuando trato de secarlas, se me escurren

entre el grito inadecuado de tu voz

que me empapa de música celestial

y  la clorofila extendida de mi ombligo

 Lágrima

arrastro mis pies hasta tu sublime melancolía

y en un alarde de pasión etérea

beso tus cabellos lacios y transparentes

 

y te reclamo los mil pavos que me debes

eso sí, con cariño que es gratis

pero con contundencia, que estoy sin blanca.