Escrito por: Luis Manuel J. S.
Hace ya quince días que me llevaron a otro módulo. No recuerdo bien cuál era. Quizás el 4. No tengo la certeza. Allí me acogió un chico menudo, con melena ensortijada y una gran barba negra. Hablaba muy buen español pero creo que era magrebí.
Durante este tiempo he conocido a musulmanes, a cristianos, a agnósticos, a evangelistas, a rusos, rumanos, árabes y a gitanos. Un sinfín de personajes que me observaban. Algunos con el ceño fruncido, otros con curiosidad, los más… con suma indiferencia.
Un interno de los más veteranos, con la piel curtida por el tiempo y la cárcel, fue mi fiel protector durante varios días. Me llevaba a los talleres, luego a la destartalada biblioteca, paseaba conmigo por el patio e incluso, alguna vez, hasta su celda.
Movía sus labios descompasadamente mientras no me quitaba ojo de encima. Pero de vez en cuando se olvidaba completamente de mí y me ignoraba como a un montón de ropa sucia y vieja.
Esta mañana, por fin, me han llevado de nuevo a mi casa. Iba rápido, como si tuviese ruedas, de vuelta al hogar, tras este viaje efímero. Añoraba la compañía de mis semejantes, los aromas, el silencio… Me colocaron delicadamente entre mis hermanos 3 y 5. Mi padre es JJ. Benítez y yo me llamo «Caballo de Troya 4».
Al fin y al cabo, sólo un libro.
1º Premio y Premio La Caixa categoría Microrrelato en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2019 para centros penitenciarios
