Escrito por: Jenaro J. H.
Con lágrimas en los ojos y aturdido por el dolor, cerró el paraguas. La fina lluvia empezó a empaparle los cabellos, sintiendo su frialdad. Estaba allí plantado, en pie, inmóvil; observando como a Arturo, su amigo, lo introducían en el túnel del olvido. Le rezó. No podía creer lo que estaba viviendo. Siempre pensó que fallecería primero. Ahora, Inés quedaría sola, sin compañía, desamparada. Tendría que protegerla. No sería la primera vez, aunque de eso hacía más de 40 años, cuando eran jóvenes y corrían delante de los grises reivindicando libertad.
Más tarde, ella se enamoró de Arturo, y el día que se casaron, se le rompió el corazón. Siempre estuvo a remolque de sus amigos. Nunca se casó. No necesitaba otros cariños, ni otros amores, que no fueran los de ellos. Siempre guardando su más oculto secreto, siempre acumulando miradas, siempre reprimiendo besos y reservando abrazos. Nunca fue infiel al amor imposible que le profesaba. Nadie nunca supo nada, al menos, eso creía. Ahora, roto aquel triángulo de cariño, escuchaba el silencio, sólo quebrado por los llantos de Inés, que acercándose con grandes gafas oscuras, le tomó las manos, en un acto supremo de cariño y respeto, diciéndole: conozco tu secreto, Arturo también lo sabía, pero él siempre fue heterosexual.
1º Premio categoría Microrrelato en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2019 para centros penitenciarios
