Escrito por: Joaquín A. L.
Cada Año Nuevo, Pedro esperaba la llegada del metro que le acercaba a su habitual paseo por «El Retiro», donde el resplandor del sol invernal alumbraba sus recuerdos para completar el epitafio que siempre llevaba consigo y ampliaba a diario. El fatídico accidente en el que despidió a su amada Carmen le confirió una nueva perspectiva de la vida.
La estación era un complejo entramado de líneas donde confluían historias variadas: vidas asfixiadas por las garras del estrés, dolor, rencor, desarraigo; todas ellas atascadas en el retraso de lo intrascendente. ¿Transmitirían esa exhibición de infelicidad? ¿cómo actuarían si estuviesen ante sus últimos días? La sensación era triste ¡las personas aspiramos a mucho más! el sacrificio es un productivo peaje en el amor , pensaba.
Alfonso renegaba de su agenda, años de discusiones con su ex pareja y una resaca de emociones que condicionaba su cita para el intercambio de los niños. El bono no cabía en la reducida cartera, así que con despecho sacrificó una foto familiar de las últimas Navidades. De pronto vio a Pedro desvanecerse como si se agotara su reserva de energía. Un silencio fúnebre interrumpió el alboroto de sus preocupaciones y acudió en su auxilio…
Pedro había fallecido. Alfonso examinaba sus pertenencias, entre ellas el epitafio que cuidadosamente examinaba en busca de algún allegado. Sus últimas anotaciones decían: «el último día de mi vida lo dedicaría a transmitir nuestra esencia, el amor. Al tren de la felicidad se sube cuando se abandona lo banal y lo superfluo que nos desorientan en nuestro imperfecto viaje»…
Alfonso, Stefanía y los pequeños viraron sus vidas rumbo a una iluminada convivencia.
1º Premio categoría Microrrelato en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2020 para centros penitenciarios
