Colorín colorado: la historia del trasplante sin rechazo

En el día de hoy me dispongo a relatar un precioso cuento hecho realidad.

Esta historia empieza en Roma en el año 300, cuando San Cosme y San Damián hicieron algo increíble y terrorífico a partes iguales. Llevaron a cabo el primer trasplante documentado; este se realizó a un diácono, el cual recibió una nueva pierna. Por desgracia, no tuvo éxito. La explicación era una gran incógnita y las metodologías de la época eran poco menos que rudimentarias.

Los siglos pasaron y el trasplante de pierna del diácono seguía siendo un misterio. ¿Qué había fallado? Para responder a esta pregunta fue necesario unir los descubrimientos de grandes mentes de la época, como Louis Pasteur.

De estas investigaciones surgió un término nuevo: el sistema inmune. El sistema inmune es el conjunto de elementos encargados de desarrollar los fenómenos de defensa en los organismos superiores. No es nada más y nada menos que el ejército que llevamos dentro. Un pequeño batallón de células, órganos, tejidos y proteínas que luchan contra patógenos o cualquier cosa que se considere como tal.

Nuestro pequeño batallón inmune exige a todo intruso mostrar su complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). Este es sencillamente el «carné de identidad» de las células. El sistema inmune del diácono, que empezó la historia, luchó contra su nueva pierna tras no verse satisfecho con el complejo mayor de histocompatibilidad de esta.

Para confirmar esto, en 1953 se llevó a cabo un trasplante entre hermanos gemelos. El batallón inmune reconoció el MHC de su hermano como propio. Y así, señoras y señores, se dio el primer trasplante exitoso entre humanos.

Tras siglos de experimentos e investigación, algo quedó muy claro: cuanto más diferentes sean los MHC del donante y del receptor, mayor será la respuesta de rechazo. Para luchar contra este rechazo se desarrollaron tratamientos inmunosupresores, los cuales también traen consigo riesgo de infecciones y cánceres.

Nuestra historia nos lleva directamente a la semana pasada, en la que en el Hospital Universitario La Paz de Madrid han logrado que los sistemas inmunitarios de dos receptores toleren los órganos trasplantados sin necesidad de mantener permanentemente la medicación inmunosupresora. Estos dos pacientes llevan seis años con sus órganos trasplantados sin sufrir episodios de rechazo y sin tratamiento inmunosupresor, según la información difundida sobre el proyecto.

La estrategia desarrollada en La Paz busca precisamente modificar la respuesta del sistema inmune del receptor utilizando células del mismo donante que proporcionó los órganos. De manera que el organismo llegue a reconocer el trasplante como propio y reduzca o elimine la respuesta de rechazo. O lo que es lo mismo, presentarle al cuerpo del receptor sus nuevas células y formar un vínculo de «amistad» fisiológica antes de que «compartan piso». El propio hospital calificó entonces la intervención como un procedimiento original e innovador. Se trata de un resultado especialmente relevante porque los dos pacientes partían de situaciones clínicas muy complejas y habían experimentado previamente problemas con otros trasplantes.

Esta es una estrategia especializada y aplicada en circunstancias clínicas concretas. Los resultados obtenidos en estos dos casos todavía no permiten convertir esta estrategia en un tratamiento aplicable a todos los receptores.

Precisamente por eso, al hablar de una posible nueva generación de trasplantes “sin rechazo” debemos saber que se trata de una línea de investigación con resultados muy prometedores, y no como una técnica ya disponible para cualquier paciente.

Un procedimiento complejo que podría cambiar el futuro de los trasplantes. La importancia de los resultados está en que, si esta tolerancia pudiera reproducirse de forma segura en un número mayor de pacientes, se abriría la posibilidad de reducir una de las principales cargas asociadas al trasplante: la necesidad de mantener tratamientos inmunosupresores durante largos periodos.

Pero antes de llegar a ese escenario será necesario confirmar que la estrategia funciona de forma consistente y segura en más pacientes y en diferentes tipos de trasplante.

El cuento que empezó en el año 300 en Roma nos ha conducido hasta la actualidad, acercándonos cada vez más al «final feliz» de la historia. Tal vez en un futuro cercano podremos decir: «Colorín colorado, este cuento se ha acabado».