Conociendo a…Fco. Javier Aguirre

Escrito por: Eduardo y Daniel

Fco. Javier AguirreFrancisco Javier Aguirre, riojano formado en el País Vasco, en Valencia y en Madrid, reside desde hace casi treinta años en Aragón.

Ha publicado siete libros de relatos y siete novelas de tono diverso, entre las que destacaría «La última cena», «Tiempo de delirio», «Operación Niebla» y «Tirana memoria», entre otras.

Además, desde hace varios años, colabora infatigablemente, desde la Biblioteca de Aragón y la Asociación Aragonesa de escritores, acercando la cultura a los centros penitenciarios de Aragón.

 

Se formó en el País Vasco, Valencia y Madrid. ¿Podría aclararnos lo más importante que sacó de cada sitio?

El País Vasco es mi segunda patria, primero porque mi padre era vasco, aunque yo nací en Logroño, y segundo porque allí viví buena parte de mi infancia y adolescencia. Amo ese territorio de una forma especial y me emociona su cultura y su música. Siento no haber aprendido euskera en mi infancia, porque entonces estaba prohibida su enseñanza. Me parece una lengua muy propicia para la poesía. En Valencia comencé mis estudios universitarios, hice los dos primeros cursos de la carrera de Filosofía y Letras, que terminé en Madrid por razones laborales, tras ganar mi primera oposición como funcionario público. Madrid fue la ciudad donde completé mi formación académica y profesional, aunque siempre he seguido aprendiendo en cualquier lugar y de muchas personas, lo que se llama ‘la universidad de la vida’.

¿Qué le llamó tanto la atención de Aragón para quedarse a vivir aquí?

Ya había vivido en Zaragoza en dos ocasiones anteriores, siendo niño, a causa de un traslado laboral de mi padre, y como estudiante, porque hice aquí el bachiller superior y el preuniversitario. Luego la vida me llevó a Valencia, Barcelona y por último a Madrid, donde residí 13 años. En determinado momento, por razones varias, decidí abandonar la capital para siempre. Me confieso un fugitivo de Madrid que eligió Teruel voluntariamente como destino profesional. Allí viví 10 años hasta que de nuevo las circunstancias familiares y laborales me hicieron pedir traslado a Zaragoza. Han pasado 24 años desde entonces. Es la tercera vez que vivo en esta ciudad y calculo que será la definitiva. Salir de Madrid fue una liberación y llegar a Teruel un alivio. Allí trabajé muchísimo en mi profesión de archivero y bibliotecario.

Una mezcla entre la inspiración, la documentación,
la experiencia propia y el conocimiento de vidas ajenas

En Zaragoza me instalé a comienzos de 1988 y aquí sigo. Es una ciudad equilibrada, un punto medio entre Madrid y Teruel en muchos sentidos, y he encontrado gente estupenda. Uno de los principales alicientes, dada mi enorme afición a la música, ha sido el Auditorio de Zaragoza, con programas de gran calidad. La oferta cultural es buena, mucho más amplia que en Teruel y mucho más asequible que en Madrid.

¿Cómo se prepara para escribir una de sus novelas? ¿En sus trabajos interviene más la inspiración, documentación, sus propias experiencias, una ardua elaboración… o una mezcla de todos ellos?

Cada libro es distinto. En Zaragoza he tenido tiempo para dedicarme a la literatura, cosa que no pude hacer en Teruel. Yo ya había publicado una novela en Madrid, en 1977, pero durante los 10 años de Teruel no publiqué nada literario, totalmente absorbido por mi trabajo profesional. Sí hice bastantes publicaciones en ese terreno.

Una serie de circunstancias facilitaron que volviera a mi afición a partir de 1988, ya en Zaragoza, de forma que mi segundo libro narrativo apareció en 1990, y ese mismo año el tercero. Gran parte de lo que he escrito se refiere a Aragón. Me he documentado viajando por los lugares, hablando con la gente y consultando libros. Lo que resulta es efectivamente una mezcla entre la inspiración, la documentación, la experiencia propia y el conocimiento de vidas ajenas. Normalmente voy tomando notas y apuntes que luego traslado al texto definitivo. A veces tardo mucho tiempo en terminar una novela porque corrijo muy minuciosamente. Incluso tengo novelas terminadas y sin publicar porque no acaban de convencerme en algún aspecto. Mi principal interés es encontrar satisfacción en lo que hago; si además le sirve a alguien, me alegro doblemente.

En su libro “Tirana Memoria”, ¿Cuál de los personajes fue el más complicado de crear?

Cada uno de los personajes principales de ‘Tirana Memoria’ fue un reto para mí. Sobre todo el de Patroclo, que no tiene presencia física en la trama, ya que su actuación se reduce a unas cartas. Es quien plantea todo el elemento de reflexión que contiene la novela, al margen de la trama. Luego Enrique, el amigo encargado de llevar a cabo la venganza, me resultó bastante complicado como personaje. Y aún más Laura, su compañera, al ser al mismo tiempo la hija de Porfirio, el presunto asesino, otro personaje importante que también me costó dibujar.

En dicha novela se habla de un ex-recluso y una idea de venganza, ¿cree usted en la reinserción social de los reclusos?

Creo firmemente en la capacidad del ser humano para reflexionar sobre su vida y tomar una orientación distinta a la que pudo haberle conducido a la cárcel. De hecho, el haber aceptado colaborar en el desarrollo cultural de los centros penitenciarios de Aragón, a través de la mejora de sus bibliotecas y de la organización de actividades de promoción de la lectura y otras afines, obedece a esa profunda convicción. Mi trato con los internos durante más de dos años, me ha confirmado en ello. Y también me ha confirmado el trato con algunos de los funcionarios de prisiones que están desarrollando una magnífica labor en ese sentido.

¿Cómo describiría la experiencia de visitar la prisión de Daroca (así como las de Zuera y Teruel) para fomentar la lectura de los internos durante estos años? ¿Qué le motivó a ello?

La experiencia es inmejorable. Lo único que lamento es haberla empezado tan tarde. Dentro de los centros penitenciarios he encontrado gente dispuesta a desarrollarse a través de la reflexión que se deriva de una buena lectura. Quienes tuvieron la idea de que el gobierno de Aragón (DGA) firmara un convenio con la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias para desarrollar el tema bibliotecario en los Centros, acertaron de pleno. Cuando se me propuso la coordinación del trabajo, creí que tenía una oportunidad irrepetible para contribuir a difundir los valores de la cultura en general, y de la lectura en particular, a los que he dedicado toda mi vida.

Lo importante es que tengamos la posibilidad
de leer, de emocionarnos y de reflexionar

De todas las visitas realizadas ¿recuerda alguna anécdota en especial? ¿Qué satisfacción personal recoge de esta experiencia?

He visto el entusiasmo y hasta el agradecimiento en muchas miradas de los internos. Ésa es suficiente satisfacción para mí. Pero hay una en particular, cuando alguien me ha manifestado su interés por escribir. No hace mucho, cumplió su condena en Daroca un interno que, pocos días antes de salir, me informó de que durante sus siete años de reclusión había escrito cuatro novelas, dos poemarios y alguna otra cosa que iba a intentar publicar. Le felicité efusivamente. Han existido otros casos semejantes. Incluso un interno, ahora en otro Centro, me pidió que le prologara un libro que estaba a punto de terminar, cosa que haré porque sigo en contacto con él.

Ahora que ha sido usted el protagonista por haber presentado su libro “Tirana Memoria” ante los internos, ¿qué opinión tiene como protagonista?

A un autor como yo, que no espera de la literatura ni fama ni dinero, lo que más le interesa es que la gente lea lo que he escrito y reflexione sobre ello; o que pase un buen rato de distracción, que se ría también un poco cuando hay lugar para ello. Hay cosas más entretenidas que otras en mi producción, pero en general escribo planteando temas que se prestan al debate. En ‘Tirana Memoria’ los temas son varios: el sentido de la vida, la fatuidad de la fama, el amor de pareja, la promiscuidad sexual y sus consecuencias, el derecho a la eutanasia, la cobardía del suicidio, el alcance y el valor de la amistad, la justicia interna o personal en contraposición con la externa u oficial, el abuso a menores, el sentido del perdón, etc. Si la lectura de la novela da lugar a un coloquio participativo, como ocurrió el pasado mes de enero, me doy por satisfecho.

Como profesional experto de la Biblioteca de Aragón, ¿cree usted que se ha reducido, en general, el número de lectores en el transcurso de los años?

Llevo casi medio siglo como bibliotecario y editor, una profesión que ejercí en Madrid, en la editorial Espasa-Calpe, y que luego he seguido ejerciendo como colaborador en varias editoriales. Mi vida ha transcurrido entre libros. Creo que ha aumentado el número de lectores porque ahora hay más posibilidades de lectura, mejores instalaciones públicas y muchos medios para acercarse al libro. Cuando hablo del libro quiero superar el sentido tradicional del término. No es importante que sea en papel, porque cualquier soporte es útil para transmitir ideas o emociones. Aunque España no ha sido un país de muchos lectores, por nuestras circunstancias culturales, educativas, ambientales, tradicionales y hasta climáticas, creo que hemos avanzado en cuanto al número de lectores. Sería interesante que también se haya progresado en lo referente a su cualidad, es decir a la capacidad de reflexión y de educación a través de la lectura. Como en casi todo lo relativo a la cultura, importa más la calidad que la cantidad.

En su opinión ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías como el i-book?

Soy partidario de todo tipo de soportes, como he dicho anteriormente. Lo importante es que tengamos la posibilidad de leer, de emocionarnos y de reflexionar. Las nuevas tecnologías están consiguiendo que lo que se escribe o lo que se produce en el mundo audiovisual llegue a todas partes. Por eso soy partidario de las mismas, tanto en la literatura como en la música o en el cine.

¿Qué está escribiendo en la actualidad? ¿Tiene algún proyecto en mente?

En estos momentos está a punto de aparecer una nueva novela titulada ‘Desertores de Dios’. La he estado escribiendo durante unos 15 años, lentamente, corrigiéndola una y otra vez. Tiene que ver con un problema de conciencia, y su protagonista es un fraile que ha estado recluido durante 65 años en un convento, obligado por las circunstancias, sin tener ninguna opción de liberarse. Es una narración un tanto difícil y oscura porque se desarrolla a partir de la guerra civil en España, sobre todo los años 50, una época que viví con intensidad y que he tratado de retratar desde un punto de vista poco habitual: la vida diaria en un convento de frailes. Tal vez sea para poca gente, pero yo necesitaba escribir esa historia y al editor le ha interesado publicarla. En cuanto a otros proyectos, tengo un par de libros terminados con textos muy breves, en la línea de los mini relatos, y sigo trabajando en lo que espero resulten ser las memorias de un trabajador de la cultura durante medio siglo. También tengo en cartera otros empeños narrativos, pero sin prisa.

* La presentación de la última novela de este gran autor y amigo «Desertores de Dios»  tendrá lugar mañana jueves 8 de marzo, a las 19:30 horas, en el Salón de Actos de la Biblioteca de Aragón (C/Doctor Cerrada, nº 22) de Zaragoza.