Dos árboles para embriagar a los nativos

Este es otro caso de cómo los seres humanos en cualquier rincón del mundo y en cualquier cultura han buscado con empeño la forma de embriagarse. Encontramos estas bebidas a lo largo de la historia, como Aguamiel, Chicha, Masato, Viche, Guarapo, Mezcal, Cerveza y Sidra, entre muchos otros. En el comienzo fueron productos de las frutas o elementos que tenían mucha azúcar. Incluso hoy en día, cualquier persona que ponga un par de manzanas, o bananas cortadas en trozos dentro de un recipiente con agua y las deje fermentar, al colar, tendrá una bebida alcohólica. Hay dos maneras de obtener una bebida alcohólica, ya sea por fermentación o por destilación.

En Sudamérica los aborígenes de la zona del Chaco tenían un sistema propio para lograr esta meta. Al arribar los colonizadores españoles a Sudamérica, especialmente a la actual región chaqueña, observaron un árbol muy similar a uno que conocían en las costas mediterráneas, el algarrobo, y le dieron el mismo nombre.

Ambas especies son similares por ser leguminosas y otros detalles que posiblemente tuviesen. En esta nota nos referiremos al algarrobo blanco (Neltuma alba). Es un árbol espinoso originario de los bosques chaqueños del norte argentino, que posee chauchas con gran proporción de material dulce y otras delicadezas de la fruta o algarroba, que es una legumbre comestible de color amarillo.

Estos indígenas eran nómadas, recolectaban la fruta y la trituraban con golpes hasta transformarla en harina. Previamente, buscaban un árbol llamado Palo Borracho (Seiba Insignis), el cual también es endémico de esta zona. Este último tiene forma de botella panzona y está cubierto de espinas.

Tomaban su tronco y le daban forma de embarcación de una sola pieza, ahuecando una gran parte de forma longitudinal. Esta pieza le servía como (canoa) Cachiveo muy difícil de conducirse en el agua para pescar y cazar, pues al no tener calado es muy inestable. Sin embargo, durante la temporada de frutos de la algarroba, la llevaban a su rancho y la usaban como batea para cargar agua. A este le agregaban las frutas machacadas y el cabo de algunos días ya tenían el fermento listo que era una bebida con gran cantidad de alcohol. Esta costumbre también se hizo común en muchas familias de criollos, en la época en que el algodón se cosechaba a mano y muchos trabajaban juntos en las chacras.

Hace unos 50 años fui de visita al hogar de unos conocidos, los cuales vivían en una chacra cerca del bosque. Ellos también usaban esto para el mes de diciembre. Alrededor de la batea tenían asientos rústicos y jarritas enlosadas para servirte el brebaje a gusto y en el fogón un chivo a la estaca.

Me senté junto a los demás y con una lata, que fuera un ex envase de duraznos al natural o similar, que solo Dios sabe cómo llegó hasta allí, y la usé como jarra. La sumergí en ese elemento, formado por las chauchas aplastadas y parcialmente hundidas en el brebaje. Lo cargué hasta la mitad de la aloja y la bebí de a sorbos. La bebida estaba fresca, pues el clima es muy caluroso y cualquier líquido bajo una sombra es fresco.

Allí, el Cachiveo, ahora utilizando como batea, estaba a la sombra y el brebaje en su interior tenía un sabor algo dulzón y áspero, no era sabroso, ni sospeché que tuviera una alta graduación alcohólica, porque tenía frutas nuevas, pero la tenía, porque estaba preparado desde hacía una semana. Y aunque le iban agregando más agua y algarroba, la base era antigua. Además, tenían una olla de hierro con un preparado fresco, del día anterior, sin fermentar, que las mujeres y los niños podían tomar como refresco, y ese sí estaba rico.

Fue hasta el momento en que quise ponerme de pie y ahí ya no me respondieron las piernas, estaba consciente, aunque me di cuenta de que arrastraba algunas letras al hablar, y sentía calientes los pómulos y los lóbulos de las orejas. Allí me percaté de que estaba ebrio. El dueño de la casa, al verme en esa situación, me acercó un plato con carne y un catre o camastro para que me recostara un rato, pero al comer y dejar de beber me recuperé prontamente.

Las semillas de estas vainas tienen mucha pectina. Esta sustancia es espesante, gelificante, estabilizante y emulsionante en la industria de la fabricación de los dulces, como el de batata, evitando que se deban mezclar con otras frutas, como por ejemplo la manzana y los cítricos. Conocí una fábrica que los compraba por bolsa y los hacía llevar del centro de la provincia del Chaco hacia su provincia.