El Moncayo: el «techo» de Zaragoza

Escrito por: Ricardo M.

El Moncayo es una montaña con perfiles suaves y amables que te reclama con su mirada desde el valle del Ebro. En los días despejados del invierno el Moncayo nos atrae nevado desde el Puente de Piedra que atraviesa el Ebro recordándonos las imágenes altivas del Fujiyama y el Kilimanjaro. En su vertiente soriana de Cuevas de Ágreda no hay un solo árbol en su ascensión. Por el sur, es el Moncayo oculto, donde la caliza se adueña de las montañas creando cañones, simas, paredes y cuevas entre pueblos increíbles como Calcena y Purujosa por los que parece que no ha pasado el tiempo.

La vertiente norte es muy diferente. Expuesta a los vientos atlánticos, es una ladera húmeda repleta de atractivos bosques. Es por aquí por donde todos los senderistas suben al señor de la Sistema Ibérico, el techo de la cadena con sus respetables 2316 metros de altitud. Aquí se encuentra uno de los hayedos más meridionales de Europa.

El Moncayo es la cumbre más alta
de la provincia con sus 2.316 metros

El ascenso al Moncayo por la vertiente norte es ideal para que los más pequeños conozcan la naturaleza y se familiaricen con el senderismo en la montaña. Una excursión durante un fin de semana para conocer esta comarca es muy atractiva puesto que se aúna el interés cultural con la visita de localidades como Tarazona, Vera de Moncayo, Santa Cruz del Moncayo o Trasmoz, el atractivo culinario de los numerosos restaurantes de la zona y el arte que regala la joya del monasterio de Veruela.

Antes de realizar el ascenso a la montaña más alta de la provincia de Zaragoza es recomendable conocer una localidad como Tarazona y visitar el monasterio de Veruela. Tarazona se alza sobre un pequeño cerro junto al rio Queiles. Son famosas la catedral de Nuestra Señora de la Huerta datada en 1235, el Palacio renacentista de Eguarás, la plaza de toros vieja octogonal de 1792 y la Plaza de España con su casa consistorial con una fachada del siglo XVI.

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En las faldas del Moncayo se enclava Vera del Moncayo. A un kilómetro de la pequeña población está el Monasterio de Veruela. Declarado monumento nacional en 1919, está rodeado de un recinto amurallado con once torreones. En 1171 se asentaron aquí los monjes del monasterio de Fitero. Con el paso de los años el Estado adquirió la iglesia, el claustro y el resto de dependencias y lo convirtió en hospedería. Fue aquí donde el famoso poeta Gustavo Adolfo Bécquer escribió “Cartas desde mi celda”.

Con el coche podemos coger la carretera que en numerosas curvas llega hasta Agramonte. Desde allí podemos empezar la andada hasta la cima del Moncayo. Es un ascenso fácil, tendido y sin ninguna dificultad técnica, aunque hay que tener una mínima condición física. En una mañana se puede subir hasta la cumbre con toda tranquilidad. Desde Agromonte hasta el Santuario del Moncayo hay un desnivel de 520 metros y se puede realizar en poco más de dos horas. Desde aquí hasta el pico hay otros 711 metros de desnivel y otras dos horas largas de ascenso.

El ascenso por la vertiente de Tarazona es
muy sencillo y atractivo y apto para todas las edades

Agromonte está 1085 metros de altitud en los límites de Soria. Aquí hay un edificio abandonado que es un sanatorio donde hace unas décadas los pacientes con problemas respiratorios se beneficiaban del aire del Moncayo.

En repetidas zetas vamos ascendiendo por un bonito hayedo. Los andarines pueden gozar de una naturaleza inigualable. Este bosque se encuentra entre los 1.200 y los 1.700 metros de altura. La senda cruza en repetidas ocasiones la carretera. Se deja atrás un refugio y, tras superar las fuentes del Sacristán y de los Frailes, se accede al prado de Santa Lucía donde se pueden ver los restos de una antigua ermita.

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Los coches pueden llegar hasta la explanada donde se encuentra el Santuario de la Virgen del Moncayo. Está resguardado bajo la piedra negruzca del Cucharón. El antiguo albergue ampliado y reformado, es hoy una casa-hospedería  que cuenta también con un restaurante. En un sendero que parte a la izquierda de comienza el ascenso final hasta el señor Moncayo. La subida es constante y sostenida. Muy pronto se abandona el bosque y se asciende por una de las laderas de la montaña por un sendero perfectamente marcado.

Después de hora y media de ascenso desde el santuario llegamos a la cresta final. Aún nos queda casi media hora para llegar a la cima. Hay que tener mucha precaución puesto que la cresta es muy aérea en la vertiente del Circo de San Miguel. Fue en este punto donde se precipitaron con consecuencias fatales dos montañeros el invierno pasado. Por fin alcanzamos la cima de la montaña. En ella se encuentra una conocida imagen de la Virgen del Pilar.

En días despejados la perspectiva desde la cima es maravillosa. Al norte se ven las poblaciones de Vera de Moncayo, Tarazona, Santa Cruz. Más lejos las tierra llanas de Tudela y en días despejados el Pirineo navarro. Al oeste las cimas de Morejón, La Muela y el Peñón de los Moros y a nuestra espalda las resecas tierras sorianas. Por fin hemos culminado una fin de semana inolvidable.