El parchís taleguero

Escrito por: Ricardo M.

Primer sábado del mes de agosto. Son las diez de la mañana. Llega la hora de la subida a celdas en el módulo 4 del Centro Penitenciario de Daroca. Es una mañana soleada. Empieza un partido de fútbol en el patio del módulo, a la vez que seis internos practican en el gimnasio. En la biblioteca los hay que leen libros, otros se deleitan con los juegos de los ordenadores o escriben cartas. Y hay cola como siempre cola para llamar por teléfono a los más allegados. A esa misma hora, en el salón, cuatro musulmanes se ponen  jugar al denominado “parchis taleguero”, el que se practica en todas las cárceles de España. Los africanos están más de dos horas jugando partidas. Apenas hablan entre ellos. Así el tiempo se les pasa volando dentro de una prisión donde lo mejor es tener la cabeza ocupada en una actividad. Cuando llega la hora de la bajada a las celdas, al mediodía, hay otras dos mesas con dos parejas donde se montan sendas partidas de parchis.

El “parchís taleguero” es el deporte rey en el CP de Daroca, por delante del dominó y del ajedrez. Prueba de ello es que este verano se ha montado el tradicional torneo de parchís donde se han apuntado 36 personas divididas en 18 parejas. Es el particular Wimbledon darocense. Son un 40% de los internos que viven en este módulo de respeto. Durante todos los fines de semana siempre hay una mesa ocupada con presos jugando al “parchís taleguero”. La expectación es máxima cuando queda media hora para la comida y todos están en el patio esperando ese “gran momento” de cada jornada. Hasta seis personas se colocan de pie o sentados viendo las emocionantes partidas que protagonizan los especialistas del parchis. Observan callados, casi con la devoción de los fieles que van a misa.

Estos especialistas conocen el tablero al dedillo y podrían jugar con los ojos cerrados puesto que en la mayoría de los casos el tablero está en blanco y sin las numeraciones del parchís tradicional. El parchís de toda la vida lo practican las familias, los amigos, los niños y cuenta mucho la suerte. El que se juega entre dos personas es muy aburrido y previsible.

Sin embargo, el “parchís taleguero” tiene mucha más enjundia, y cuenta mucho la experiencia, la perrería y la estrategia. “Lo importante para ser un buen jugador  de parchís es tener buena mano, que te salgan los números y esperar que el contrario decida. El quid de la cuestión es el primero que se mete en casa. Entonces es él quién decide”. Así se explica Paco, un extremeño de nacimiento y zaragozano de adopción, que se las sabe todas encima del tablero dividido por 68 casillas y cuatro carros que conforman los pasillos finales que llevan a las fichas hasta la casa. Paco se encuentra jugando al parchís como en el “jardín de su casa”. No para de hablar en toda la partida y se conoce el tablero de memoria. “Llevo bastantes años jugando al parchís”, indica Paco, que lleva 42 años preso desde que ingresó en la histórica cárcel de Torrero en la capital aragonesa siendo menor de edad. Desde entonces ha pasado mucho tiempo…

parchis

El parchís carcelario tiene su leyenda negra. Son las famosas apuestas entre los contendientes. Se apuesta todo sobre todo en la temática futbolera, pero no escapa de ese estigma el parchís. Se juega habitualmente por parejas. Gana la apuesta el color que se lleva la partida de los cuatro jugadores. Habitualmente uno de los rivales puede jugarse con el contrario del otro dúo como mínimo una Pepsi y como máximo uno cajetilla de tabaco.

Algunos creen que el secreto del éxito es lanzar el dado de la manera más enrevesada posible. El denominado golpe de muñeca. Hay lanzamientos con efecto liftado o cortado, en globo, a la remanguillé, en tirabuzón, poniendo el cubilete boca abajo o el clásico de toda la vida. En muchas ocasiones el dado cae al suelo. Entonces llega la hora de los espectadores-voluntarios de devolverlos al juego. También se crean mitos. Los más viejos del lugar cuentan que vieron un dado girar sobre sí mismo sin descanso como si fuera una peonza y cansados de esperar tuvieron que empezar otra partida.

Las partidas se juegan a un ritmo endiablado. Se puede tirar el dado, que suele ser de hueso o de plástico, hasta una veintena de veces por minuto. Hay parejas que están mudas como las estatuas, otras no hacen más que hablar provocando un pique siempre sano en la mesa. Ha habido partidas que han durado tan sólo seis o siete minutos, pero lo normal es que pasen de los 20 minutos. Las partidas se juegan sobre sábanas que son pintadas con los casilleros del parchís y casi siempre se juega en las mesas del salón, puesto que las sábanas son complicadas de atar en las mesas de madera del patio y más cuando sopla el viento.

Siempre se ha dicho que en el juego de las fichas verdes, azules, amarillas y rojas lo importante siempre es la suerte. Pero Paco niega la mayor con rotundidad. “Tiene mucho de suerte, pero lo importante es saber jugar”. dice Paco, que casi siempre lleva la iniciativa en su pareja, que tan solo se limita a tirar el dado. “Puedo jugar con un compañero que no tiene ni idea. Juego por él. Eso es lo importante”. En plena calentura de partida Paco puede decir… “¡Voy palla!”, ¡Vamossss!, ¡Saca coño! ¡Chapalo!”, afirma con emoción el Messi de Daroca.

El que gana es el que mete sus cuatro fichas primero en la casa. La partida puede dar giros de vuelta increíbles y cuando parece que llevan la iniciativa las fichas amarillas, en un segundo la partida puede ganar el que parecía tener todo perdido. Hay verdaderos genios del “parchís talaguero” que tienen todo el juego en su coco. Éstos consiguen lo que parece increíble. Hasta se puede rizar el rizo o, lo que es lo mismo, una jugada maradoniana. Se pueden ver hasta tres y cuatro carambolas de una tacada. Es decir. Una misma ficha puede matar en una tirada hasta cuatro fichas del rival. En el “parchís taleguero” todo es posible. Todo menos poder escaparse de la cárcel.