¿Dónde guardáis la valentía que os fue dada del firmamento?
¿Es acaso vuestro lamento inspiración de una porfía que concibe que toda umbría sea quien more en la campiña y siembre en ella la morriña? ¡No recibo ningún fracaso, luchad, hasta que el buen ocaso cubra de victoria esta viña.
Poneos aquella coraza de guerra para que cubráis vuestras fachadas y tengáis esa virtud de gran confianza; sepáis también que la esperanza no da mortandad al esfuerzo, pues la heredad será el refuerzo de amor que viene del Castillo, donde el fervor podréis sentillo sin que haya siquiera el desfuerzo.
Es por ello, nobles guerreros, que insisto en hablar este tema, para que cortéis el problema con el don de vuestros braseros y molduréis como alfareros a la sapiente fortaleza para derrumbar la maleza que contrista toda vivencia,
y ahora con buena experiencia pensaréis mejor con firmeza.
No permitáis que venga saña a dañar el mosto apacible, tampoco inclinéis lo visible a la repelente cizaña; subid en pos desa montaña y sentiréis una majeza tocando con blanca fineza vuestros espíritus mundanos, con buenos momentos lozanos, para celebrar con grandeza.