Escrito por: Un interno.
En el comienzo dudaba de que fuera posible resistir hasta el fin. Hubo un tiempo de ira, dolor, tristeza y sufrimiento. Tiempo en el que me pregunté: ¿Por qué yo?
Pero un día, hubo un destello de luz y luego otro. Las nubes empezaron a abrirse y pude ver más allá de ellas. Los ratos de contento, de sentirme seguro, fueron sumando más que los de miedo y melancolía. Se tejieron nuevas amistades, la desolación, la falta de confianza en mi valor, se fueron convirtiendo, en firmeza, en resolución. Era como pasar de las tinieblas a la luz, con una nueva sensación de poder.
Ahora comprendo que en mi pasado hay cosas que no puedo cambiar. Lo que puedo impedir es que manden sobre mi vida y mi felicidad. Sé que esta parte de mi vida jamás se irá del todo, pero el lugar que ocupa en mi existencia es menos prominente.
He empezado a permitir
que otras ideas pueblen mi mente
He empezado a permitir que otras ideas pueblen mi mente. Tengo un mejor conocimiento de mí mismo, de mis debilidades y de mis puntos fuertes. Ya no temo poner límites. Empiezo a disfrutar otra vez de la vida y a pensar en el futuro. Ahora puedo ver todo ese tiempo tal como fue: un tiempo de crecimiento, de descubrimiento de mí mismo, de curación y, sobre todo, he descubierto mis cuatro Libertades:
– La Libertad de ver y escuchar lo que está aquí, en lugar de lo que debería estar, estuvo o estará.
– La Libertad de decir lo que se siente y se piensa, en lugar de lo que debería sentir y pensar.
– La Libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de tener siempre que esperar el permiso.
– La Libertad de arriesgar por cuenta propia, en lugar de optar únicamente por estar seguro y no perturbar la tranquilidad.