Escrito por: Miguel Ángel Galarza Mora (3º Bachillerato. Academia Naval Almirante Illingworth – Guayaquil, Ecuador).
Frente al espejo, siempre veía a un extraño. Los días pasaban como hojas arrastradas por el viento, pero su reflejo parecía inmóvil, distante, ajeno a las horas. Intentaba reconocerse, pero cuanto más lo miraba, menos se comprendía.
El silencio de la casa resonaba con preguntas que no sabía cómo responder. Cada logro que había conseguido, cada sueño que había cumplido, ahora le parecía vacío. ¿Era esto la vida? ¿Acumular momentos para luego sentirlos lejanos, casi irreales?
Una noche, el espejo habló. No con palabras, sino con un eco sordo: “No eres quien crees que eres. Nunca lo has sido. Solo te observas, pero jamás te ves”. Sintió un escalofrío. Había pasado toda su vida mirándose desde afuera, siendo espectador de su propio existir, sin nunca habitarse realmente.
Apagó la luz. Por primera vez, el reflejo desapareció. Y en la oscuridad, sintió algo nuevo: la presencia de sí mismo.
* Obra ganadora del I Certamen Literario “Letras Octubrinas”. Sociedad Literaria y Cultural “Etelvina Carbo Plaza”.
