¿Qué es el amor? Me pregunto.
Y aquí, sentado en mi silla,
parece cosa sencilla
enfocar bien el asunto.
¿Qué es el amor? Mas barrunto
que la cosa tiene miga,
pues hay quien buscando espiga
se ensimisma y se concentra
hasta que al fin solo encuentra
la picazón de la ortiga.
¿Qué es el amor? Yo quisiera
que fuera fórmula exacta,
o mejor, masa compacta
que tocarse bien pudiera.
Pero parece ser fiera
huidiza e inaprensible,
tan del todo incomprensible
que al cuerdo lo vuelve orate
y al loco, qué disparate,
lo deviene inteligible.
¿Qué es el amor? ¿Será acaso
una enfermedad del alma,
que le arrebata la calma
dejándola expuesta al raso?
¿Será un fantasma en la palma
de una mano, y si se cierra,
lejos de ver que lo aferra,
se deslee como en un haz,
sin dejar rastro de paz
y sí rincones de guerra?
¿Qué es el amor? Yo estoy cierto
de que ha de ser como soga,
que ahora afloja o que ahora ahoga,
dejándote vivo o muerto.
Y no habrá fruta en el huerto
de las pasiones humanas
que genere tantas ganas
de hacer al otro de uno,
produciendo, de consuno,
delirantes dichas vanas.
¿Qué es el amor? Un hechizo
que todo el mundo desea,
aunque abrase como tea
y arrase como granizo.
Y el Creador que lo hizo,
por más que habite en el Cielo,
no me convencerá al vuelo;
porque a mí nadie me engaña
con el bulo y la patraña
de ser celestial anhelo…
¡Ay, el amor! Hoy la he visto
paseando por la calle,
contoneando su talle.
¡Y aún no sabe que yo existo!
Ni yo sé cómo resisto
sin saber cómo se llama,
siendo llama que soflama
mi trémulo corazón,
que ahora entiende la razón
del amor y de su fama.
¡Ay, el amor! Me ha mirado
justo cuando la miraba,
golpeando como aldaba
en mi pecho enamorado.
Y no sé lo que ha pasado,
salvo que los dos mirares
se han clavado en los hogares
donde anidan las pupilas,
huyendo luego intranquilas
en busca de otros lugares.
¡Ay, el amor! Me ha enviado,
pudorosa, una sonrisa
que ha esparcido como brisa
y me ha dejado extasiado.
Aún no me he recuperado,
ni sé bien qué quiero hacer:
si gritar, desfallecer,
dar cabriolas de alegría,
montar una algarabía,
o tal vez enmudecer.
¡Ay, el amor! Me ha besado
por sorpresa, fugazmente,
y he sido por un torrente
de emoción sobrepasado,
embargándome un estado
de indecible frenesí,
como jamás conocí,
y una dicha tan completa
que no habrá en este planeta
quien no se cambie por mí.
¡Ay, el amor! Nos amamos.
Y viviendo con y en ella,
¡cómo es la vida de bella
y qué luz hay donde estamos!
¿Quién necesita reclamos
de la vida si hay amor?
¿No es acaso lo mejor
de este mundo singular
amar, amar, solo amar,
amar mucho y con ardor?
* 1º Premio categoría Poesía en el Certamen ”Picapedreros” de Poesía, Guión y Microrrelato 2023 para escritores del exterior
