“Mira que estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20)
En este Año de la Fe que en la iglesia universal estamos viviendo, me ha hecho reflexionar sobre la palabra “puerta” (abrir de par en par las puertas del Centro Penitenciario de Daroca como han hecho en esta ocasión y otras muchas para esta actividad es de agradecer al equipo directivo y jefes de servicios así como a los funcionarios del centro), vivir la relación entre fe – cultura que tenemos cuando invitamos alguien a nuestra casa.
Hemos de insistir en permanecer junto a las personas en su vida cotidiana, no perder el rostro de la Iglesia doméstica, popular, y en contextos minoritarios o de discriminación anunciar desde esas realidades el mensaje vivificante del Evangelio.
De nuevo este año la Hermandad del Santísimo Cristo Atado a la Columna de Zaragoza ha querido celebrar el Vía Crucis en el Centro Penitenciario de Daroca al lado de nuestros hermanos privados de libertad y llevar la imagen de María, la Madre del Señor.
Permanecer junto a las personas
en su vida cotidiana
El Misterio de la Encarnación, desde el que también nos habla Dios, que se hizo hombre y asumió nuestra naturaleza humana con las debilidades y fortalezas del hombre; por ello hay que estar al servicio de las personas con quienes compartes tu vida y necesitan que estés a su lado; creo que es donde más tenemos que volcarnos, en los más alejados como son los que están en los centros penitenciarios.
El frío, nos recibía a nuestra llegada, al control de acceso del recinto cerca de las 9 de la mañana del pasado sábado día 16 de febrero de 2013. Los pocos grados de la mañana convivían con los hábitos, instrumentos y con el apresurado acicalado de la imagen de Nuestra Señora de la Fraternidad en el Mayor Dolor para entrar en el interior de la cárcel.
Tras todos los tramites seguidos y habiendo accedido al interior el Hermano Mayor (Armando Cester) se acercó al capellán del centro (P. Juan Miedes) y a los internos que participan de la vida pastoral del centro, nos esperaban dentro paraportar la Virgen y rezar el Vía Crucis por la cárcel (pasillos, enfermería, salón de actos, módulo de respeto y finalizar de nuevo en el salón de actos donde finalizaríamos con la Eucaristía).
Un momento muy especial fue cuando llegamos al módulo de respeto (patio), en donde se observaban otras religiones y nacionalidades, existiendo un absoluto y respetuoso silencio a nuestro paso y la pequeña procesión; aquí rezamos una de las estaciones del vía crucis; se observaban otras siluetas desde las enrejadas ventanas que con el mismo respeto miraban la salida del soleado patio.
Finalizando las estaciones del Vía Crucis, entramos al salón de actos del centro en donde se terminó el recorrido. Allí celebraremos la Eucaristía junto a los internos que nos han acompañado y participaremos con ellos cantando con nuestro coro, que también participó en el acto, rezando juntos, y rompiendo la barrera de libertad que nos separa.
La fe es la puerta de la Vida y la cultura nos llama a comunicar y hacernos presente entre los pobres para darles Vida recibida.
“Su fe actuó en la caridad” (Gál 5,6)
Montserrat Rescalvo Hoyos
(Voluntaria de Pastoral Penitenciaria de Zaragoza)