¿Qué te ocurre, esposo mío, qué mitiga tu alegría? Tu sonrisa se ha perdido, poco a poco, cada día. ¡Lo que preguntas, mujer, fácil lo tienes que ver; sé que compartes mi pena y nada puedes hacer!
El trabajo lo he perdido y las ansias de vivir, por no poder tolerar ver a mis hijos sufrir. ¡Yo comparto tus pesares, pues son igual que los míos, quisiera poner remedio y que no sufran los críos!
¡Hay una cosa importante que debes tener presente: ante todo ser valiente, luchar contra la corriente, mantenerte firme, fuerte; aceptar este presente; afrontar nuestro futuro, aunque te parezca duro;
Estar juntos en las penas, no perder las esperanzas, luchar con los malos tiempos, y llevar esta condena! Todo se hará por los hijos con los medios que tengamos y nunca defraudaremos a aquellos que tanto amamos
¡ Dulce esposa ¡ ¡Vida mía ! : Tu estímulo me da fuerza para afrontar, decidido, que mi suerte no se tuerza. Buscaré nuevos trabajos, no decaerá mi entusiasmo, lo haré por ti : “reina mía”, y por estos “renacuajos”.
Siempre existe moraleja que nos sirve de lección y podamos acoplar, de nuevo, en esta ocasión : “Ningún mal dura cien años, ni cuerpo para aguantarlo”, por la sencilla razón: “Difícil poder contarlo».